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Jesus
A MIS SACERDOTES
EXTRACTO:
Su Idea básica sigue siendo Jesús.
Quién es Jesús, cuál es su obra, como la realiza.
Y como sus sacerdotes son su prolongación en la tierra
trata muy especialmente sobre la IDENTIDAD sacerdotal.
Estudiar a Jesús, imitarle siendo Amor para Dios y para las almas.
Este es el ciclo divino de la santificación de las almas: Nadie puede ir al Padre sino por Jesús, nadie puede ir a Jesús sino por el Espíritu Santo. Por Jesús, con Jesús, en Jesús, las almas glorifican al Padre en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Esta vida de Jesús en las almas es como una prolongación mística de su vida mortal. El alma transformada en Jesús puede realizar la obra de Jesús, la que glorifica al Padre.
Transformarse en Jesús es llevar gravada en el alma, con rasgos de luz divina la imagen de Jesús, Sabiduría Increada.
La transformación en Jesús es una obra de luz, de sabiduría, porque el Verbo de Dios es la Sabiduría del Padre. Transformarse en Jesús es participar plenamente del Don de Sabiduría . Por el Don de Sabiduría el alma se hace semejante al Verbo y lo posee, pues por ese don hay una misión del Hijo de Dios alma feliz que se hace su dueña.
Pero ese Don tiene sus raíces en la Caridad: es luz que brota del amor, luz que crece cuando se acrecienta el amor y que llega a su plenitud cuando la Caridad a llegado a su pleno desarrollo.
Pero ese Don tiene sus raíces en la Caridad: es luz que brota del amor, luz que crece cuando se acrecienta el amor y que llega a su plenitud cuando la Caridad a llegado a su pleno desarrollo.
La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia.
Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia.
Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia.
El fin principal del establecimiento de la Iglesia es esa glorificación del Padre en sus sacerdotes transformados en su Hijo único, formando, con El y en El, aquella unidad que lo entusiasma, diré, y lo enamora.
Que me amen, que se inmolen en mi unión, que se transformen en Mi tal cual soy: Todo amor, todo dolor. Comenzar con todo ardor, generosidad y perseverancia a hacer lo que Yo hice: Amarlo como Verbo; servirlo, amarlo, invocarlo y adorarlo como hombre. Honrar, servir glorificar a mi Padre, rendirle el vasallaje debido. Todo lo refería a El y solo me preocupaba porque las almas lo conocieran y lo glorificaran.
Que hagan habitual el pensamiento de mi Padre, el honor de mi Padre, ofreciéndome y ofreciéndose en mi unión en todo momento y ocasión. Glorificarlo con una intensa Vida Interior. Convertir toda su vida en un acto de amor al Padre renunciando a la pretencion de imponer de imponer su propia voluntad a la Suya. Hacer que las almas lo adoren y hagan de su santa voluntad su ser y su vida.
BENEDICTO XVI.
La Misericordia de Jesús.
Es preciso que en estos días santos miremos al Corazón traspasado de Cristo en la cruz. Es un corazón lleno de amor. La lanza que traspasó este costado nos ha abierto de par en par las puertas de la misericordia de Dios, nos ha declarado hasta dónde llega el amor de Dios por nosotros. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). El Corazón de Cristo es el lugar donde se han reciclado nuestras miserias en la turbina de un amor más grande, que se llama misericordia. La misericordia de Dios es más fuerte que nuestro pecado y es capaz de hacer de nosotros hombres nuevos.
COMO LA REALIZA
Haciéndose hombre.
Yo soy Jesús.
El Verbo de Dios engendrado en el Seno del Padre de toda la eternidad, hecho hombre en las purísimas entrañas de María, muerto en la cruz, pero resucitado y glorioso, sentado a la derecha del Padre para interceder por vosotros y que el último día ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.
Desde la Encarnación, desde el momento en que el Verbo se hizo carne, se ha eliminado la distancia insalvable entre lo finito y lo infinito: el Dios eterno e infinito de Dios ha dejado su cielo y ha entrado en el tiempo, se ha sumergido en la finitud humana.
"El hombre --escribe el papa Benedicto XVI--, fue hecho por un Dios infinito que se hizo carne, que asumió nuestra humanidad para atraerla a la altura de su ser divino". Por ello, subrayó, "No debemos tener miedo de lo que Dios nos pide a través de las circunstancias de la vida.(...) El Señor, llamando a algunos a vivir totalmente para Él, convoca a todos a reconocer la esencia de la naturaleza misma del ser humano: hecho para el infinito".
Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque Él es el nuevo Adán que inaugura la nueva Creación: La participación de la vida divina, el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe.
Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. Con el credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando El acontecimiento más grande de la Historia, la Unión de Dios con el hombre.
Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. Con el credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando El acontecimiento más grande de la Historia, la Unión de Dios con el hombre.
Uniéndose a la humanidad
LA COMUNIÓN CON DIOS.
El Antiguo Testamento subraya la infinita distancia entre Dios y su criatura, pero en el Nuevo vemos a Dios unirse al hombre, salvando la distancia insondable entre Dios y el hombre.
No es una lectura diferente de las cosas, es que antes no había algo que ahora su hay: La Encarnación: El Verbos se hizo carne: El Verbo toma nuestra naturaleza mortal y desde el primer momento se ofrece incondicionalmente para cumplir la Voluntad Salvifica del Padre, aun a costa del sacrificio de su propia vida.
La voluntad humana del Dios hecho hombre se pliega totalmente a su Voluntad divina como Verbo de Dios, estableciendo la Comunión entre Dios y el hombre por la unión absoluta de sus dos voluntades, la humana y la divina.Todo en la vida de Jesús obediencia incondicional al Padre, pero la Cruz de Cristo es la consumación total de esta comunión, que al llegar a su perfección se convierte en causa de salvacion para todos los hombres.
La vocación del hombre en Cristo.
Ahora también nosotros podemos entrar en comunión con Dios obedeciendo, uniéndonos a Jesús, sometiendo nuestra voluntad a la suya y no haciendo la nuestra. Haciendo una sola cosa su voluntad con la del amadisimo Padre, uniéndose a ella hasta formar una sola, la voluntad divina.
"En otras palabras, la comunión de la humanidad y la divinidad en el Cristo encarnado hace posible una mayor comunión de significado salvífico universal y en la que el ser de el hombre y el ser de Dios se pueden unir, criatura y el Creador puede convertirse en uno" cuando el hombre renuncia a la tentación de hacer su propia voluntad y busca en cambio, conjugarse en la comunión con algo más elevado y más grande que él.
CRISTO UNIDO A TODO HOMBRE.
Mediante la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierta manera a todo hombre.
El cometido fundamental de la Iglesia es lograr que tal unión pueda actuarse y renovarse constantemente.
A través de la experiencia de la familia humana que aumenta ahora continuamente a ritmo acelerado, comprendemos con mayor claridad la Base de todos estos caminos que la Iglesia debe reunir en un solo camino.
La Iglesia desea servir a este único fin: Que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida.
Cristo es el camino principal de la Iglesia. Es nuestro camino hacia la casa del Padre y es también el camino hacia cada hombre. Aquí se trata del hombre en toda su verdad, en su plena dimensión. No se trata del hombre abstracto, sino real, concreto, de cada hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención. Y con cada uno se ha unido Cristo para siempre por medio de esa Redención de la que todo hombre se ha hecho partícipe desde el momento en que es concebido en el seno de su madre.
La Iglesia no puede abandonar al hombre cuya “suerte” esta tan estrecha e indisolublemente unida a Cristo. Su elección, su llamada, su nacimiento y su muerte, la salvación o la perdición.
A este hombre en toda la verdad de su vida, en su conciencia, en su continua inclinación al pecado y a la vez en su continua aspiración a la verdad, al bien, a la belleza, a la justicia, al amor. Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce la origen de todos aquellos caminos, porque todo hombre, sin excepción alguna, ha sido Redimido por Cristo, se ha unido a Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello.
“Cristo muerto y Resucitado por todos, da siempre al hombre – a todo hombre y a todos los hombres – su luz y su fuerza para que pueda responder a su máxima vocación”. (Vat.II- Gaudium et spes). La vocación del hombre en Cristo. El misterio de la Redención donde el problema del hombre esta inscrito con una fuerza especial de verdad y de amor.
No en vano el Apóstol habla del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y el Concilio Vaticano II enseña que esto significa que “todo hombre esta penetrado por aquel soplo de vida que proviene de Cristo”.
En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado. Porque Adán el primer hombre era figura del que había de venir. El es la plenitud de la justicia en un corazón humano, solo El ha dado satisfacción al amor eterno del Padre para convertirse en justicia de los corazones de muchos hombres.
Es propio y exclusivo del Ser Infinito, darse sin agotamiento, sin mengua siquiera, derramar sobre un alma la plenitud de sus gracias sin quitar un ápice a las demás.
Cristo es don universal, nació para todos, Pero de tal manera es don de todos que en verdad es don particularisimo de cada uno. Porque para Dios no hay casualidades, nada se verifica al acaso, por eso, en esa hostia que vas a comulgar, Jesús ha bajado del cielo solo para ti, como si solo tu hubieras necesitado redención sobre la tierra, cuando en esa Hostia que recibes cada mañana viene a morir en tu corazón.
Después de inmolarse constantemente en el Altar y de su presencia perpetua en el Sagrario, la postrera etapa del misterio de Amor es Nuestro corazón.
Después de haberse constituido en la Victima constante de nuestros delitos y el compañero inseparable de nuestro destierro, viene a nuestro corazón a dársenos en la plenitud de su Ser, a infundirnos la vida y a ser para nuestras almas semilla de Resurrección, Germen divino de Inmortalidad y Prenda de nuestra Futura Gloria.
¿que cosa podrás negarle a quien cada mañana viene como a expirar en tu propio corazón?. ¿Comprendes que a esta donación de Cristo debes corresponder con Una donación total, una Vida de Sacrificio y una Abnegación sin límites?.
En todas tus cosas has tu todo lo que este de tu parte como si todo el éxito dependiera solo de ti, pero luego el resultado déjamelo a Mí.
Formando su Iglesia
DIOS CUIDA AL MUNDO.
El Señor cuida a todos y su amor se extiende a todas sus criaturas. Dios vela por el mundo. No es algo ajeno a Él: El lo creó, Él lo Redimió. Es su dueño. Quiere Reinar en él: Así lo demuestra la Antigua Alianza con al Promesa del Salvador; así lo demuestra la Nueva Alianza en Jesús y en su Iglesia. Así lo muestran los grandes santos que han aparecido en su Iglesia según sus necesidades.
Así lo demuestra la intervención de María en los más grandes acontecimientos de la Historia.
YO SOY LA COMUNIÓN
Por la Encarnación El Hijo de Dios es también hombre. María es Madre de Dios y Madre nuestra. Los sacerdotes son padres. La Iglesia es Madre. Y Jesús Nace cada día en la Eucaristía y en las almas.
Si la Iglesia es una comunión íntima con Cristo, que crece a partir del don sacramental de su cuerpo en la Eucaristía, a través del cual nos convertimos en un solo cuerpo o comunión con y en él.
La comunión sacramental se debe primero entender teológicamente.
La Fe trinitaria y la fe en la Encarnación deben guiar la idea de la comunión sacramental y sólo después la de que una comunión eclesiológica ".
El Cardenal Ratzinger sostiene que, en contraste con el rechazo de la posibilidad de la comunión entre Dios y el hombre en el Antiguo Testamento y la búsqueda de la mítica supuesta unión entre lo divino y lo humano en la antigua filosofía griega, es algo enteramente diferente lo que nos confronta con el kerigma cristiano:
El objetivo es recuperar y aclarar el núcleo cristológico de la comunión de Ratzinger. La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación.
La Encarnación: de La Comunión de la divinidad y la humanidad en Cristo. Una "comunión (κοινωνία) de las dos voluntades."
La voluntad humana de Cristo se hace una con la voluntad divina del Logos. Y esto es lo que El nos da cuando también nosotros hacemos la Voluntad del Padre.
Lo llama, "un común acuerdo a un valor compartido." Comunión en el Cristo encarnado es, en el fondo, una comunión, de una voluntad humana y la divina voluntad unidos por un un acto libre de amor por algo y alguien más: la voluntad del Padre.
"una comunicación liberadora y reconciliadora que se desarrolla en
una comunión entre el Creador y criatura.
"En otras palabras, la comunión de la humanidad y la divinidad en el Cristo encarnado hace posible significado una mayor comunión de salvífico universal y en la que el ser de el hombre y el ser de Dios se pueden unir, criatura y el Creador puede convertirse en uno, en la tierra cuando el hombre renuncia a la tentación de hacer su propia voluntad y busca en cambio, conjugarse en la comunión con algo más elevado y más grande que él.
Si quieren activar mis sacerdotes Mi reinado en el mundo de las almas, deben parecerse a su Rey, imitar sus virtudes y su amor al Padre. Formar esa vanguardia, y cuidar el trono de su Rey inmortal.
Pero mi divisa es y ha sido siempre el amor, la caridad, la paz, unificando en un solo Pastor el rebaño que debe honrar con su fidelidad a mi Iglesia amada.
El punto cardinal que nos queda es la siguiente: La Iglesia y la vida sacramental crecen desde dentro, desde Cristo, y no viceversa.
La Iglesia es la presencia de Cristo es primero palabra es Cristo, y no por sí misma , Ella es saludable en la medida en que se dirige toda su atención hacia Él, porque Cristo es la luz del mundo.
En la Encarnación del Verbo eterno se produce la comunión entre Dios y el ser del hombre, su criatura, que hasta entonces parecía imposible de conciliar con la trascendencia del Dios único. Sin embargo, en Jesús se presenta el nuevo evento, el único Divino y humano, de entrar Dios en la comunión con los hombres, en concreto por encarnarse en la naturaleza humana.
Según Ratzinger, esta nueva idea de la comunión como fundado en la Encarnación "No es el producto de una nueva síntesis del pensamiento, sino que es el fruto de una nueva realidad que antes no era”.
El cristianismo propone un gran avance en la forma de un hecho histórico, una persona: Jesucristo. Él es la encarnación del Dios-hombre, la persona en quien, como dice Ratzinger en el pasaje anterior, la "divinidad y lo humanos se entremezclan”.
En virtud de La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación. En esta metafísica de avance, Dios entra en "comunión concreta con los hombres" por primera vez en la historia. Por lo tanto, el abismo infinito que hasta entonces habían separado desde la eternidad lo divino de lo humano , del tiempo y el universo, no sólo ha sido superada por el acontecimiento de Cristo, en realidad es la personalidad humana única de Cristo que ha unido de una vez éstos polos diametralmente opuestos. En esto radica la novedad sin precedentes de la concepción cristiana de la comunión y por lo tanto, dice Ratzinger, "la esencia del cristianismo".
En la Encarnación del Verbo eterno se produce la comunión entre Dios y el ser del hombre, su criatura, que hasta entonces parecía imposible de conciliar con la trascendencia del Dios único. Sin embargo, en Jesús se presenta el nuevo evento, el único Divino y humano, de entrar Dios en la comunión con los hombres, en concreto por encarnarse en la naturaleza humana.
Según Ratzinger, esta nueva idea de la comunión como fundado en la Encarnación "No es el producto de una nueva síntesis del pensamiento, sino que es el fruto de una nueva realidad que antes no era”.
El cristianismo propone un gran avance en la forma de un hecho histórico, una persona: Jesucristo. Él es la encarnación del Dios-hombre, la persona en quien, como dice Ratzinger en el pasaje anterior, la "divinidad y lo humanos se entremezclan”.
En virtud de La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación. En esta metafísica de avance, Dios entra en "comunión concreta con los hombres" por primera vez en la historia. Por lo tanto, el abismo infinito que hasta entonces habían separado desde la eternidad lo divino de lo humano , del tiempo y el universo, no sólo ha sido superada por el acontecimiento de Cristo, en realidad es la personalidad humana única de Cristo que ha unido de una vez éstos polos diametralmente opuestos. En esto radica la novedad sin precedentes de la concepción cristiana de la comunión y por lo tanto, dice Ratzinger, "la esencia del cristianismo".
DIOS ES EL PASTOR DE LA HUMANIDAD
Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus
CASTEL GANDOLFO, domingo 22 julio 2012 (ZENIT.org).- Esta mañana, a las 12 horas, Benedicto XVI se asomó al balcón del patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.
*****
¡Queridos hermanos y hermanas!
La Palabra de Dios de este domingo nos vuelve a proponer un tema clave y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos hacia buenos pastos, en el que podemos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos al destino de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida.
CASTEL GANDOLFO, domingo 22 julio 2012 (ZENIT.org).- Esta mañana, a las 12 horas, Benedicto XVI se asomó al balcón del patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.
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¡Queridos hermanos y hermanas!
La Palabra de Dios de este domingo nos vuelve a proponer un tema clave y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos hacia buenos pastos, en el que podemos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos al destino de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida.
Eso es lo que cada padre y cada madre quiere para sus hijos: el bien, la felicidad, la realización. En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada "pastoral". Por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, se dice que "al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tiene pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc. 6, 34). Jesús encarna a Dios Pastor con su forma de predicar y con su obra, cuidando de los enfermos y de los pecadores, de los que están "perdidos" (cf. Lc. 19,10), para traerlos de vuelta a salvo, en la misericordia del Padre.
Entre las "ovejas perdidas" que Jesús ha salvado hay también una mujer llamada María, de la localidad de Magdala, en el lago de Galilea, y por eso llamada Magdalena. Hoy es su memoria litúrgica en el calendario de la Iglesia. Dice el evangelista Lucas que de ella Jesús hizo huir siete demonios (cf. Lc. 8,2), es decir, la rescató de una total esclavitud al mal.
¿En qué consiste esta profunda sanación que Dios obra a
través de Jesús? Se trata de una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona con sí misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el Diablo siempre está tratando de arruinar la obra de Dios, sembrando la división en el corazón humano, entre el cuerpo y el alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, e incluso entre el hombre y la creación.
Entre las "ovejas perdidas" que Jesús ha salvado hay también una mujer llamada María, de la localidad de Magdala, en el lago de Galilea, y por eso llamada Magdalena. Hoy es su memoria litúrgica en el calendario de la Iglesia. Dice el evangelista Lucas que de ella Jesús hizo huir siete demonios (cf. Lc. 8,2), es decir, la rescató de una total esclavitud al mal.
¿En qué consiste esta profunda sanación que Dios obra a
través de Jesús? Se trata de una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona con sí misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el Diablo siempre está tratando de arruinar la obra de Dios, sembrando la división en el corazón humano, entre el cuerpo y el alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, e incluso entre el hombre y la creación.
El mal siembra la guerra; Dios crea la paz. De hecho, como dice san Pablo: Cristo «es nuestra paz: el que de dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, a través de su carne" (Ef. 2,14).
Para llevar a cabo esta obra de reconciliación radical Jesús, el Buen Pastor, ha debido convertirse en Cordero, "el Cordero de Dios… que quita el pecado del mundo" (Jn. 1,29). Sólo así ha podido llevar a cabo la maravillosa promesa del Salmo: "Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa de Yahvé / un sinfín de días" (22/23, 6).
Queridos amigos, estas palabras nos hacen vibrar el corazón, porque expresan nuestro deseo más profundo, diciendo para lo que hemos sido creados: ¡para la vida, la vida eterna! Son las palabras de aquellos que, como María Magdalena, han experimentado a Dios en sus vidas y conocen su paz. Palabras más que que nunca verdaderas en los labios de la Virgen María, que vive ya para siempre en los pastos del Cielo, donde la ha conducido el Cordero Pastor. ¡María, Madre de Cristo, nuestra paz, ruega por nosotros!
Queridos amigos, estas palabras nos hacen vibrar el corazón, porque expresan nuestro deseo más profundo, diciendo para lo que hemos sido creados: ¡para la vida, la vida eterna! Son las palabras de aquellos que, como María Magdalena, han experimentado a Dios en sus vidas y conocen su paz. Palabras más que que nunca verdaderas en los labios de la Virgen María, que vive ya para siempre en los pastos del Cielo, donde la ha conducido el Cordero Pastor. ¡María, Madre de Cristo, nuestra paz, ruega por nosotros!
EL ESPÍRITU SANTO EN LOS SACERDOTES
“Allá eternamente sonrío el Padre en su mente divina al contemplar, extasiado en Sí mismo y en sus perfecciones infinitas, un rasgo de Él mismo en la tierra; unos seres predilectos que lo prolongarían, creados expresamente para su gloria ".
Al formar en su mente - hablando en lenguaje humano - esa visión de amor, su Iglesia amada, atrajo hacia Si, al Amor mismo, al Espíritu Santo para que la formara; esta Persona Divina reflejo en si misma el designio del Padre y en aquel reflejo de ambas Personas en un solo amor, afocado a la Iglesia futura, pero presente para Dios, el Verbo se hizo Carne en aquella eternidad de pensamiento. Y esa encarnación se realizó de hecho en María en el tiempo fijado por Dios.
En esa Virgen se afocó aquel Amor eterno y sin principio, procedente del Padre y del Hijo, para formar un cuerpo santísimo, un corazón de carne en el seno purísimo de María, para que de este saliera en el tiempo, lo que había tenido principio en la eternidad.
Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el Salvador instituyó el Sacrificio Eucarístico, memorial de su muerte y resurrección, y lo confió a la Iglesia su Esposa , la cual, sobre todo el domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Señor hasta que El venga.
Al celebrar los sacramentos, y en particular el de la Sagrada Eucaristía, los sacerdotes en su calidad de ministros de Cristo y mediante el poder del Espíritu Santo, participan en el sacerdocio de Cristo.
Al celebrar los sacramentos, y en particular el de la Sagrada Eucaristía, los sacerdotes en su calidad de ministros de Cristo y mediante el poder del Espíritu Santo, participan en el sacerdocio de Cristo.
Cuando el sacerdote celebra la Sagrada Eucaristía actúa como ministro de Cristo.
El sacerdote celebra la Eucaristía in persona Christi capitis. La Eucaristía se convierte en fuente y cumbre de la predicación de la Palabra de Dios.
La presencia de Cristo se manifiesta a través de la acción del sacerdote, que hace cosas en la persona de Cristo. Alimenta al rebaño, reúne al pueblo de Dios, y los lleva a la santidad.
Actúa "como continuación visible y como signo sacramental de Cristo", hace que la Palabra celebrada en la Eucaristía se encarne y se viva en el corazón de los fieles.
De esta manera, participa en el sacerdocio de Cristo. Se ejercen los tres munus Christi Predicar la Palabra, celebra la Eucaristía y edificar el Pueblo de Dios.
Ofrece una disposición de acción de gracias especial en la Eucaristía para acercar a toda la humanidad a Cristo. y abre cada corazón a recibir con fe la Palabra de Dios encarnada.
Por otra parte: "partir el pan", como se llamaba a la Eucaristía en los primeros tiempos, ha sido siempre el centro de la vida de la Iglesia. Por él, Cristo hace presente en el tiempo el misterio de su muerte y resurrección".
Al celebrar la Eucaristía, mediante nuestro servicio sacerdotal, se hace presente el misterio del Verbo Encarnado.
¡Sí, es el mismo Cuerpo! El verdadero cuerpo, nacido de la Virgen María que en verdad ha sufrido y has sido inmolado en la Cruz por el hombre».
Junto a la Celebración eucarística diaria, la disponibilidad a la escucha de las confesiones sacramentales, a la acogida de los penitentes y, cuando sea requerido, al acompañamiento espiritual, son la medida real de la caridad pastoral del sacerdote.
« Es preciso volver al confesionario, como lugar en el cual celebrar el sacramento de la Reconciliación, pero también como lugar en el que “habitar” más a menudo, para que el fiel pueda encontrar misericordia, consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la Misericordia divina, junto a la presencia real en la Eucaristía »
Con estas palabras, el Santo Padre Benedicto XVI se dirigió durante el Año sacerdotal a los confesores, indicando a todos y cada uno la importancia y la consiguiente urgencia apostólica de redescubrir el Sacramento de la Reconciliación, tanto en calidad de penitentes, como en calidad de ministros.
Yo soy la Santísima Trinidad.
El misterio inefable de la vida de Dios, La verdad suprema, la profunda, la fuente de toda verdad el misterio augusto de la santísima Trinidad, que es el principio de nuestra vida espiritual y será su término felicísimo en los cielos.
Por la participación en la muerte y Resurrección de Cristo, hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece «unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»
El Corazón de Jesús es un abismo de virtudes pero de virtudes divinas. Por la Unión Hipostática de su naturaleza humana y su naturaleza divina todos sus actos son del Verbo. Por la gracia que el recibió como nosotros es un océano inmenso de gracia y de verdad. Por su gracia Capital, por ser cabeza de su Iglesia, de su plenitud recibimos todos. La tercera pureza, la que tiene como cabeza de la Iglesia irradia en las almas y se difunde en ellas purificándolas, hermoseándolas y divinizándolas.
En todos sus dones El nos hace el Don de Si mismo. Cada gracia envuelve el Don de Jesús.
Al comunicarnos pureza, nos da su propia pureza, como al retratarse una cosa en un espejo, hay en el espejo, en cierto modo, la misma cosa.
Sin duda que esta participación de la pureza misma de Jesús se realiza más perfectamente en la unión transformante. Revestida con la pureza de Jesús, yo no tengo pureza propia pero estoy inyectada con la pureza de Jesús, así me mira el Padre, así me ven las almas.
Jesús purifica amando y purifica sufriendo. La causa meritoria de la gracia es la pasión redentora de Jesús. Y la Iglesia la dispensadora de esa salvación.
El Bautismo es el primer abrazo de Dios al alma. La dulce posesión que toma de ella el Amor Eterno,
La acción de Dios en el alma es profunda, llega hasta esos secretos senos del alma a los que nadie fuera de El puede llegar.
Dios penetra hasta la esencia del alma e infunde allí esa “nueva criatura” que purifica y renueva nuestro ser desde sus hondas raíces y pone en aquellas profundidades un germen divino, la Semilla de Dios y de esa semilla fecunda brotan las virtudes y dones que divinizan todas las facultades del alma.
La Gracia santificante con su cortejo de virtudes y de dones, todos limpian y divinizan la esencia como las facultades del alma para que aparezca a los ojos de Dios ataviada con la espléndida vestidura nupcial que atrae las miradas y el corazón del esposo. Cada virtud blanquea y abrillanta con el inefable reflejo de Dios una porción del alma, y todas las virtudes juntas con la gracia santificante que es la raíz de ellas forman una limpieza y hermosura celestial.
El amor es perfecto cuando carece de todo egoísmo, de todo lo que no es amor, cuando su principio es mas divino, divina su causa, divino su fin y divina su esencia. El dolor es perfecto cuando es puro el amor que lo alienta, el motivo que lo causa y la perfección con que se sufre. Y así las demás virtudes, cada virtud es tanto mas perfecta cuanto mas pura es, esto es, cuanto mas divina. Y tiene que ser así porque las virtudes en la proporción en que se perfeccionan se acercan a Dios y Dios es pureza, pues dijo San Juan: Dios es Luz.
Y como el Espíritu Santo es la fuente de la pureza, cuanto mas directamente influye el Espíritu Santo en una virtud, esta es mas pura –divina- y por esto todas las virtudes que han alcanzado la cumbre de la pureza, que son aquellas que el Espíritu Santo eleva por sus dones, las virtudes espirituales perfectas totalmente producidas bajo el influjo de los Dones. Con estas virtudes se forma Jesús en las almas transformadas.
El amor contiene en si mismo la aversión a lo que séle opone. Por eso Dios que se ama a si mismo infinitamente y ama infinitamente a las almas, odia infinitamente el pecado que impide la gloria de Dios y es un mal inmenso para las almas.
Y cuando ha llegado a su perfección, todo el mal del amante es el mal del amado, por eso, se convierte en expiación, en redención.
La Encarnación une a María a la gracia de Jesús. Asociada al dolor de Jesús, el dolor de Jesús y de María forman un dolor único, que broto de un amor único y produjo como fruto precioso la única pureza que en las almas se difunde. Y porque la redención la socia a su dolor, su carácter de medianera la hace participe de la gloria y fecundidad de Jesús como cabeza de la Iglesia y padre de la humanidad regenerada.
UN solo sacrificio que se eleva hasta Dios. Una sola llama en que arden los dos corazones. Dos vidas formado una sola sinfonía divina que sin confundirse forman el himno mas bello a la gloria de Dios. Una sola pureza que broto del amor redentor de Jesús asociado a María.
De el hecho de darnos el Padre a su Hijo hecho hombre, se sigue también que existiera la Santísima, Virgen María como Madre suya, pero también como Madre nuestra.
La decisión del Espíritu Santo de llevar el Evangelio a todos los hombres, hizo que existiera la Iglesia.
El deseo del Hijo de quedarse con nosotros en la Eucaristía, hizo que hubiera Sacerdotes.
EL Amor de toda la Santísima Trinidad por la humanidad pecadora, hizo que existiera la Cruz.
A la Ascensión del Señor que culmina el triunfo Pascual, le sigue la Asunción de María primicia de nuestra tura llegada a Dios, nuestra propia resurrección.
Yo soy el Padre Eterno.
Único Dios verdadero de quien toda bien procede , y en quien hacemos una triple profesión de Fe:
Dios es Un Padre Todopoderoso, por quien fueron hechas todas las cosas del cielo y de la tierra,principio y fin de todas las cosas”.
Un Padre que nos conoce y nos ama personalmente. A quien todos debemos profunda adoración, amor filial, cumplimiento de su voluntad.
Un Padre Fiel, que pase lo que pase, esta con nosotros. Y que nos lo demuestra irrefutablemente dándonos como Salvador a su propio Hijo.
Todo lo divino que encierra la Iglesia se debe a la santa fecundidad del Padre, fecundidad asombrosa que El ama y que, comunicándola a los sacerdotes, no quiere verla inactiva y olvidada; antes bien, por la virtud quiere que me reproduzca a Mi, el Verbo Encarnado, en las almas, en los grados de transformación ascendente que las asemeje a Mi
“María recibió directamente del Padre, por el Espíritu Santo, esta sublime y santísima fecundidad, nada menos que dándole a su Verbo, a la segunda Persona de la Santísima trinidad, para hacerlo hombre en su purísimo seno”.
Esta gracia estupenda y singular en la tierra fue solo para María, la sin mancha, escogida desde la eternidad para la maternidad divina.
Por eso María fue tan pura, tan inmaculada, tan limpia de toda sombra e mal, porque fue preconcebida en el seno del Padre, Virgen y Luz; porque el Espíritu Santo la cubrió con su sombra de Luz, pero de Luz fecunda, de aquella Luz eterna e increada, propia de la fecundidad del Padre, cuya esencia es la Luz, es la Virginidad, es la Pureza.
Ahora bien, si el Padre comunica a los sacerdotes su fecundidad para que ejerzan en el mundo la paternidad en las almas, dándoles vida para el cielo, ellos también, por la virtud de esta fecundidad divina, deben ser luz, porque han recibido, en el germen divino de la fecundidad del Padre, su ser de luz, de virginidad, de limpidez, de pureza que los hará verdaderos padres que tienen que engendrar en la Iglesia almas de luz, de claridad de pureza.
JESÚS SUMO Y ETERNO SACERDOTE
El sacrificio perfecto es el que ofreció en la cruz en ofrenda total como respuesta amorosa al amor del Padre y por nuestra salvación, y es el mismo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, quien, por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico, que es el mismo de la cruz.
Tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor. Es entonces cuanto enuncia el Mandamiento Nuevo, proclamado, por otra parte, en cada página del Evangelio. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Heb 7, 24Cristo, mediador de la nueva alianza, por el hecho de permanecer para siempre, posee un sacerdocio perpetuo.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que para gloria tuya y salvación de todos los hombres constituiste sumo y eterno sacerdote a tu Hijo, Jesucristo, concede a quienes él ha elegido como ministros suyos y administradores de los sacramentos y del Evangelio, la gracia de ser fieles en el cumplimiento de su ministerio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Él fue traspasado por nuestros crímenes.
Tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor. Es entonces cuanto enuncia el Mandamiento Nuevo, proclamado, por otra parte, en cada página del Evangelio. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Heb 7, 24Cristo, mediador de la nueva alianza, por el hecho de permanecer para siempre, posee un sacerdocio perpetuo.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que para gloria tuya y salvación de todos los hombres constituiste sumo y eterno sacerdote a tu Hijo, Jesucristo, concede a quienes él ha elegido como ministros suyos y administradores de los sacramentos y del Evangelio, la gracia de ser fieles en el cumplimiento de su ministerio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Él fue traspasado por nuestros crímenes.
Del libro del profeta Isaías 52, 13-53, 12
He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado.
El soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios.
Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10-11a-b.17
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Cuántas maravillas has hecho, Señor y Dios mío, cuántos planes en favor nuestro. Nadie se te puede comparar.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
No callé tu justicia, antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio. Tu amor y tu lealtad no los he ocultado a la gran asamblea.
De la carta a los hebreos 10, 12-23
Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
No callé tu justicia, antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio. Tu amor y tu lealtad no los he ocultado a la gran asamblea.
De la carta a los hebreos 10, 12-23
Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.
Hermanos: Cristo ofreció un solo sacrificio por los pecadores y se sentó para siempre a la derecha de Dios; no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Así, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado. Lo mismo atestigua el Espíritu Santo, que dice en un pasaje de la Escritura: La alianza que yo estableceré con ellos, cuando lleguen esos días, palabra del Señor, es ésta: Voy aponer mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Y prosigue después: Yo les perdonaré sus culpas y olvidaré para siempre sus pecados. Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hacen falta más ofrendas por ellos.
Hermanos, en virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su palabra. Palabra de Dios.
Is 42, 1
Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
EVANGELIO
Hagan esto en memoria mía.
Hermanos, en virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su palabra. Palabra de Dios.
Is 42, 1
Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
EVANGELIO
Hagan esto en memoria mía.
Del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”. Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.
REFLEXIÓN: •
El jueves posterior a Pentecostés celebramos la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
En ella recordamos y agradecemos el que Jesús sea el Sacerdote de la Nueva Alianza que nos ha reconciliado con Dios y nos ha llamado a formar parte de su santa Iglesia.
Nos ha comunicado, además, una nueva vida en el Espíritu y nos ha convertido en «pueblo sacerdotal», llamado a extender el Reino de Dios entre todos los hombres.
Dentro de este pueblo, Él elige libremente a algunos para que lo representen como singulares servidores de la Palabra, de los Sacramentos y de la Caridad… •
Esta fiesta invita, por tanto, a toda la Iglesia a contemplar la santidad y la belleza del sacerdocio de Cristo, a una intensa y continua oración por la santificación de los Sacerdotes – y a exhortar a todos los que son llamados con el sacramento del Orden al sacerdocio ministerial a vivir un firme y fiel compromiso entrega total a Dios y a la Iglesia.
¿Qué son los sacerdotes?
Un solo sacerdote en el Sumo y Eterno Sacerdote.
¿No son acaso las almas de elección, tus almas predilectas, en las que tiene la Trinidad su asiento y su esperanza en la tierra para salvar a las almas?
Son otros Yo mismo y más perfectamente lo son los sacerdotes transformados en Mi. Son los conductos por donde se derrama en las almas la misma Trinidad, son la imagen de Dios en la tierra, son la fecundación del Padre en las almas.
Son mas de María que los demás hombres, son mis representantes en la tierra para con las almas, y los que perdonan, y los que salvan, los que evangelizan y los que forman a Jesús en los corazones.
Son mis vasos de elección, mis escogidos, mis apóstoles, mis mártires en muchas formas,. Son los lirios que deben perfumar los altares, son las cruces vivas en donde mi Corazón descansa, son el consuelo de mi Padre en la tierra, porque en ellos me contempla a Mi, su Hijo muy amado en quien se complace.
Son los verdaderos nidos del Espíritu santo, como Yo, y quienes lo poseen en forma especial.
El amor a mis sacerdotes va más allá de lo que puede concebir la mente humana, porque es divino. Los amo desde la eternidad.
“Quiero que haya almas dedicadas a pedir por los sacerdotes”.
Los presbíteros -enseña el Concilio- tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios. 4). Pero el anuncio tiende a que el hombre encuentre a Jesús, especialmente en el misterio eucarístico, corazón palpitante de la Iglesia y de la vida sacerdotal. Es un misterioso y formidable poder el que el sacerdote tiene en relación con el Cuerpo eucarístico de Cristo.
De este modo es el administrador del bien más grande de la Redención porque da a los hombres el Redentor en persona. Celebrar la Eucaristía es la misión más sublime y más sagrada de todo presbítero. Y para mí, desde los primeros años de sacerdocio, la celebración de la Eucaristía ha sido no sólo el deber más sagrado, sino sobre todo la necesidad más profunda del alma.
Ministro de la misericordia Como administrador del sacramento de la Reconciliación, el sacerdote cumple el mandato de Cristo a los Apóstoles después de su resurrección: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se lo retengáis, les quedan retenidos. ¡El sacerdote es testigo e instrumento de
la misericordia divina! ¡Qué importante es en su vida el servicio en el confesionario! Precisamente en el confesionario se realiza del modo más pleno su paternidad espiritual. En el confesionario cada sacerdote se convierte en testigo de los grandes prodigios que la misericordia divina obra en el alma que acepta la gracia de la conversión.
Es necesario, no obstante, que todo sacerdote al servicio de los hermanos en el confesionario tenga él mismo la experiencia de esta misericordia de Dios a través de la propia confesión periódica y de la dirección espiritual. Administrador de los misterios divinos, el sacerdote es un especial testigo del Invisible en el mundo. En efecto, es administrador de bienes invisible e inconmensurables que pertenecen al orden espiritual y sobrenatural.
El papel de los sacerdotes
El Verbo, Yo hecho hombre, he regalado mi sangre y mi vida en una cruz, y mi cuerpo y mi alma y Divinidad en la Eucaristía, y me doy y regalo en todos los sacramentos.
Y el Espíritu Santo se da también a todas las almas por la gracia, se derrama a torrentes en favores y carismas, en dones y frutos y se convierte Él mismo en Don.
El Padre da nada menos que a su Hijo divino, se lo regala al hombre de mil maneras, para su servicio, su imitación, su consuelo, su salvación eterna.
Es Jesucristo quien, en la Santa Misa, con las palabras de la Consagración, cambia la sustancia del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre” . Y podemos añadir: Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: “Tus pecados te son perdonados”.
A los grandes acontecimientos divinos se sigue Siempre el fruto de que se derrame la Voluntad del Padre en favor nuestro.
La inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial cuando el mismo Dios todopoderoso perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables a su amistad, que merecidamente habían perdido.
Es Jesucristo quien, en la Santa Misa, con las palabras de la Consagración, cambia la sustancia del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre” . Y podemos añadir: Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: “Tus pecados te son perdonados”.
A los grandes acontecimientos divinos se sigue Siempre el fruto de que se derrame la Voluntad del Padre en favor nuestro.
Mi Iglesia regala cuanto tiene, Ella da siempre, aunque no reciba, Regala cuanto tiene, hasta el cielo y no quiere tener en su seno a almas egoístas, almas tacañas que se cuidan mucho de dar y menos de darse como debieran, en su sagrado ministerio, a las almas.
Secreto.
Voy a revelar un secreto: Y es que al engendrar el Padre en el seno de María por obra del Espíritu Santo, engendró Conmigo en Ella, el germen de los sacerdotes en el Sacerdote Eterno. El divino Espíritu comunicó a María una fibra divina de la fecundación de los sacerdotes futuros, engendrados en el seno del Padre, de toda la eternidad.
Por eso María es más madre de los sacerdotes, por estar conmigo, en su seno inmaculado, aquella fibra sacerdotal unida a mi naturaleza humana divinizada.
Y por eso María tiene mucho de sacerdote; y por eso María busca por justicia a su Jesús en cada sacerdote, concebido Conmigo en su virginal seno, al encarnar el Verbo en sus entrañas purísimas.
Por eso se les exige a los sacerdotes la pureza, por descender de la luz del Padre y de María virgen, Reina de la Iglesia y Madre del Sacerdote Eterno, en el Verbo encarnado, y de los sacerdotes, - germen fecundo de la Iglesia, engendrados por la divina fecundidad de la Trinidad Virgen, en el seno purísimo de la Virgen sin mancha .
Por eso se les exige a los sacerdotes la pureza, por descender de la luz del Padre y de María virgen, Reina de la Iglesia y Madre del Sacerdote Eterno, en el Verbo encarnado, y de los sacerdotes, - germen fecundo de la Iglesia, engendrados por la divina fecundidad de la Trinidad Virgen, en el seno purísimo de la Virgen sin mancha .
Así es que cuando un sacerdote peca, me ofende, no como cosa extraña a Mi, sino como dentro de Mi, Dios hombre, en razón de la transformación en Mí que trae desde la eternidad y desde su ordenación sacerdotal.
Claro esta que las ofensas que se me hacen siempre son dentro de Mi, en cuanto que estoy presente en todas partes;
pero esas ofensas de mis sacerdotes son aparte; porque están injertados en Mi, Sacerdote único; en Mi que formo con ellos ante mi Padre un solo Sacerdote en el que ve a todos los sacerdotes.
Y de este secreto de mi Corazón, que aumenta la gravedad de sus crímenes, de su indiferencia y de su poco amor, no se dan cuenta los sacerdotes; y esta es una de las espinas más dolorosas de mi Corazón. Porque no me ofenden de lejos o aparte, como los demás hombres, en cierto sentido, sino que me ofenden a Mi dentro de Mi, ofenden a Dios dentro de Dios, !y esto es terrible!.
Esta sola consideración debería detenerlos y trocar sus pecados, deslealtades e ingratitudes, en amor, en desagravios, en ternura. Me ofenden a Mi y se ofenden a si mismos en Mi, por la transformación de ellos, sacerdotes, en el eterno Sacerdote, porque somos todos uno, Yo en ellos, en la unidad de la Trinidad.
Que los sacerdotes mediten y difundan estas verdades para que cesen sus ofensas, sus debilidades culpables y sus múltiples ingratitudes.
Y si los hijos deben parecerse a las madres y gozar de sus prerrogativas, ¿no comprenden que los sacerdotes deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, y llevar en sus almas la “encarnación mística” del Verbo en su Madre; y por esto, el más estricto deber de parecerse a Mi, o mas bien, de tras formarse en Mi ?.
!Hasta donde hemos llegado!, !hasta donde nadie se lo figuraba! Que reales y certísimas consecuencias hemos sacado a la vista y que Yo llevaba en el fondo del alma para hacerlo patente hoy, en estos tiempos en que más que nunca necesita la Iglesia de sacerdotes Yo, transformados en Mi.
En el Calvario proclame a María Madre universal de todos los hombres; el privilegio particular del Padre para con mis sacerdotes, en su asombrosa fecundación divina, data del día en que el Verbo encarnó en María, aunque este designio del Padre en la Trinidad, que tuvo en cuenta eternamente a su Iglesia, no tiene principio. Fueron concebidos, como lo fue el Verbo en María, la vocación y el ser espiritual y divino de mis sacerdotes, por la fecunda profusión del Padre, por el amor purísimo del Espíritu Santo.
UNIÓN DE JESÚS CON LOS SACERDOTES
“Al ofrecerme Yo al Padre en la Misa, al inmolarme en el altar, al honrar con mi sacrificio a mi amado Padre, desde que lo establecí en mi Iglesia en la última Cena, no me ofrecí, no me ofrezco en las Misas solo, sino que Conmigo ofrezco a todos los sacerdotes de el mundo, porque todos están en Mi, Único Sacerdote, por razón de mi unidad”.
Aquella plegaria de la consumación de la unidad en mi Padre y en Mi, no quedo estéril, sino que vinieron sus frutos a la tierra especialmente SOBRE MIS SACERDOTES, y por eso Ellos SON Otros Yo.
Y más aún; desde que encarne en María; desde que me puse a la disposición amorosa de mi Padre, diciéndole: Aquí estoy; no me puse a su disposición solo, sino con todos los sacerdotes en Mi, creados por mi Padre, por obra del Espíritu Santo en María. Y diré más: a mi paso por la tierra, tenía presente el porvenir y representaba ante mi Padre el presente y el futuro; y viendo a todos los sacerdotes en Mi, con ellos nací en Belén, trabaje en Nazaret, convertí en Galilea, sufrí en Jerusalén, morí en el Calvario y resucite.
Siempre he llevado en mi Corazón esa fibra santa y fecunda de mi Padre, mis sacerdotes.
Eternamente ya estaban conmigo; en María no se apartaron de Mí; y en mi vida, y en mi muerte, y en mi resurrección, y en mi Iglesia, y en el cielo, siempre los he llevado adheridos a mi alma; son como partes de mi ser humano divinizado y los tengo como otros Yo; como carne de mi carne y almas de mi alma y espíritus de mi Espíritu.
Y en la primera Misa que se celebro en el mundo, en el arranque más grandioso del amor de un Dios a sus criaturas, se obró la perfecta transformación del sacerdote en Mi, haciéndolo otro Yo, por las palabras divinas y operativas de la consagración; y me quede Yo en ellos y ellos en Mi, en momentos tan elevados y sublimes, que, aun después de tantos siglos, hacen temblar de adoración al cielo y conmueven terriblemente al infierno.
Yo soy la transformación.
Ha llegado el tiempo de impulsar el reinado del Espíritu Santo y poner una barrera inexpugnable a Satanás, espiritualizando las almas.Más para esto tengo que valerme de los instrumentos que más íntimamente me pertenecen - de los sacerdotes -, que son los indicados para la salvación del mundo; pero transformados en Mi por el Espíritu Santo.
Es una necesidad apremiante en grado sumo la que tiene mi Iglesia de sacerdotes santos; y nadie es santo, si no se transforma en Mi por el Espíritu Santo y por María. No hay que buscar otros medios, no hay que subir al Padre por otra escala, si no es por esa transformación.
Eso de la transformación no es una novedad.
Jesús quiere que todas las almas se unan a Él y que con Él formen todas una sola cosa.
No porque trate de unirse hipostáticamente con la humanidad, sino porque mediante la gracia y el amor, quiere Dios realizar en cada uno de nosotros como un trasunto de lo que realizó en Jesucristo.
Quiere que la unidad que existe entre la Divinidad y la humanidad de Jesucristo, sea imitada muy de cerca por esa otra unidad de gracia y de amor por la cual todos nosotros nos incorporamos a Él y nos amamos entre sí.
Nunca esta solo el sacerdote, sino que la Trinidad misma lo acompaña a todas partes de una manera especial, lo proteje a todas horas y lo ama siempre.
Este es el secreto: En Mi están los sacerdotes místicamente transformados desde que mi Padre ideó la Iglesia, que fue eternamente. El poso en Mi una mirada de infinita ternura; y en esa mirada eterna, que Yo vi y sentí, germinaron los sacerdotes en el Sacerdote Eterno, y !ay! desde entonces los amo en Mi mismo, como Dios; y al venir Conmigo, como he explicado, en la Encarnación, los ame y los amo como Dios-hombre.
Tienen el germen de la unidad todas las almas salidas de las manos de Dios; pero en escala muy superior, los sacerdotes; y a todos ellos principalmente quiero consumarlos en la unidad. Esta es mi plegaria al Padre desde que me hice hombre y que he continuado en el cielo.
Es necesario que los sacerdotes e penetren de esa unión, íntima profunda, indisoluble por parte de Dios, que tiene conmigo; que entiendan y se penetren y se impregnen bien de este secreto que he llevado en mi alma; el secreto de que no van a ser transformados en Mi, sino que en la mente del Padre ya lo están, lo han estado siempre, porque Él, no ve muchos sacerdotes en todas las jerarquías de la Iglesia, no ve en ellos más que a Mi, Sacerdote único, y a todos los sacerdotes en Mi, por razón de su unidad.
!Si la unión ya se obró, repito, si la transformación viene de muy atrás!. !Si ya lo están, pero no lo comprenden, no ayudan con todas las energías de su alma a consumar esa transformación cuyo germen bendito ya han recibido!. ¿como había Yo a pedirles una cosa imposible y que no fuera para su mayor bien?
Pero debo aclarar un punto importante: la transformación, o sea la unificación de ellos en Mi, esta hecha en cuanto a los designios de mi Padre, que los eligió eternamente para servicio de mi Iglesia; pero la transformación no se realiza ni se consuma sin la voluntad, el trabajo, el sacrificio y el amor de mis sacerdotes.
Pero esta consumación necesita la ayuda eficaz, generosa y constante del sacerdote, repito, su voluntad, sus sacrificios, su amor, un inmenso amor que los transforme en Mi todo amor, para perderse Conmigo uno, en la unidad pura y divina de la Trinidad.
CONSUMACIÓN EN LA UNIDAD
“A las almas sacerdotales son a las que mas amo en la tierra por el reflejo que en sí llevan de la fecundación de Mi Padre: en El los amo y por El los salvo. Esas almas llevan en si el germen comunicado del cielo para producirme a Mi en las almas; y por mi las virtudes que deben santificarlas y salvarlas de mil peligros que Yo se.
Pero las almas sacerdotales imprescindiblemente tienen que ser victimas; tienen que convertirse en don, renunciando se y ofreciéndose puras a mi Padre en Mi unión, y entregándose también en donación a las almas, como Yo, dentro de mi Iglesia y doctrina.
Pero el alma del sacerdote que abraza y cultiva con su correspondencia a la gracia este Don de Dios, es el más dispuesto a recibir y ensanchar la gracia sin precio de la “encarnación mística” en el alma, que es gracia sacerdotal en todas sus partes, gracia por excelencia de donación mutua , gracia insigne transformante y unitiva que atrae a la Trinidad; porque el Verbo no puede apartarse en su divinidad ni del Padre ni del Espíritu Santo, una sola esencia con El. Deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, y llevar en sus almas la “encarnación mística” del Verbo en su Madre.
Pero el alma del sacerdote que abraza y cultiva con su correspondencia a la gracia este Don de Dios, es el más dispuesto a recibir y ensanchar la gracia sin precio de la “encarnación mística” en el alma, que es gracia sacerdotal en todas sus partes, gracia por excelencia de donación mutua , gracia insigne transformante y unitiva que atrae a la Trinidad; porque el Verbo no puede apartarse en su divinidad ni del Padre ni del Espíritu Santo, una sola esencia con El. Deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, y llevar en sus almas la “encarnación mística” del Verbo en su Madre.
Y si esa alma llega a la transformación - y mas por el rápido camino de la encarnación mística- llega naturalmente a la unidad en la Trinidad, que es lo que pido, lo que anhelo, lo que ofrezco hoy a mis sacerdotes.
Las almas sacerdotales son las más aptas y a propósito para recibir esta gracia en toda su plenitud . Pero claro esta que necesitan retener este reflejo que en las Misas reciben; y con el concurso de sus virtudes, y con el esfuerzo de su santidad, preparar el terreno para recibir esta incomparable gracia en toda su perfección,
Ya se puede ver si en un sacerdote estará permitida la ociosidad cuando tiene que llenar estos deberes ineludibles de su vocación: la salvación de las almas.
Si el sacerdote alcanza fruto en las almas, no es por él, sino por lo divino y sobrenatural que hay en el de Mi; y tanto más moverá y tantas más almas salvara y perfeccionará, cuanto as perfecta y elevada sea su transformación en Mi, Dios hombre.
Es evidente que los tesoros celestiales de mi doctrina y de mis sacramentos les pertenecen y por ellos salvan a las almas; más la fuente de esos tesoros esta en Mi, como Dios. Yo los escogí para el altar, para difundir mi doctrina y para continuar mi dulce misión de salvar a las almas. Pero Yo quiero ir mas adelante y no me conformo con que sus manos sacerdotales repartan mis riquezas, sino que quiero poseer sus almas, su voluntad, sus facultades íntimas, los latidos de su corazón, esa unión absoluta y compenetrante de todo el sacerdote en Mi, para transfundir, por decirlo así, todo mi Ser en el.
Al transformarse el sacerdote en Mi, no solamente se transforma en el Jesús hombre, sino que - como Yo soy Dios y hombre y el hombre en Mi no puede separarse de lo divino -, se transforma también en el Jesús divino; porque aunque en Mi hay dos naturalezas, solo hay una Persona Divina que envuelve a esas dos naturalezas, que las penetra, que hace de Mi un Ser divino humano.
Los sacerdotes pueden completar al Dios-hombre, no en el sentido de que a Mi me falte algo, sino en le sentido de continuar en la tierra al Salvador, de transformarse en Mi; y si ellos no son Dios, si se divinizan, y entran en posición más o menos íntima - aunque velada- de la Divinidad.
Incorporación.
Somos Jesús ¡ Admiraos ! , los sacerdote somos ya aquí en la tierra continuadores de Jesús y en el cielo todos sacerdotes y fieles vamos a convertirnos en Cristo.
“La incorporación en Mi es el cielo, que comienza en la tierra por mi Iglesia en sus sacramentos, que continúa en la transformación y que tiene su plenitud en el cielo. Allá todas las almas y aún los cuerpos serán una sola cosa conmigo, y la complacencia de mi Padre se extenderá hacia ellos, solo porque en ellos ve mi imagen sacratísima”.
“En todo lo que he dicho no he tenido más fin que conmover
el corazón del sacerdote para su transformación en Mi. Siempre mis planes y mis fines son de amor, y mas, mucho mas cuando se trata de lo que mas amo en la tierra, de mis sacerdotes. A las almas que más amo, después de ellos, son a las que por misión o por gracia especial reflejan algo del sacerdocio.
Pues bien, estas Confidencias han tenido por objeto unir a todos los sacerdotes en la unidad de la Trinidad, pero transformados en Mi; llevan el fin de hacer de todos ellos un solo Jesús, Yo en ellos; no muchos Jesús , sino uno solo, en donde estaré y me mostraré Yo para volver al mundo desorientado, hacia la divina brújula que conducirá las almas al cielo; para iluminar con la luz del cielo las sombras y nieblas en las que están envueltas.
Volveré a la tierra más visiblemente, más sensiblemente, en mis sacerdotes que se presten a esta reacción espiritual, y el mundo recibirá el impulso divino y mi Iglesia dará sus frutos de vida eterna, y glorificar con esto a la Trinidad.
Pero voy a decirles una cosa muy importante. A muchos de mis sacerdotes tentará Satanás de diversos modos: a unos con escrúpulos, a otros con desalientos, a otros con humildades falsas, a otros haciéndoles ver un enorme peso en su augusta y santa vocación, etc. Que no hagan caso al enemigo; porque este al sentir la divina reacción, bramara, esgrimirá todas sus armas, pondrá en juego todas sus baterías, y Yo necesito esforzados campeones, almas valientes que triunfen de sus astucias y tentaciones infernales.
Llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
Carta II de San Pablo a los Corintios 4,7-15.
Hermanos:
Nosotros llevamos un tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida.
Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos.
Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.
Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.
Ha llegado el tiempo de que los sacerdotes sacudan de sí mismos toda pusilanimidad; con aire guerrero y sin miedo a los combates, levanten la frente pura y peleen y venzan al infierno; que si se transforman en Mi. no serán ellos solos los que venzan, sino Yo en ellos el que triunfe y enarbole la victoria en mi Iglesia, en mi Religión santa y en las almas.
Con el Espíritu Santo y con María, con mi Corazón y con la Cruz, ¿que temer? Valor y confianza, y una entrega total y absoluta de la voluntad de los sacerdotes a la Mía: eso es lo que Yo necesito para que el Espíritu Santo obre en los corazones.
Estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa. Amándolo como María, recibiéndolo con pureza , y con el ofrecimiento de si mismos en unión con Jesús.
Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios.
Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz.
Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. Sin este ofrecimiento, la participación del Sacerdote resulta tan sólo exterior, material y por lo tanto infecunda.
El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat, la real Encarnación del Verbo en sus manos.
El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat, la real Encarnación del Verbo en sus manos.
Amándolo como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, con el ofrecimiento de si mismo hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor. Amándolo... recibiéndolo... con el ofrecimiento di si mismo en unión con Jesús.
Los sacerdotes de Cristo Deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, Amándolo, como María lo ha amado y llevarlo en sus almas como lo hizo Ella después de su nacimiento. Como lo llevo María en la “encarnación mística” del Verbo en su Madre.
Dios quizo en su providencia unir a la Iglesia a los padecimientos de Cristo, pero no basta aceptarlos con paciencia, es necesario estar unidos a Cristo y ofrecerlos en unión con los suyos para llenarlos de con su divinidad y hacerlos fructuosos.
El Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la presencia Eucaristíca de Jesús, renovados en cada Misa.Los sacerdotes de Cristo Deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, Amándolo, como María lo ha amado y llevarlo en sus almas como lo hizo Ella después de su nacimiento. Como lo llevo María en la “encarnación mística” del Verbo en su Madre.
Dios quizo en su providencia unir a la Iglesia a los padecimientos de Cristo, pero no basta aceptarlos con paciencia, es necesario estar unidos a Cristo y ofrecerlos en unión con los suyos para llenarlos de con su divinidad y hacerlos fructuosos.
Si el sacerdote celebrante no está animado por esta fe y por estos sentimientos y propósitos, aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas su Misa es estéril para él; no ha sido más que un protagonista material del más grande Misterio.
“Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed de mí a toda vuestra voluntad. (esto incluye la gracia Santificante; amor, afecto, favores). Dadme vuestro amor y gracia que esto me basta”.
QUIERO REINAR
Quiero reinar en el mundo como Rey de paz y de amor, quiero que se proclame por todo el universo mi realeza , mi dominio de caridad y de unión ; quiero dominar pero con el cetro de la paz, pacificando naciones y corazones, quiero reinar por el Espíritu Santo.
Mas para reinar crucificado y coronado de espinas, necesito vasallos santos que lo sea a mi imitación, que sean dignos de mi servicio; y esos primeros vasallos son y serán siempre mis sacerdotes, esa primera vanguardia que no me haga traición, sino que se desvele y cuide mis sagrados intereses como propios.
Esa legión de honor que constituye el eje de mi Iglesia debe levantar muy alto el estandarte de la paz que he traído a la tierra;
Mi Corazón completara su reinado a medida que tenga sacerdotes como Él, humildes, puros y sacrificados, santos e inmolados por la causa de su Soberano que reinó sobre la Cruz.
Si quieren activar mis sacerdotes Mi reinado en el mundo de las almas, deben parecerse a su Rey, imitar sus virtudes y su amor al Padre. Formar esa vanguardia, y cuidar el trono de su Rey inmortal.
Pero mi divisa es y ha sido siempre el amor, la caridad, la paz, unificando en un solo Pastor el rebaño que debe honrar con su fidelidad a mi Iglesia amada.
Este Reinado será universal y crecerá a medida de la santidad de mis sacerdotes. Y si Yo solo Reine en el mundo por la Cruz, mis sacerdotes también deben tener por trono la Cruz.
El gran ideal del sacerdote debe ser Jesús crucificado, y su único anhelo en la tierra debe ser imitarlo, parecerse a El interior y exteriormente.
Ningún sacerdote que tome el camino de la Cruz se perderá, y todos los sacerdotes que voluntariamente, que amorosamente se abracen de la Cruz, se santificaron y alcanzaran eminentes grados de Unión Conmigo. Este es el gran secreto de la santidad de un sacerdote, la Cruz; este es el gran antídoto contra las tentaciones de todas clases, la Cruz.
Un amor que se nutre de la meditación continua, no interrumpida, de lo que son las almas, no consideradas en sí mismas, sino en lo que son en el pensamiento, en la obra, en la sangre y la muerte del Divino Redentor.
Pero tiene otro manantial purísimo el amor apostólico: El Corazón de María. Sin Ella no puede haber apostolado, porque es la medianera de todas las gracias. El rayo de luz que ilumina los espíritus, la palabra que llega hasta lo íntimo de los corazones, el secreto atractivo que arrastra a las almas, todo lo que glorifica a Dios lo toma el Apóstol de la plenitud de Jesús, pero tiene que pasar forzosamente por María, como pasan por la atmósfera diáfana la luz, el calor y la vida que vienen del sol.
Este triple amor, o más bien este amor único que tiene tres matices celestiales: Que brota del Divino Corazón de Jesús, que pasa por el purísimo Corazón de María y que baña a las almas con esplendores de cielo, son las cosas que el Apóstol saca del tesoro de su corazón. Comprende su época y adivina el porvenir. Hoy como entonces, El Señor lo envía a evangelizar a los pobres: "Compartir con ellos su pan y su ternura".
Unión de voluntades.
“Yo vine al mundo con el fin de hacerme amar del hombre, de orientar su amor a lo divino; porque el hombre se puede decir que es amor, nació del amor y lleva en su ser el amor”.
Pero ese amor lo falsifica, lo vulgariza, lo mancha, cuando el amor es lo más noble del hombre y del alma del hombre.
Y en realidad el amor que pido al hombre y el que el hombre me pude dar es derivación del Amor eterno, del divino amor. Pero lo que busco en ese amor es lo mas hermoso de él: la voluntad de amarme.
Esa voluntad libre del alma es la que persigo, la que vine a buscar a la tierra, la que quiero poseer plenamente, la que me satisface. Y unir esa voluntad con la mía en todos sus grados, en toda su plenitud, esta el punto culminante de su transformación en Mí.
Necesito la voluntad del sacerdote, porque sin ella nada
puedo hacer en su favor ni en bien de las almas; necesito esa voluntad de seguir mis huellas, de imitarme, de pertenecerme absoluta y plenamente, y de amarme, para tomarlo como mio, para su transformación en Mí
Quiero la voluntad del sacerdote, y ¿saben porque?, porque su voluntad es amor, es la esencia del amor.
Y aquí voy a descubrirles una cosa: que la falta de esa voluntad es la causa más poderosa que impide su transformación en Mi.
Ya he señalado en estas Coincidencias (se refiere a la Venerable Concepción Cabrera de Armida, fundadora de los Misioneros del Espíritu Santo y las Obras de la Cruz) muchos obstáculos, pero hoy he puesto a su vista el principal para mi unión con esos sacerdotes amados: !su voluntad! Quiero esa voluntad pura, firme, generosa, absoluta, fiel y amante. Con esas cualidades, el Espíritu Santo procederá al trabajo dulce y ansiado de la transformación de los sacerdotes en Mi.
San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Los Judíos no podían comprender como nos podía dar a comer su cuerpo y a beber su sangre, Jesús es el Pan del Cielo, nos lo dio María con su fe, la que recibió de sus padres, la que cultivo y vivió siempre hasta al Cruz. Nosotros participamos de esa gracia.
La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia porque es
el sacramento del sacrificio de Cristo, del que hacemos memoria, y es también su presencia viva entre nosotros. No solo simboliza y comunica la gracia, como hacen los demás sacramentos, sino que contiene al Autor de la gracia. De por sí la Misa es el acto de adoración más grande de la Iglesia, pero la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que ha tenido lugar en la celebración y hace posible una verdadera y profunda acogida de Cristo. Cada uno de nosotros es amado por Jesús “hasta el final”, o sea hasta la donación total de Sí mismo en la cruz, cuando gritó “¡Todo está cumplido!” (Jn. 19,30).
En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo.
Toda la Iglesia se une a la ofrenda y la intersección de Cristo por medio del ministerio de los Presbíteros y se realiza a la perfección el sacrificio espiritual de los fieles en unión con el sacrificio de Cristo, único Mediador. Este, en nombre de toda la Iglesia, por manos de los presbíteros, se ofrece incruenta y sacramentalmente en la Eucaristía, hasta que el Señor venga.
“Les deje mi Cuerpo para que se hicieran con él un mismo cuerpo, les deje mi Sangre para que formaran con ella una misma Sangre, mi sacrificio incruento, que se repetirá hasta el fin de los siglos, para que se unieran mis sacerdotes a él en un solo sacrificio y oblación”.
Que el Espíritu Santo tomé plena procesión de nosotros, que nuestras almas se pierdan en el océano de pureza y de Amor que es el Espíritu Santo y así transfigurados nos ofrezca a Dios como ofreció a Jesús.
Que oren por mis sacerdotes, que se sacrifiquen por ellos
en mi unión; y por este medio, con María, se apresurara la realización de mis deseos en mis sacerdotes y en mi Iglesia.
PARTICIPACIÓN DE LA CRUZ
¿ Que es la Cruz ?.
El peso abrumador de todos los pecados del mundo.
Hay 3 maneras de participar de la Cruz de Cristo: Llevando la nuestra, que es parte de la Cruz de Cristo.
Llevando a las almas a la Cruz, guiándose a la perfección más excelsa a orar y sacrificarse principalmente por los sacerdotes.
Participando del dolor del Corazón de Cristo al conocer, venerar, estudiar y sentir sus dolores íntimos.
Los que quieran seguirlo, deben unirse a Él en forma personal y profunda, participando en su sacrificio de amor.
Almas.
“Y si los sacerdotes se engendraron Conmigo en su vocación sacerdotal en el Padre y nacieron conmigo de María, deben vivir mi vida y morir como Yo morí, en cualquier cruz, por las almas; deben en mi unión conquistarlas y comprarles con sus dolores el cielo. Pero si ellos son amor, si son Yo amor , no les costara esto y se endulzaran no solo sus continuos sacrificios, sino su muerte, gloriosa en cualquier lugar y del modo que a mi me plazca enviársela, ofrecida al Padre por tan noble fin y consumida por tan digna causa”.
Este mundo necesita regenerarse, espiritualizarse; pero este es el único medio para llegar a este fin: el de la transformación en el eterno, puro, único y santo Sacerdote y Salvador que quiere y promete volver a la tierra en sus sacerdotes, para hacer real y positiva esta nueva era de Salvación y santificación del mundo.
Quiero volver al mundo en mis sacerdotes, quiero renovar el mundo de las almas y presentarme Yo mismo en mis sacerdotes para hacerlo; quiero dar un poderoso impulso a mi Iglesia e infundir, como en nuevo Pentecostés, el Espíritu Santo en mis sacerdotes. Yo en ellos, quiero obrar, hablar, vivir y hacerme sensible a las almas; quiero ofrecer al Padre un triunfo en mi Iglesia y renovar la faz de la tierra por el impulso mundial e irresistible de mis sacerdotes santos. Yo, el Santo de los santos, en mis Obispos y sacerdotes santos.
Pero necesito de la voluntad y de la cooperación de los sacerdotes, porque Yo, con todo y ser Dios, me detengo ante el umbral de la voluntad humana y la respeto sin avasallarla.
En cuantos puntos los sacerdotes debieran parecerseme. En cuantas cosas debieran estudiarme e imitarme.
Si debieran ser otros Yo mismo y con eso simplificarían su vida, y harían de la tierra un cielo.
Y ¿como se simplificará su vida sacerdotal?: Si son otros Yo con mi mismo amor al Padre y para con las almas.
“Para cumplir su elevada tarea, el sacerdote debe tener una sólida estructura espiritual y vivir toda su vida animado por la fe, la esperanza y la caridad. Debe ser, como Jesús, un hombre que busque, a través de la oración, el rostro y la voluntad de Dios, y que cuide también su preparación cultural e intelectual.”
Conocimiento práctico de la vida interior; conocimiento práctico del corazón humano, y mucho Espíritu Santo que sea el intermedio entre el confesor y el penitente, el director y el dirigido.
EL SECRETO PARA ATRAER A LAS ALMAS
En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada "pastoral". Por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, se dice que "al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc. 6, 34). Jesús encarna a Dios Pastor con su forma de predicar y con su obra, cuidando de los enfermos y de los pecadores, de los que están "perdidos" (cf. Lc. 19,10), para traerlos de vuelta a salvo, en la misericordia del Padre.
¿Y como atraer los sacerdotes al mundo de las almas que se pierden, arrebatadas por la corriente de la impureza, de la vanidad, de la soberbia y de las malas pasiones? Solo siendo otro Yo, solo transformándose plenamente en Mí, para tener esa virtud divina de atracción divina que sólo Yo poseo por haberla recibido del Padre, una sola Divinidad Conmigo.
CREO EN EL ESPÍRITU SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDAExiste un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es lo más grande, del cielo y de la tierra, el Espíritu Santo.No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. Él es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones; y si hay tibieza, y si hay frío, y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, y hasta a mi Iglesia, es porque no se acude al Espíritu Santo.Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese Centro del amor que es Dios. Con Él, se tiene cuanto se puede apetecer; y si hay tristeza, es porque no se acude al Divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaquezas, es porque no se acude a la Fortaleza invencible: si hay errores, es porque se desprecia al que es la Luz; si se extingue la fe, es por la falta del Espíritu Santo.No se le da el culto que se le debiera dar, en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte por lo que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas, es porque no se le da toda la primacía que Yo le di, a ese Santo Espíritu.Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor, y en muchos corazones aun de los míos, ni siquiera se le recuerda, y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.Es tiempo ya, de que el Espíritu Santo reine —decía el Señor como conmovido—, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es, y no hay cosa más grande que Él, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia.Entonces cambiará el mundo, pues todos los males que en él se lamentan hoy, tienen por causa, el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace, está en que se active el culto del Espíritu Santo; en que se le dé su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.Nadie será pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo, deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.Él es el alma de esa Iglesia tan amada, cierto; pero no se dan cuenta muchos, de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina, y languideciendo su devoción en los corazones, es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. (C.C. 35, 67-70)A medida que el Espíritu Santo reine, se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizará a la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. (C.C. 35,72)Acción del Espíritu Santo:Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas partes, la impregna de Sí mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma.¡Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio, y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma! Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mí, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mi Corazón, es por el Espíritu Santo.Se le considera intangible y lo es, pero no hay sin embargo cosa más cerca y al alcance de la criatura que el Espíritu Santo.Y los siglos han pasado siendo Él siempre el principio de todas las cosas, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo, ni se le estima, ni se le conoce, ni se agradece su influencia siempre santificadora.En estos últimos tiempos, ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y aniquilar a Satanás que en esa forma se va introduciendo hasta en la Iglesia.¿Por qué tantos males sino por la falta del Espíritu Santo, es decir, por tantos pecados que lo alejan?. Extender el reinado del Espíritu Santo es destruir el de Satanás, es acercar las almas a mi Corazón, regenerarlas por la cruz, porque al acercarse el Espíritu Santo a las almas, con su luz les muestra el camino del dolor; con sus encantos las empuja, con su influencia lo suaviza y con su consolación las alegra haciéndoles fácil el camino de las virtudes”.Que reine ya el Amor, que es el Espíritu Santo. Si mi Corazón es amor, es porque es su nido, porque Él constituye sus latidos. (C.C.40, 187-192)El amor, es el único que une, que simplifica, que santifica, que reconcilia, que abraza, que estrecha los vínculos y los corazones.Sólo Él, únicamente Él, puede renovar la faz de la tierra, es el que unifica a la Iglesia, es el que simplifica, porque es la unidad por esencia, y es unidad, porque es amor. (C.C. 49,363)
CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL ESPÍRITU SANTO¿Quién contra Dios? Las generaciones pasan; las persecuciones sederrumban, los cismas caen, y sólo mi Iglesia hermosa y pura, santa e inconmovible, llegará al fin tan santa y perfecta e inconmovible como salió de mis manos, apoyada en el amor que no se muda porque es divino, por el ser de unidad que lleva consigo, impregnada de amor, y sólo esparciendo amor.El Espíritu Santo es el alma, el gran motor divino de la Iglesia; su energía, su corazón, su latido, porque es el Amor.
Ha llegado el tiempo de exaltar en el mundo al Espíritu Santo, alma de esa Iglesia tan amada, en donde esa Persona Divina se derrama en todos sus actos con profusión.Que el mundo se consagre al Espíritu Santo, muy especialmente, comenzando por todos los miembros de la Iglesia. El amor, la caridad, se ha resfriado en el mundo, siendo esto el origen de todos los males que lamenta. Ese amor divino único se ha inutilizado, se ha neutralizado, se ha falsificado, se le ha suplantado con falsos amores, con mundo y materia que lo ha alejado de los corazones. Y es preciso que vuelva, que triunfe, que cante la victoria de su Dueño, convirtiendo almas, y regenerando corazones, y generaciones.¿Cuál tiene que ser el principio sólido y verdadero y duradero de esta conmoción universal? ¿Por dónde debe comenzar? Por mis sacerdotes en su transformación en Mí. Yo te aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la Trinidad emprenden este gran impulso santificador y divino, Satanás quedará derrocado y la Iglesia purificada en sus sacerdotes, será un consuelo y un grande obsequio a mi Corazón.Pero ¿quién facilitará esto? Sólo el Espíritu Santo que contrarresta lo material con lo divino; sólo la Persona del Amor comunicará amor, y entonces, todo está salvado.Que mis sacerdotes todos, se arrojen confiados al Espíritu Santo que está pronto a derramarse en los corazones que más ama y en los que ansía explayar sus carismas, bendiciones y unión con más profusión. (C.C. 51, 81-85)Un nuevo Pentecostés:Algún día, y no lejano, en el centro de mi Iglesia, en San Pedro, se llegará a hacer la Consagración del mundo al Espíritu Santo, y las gracias especiales de este Divino Espíritu, se derramarán en el Papa, feliz que esto haga. Hace mucho tiempo que vengo iniciando este mi deseo, de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un segundo Pentecostés. Entonces, el mundo se espiritualizará con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañará el Soplo vivificante y puro del Purísimo Espíritu.Barrerá este Soplo santo todas las impurezas en los corazones, y todos los errores en las inteligencias quecorrespondan a su influjo: y la faz del mundo se renovará restaurando todas las cosas en Mí, pero sobre todas esas cosas, a mis sacerdotes que son y serán los primeros en esa restauración universal, en sus corazones, que vendrá; sí, vendrá a glorificar en la unidad de la Iglesia a la Trinidad. Se rendirán muchas Sectas, ante la unidad divina de mi Iglesia; cesarán muchos cismas; el Concilio futuro tendrá y dará frutos de vida eterna, y la Iglesia única y verdadera cobijará muchas naciones extendiendo sus alas para abarcar a todo el mundo y traerlo a su salvador seno.No siempre la Iglesia ha de estar postergada; tendrá sí, siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos; pero tendrá treguas también, tendrá honoríficos triunfos, Yo te lo aseguro. Pero he vinculado estos triunfos en una sola cosa: en la consumación transformativa en la tierra, de sus sacerdotes en Mí.Con esto, vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes, porque es mi mismo Espíritu, y en todas las naciones, en las almas después, trayendo la paz, por medio de la unidad en el amor, en la Caridad.
Pide, porque esto se apresure para mi mayor gloria; esta santificación de mis sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa en sus almas por el amor; ese ser todos de María, y todos para las almas en Mí y de Mí en ellos, en la tierra, para aliviar, consolar, edificar, perdonar y salvar. (C.C. 51, 136-138)
Vendrá, y vendrá muy pronto,porque El así lo ha prometido,vendrá el día en que el Santo Padre allá en Roma,consagrara el mundo al Espíritu Santo, y vendrá El Reinado Universal del Espíritu Santo,El encenderá el fuego del amor restaurando todas las cosas, y renovara la fazde la tierra por un milagro mayor quela misma resurrección de Lázaro. Llegara el Reinado del Espíritu Santo,primero en los sacerdotes santosque volverán a hacer presente a Jesús en la tierra,luego en las personas y en la naciones.Como un grano de arena no pesa tanto como el oro, la justicia equitativa de Dios no pesa tanto comosu compasión. Como un puñado de arena que cae en el océano son las faltas de todo ser humano en comparación con la providencia y la piedad de Dios. Así la compasión del Creador no puede ser vencida por la malicia de las criaturas.En esto conocemos que Dios nos ama, en que estando todavía en nuestros pecados Cristo murió por nosotros. Destruye nuestras iniquidades, las piso en el lagar de la cólera de Dios, El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas.Amamos a Dios porque nos dio su Santo Espíritu. No por las obras, sino por la fe: nos abandonamos, como Abraham a las operaciones divinas. Y ese abandono es confianza y amor de muchos quilates. Y ese amor borra, desaparece la falta de amor con que habíamos pecado abandonado a Dios y se nos acredita como justicia.Volver al primer amor.Todos nosotros, como un espejo, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en esa imagen cada vez mas gloriosos. Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.Volver al primer amor no es solo confortarse con el recuerdo de aquel primer día de encuentro con el Señor que nos llama: las primeras misiones, el primer día en el seminario, el primer destino, las primeras obras realizadas con gran entusiasmo y amor.Es más, mucho más que eso: Es fijarnos mas en el don que en la respuesta.Es reconocer plenamente que la llamada procede del Señor, que es el regalo gratuito, irrevocable y de predilección del que de parte de Dios es sin arrepentimiento y que aun cuando nosotros mil veces le hallamos negado, hoy vuelve a llamarnos a su amor como en aquella vez primera en que respondimos entusiasmados, aun si con el tiempo haya llegado a hacerse débil y mezquina nuestra respuesta."Porque ser sacerdote es jugarse la vida por Dios y por los demas" *-* dijo hoy (8.6.17) el Papa Francisco a los recien ordenados sacerdotes.LA DIVINA MISERICORDIAYO SOY EL AMOR Y LA MISERICORDIA1248 Jesús: Hija Mía, ¿crees, quizá, que hayas escrito suficiente sobre Mi misericordia? Lo que has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo soy el amor y la Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da [mi misericordia] aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la mas feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella.1396 Hoy escuché en el alma una voz: Oh, si los pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos. Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mi, habla de Mi gran misericordia.1397 El Señor me ha dicho: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando (36) rezas por los pecadores. Tu oración quemas Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada.1541 Hija Mía, ánima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso.
751 Mientras rezaba la coronilla, de repente, oí una voz: Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta coronilla. Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá (230) el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos. Oh almas humanas, ¿dónde encontrarán refugio el día de la ira de Dios? Refúgiense ahora en la Fuente de la Divina Misericordia. Oh, qué gran número de almas veo que han adorado la Divina Misericordia y cantarán el himno de gloria por la eternidad.En mis manos, las almas elegidas son las luces que arrojo en las tinieblas del mundo y lo ilumino. Como las estrellas iluminan la noche, así las almas elegidas iluminan (6) la tierra y cuanto más perfecta es el alma, tanto más luz irradia en su torno y llega más lejos. Puede estar oculta y desconocida aun a las personas más cercanas, no obstante su santidad se refleja en las almas en lo más lejanos confines del mundo.
Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia.Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador mas grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia……Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia,Porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones.Has de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mi, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante. Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas. Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que mas necesitan la confianza quienes la tienen muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración. Tu conoces todo el abismo de Mi misericordia, (129) entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada.Hija Mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas (125) tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso.