miércoles, 17 de agosto de 2016

LO DIVINO ES ETERNO

El misterio mas grande de nuestra fe
y del que se derivan todos los demás,
es el de la Divina Trinidad.

Es un solo Dios,
pero tres Personas distintas
de naturaleza divina son
un solo Dios inmutable y eterno.

Este misterio incomprensible
nos lo revelo Dios de la manera mas sencilla
enviándonos a su divino Hijo
y enviando por sus méritos al Espíritu Santo.

Solo Dios es ETERNO, sin principio ni fin.
Vive, a una , su vida plena e interminable.
"Tata simul interminabilis vitae posetio".
que le corresponde como Dios.

Pero lo creado puede participar en algo la eternidad de Dios:
Todo tiene principio porque fue creado,
pero puede no tener fin,
si Dios le comunica algo de El mismo.

En el orden de la Naturaleza,
es el caso del alma espiritual con que Dios
nos transformo en hombres: una Persona, dotada de voluntad,
inteligencia y libertad y capaz de llegar a participar

En el orden de la Gracia:
El Bautismo nos hace participar de la misma Vida divina que es Amor y felicidad,
Los Mártires participan de su Fortaleza, 
y los Bienaventurados participan ya de su Inmortalidad en el cielo.

Y si esto lo perdió Adán, para si y para todos nosotros,
Cristo nos lo devolvió con creces cuando
"Ese Verbo de Dios se hizo hombre"y habito entre nosotros,
 padeció y murió por nosotros.

Porque nos ama nos da su Palabra, nos revela sus misterios,
Se queda con nosotros: en la Eucaristía, en la Comunidad,
en nosotros mismos y en nuestros hermanos.

Dios es el que guía los acontecimientos históricos.
Pero no busquemos nada mas nuestro bien inmediato
Dios busca en todo, también nuestro bien eterno,
El Señor me ha puesto en este trance donde estoy, él mismo me librará.

Nos infunde la Gracia, que es participacion creada de su misma  Divina Naturaleza
y con ella nos infunde también la Fe, la Esperanza, la Caridad,
los Dones del Espíritu Santo,

Y todo el organismo sobrenatural que nos hace vivir como hijos de Dios:
Las Virtudes morales: como la prudencia, justicia, templanza.
las Gracias Actuales, los Sacramentos.
Después de los Sacramentos Y de la Santa Misa, ¿qué es lo que más nos une a Dios? Después de los Sacramentos y de la Santa Misa lo que más nos une a Dios es la Oración.


Los Mandamientos,
Los acontecimientos y personas clave en nuestra vida.
y su mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros como El nos amo

Y por que nos ama nos perdona nuestros pecados,
nos hace participar de TODOS sus bienes
y aun de sus Sacrificios.

Y por que nos ama, nos pide que le amemos:
con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas.
Y que amemos en su nombre a nuestros hermanos.


Ámate como te amo el que se entrego por ti.

Ámate tal cual Aquel que te ha amado te ha hecho. Despréciate tal como tú te has hecho. Sométete a Aquel que está por encima de ti. Desprecia lo que está por debajo de ti. Ámate de la misma manera que te ha amado Aquel que se entregó por ti. Despréciate  por haber despreciado eso que Dios ha hecho y ha amado en ti...

      ¿Quieres tener siempre a Dios en tu espíritu?
Mírate tal como Dios te ha hecho. No busques ser otro que tú mismo, no quieras ser otro que ese que Dios te ha hecho. De esta manera tendrás siempre a Dios en tu espíritu.

Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. 




CREDO DEL PUEBLO DE DIOS.
 (Del Papa Paulo VI)
Unidad y Trinidad de Dios
Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles -como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida- y de las cosas invisibles -como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles- y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal. 

Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1Jn 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a si mismo a nosotros y que, habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en si mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas.

Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna.

Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano. 

Sin embargo, damos gracias a la divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad.

Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos.

Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí, la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad. 

Cristología
Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, u homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas.

Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad, completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona.

El mismo habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios, manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó.

Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia.

 Padeció bajo Poncio Pilato; Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo, murió por nosotros clavado a la cruz, trayéndonos la salvación con la sangre de la redención. Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia.

 Subió al cielo, de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará. Y su reino no tendrá fin.

 El Espíritu Santo
Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste (cf Mt 5,48).

 Mariología
Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas.

Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención, la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos. 

Pecado original
Creemos que todos pecaron en Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuencias de aquella culpa.

Este estado ya no es aquel en el que la naturaleza humana se encontraba al principio en nuestros primeros padres, ya que estaban constituidos en santidad y justicia, y en el que el hombre estaba exento del mal y de la muerte.

 Así, pues, esta naturaleza humana, caída de esta manera, destituida del don de la gracia del que antes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace en pecado.

Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y que se halla como propio en cada uno.

Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (cf. Rom 5,20).

Confesamos creyendo un solo bautismo instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Que el bautismo hay que conferirlo también a los niños, que todavía no han podido cometer por sí mismos ningún pecado, de modo que, privados de la gracia sobrenatural en el nacimiento nazcan de nuevo, del agua y del Espíritu Santo, a la vida divina en Cristo Jesús. 


La Iglesia
Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. 
Ella es el Cuerpo místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual; Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes, germen y comienzo del reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas las fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gloria celeste.

Durante el transcurso de los tiempos el Señor Jesús forma a su Iglesia por medio de los sacramentos, que manan de su plenitud. Porque la Iglesia hace por ellos que sus miembros participen del misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que la vivifica y la mueve Es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. 
Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo.

Heredera de las divinas promesas e hija de Abrahán según el Espíritu, por medio de aquel Israel, cuyos libros sagrados conserva con amor y cuyos patriarcas y profetas venera con piedad; edificada sobre el fundamento de los apóstoles, cuya palabra siempre viva y cuyos propios poderes de pastores transmite fielmente a través de los siglos en el Sucesor de Pedro y en los obispos que guardan comunión con él;
gozando finalmente de la perpetua asistencia del Espíritu Santo, compete a la Iglesia la misión de conservar, enseñar, explicar y difundir aquella verdad que, bosquejada hasta cierto punto por los profetas, Dios reveló a los hombres plenamente por el Señor Jesús.

Nosotros creemos todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, o con juicio solemne, o con magisterio ordinario y universal, para ser creídas como divinamente reveladas. 
Nosotros creemos en aquella infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro cuando habla ex cathedra y que reside también en el Cuerpo de los obispos cuando ejerce con el mismo el supremo magisterio. 
Nosotros creemos que la Iglesia, que Cristo fundó y por la que rogó, es sin cesar una por la fe, y el culto, y el vinculo de la comunión jerárquica. 

La abundantísima variedad de ritos litúrgicos en el seno de esta Iglesia o la diferencia legítima de patrimonio teológico y espiritual y de disciplina peculiares no sólo no dañan a la unidad de la misma, sino que más bien la manifiestan.
Nosotros también, reconociendo por una parte que fuera de la estructura de la Iglesia de Cristo se encuentran muchos elementos de santificación y verdad, que como dones propios de la misma Iglesia empujan a la unidad católica, y creyendo, por otra parte, en la acción del Espíritu Santo, que suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo de esta unidad, esperamos que los cristianos que no gozan todavía de la plena comunión de la única Iglesia se unan finalmente en un solo rebaño con un solo Pastor.

Nosotros creemos que la Iglesia es necesaria para la salvación, porque sólo Cristo es el Mediador y el camino de la salvación que, en su Cuerpo, que es la Iglesia, se nos hace presente. 
Pero el propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número ciertamente que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna. 

 Eucaristía.


En Dios nada es casual, en esa hostia pequeña que hoy vas a recibir viene Jesús para Ti, solo para ti, es tuyo, totalmente tuyo, como si no existiera otra persona en le mundo.
Después de ofrecerse  como victima por ti en la Santa Misa,  y quedarse como tu compañero en el Sagrario, Jesús viene a darse a ti con todo su ser en la Comunión, a morir en ti para que tu vivas, a quedarse en ti, como semilla de Resurrección. 

Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares.
 Los 4 fines de la Misa son: adorar a Dios, darle gracias, pedirle perdón por nuestros pecados y Pedirle beneficios.

Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial.

En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra manera que por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en su sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos.

La cual conversión misteriosa es llamada por la Santa Iglesia conveniente y propiamente transustanciación. Cualquier interpretación de teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir, de modo que, el adorable cuerpo y sangre de Cristo, después de ella, están verdaderamente presentes delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino, como el mismo Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico.

La única e indivisible existencia de Cristo, el Señor glorioso en los cielos, no se multiplica, pero por el sacramento se hace presente en los varios lugares del orbe de la tierra, donde se realiza el sacrificio eucarístico. 
La misma existencia, después de celebrado el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento, el cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de nuestros templos.

Así en la hostia como en el cáliz está todo Jesucristo, porque en la Eucaristía está vivo e inmortal como en el cielo; por esto, donde está su Cuerpo, allí está también la Sangre, Alma y Divinidad, y donde está la Sangre, allí está también el Cuerpo, Alma y Divinidad, pues todo esto se halla inseparable en Jesucristo.  Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirle en el camino de cada día, en el servicio concreto de los hermanos.


(El mismo Jesús que esta en el cielo, que murió en la cruz y que nació en Belen, se hace presente verdadera real y sustancialmente en cada Eucaristía que se celebra en la tierra, renueva su sacrificio del Calvario, permanece presente en el santísimo sacramento tal como esta en el cielo y se da en alimento a los que lo reciben, para darnos vida  y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico).

aunque termine su presencia en las formas sacramentales.
Permanece siempre una presencia misteriosa pero real en nosotros. El Sacrificio de Cristo permanece en sus efectos, en el influjo vital de Jesús en quienes lo reciben: La fortaleza de los mártires, El  fuego de los apóstoles, la luz, la Caridad, la alegría, la paz de sus santos.


Esto pide de ti una donación total, ser suyo, solo suyo, todo para El y por El para todos,

Por lo cual estamos obligados, por obligación ciertamente suavísima, a honrar y adorar en la Hostia Santa que nuestros ojos ven, al mismo Verbo encarnado que ellos no pueden ver, y que, sin embargo, se ha hecho presente delante de nosotros sin haber dejado los cielos.

¿En qué tiempo instituyó Jesucristo el sacramento de la Eucaristía? - Jesucristo instituyó el sacramento de la Eucaristía en la última cena que hizo con sus discípulos la noche antes de su Pasión.

¿Por qué instituyó Jesucristo la Santísima Eucaristía? - Jesucristo instituyo la Santísima Eucaristía para tres fines principales: 1º. Para que fuese sacrificio de la nueva ley. 2º. Para que fuese manjar de nuestra alma. 3º. Para que fuese un perpetuo memorial de su pasión y muerte y una prenda preciosa de su amor a nosotros y de la vida eterna.


Escatología
Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres.

Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres.
Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices.

Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador.
Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno.

Creemos en la vida eterna.
Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo -tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio como las que son recibidas por Jesús en el paraíso en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será destruida totalmente el día de la resurrección, en el que estas almas se unirán con sus cuerpos.

Creemos que la multitud de aquellas almas que con Jesús y María se congregan en el paraíso, forma la Iglesia celeste, donde ellas, gozando de la bienaventuranza eterna, ven a Dios, como Él es y participan también, ciertamente en grado y modo diverso, juntamente con los santos ángeles, en el gobierno divino de las cosas, que ejerce Cristo glorificado, como quiera que interceden por nosotros y con su fraterna solicitud ayudan grandemente nuestra flaqueza.

Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones, como nos aseguró Jesús: Pedid y recibiréis (cf. Lc 10,9-10; Jn 16,24). Profesando esta fe y apoyados en esta esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Bendito sea Dios, santo, santo, santo. Amén.



Kinder in Christus. Korinther 4,15
Hättet ihr nämlich auch ungezählte Erzieher in Christus, so doch nicht viele Väter. Denn in Christus Jesus bin ich durch das Evangelium euer Vater geworden.

Hijos en Cristo.
Porque, aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no tienen muchos padres: soy yo el que los ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia. 


Evangelium nach Matthäus 22,34-40. 
In jener Zeit, als die Pharisäer hörten, dass Jesus die Sadduzäer zum Schweigen gebracht hatte, kamen sie bei ihm zusammen.
Einer von ihnen, ein Gesetzeslehrer, wollte ihn auf die Probe stellen und fragte ihn:
Meister, welches Gebot im Gesetz ist das wichtigste?
Er antwortete ihm: Du sollst den Herrn, deinen Gott, lieben mit ganzem Herzen, mit ganzer Seele und mit all deinen Gedanken.
Das ist das wichtigste und erste Gebot.
Ebenso wichtig ist das zweite: Du sollst deinen Nächsten lieben wie dich selbst.
An diesen beiden Geboten hängt das ganze Gesetz samt den Propheten.




Evangelio según San Mateo 22,34-40. 

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

Suigiendo a Jesus iremos alcanzando
esa vida nueva que trajo a la tierra,
pero solo llegara a su plenitud en la Resurrecion del ultimo dia.

Leer el comentario del Evangelio por 
San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Audiencia General del 01/12/1982 (Copyright © Libreria Editrice Vaticana)
«Son hijos de Dios e hijos de la Resurrección»
      El matrimonio —como sacramento que nace del misterio de la redención y que renace, en cierto sentido, del amor nupcial de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,22-23)— es una expresión eficaz de la potencia salvífica de Dios, que realiza su designio eterno incluso después del pecado y a pesar de la triple concupiscencia, oculta en el corazón de cada hombre, varón y mujer. (…) Como sacramento de la Iglesia, el matrimonio tiene índole de indisolubilidad. Como sacramento de la Iglesia, es también palabra del Espíritu, que exhorta al hombre y a la mujer a modelar toda su convivencia sacando fuerza del misterio de la «redención del cuerpo». (…) La redención del cuerpo significa… esa «esperanza» que, en la dimensión del matrimonio, puede ser definida esperanza de cada día, esperanza de la temporalidad. (…)

      La dignidad de los esposos (…), se manifiesta en la conciencia profunda de la santidad de la vida, a la que los dos han dado origen, participando —como padres—, en las fuerzas del misterio de la creación. A la luz de la esperanza, que está vinculada con el misterio de la redención del cuerpo, esta nueva vida humana, el hombre nuevo concebido y nacido de la unión conyugal de su padre y de su madre, se abre a las «primicias del Espíritu» (ib., 8, 23) «para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (ib., 8, 21). Y si «la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto» (ib 8, 22), una esperanza especial acompaña a los dolores de la madre que va a dar a luz, esto es, la esperanza de la «manifestación de los hijos de Dios» (cf. Rom 8, 19-23), la esperanza de la que todo recién nacido que viene al mundo trae consigo un destello. (…) A esto se refieren las palabras en las que Cristo se remite a la resurrección de los cuerpos…: «Son hijos de Dios, hijos de la resurrección».







 4a. ETAPA - La consumación en El Espíritu Santo
simbolizada en la Paloma sobre la Cruz 

AÑO SACERDOTAL 2009-2010 

LA MIRADA DE JESÚS. 

El Verbo no mira sino al Padre, ni debe ser mirado sino por El. 
Toda mirada de Jesús es la Eterna Mirada del Verbo que se esconde y se revela al mismo tiempo en  la luz sensible de sus ojos. 
Toda mirada de amor al Padre es del Verbo que lo ama. Toda mirada de amor al Verbo es del Padre que lo ama en el Espíritu Santo. 
Y del mismo modo, toda mirada que toca al Verbo -  mirada de fe, mirada de amor, mirada de contemplación -  es en el fondo la mirada del Padre 
que se esconde y se revela en las miradas de las almas.

El Misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de una eterna e inefable mirada de amor 
El Padre engendra a su Hijo con una mirada única, infinita y eterna, y el Verbo es el reflejo viviente de la eterna mirada del Padre.
Y en el seno de Dios el Padre y el Hijo se miran y brota de ellos el Espíritu Santo como infinito incendio de amor. 


PABLO VI
CREDO DEL PUEBLO DE DIOS

"Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos". 


Cristología


11.  Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, u homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad[6], completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona [7].
12. El mismo habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios, manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó. Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia. Padeció bajo Poncio Pilato; Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo, murió por nosotros clavado a la cruz, trayéndonos la salvación con la sangre de la redención. Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia. Subió al cielo, de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará.
Y su reino no tendrá fin.


El Espíritu Santo
13. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste (cf Mt 5,48).


Mariología
14. Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo [8] y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime [9]fue preservada inmune de toda mancha de culpa original [10] y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas [11].

15. Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención[12], la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste [13], y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia [14]continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos [15].


Maravilloso trasunto del eterno misterio de la vida de Dios es la mirada de Jesús al fundirse con la mirada de María en la santa unidad Del Amor. 
A través de los ojos de Jesús se asoma lo divino que esconde Jesús, la eterna e invisible mirada de Dios  que se transparenta en la visible humanidad de Cristo. A través de los ojos puros, tiernos y dulcísimos de la Virgen María, se revela con gran perfección la mirada del Padre. 

Después de la mirada del Padre, ¿ Cual hay mas digna de fundirse con la de Jesús que la de María ?. En ninguna se revela con tan gran perfección la mirada del Padre como en la de María. 
Cuando Jesús abrió sus ojos divinos se encontró con los de María, se lleno de complacencia porque descubrió al Padre 
que lo miraba a través de María su santísima madre. 

El misterio de aquellas dos miradas, único por su perfección, se sigue reproduciendo en los siglos en diferentes grados. 
Evidentemente, que la voluntad de Dios había llamado a su intimidad más estrecha: María, su madre, José, su padre putativo. 

      Como el amor paternal de José no podía no influir en el amor filial de Jesús y que, recíprocamente, el amor filial de Jesús no podía no influir en el amor paternal de José.
Jesús quiere mirar a las almas como miro a María y quiere ser mirado por ellas como lo miró María, su madre, la llena de gracia, la esposa inseparable del Espíritu Santo, como lo miro José, su padre putativo, representante del Padre.  

Y aquella mirada divina del Verbo se asoma a los ojos de Jesús, ya envuelta en la luz inmaterial de su alma, ya en el esplendor visible de sus ojos dulcísimos, para que mirándonos El y miernadole nosotros, nuestros corazones fueran arrebatados al seno de la Trinidad y participáramos del misterio de la eterna mirada del Amor. 

Y el alma que la recibe, debe corresponder a ella reproduciendo la mirada de María, pura tierna, santísima, llena del Espíritu Santo, trasunto creado pero exacto de la mirada del Padre.  Con el Espíritu Santo viviendo de su vida. Haciendo de El tu espíritu, tus sentimientos y cuanto eres. Transformándote por medio de su posesión.

Las comunicaciones Intimas de Dios con el alma: Es Dios que se comunica al alma, que séle da en un exceso de amorLe agrada tanto cuando se unen El y el alma en un abrazo inefable.
A las veces la unión de Dios con el alma es ardiente como un volcán, otras tiernisima como la caricia de una madre, unas son delicadas como exquisito perfume, otras tan fuertes que el alma desfalleceUnas solemnes como Dios, otras intimas y familiares como esposo del almaCada una distinta de las demás a pesar de ser todas una sola cosa: La Intima Donación de Dios.
Y naturalmente cada unión endiosa más al alma, perfecciona ese retrato viviente de Jesús que debe ser, la transforma mas perfectamente, la hace más limpio y vivo espejo del Verbo.  
El Verbo BAJA hasta anonadarse, el alma SUBE hasta endiosarse. El se refleja en el alma y esta se refleja en El ¡ Misterio dulcísimo de Unidad ! Dos seres que se funden sin confundirse, en la santa, en la inefable Unidad del Amor. Pero me encanta también la manera como el alma recibe estas comunicaciones: enamorada, anonadada, olvidada.



 AMARAS AL SEÑOR TU DIOS 
CON TODO TU CORAZON, CON TODA TU ALMA, CON TODAS TUS FUERZAS.

Con todo el corazón: Olvidarse totalmente de nosotros mismos.  No amar por si misma a ninguna criatura.
Con toda su alma: Que ninguna facultad y ninguno de sus  actos escape del imperio de la caridad. Que no haya un solo acto que no sea amor. Que no haya un instante en que su vida no esté llena de amor. 
Con todas sus fuerzas: Llenar cada uno de los instantes con todas las fuerzas de que sean capaces. Que todos nuestros actos de amor sean llenos, sean intensos, estén henchidos      


 1.- Unidad:  Un solo bien. Un solo amor:
Para tener un solo amor es necesario tener un solo bien, el de Dios. En tanto que haya para nosotros diversos bienes que buscar – el de Dios, el de los demás, el de nosotros mismos – habrá en nuestro corazón múltiples afectos. Para que se simplifique el corazón no basta que el alma esté dispuesta a sacrificar todos sus afectos al amor de Dios. Ni basta que todos ellos estén subordinados a ese amor, de suerte que haya perfecto orden y armonía jerárquica entre todos. Porque no es simple lo que esta ordenado y unificado, sino lo que carece de composición. Para amar así es necesario que todo afecto por noble y legítimo que sea desaparezca del corazón. Para amar lo divino, únicamente lo divino en las creaturas es necesario que NO se ame en ellas lo pasajero y terreno.

Esto no significa que el alma simplificada no ame a las criaturas,  puesto que tenemos el precepto de amar a nuestro prójimo, ni se puede amar a Dios sin amar también a nuestros hermanos. Más aun, el amor que ha llegado a su perfección, de tal manera amplia el corazón, que en el cabe el universo entero, pues el alma simplificada ama en las criaturas lo divino que hay en ellas. No ama más que a Dios, pero lo ama dondequiera que El esta, como Dios, que amando a todas las criaturas solamente se ama a si mismo dondequiera que aparece su imagen, su reflejo, su vestigio.

  
2.- Simplificación.
Para simplificar los afectos en un solo amor – en el de Dios – se necesita no amar por si misma a ninguna criatura   
Así como un amante se complace viendo a su amada y viendo un fiel retrato de ella; así, el alma enamorada de Dios se complace cuando contempla en El su perfección y su hermosura, y se complace en las criaturas y las ama porque en ellas hay un reflejo divino, imagen o vestigio del único Bien y de la única Hermosura que el alma busca y adora.
Y olvidarnos totalmente de nosotros mismos. “No te tomes en cuenta para nada, si te duele o no te duele, si te gusta o no te gusta, si quieres o no quieres. Así Yo seré quien obre en ti, y te poseeré, y te unificare en Mi Voluntad.” “Arrójate confiada y piérdete dentro de esta Unidad que será el lleno de tus aspiraciones. Muere a tu voluntad y vive de la Mía.” 

 Con toda el alma.
Todo acto virtuoso es por la virtud que inmediatamente lo produce un acto de humildad, paciencia, obediencia, etc., pero, por ser imperado por la Caridad es un acto de amor. Y todo acto que no reciba el influjo de la Caridad, y que por consiguiente, no sea en alguna forma amor, ni es acto de virtud perfecta, ni tiene merito para el cielo. Cuando el influjo de la Caridad llega a la perfección, de tal manera que ninguna facultad y ninguno de sus actos escape al imperio de la Caridad, puede decirse en verdad que el hombre ama a Dios con toda su alma, y que toda su vida es amor. Que no haya un instante de nuestra vida que no esté lleno de amor. Que no haya un solo acto que no sea amor. Que pueda decir también como aquella santa: “Yo solo te ame”.  
¿Cómo puede alcanzarse este sublime ideal?.
Haciendo todo por amor, por agradar al amado, por cumplir la Voluntad del Padre, por seguir las santas inspiraciones del Espíritu Santo, que el principio de nuestros actos sea amor, que el fin altísimo de ellos sea amor, y que los mismos actos sean amor.


    Con todas nuestras fuerzas.
   Y podemos hacer más: llenar cada uno de los instantes del tiempo con todo el amor de que en ese instante seamos capaces de tal suerte que todos nuestros actos de amor sean intensos , SEAN LLENOS, estén henchidos. Así amaremos al Señor, no solamente con todo el Corazón  y con toda el alma, sino también con todas nuestras fuerzas.. “Con toda tu fortaleza”.
     Pidamos humildemente a Maria que Ella nos presente ante Dios. Entreguémonos como Ella se entrego totalmente al Señor ofreciéndole todas sus potencias y sentidos, afectos y deseos, alma y cuerpo sin reserva alguna, y el Señor no rehusara nuestra ofrenda viéndonos ofrecidos por las manos purísimas de Maria nuestra madre. 
Ella comprendió muy bien que Dios no quiere un corazón a medias , sino que lo quiere todo para sí, despidiéndose para siempre del mundo, renunciando a todo lo que hay en él, y consagrándose totalmente a Dios.

  

AMAR CON EL ESPIRITU SANTO
¿Qué es amar con El Espíritu Santo?
1.- Es amar bajo la inspiración especial del Espíritu Santo: Con toda perfección, casi constante, con tal perfección que el  Espíritu Santo obre plena y libremente en el alma.  (Entonces, más se atribuye este acto de amor al Espíritu Santo que al alma).

2.- Participar de manera inefable del misterio de amor de la Trinidad. Maravillosa semejanza de esos dos amores, realizada por la Gracia cuando esta ha llegado a su plenitud.

3.- Amar al Verbo como el Padre lo ama. ¿Cómo ama el Padre a su Verbo?. Con que ternura, con que intensidad, con que plenitud, con que dicha, con que descanso. Y ese amor incomprensible, se refleja espléndidamente en el alma transformada.
Participa también de su UNIDAD: Así como el Padre ve y ama en su Verbo todas las cosas. Así el alma ve al Verbo a través de las creaturas, ama al Verbo en ellas: Así ama a las almas, a sí misma, a la creación, a la Iglesia, a los sacerdotes, a las otras almas transformadas.  Suprema perfección de nuestra alma respecto a las criaturas
Participa también de la divina FECUNDIDAD del Padre, con que El engendra en sí mismo, eternamente a su Verbo. Ama con amor de padre y madre al Jesús que se está formando en su alma. Que en ella se forma y vive.

4.- Amar al Padre como el Verbo lo ama. Siendo el Espíritu Santo el amor mutuo entre el Padre y el Hijo, el alma transformada participa también del amor con que el Hijo ama a su Padre. Su santo Espíritu hace que el alma ame al Padre como el Verbo lo ama. Claro esta no con la plenitud, con la intensidad, con la perfección con que lo ama Jesús, pero si como hija tiernísima a semejanza de su Unigénito: Con profunda adoración, con inmensa ternura, con anhelo de complacerlo haciendo su voluntad. Con hambre de glorificarlo con la glorificación perfecta de Jesús, con  sed de sacrificarse por su gloria, como Jesús se sacrifico y sigue sacrificándose místicamente en la Eucaristía y en las almas.

5.- El pleno desarrollo de la Gracia. Por la perfección del Don mas excelente, el Don de Sabiduría y la perfección de la Caridad. Ver todo en el Verbo y amar todo con el Espíritu Santo. Esta es la cumbre de la vida mística. Dios nos conceda llegar y permanecer en ella.

El Espíritu Santo es el todo para nosotros, porque le debemos la vida, la vida verdadera, la Iglesia, la gracia; le debemos a Jesús y a Maria y la resurrección y tener como Padre a Dios.
Pidamos al Espíritu Santo inunde nuestros corazones, y a ejemplo de los apóstoles proclamemos su gloria, extendamos su reinado y exclamemos con todas nuestra fuerzas ¡Amad al Espíritu Santo!.
   
Desde hoy,  te quiero consagrar Espíritu Santo, mi cuerpo con sus sentidos, mis fuerzas y pensamientos, mi vida entera y grabar en mi corazón con letras de fuego estas palabras: ¡Ven Espíritu Santo, quiero por tu medio, amar con todo mi corazón al Padre, con toda mi alma al Hijo, con todas mis fuerzas, con todos los sentidos de mi corazón a Ti, Esplendor del Padre y del Hijo, Espíritu Santísimo!. ¡Quiero vivir siempre en tu presencia para amarte y hacer que seas amado!.

"Pongamos todo empeño en el culto y devoción al Espíritu Santo. Y esto harán los cristianos,  SI  SE DEDICAN a conocerle, amarlo e  invocarlo".
   
 ¡ Oh Maria, por ti se va al Espíritu Santo, eres el más suave y seguro medio para que El venga a reinar en los corazones!.Ruégale hoy que venga cuanto antes a unir las voluntades, a traernos la paz, a triunfar de los odios entre los que somos hermanos Jesús e hijos tuyos. Que venga a nosotros ese Espíritu Santo, luz indeficiente, espíritu vivificador que rebosas piedad para los hombres.

 Espíritu Santo, por medio de Maria santísima, mi dueña y señora,  te consagro mi cuerpo y mis sentidos, mis bienes temporales y espirituales, todo lo que soy y todo lo que tengo, mi familia y todos mis seres queridos.    
Espíritu Santo te consagro mis ojos para que miren a Jesús. Espíritu Santo te consagro mis oídos para estar atento a tus divinas inspiraciones. Espíritu Santo te consagro mis sentidos para que sirvan para amar a Jesús y sacrificarme por El.
   Espíritu Santo te consagro mi alma con todas sus facultades para que sea tu templo y tu oasis. Espíritu Santo te consagro mi memoria para recordar tus grandezas, y las palabras y las obras de Jesús.
   Espíritu Santo te consagro mi corazón con todos sus afectos, el mío y el de todos los míos, para que cautivados por tu amor, encuentren siempre en Ti la paz, la luz, el amor, tu fuerza y todos tus Dones y Frutos. Que te ame cada día más, que haga que muchas almas te amen, mi familia entera, todos mis hermanos sacerdotes y si fuera posible aun el mundo entero, para que nos ames también más y nos hagas santos. Amén.
  

UNIDAD
Si el Padre y el Hijo no fueran una sola cosa por ser una misma substancia, lo serian por el Espíritu Santo, ósculo divino de amor que los enlaza, infinita caricia de ternura que los une de inefable manera. Las almas también se consuman en la unidad del Amor, en la unidad del Espíritu Santo, el eterno consumador. Se consuman simplificando su vida en un amor único y simplísimo que encierra todas las riquezas del corazón y barca todas las cosas: Dios y las criaturas. Este amor perfectísimo se produce en el alma bajo el impulso del Espíritu Santo y constituye la perfección y la plenitud de ese  "Amar con el Espíritu Santo".  

CONSUMACIÓN EN LA UNIDAD DE LA TRINIDAD

La divina fecundidad es como el atributo supremo de Dios. Su Ser mismo, su caridad, su amor. El alma que ha recibido la divina fecundidad tiene que comunicarla, darla. El amor, llegado a cierto grado, produce el celo y cundo la brasa llega a cierto grado de calor, produce la llama. Es que Dios esta en el alma y trata de Difundirse. Pero su cumbre esta en la transformación. Cuando tengamos en nuestro corazón los mismos sentimientos que tiene Jesús en el suyo, habremos llegado a la transformación. A la cumbre de todas las virtudes. ¿Acaso no es Cristo muerto en la Cruz el precio de nuestra salvación?. 

       La consumación en la unidad de la Trinidad es la participación creada del Amor  paternal del Padre hacia su Hijo unigénito y la participación también creada del Amor del Verbo a su Padre Celestial, o si bien lo prefieres expresar así: del amor maternal de María y de el amor filial de Jesús. Verdadera imagen creada del misterio de amor de la Trinidad: del Amor sustancial de Dios entre las tres divinas personas, el Padre el Hijo y el Espíritu Santo. Y entre nosotros: Unión, Caridad fraternal, “Padre, que sean Uno -en la caridad- , como Tu y Yo somos Uno en el Amor –substancial- de Espíritu Santo.


LA CONSUMACIÓN EN LA UNIDAD: en el Sr. Martinez
Como en otras ocasiones, tomare la experiencia viva del Sr. Martínez par explicar esta sublime realidad.
    - 29 de abril - 14 de mayo de 1926.
Soy el mismo de siempre; todas las gracias insignes de Dios no han cambiado mi nada. No me soltaré de Dios, suceda lo que suceda. La inmaculada Virgen María será mi sostén.    
    - 14-30 de mayo de 1926.El día 14 de mayo comencé a ser otro, las cosas del mundo se quedaban muy lejos y sus encantos apenas me tocaban superficialmente.

El día 15 de mayo recibí una comunicación la cual transcribo: “Dile que haga una donación de todo su ser al Espíritu Santo el día de Pentecostés; que se ofrezca y te ofrezca a ese Santo Espíritu, consagrándosele de una manera muy especial; que esta es mi voluntad para una serie de gracias que han empezado ya.
Además, que haga el voto de extender el reinado del Espíritu Santo, mientras viva, de todas las maneras que pueda; que este voto le obligue según su generosidad “.

    - 15 - 27 de Julio de 1926.
  • ¿Señor que quieres de esa alma? 
“La quiero mía, hija, solo mía, ni de el mismo, hasta lo mas intimo de sus fibras, hasta lo mas hondo de SU SUBSTANCIA “.
  • Y que ¿quieres mucho a esa alma?
“Si, en ella tengo predilecciones singulares de amor “.

“Esa alma debe simplificarse en la Unidad en eso mismo que te he pedido a ti “.

        Y ¿Que es Simplificarse en la Unidad.
“Es simplificarse en el Amor, fundirse en el Amor de las Tres Divinas Personas que forman una sola Unidad: es perderse la criatura con todos sus afectos y defectos en esa unidad por esencia, desapareciendo para transformarse en Dios”. (Unidad mística del Amor)

¿Y cual será la más perfecta transformación? La unión de voluntades quedando solo la mía; la unión de corazones o sea de amores en un solo amor”.
La consumación en la Luz le ha hecho descubrir que toda la sabiduría y conocimiento esta en hacer la voluntad de Dios. La consumación en el Amor le hace no querer otra cosa que lo que Dios quiere. La consumación en el Dolor hace posible que cumpla esa voluntad de Dios aun a costa de su propio sacrificio. La Unidad en la Voluntad de Dios encierra en si las tres consumaciones: En la Luz, en el Amor, en el Dolor.

Después de Dios no hay nada tan grande como la gloria de Dios, y la Gloria de Dios es la Cruz.
Ese es el gozo que se propuso a Jesús: Unir a Si las almas, purificarlas, comunicarles su vida, hacerlas santas y felices en el Seno de Dios. Y por este gozo ansío la Cruz.  La gloria de Dios y el bien de las almas por la Cruz.
“La fusión de almas debe fundirse en esa Unidad de que tanto te he hablado y que tanto te acerca a Mi, y que diviniza el alma, infundiéndole el aliento de Dios que es el Espíritu Santo “.
Mira: su vida en adelante debe ser El Espíritu Santo, Amando con El (que es el más perfecto modo de amar) al Padre y al Hijo; con su mismo Amor, es decir con el Espíritu Santo. (24 de julio de 1929)


• La cadena en nosotros

Como hijos/as de La Cruz estamos llamados a vivir un camino semejante al suyo, seguir a Jesucristo sacerdote y víctima, siendo sacerdotes con Él. Como aplicación de esto recordemos lo dicho en la ficha 3 (3.1.3), A cada uno de los cristianos se nos ha concedido, desde nuestro bautismo, la gracia a la medida del don de Cristo (Ef 4,7) de manera que poniendo en obra los dones personales, todos contribuimos a la edificación del Cuerpo de Cristo (Ef 4,12). Hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo (Ef 4,13). Todo en nuestra vida, llevado en el nombre de Cristo y ofrecido en unión con Elcontribuye al crecimiento de la Iglesia hacia el mismo Cristo, esto es, a la transformación de todos en Cristo, hasta que Cristo sea todo en todos (Col 3,11; cf. 1Cor 15,28). Esta es la vivencia concreta de la cadena de amor fruto de la Encarnación mística, ésta será también la forma de «vivirnos» en Cristo como miembros de la Familia de la Cruz, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor (Ef 4,16). 

  
Conocer a Jesús como Verbo de Dios.
Claro esta que el conocimiento de Jesús nace y se desarrolla lentamente por la eficacia de la Palabra de Dios, la Fe y las otras dos Virtudes Teologales, los Dones del Espíritu Santo y las luces particulares con que Dios va enriqueciendo la vida espiritual de sus Hijos de Adopción.
En tanto que quedan en nosotros restos de egoísmo, en tanto que pensemos en nosotros mismos, no reina en nosotros el amor perfecto. Pero llega el día feliz en que Jesús aparece a los ojos del alma como el Verbo de Dios, como el Hijo Unigénito de majestad insondable, su belleza divina que subyuga y anonada: “ Señor mío y Dios mío “, a quien amo con todo mi corazón con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

Quien ama no tiene ojos sino para el Amado, ni tiene corazón ni vida sino para El. Su belleza arrebatadora lo subyuga y anonada. Anonada y enamora, anonada porque Dios es infinitoenamora porque Dios es Amor.
Para quien ama el Universo entero gira en torno del amado: para El esparcen su aroma las flores; las montañas le sirven de grandioso pedestal; el agua del río murmura el nombre suyo y lo escriben con su luz las estrellas del firmamento.
El amor arranca, desprende, arroja el alma en incomprensible aislamiento. Despoja de todo: de las cosas, de las personas, de si mismo. Una soledad riquísima que llena El. Estar solo quiere decir estar con El.

Al dulce sentimiento de Dios en mi se une la amargura propia del amor: El amor dilata el deseo, el alma es inadecuada para el amor divino y la conciencia de su inadecuación le atormenta cuando ama.
Pero cuando hecho el perfecto vacío del alma que llena El, El desaparece ¿ Que será esa soledad ?. ¿ Que dolor podrá compararse a ese dolor ? ¿ Que sería la Soledad de María ?. La soledad con un corazón lleno de un solo amor inmenso y único.

  
El Abandono.
Es la última palabra del amor “tanto de parte de Dios como de parte nuestra”. La esencia del Amor y de la UniónLa entrega mutua intima, completa e ilimitada.
Abandonándome para que Dios me utilice cumplo con la misión de ser retrato viviente de Jesús;  Abandonándome para que me inmole cumplo con la misión de ser víctima;   Abandonándome para que me amedaré a conocer el encanto del Amor Divino.
¿ Quien no ve que no puede haber Unión sin abandono y que el grado del abandono es el grado de la Unión ?.
Dios encuentra encanto inefable en que el alma sele abandone sobretodo para que nos ame y vislumbro que ese divino encanto es el encanto substancial del amor.
A,que pocas almas las que así se abandonan a Dios. Ser por su naturaleza el amor insaciable y ser el amor de Dios infinito y con todo no poder desahogarse en las almas porque estas no se abandonan.



         LA INTIMIDAD CON EL ESPIRITU SANTO.
Cuando Dios quiere hacerle grandes favores a un alma, el Espíritu  Santo la lleva al desierto: lo desprende primero de los suyos, de los amigos, de los apoyos del mundo, de las criaturas en general, la lleva luego a la soledad y le habla al corazón. Esto lo hace siempre con alma dispuesta y generosa que renuncia a todo por su amor, con el alma sacrificada, abnegada, valiente y... olvidada de si misma. Tu sabes cuanto me cuesta ordenar mis afectos en relación con mis seres queridos. Hazme entender que nací para Ti, que soy para Ti, que debo buscarte a Ti y vivir y trabajar solo para Ti, para gloria del Dios Trino y Uno.

El medio para llegar al Espíritu Santo es la oración: ¿Y que es la oración?: Es la íntima comunicación de los dos corazones que se hicieron el uno para el otro. El del creador  y el de su criatura. El Corazón de un Dios y el corazón de un hombre.
Conversación inefable en la que se ama sin hablar, en que se habla sin palabras, en que se oye sin oídos y sin sentidos se sienteConversación sustancial en la que el alma se alimenta maravillosamente con el Verbo Divino y el Espíritu  Santo se comunica con sus Dones y favores llevando al alma a horizontes extensísimos de perfección: Entiende y penetra a fondo como el amor lo perdona todo, menos una sola cosa: el no ser amado. La necesidad de expiación en esta vida o en la otralo que ha costado su salvaciónComo Jesús lo ha hecho todo para salvarlo. ¡Todo esto entiende con claridad meridiana el alma que ora!.
Además de soledad  y oración, el Espíritu  Santo pide sacrificio. Sin sacrificio, sin penas del cuerpo y del Espíritu no hay ni puede haber vida espiritual y unión con el Espíritu Divino.
El Reino de los cielos padece violencia, Jesús nos lo enseño cargando su Cruz y nos lo señalo como el camino para ir al cielo. Los santos se hicieron guerra a si mismo y ¿de donde les llego esa fortaleza sino del Espíritu Santo?. Si el Espíritu  santo quiso que Jesús muriera en la Cruz, fue para hacernos fácil ese camino: Cuando un alma llega a enamorarse del sacrificio comienza la intimidad con el Espíritu Santo. Y la virtud comienza donde empieza el sacrificiohasta que duela decía la madre Teresa de Calcuta.
Espíritu Santo, concédeme las tres condiciones para la intimidad contigosoledad, oración, sacrificio, que son la vida del amor y la escuela donde se forman los santos. Maria, modelo vivo de bondad, de oración y de cruz, enséñame a sacrificarme por amor.

  Amar con el Espíritu Santo

           ¿Como puede el alma amar con el Espíritu Santo ?
              Sin duda que amamos con nuestro corazón informado con la Caridad que es imagen del Espíritu Santo. Pero se puede amar con la moción ordinaria de Dios o sele puede amar bajo la Inspiración Especial del Espíritu Santo.
              Amar bajo la inspiración del Espíritu Santo es participar de manera inefable del misterio de la Trinidad, es amar en cuanto le es posible ala creatura como Dios ama.             
Esto de obrar casi constantemente bajo la moción del Espíritu Santo es lo característico de la Unión Transformante.
Amar al Padre como el Verbo lo ama y amar al Verbo como el Padre lo ama.
¿ Como ama el Padre a su Verbo ?
¿ Quien podrá vislumbrarlo ?.  ¡ Con que ternura !  ¡ Con que intensidad !  ¡ Con que plenitud !       ¡ Con que dicha ! ¡ Con que descanso !.
El Padre no tiene ojos mas que para mirar al Verbo, pues en El ve todas las cosas, no tiene corazón mas que para amar al Verbo, pues en El nos ama a todos.
Y ese Amor incomprensible se refleja espléndidamente en el alma transformada y el Verbo se complace en ser amado así, como su Padre lo ama, con el único matiz de amor que lo satisface.
Mas aún, así como el Padre da al Verbo la vida engendrándolo, en El, el alma en cierto sentido místico da la vida a Jesús en ella. El alma es esposa del Verbo y madre de Jesús místicamente por obra del Espíritu Santo.
Y como este Espíritu Santo es el Amor UNO del Padre y del Hijo, al mismo tiempo que hace que el alma ame al Verbo como lo ama el Padre, hace también que ame al Padre como el Verbo le ama.
  En realidad todo amor verdadero es reflejo del Espíritu Santo, pero al aproximarse a su fuente, el alma alcanza así la perfecta filiación adoptiva, el amor de la creatura se hace inmenso, inefable, dulcisimo, retrato viviente de Jesús, que ama al Padre como hija tiernisima, con profunda adoración, con inmensa ternura, con anhelo de glorificarlo haciendo su Voluntad Santísima, de sacrificarse por su gloria como Jesús se sacrificó y sigue sacrificándose místicamente por su gloria.

También al prójimo y a las criaturas se les ama con el Espíritu Santo, porque séles ama como Jesús los ha amado. El nos dijo: " como mi Padre me ha amado, así os amo Yo " y el Padre y el Verbo se aman con el Espíritu Santo.
He aquí la suprema perfección de nuestra alma respecto a las criaturas: No ver en las criaturas sino al Verbo, no amarlos sino en el Verbo o amar al Verbo en ellas,  preludio de aquella vida felicísima donde Dios será todo en todas las cosas.
Ver todo en el Verbo es la perfección del Don mas excelente, el Don de SabiduríaAmar todo con el Espíritu Santo es la perfección de la Caridad. Y esta es la cumbre de la santidad, porque es la antesala del cielo: Ver todo en el Verbo a amar todo con el Espíritu Santo.
Dios nos conceda llegar a esa cumbre y vivir en ella, pues de allí y no del Tabor es de donde hay que decir con San Pedro. ¡ Que bueno es permanecer aquí !.
  

Unidad en el gozo:

Después de Dios no hay nada tan grande como la gloria de Dios, y la Gloria de Dios es la Cruz.
Ese es el gozo que se propuso a Jesús: Unir a Si las almas, purificarlas, comunicarles su vida, hacerlas santas y felices en el Seno de Dios. Y por este gozo ansío la Cruz. La gloria de Dios y el bien de las almas por la Cruz.
Mira: su vida en adelante debe ser El Espíritu Santo, Amando con El (que es el más perfecto modo de amar) al Padre y al Hijo; con su mismo Amor, es decir con el Espíritu Santo. (24 de julio de 1929)
“La fusión de almas debe fundirse en esa Unidad de que tanto te he hablado y que tanto te acerca a Mi, y que diviniza el alma, infundiéndole el aliento de Dios que es el Espíritu Santo”.
Mons. Martínez en los últimos años de sus vida, fue buscando almas de elección, muy escogidas, para que cada Jueves Santo se ofrecieran a Nuestro Señor para dejarse amar. Para que en ellas sin trabas, pudiera desahogar la plenitud de su amor que tiene como represada en su Corazón Divino.
Por supuesto que el abandono es mutuo, también Dios se abandona a nosotros y  ¡con que intimidad !  ¡ con que plenitud !  ¡ con que ilimitación ! Este abandono mutuo supone que cada quien está seguro del amor de la otra parte.
Abandonarse mutua y plenamente Dios y el alma, los dos seguros del amor del otro y del propio amor; vivir en ese mutuo abandono ¿no es la plenitud del amor? ¿no es el cielo en la tierra?
¡Que dicha sentir que Dios se abandona a nosotros. Que es nuestro, que podemos hacer de El lo que queramos !. y ¡ Que hemos de querer sino envolverlo, por decirlo así, con una ternura delicadísima !.

II.-   EL DESCANSO EN DIOS.

Descanso  en la Luz

          Vivir en la luz es vivir en contacto intimo con Dios por la contemplación. Tener intimas relaciones con las tres Divinas Personas. Y después transfigurar el mundo con los destellos de la divina luz del cielo.
          Descansar en la luz es mirar a Dios desde su seno luminoso y por sus ojos clarisimos y profundos y mirarlo todo,  criaturas, acontecimientos,  tiempo y eternidad.
          Mirar a Dios, su perfección,  su amor, su hermosura, sus secretos, su vida : Mirar la Luz SIN origen ni Principio; mirar la Luz Engendrada por el Padre en los esplendores de la santidad; mirar esa Luz Felicisima que es El Amor Eterno, el beso de fuego del Padre y del Hijo.
          Hundirse en la Luz Trina y Una, Bañarse en esos divinos resplandores, perderse en ese abismo de luz, eso es Descansar en la  Luz.
          Penetrar en la Divina Contemplación, henchir su vida interior de ella, y con ella transfigurar al mundo.
     
Vistas a esa luz TODAS las cosas son buenas como las vio el Creador cuando salieron de sus manos, la cruz, la Iglesia, las almas; las miserias mismas son preciosas: Lo pequeño se transforma en grandeza a la luz de la Encarnación del Verbo, el dolor es tesoro del cielo y la Cruz esconde una dicha exquisita, los hombres somos algo de Dios,  somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo y templos del Espíritu Santo por la Gracia, y la inmundicia misma del pecado ni alcanza a  ofuscar la  Imagen Divina en el alma del pecador, ni acierta a romper la armonía  bellísima del universo.
           La Trinidad y la Unidad de Dios, la Encarnación del Verbo, su Cruz, la Iglesia, la Eucaristía, el Sacerdocio, el Nuevo Amor que Jesús vino a traer a la tierra une la vida de las almas con la Vida y la muerte de Jesús.   

             
Según la doctrina de Santo Tomas, aunque el amor nos lleva a la posesión de Dios, esta posesión se realiza plenamente por la inteligencia. La esencia del cielo es la Visión Beatifica - prodigio de luz - y el amor beatifico es solamente una consecuencia  felicísima de la divina contemplación.
Los Bienaventurados aman sin medida, descansan sin temor y gozan con plenitud porque miran a Dios cara a cara, porque viven eternamente en la luz. La luz es el termino, el amor la  fuerza que lleva al descanso, la pureza la condición necesaria para su desarrollo, la paz y la fecundidad sus frutos celestiales. La contemplación, fruto de la fe y de los Dones del Espíritu Santo, Luz Purísima de los que aman, es el gozo, el descanso, la paz.. Cuando se contempla a Dios con luz divina, el lama encuentra su descanso porque es el termino del camino, es la cumbre de la ascensión. 
  
 Descansar en la luz, es por consiguiente, hundir los ojos iluminados del corazón en la Luz Infinita, en los abismos insondables de la divinidad. Descansar en la luz es contemplar a Dios, y desde su seno luminoso  mirarlo todo: criaturas y acontecimientos, tiempo y eternidad.
Mirar a Dios, su perfección, su amor, su hermosura, sus secretos, su vida. Hundirse en su luz  trina y una, bañarse en esos divinos resplandores, eso es descansar en la luz.
   Vivir de la luz es vivir en contacto intimo con Dios por la contemplación y después transfigurar el mundo con los destellos de la divina luz del cielo.
Vistas con esa luz, todas las cosas son buenas, como las vio el Padre cuando salieron de sus manos, y aunque es verdad que las deficiencias de las criaturas y el terrible poder de la libertad humana han machado el mundo de fealdad e inmundicia, Luz de Dios que nos trajo Jesús, y que brilla hace 20 siglos en la Cruz de Cristo, basta para purificar al mundo y devolverle su belleza original.
A la claridad de esa luz, los leprosos son nuestros hermanos, la pequeñez se transforma en grandeza, las miseria son preciosas, el dolor esconde una luz esquisita y la cruz es un tesoro del cielo.
La inmundicia misma no alcanza a ofuscar la Imagen Divina impresa en el alma del pecador, ni puede romper la armonía divina del universo, antes bien aumentando el grado de dificultad hace más grandiosa la acción salvadora de Dios y por la fuerza del contraste hace brillar más clara y gloriosa  la obra de Dios.
El hombre regenerado es miembro vivo de Cristo y  Templo del Espíritu Santo, verdadero hijo de Dio, consorte de Divina naturaleza y participe la divina herencia y  del gozo de su Señor.  
Vivir en la luz, descansar en la luz significa estas 3 cosas celestiales:
Entrar de lleno en los arcanos de la divina contemplación; Impregnar de claridad la vida íntima del alma; Y transfigurar el mundo a la luz de Dios: encontrar por todas partes y en todos los acontecimientos a Dios y hallar en El  el perfecto descanso de nuestras almas.
Para esto es preciso que el alma vea las cosas, las personas, los acontecimientos, las criaturas todas desde la cima de la luz, por los ojos clarisimos y profundos de Dios.
Mirar a una persona como Jesús la ve, amarla como Jesús la ama, tolerarla como Jesús la tolera, sacrificarse por ella como Jesús se sacrifica y hacerle el bien en la medida que lo marquen los designios de Dios.
Podrá  ser alguno de nuestros prójimos tan repugnante y tan molesto como queramos, la luz de Dios nos revelara en el fondo de aquella alma y a través de sus impertinencias y defectos lo divino que puso ahí el Señor.              
Por triste, por doloroso, por terrible  que sea un acontecimiento, la luz del cielo descubre los designios amoroso de Dios, ocultos a los ojos humanos, y el mensaje de amor escondido en su seno.


Descanso en el Amor.
El pleno descanso del Amor consiste en que el amante se de sin medida y logre también la plena posesión del Amado.
Que el Amado divino la haga al alma enamorada la PLENA donación de si mismo, y que el alma haga al Amado, la plena la suprema donación de si mismo.
Eso es el cielo: La TOTAL, la eterna Donación del Amado y del alma que lo ama.
Pero, desde que  Jesús vino a traer a la tierra el Nuevo Amor que vine del Espíritu Santo, y no descansa hasta cuando une la  vida y  la muerte del amante con la vida y la muerte de Jesús y sube al Calvario y extiende sus brazos sobre la Cruz de Cristo.
Múltiples formas pueden considerarse en el descanso del alma en Dios que integran una sola realidad pero poniendo algo propio cada una de ellas.
Así la luz  es el termino del descanso; el amor la fuerza que lleva a el, y en cierta forma el descanso mismo, porque el amor es la complacencia en la luz; La pureza es la condición necesaria para el descanso, y la paz y la fecundidad son los frutos celestiales del descanso.
El amor es inquietud cuando busca, cuando lucha y cuando duda, pero es delicioso descanso cuando llena totalmente el alma, y esta posee íntimamente al Amado, y tiene seguridad de si mismo.

En las primeras etapas de la Vida Espiritual el alma ama sinceramente a Dios, pero sufre y gime porque lleva en el corazón otros afectos que disputan al amor divino su absoluta soberanía, y aunque anhela  ser totalmente del Dios que ama, siente con tristeza que hay  fibras de su corazón que vibran todavía ante el atractivo de las cosas de la tierra.

Cuando el santo desprendimiento arranca del corazón el último afecto de la tierra, el amor triunfante descansara en la paz de la victoria.
Pero el amado no ha llegado todavía: El alma despojada se quedo sin nada , hasta que un día, sin saber como, aparece el Amado. Ha encontrado su felicidad y no la dejará jamas.
Mas el amor triunfante encuentra aun un manantial nuevo de inquietud y de martirio: Las criaturas ya no ejercen sobre el alma la fascinación de la vanidad, pero el Amado divino no ha venido aún a convertir en paraíso al corazón enamorado.
Y una soledad intensa y honda como el desierto hace sufrir al alma que no teniendo ya el atractivo de las criaturas se lanza hacia el Amado con todo el ardor de su amoroso deseo.

Un día, sin saber como el Amado aparece a sus ojos lleno de belleza y de amor. Lo encontré y no dejare jamas, exclama la amada en su divino arrobamiento. Pero así como en el amor humano la incertidumbre de la fidelidad, el temor de que pase la dicha tortura a las almas. Así en el divino, cuando el amor duda es imposible el descanso.
¿ Me seguirá amando el divino Jesús a quien entregue el corazón ?. ¿ Seguiré amando siempre al que siempre me ha amado ?. Es necesaria la seguridad del mutuo amor para que el alma descanse en el amor.
En el Amor divino esa seguridad no e una ilusión sino una dichosa realidad. Los dones de Dios son sin arrepentimiento y de los dones de Dios el primero es el amor, como enseña Santo Tomas.             

Las Escrituras alimento divino, porque es divina doctrina salvadora y santificadora;  la Cruz fuente de vida y  prueba irrefutable de su Amor;  y la Eucaristía renovación y divino resumen de todos los misterios de Jesús,  son tres monumentos inmortales que nos enseñan que el amor de Dios es indeficiente y eterno, porque nos se funda en lo efímero y variable de nuestra miseria, sino en lo eterno e inmutable del amor de Dios.
Ni nuestras miserias, ni nuestras ingratitudes son parte a entibiar siquiera el amor que nos tiene Jesús. Esa imagen de la Trinidad que lleva en si misma cada alma, salida de Dios mismo, imagen que la Trinidad cuida, ama, y quiere que vuelva al principio de donde salió, es lo que El busca  en las almas y nosotros debemos buscar también.

Ni siquiera podemos dudar de nuestro amor, de aquel amor que el Espíritu Santo produce en nuestras almas cuando se nos da, para que convirtamos toda nuestra vida en un acto de amor al Padre, para que lo glorifiquemos con una intensa vida interior, para que lo honremos con todos nuestros actos, para que lo adoremos y  hagamos de su voluntad santa nuestro ser y nuestra vida. Cuando este amor toma posesión del alma es de suyo inamisible e inmortal. Por eso decía San Pablo: Estoy cierto de que ni la muerte ni la vida, ... ni las cosas presentes, ni las futuras, ...  podrán separarnos de la Caridad de Dios que es en Cristo Jesús.

Descansar en el amor es dilatar nuestros deseos hasta hacerlos inmensos y colmarlos hasta la saciedad. Todos nuestros pensamientos, palabras, obras, anhelos, ilusiones, trabajos exteriores y vida interior etc. etc. deben tener un solo fin: Glorificar a nuestro Padre Dios; abrazarnos a El hasta fundirlo con nuestra vida; sentirnos amados; sentirnos amados como no lo pudimos soñar.   
Descansar en el amor es olvidarnos de nosotros mismos y no porque sea heroica nuestra abnegación, sino por la embriaguez de nuestra dicha. Es perdernos en el abismo del amor, es gozar de que el Amado se complazca en nuestro amor, es transformarnos misteriosamente en El. Es saciedad, es gozo, es paz, es cielo.

De ordinario el descanso corresponde al camino recorrido, a los esfuerzos realizados, a la fatiga de la lucha, a los dolores de la vida, a la tortura de la espera, a lo inmenso de la soledad que sufrió el alma, a lo potente del amor que es fuerte como la muerte y terrible como el infierno, pero no hay proporción entre los esfuerzos fatigoso de la Vida Espiritual y el peso de felicidad, la gloria de la posesión y el misterio de la transformación en El que se logra en la tierra cuando el alma descansa en Dios. La cruz es el combustible para inflamar a las almas en el divino amor, y en ellas reina la Cruz, que es el dolor en todas sus formas.

Que entre de lleno en los arcanos de la divina contemplación. Que viva en su vida intima de la celeste claridad de las divinas comunicaciones.
Su vida interior debe consistir en unas relaciones muy dulces, muy estrechas, muy luminosas con la tres Divinas Personas. Vivir en una constante y profunda intimidad con las tres Divinas personas. Unida al Verbo por el amor y transformada en Jesús debe amar por el Espíritu Santo y descansar en el seno del Padre y glorificarlo sin cesar por el ofrecimiento de Jesús por las almas, especialmente sacerdotales.

En el amor divino la seguridad no es una ilusión. Jesús es llamado en las Sagradas Escrituras: Fiel y Veraz; y en ellas también se dice que los dones de Dios son sin arrepentimiento, y el amor es el primer don de Dios. Tres monumentos inmortales nos aseguran que el amor de Dios es indeficiente y eterno: La Sagrada Escritura, la Cruz y la Eucaristía. 
Ni nuestras miserias, ni nuestras ingratitudes, son parte a entibiar siquiera el amor que nos tiene Jesús, porque no se funda en lo efímero y fluctuante de nuestra miseria, sino en lo inmutable y eterno de la bondad de Dios.
Ni siquiera debemos dudar de nuestro amor - de aquel amor que el Espíritu Santo nos da cuando se derrama en nuestros corazones - . Cuando este amor a tomado posesión del alma, es de suyo inamisible e inmortal. 

No hay proporción entre los esfuerzos fatigosos de la Vida Espiritual y el peso de felicidad, la delicia, el descanso, lo gloria de la posesión, la seguridad de la Unión y el misterio de la transformación  que se logra en la tierra cuando el alma descansa en los brazos de Dios: Sentir la dicha de que El se complazca en nuestro amor. En sentirse amados como no lo pudimos soñar. En perdernos en el abismo del amor y Transformarnos misteriosamente en quien amamos.

El amor es como el océano cuando llena totalmente el alma. Su fondo descansa en el amor siempre inmutable. Posee y vive íntimamente del amor del Dios Trino y uno. Y tiene la seguridad de ese amor y hasta del suyo propio. Cuando ama sinceramente a Dios, pero lleva en el corazón otros afectos, gime. Cuando el santo desprendimiento arranca del corazón el último afecto, descansa en la victoria.

  
En la Pureza
Si hay algo difícil de comprender a fondo es la pureza. La definimos precisamente eliminando lo terreno, pero este concepto negativo no alcanza a descubrir la celestial substancia que queda en las cosas cuando eliminamos de ellas lo terreno. 
La pureza es simplicidad, es luz, es divino destello, y como el alma es fruto de un soplo purisimo de la boca del Altísimo, nació para el cielo, fue echa para Dios, solo encuentra su reposo cuando vuelve a su cuna, cuando entra en el seno inmaculado del que broto. 
Santo Tomas enseña que las cosas encuentran su perfección cuando tocan su principio; por eso las almas encuentran su perfección cuando poseen a Dios, y solamente en el seno infinito pueden lograr su descanso y  su beatitud.

Todo lo que le agrada a Jesús y le complace, todo lo que lo retiene en las almas esta relacionado con la pureza: El amor que lo embriaga. El sacrifico que embalsama su corazón con perfume de mirra. La humildad que lo atrae y la sencillez que lo cautiva.
Todas las virtudes producen pureza y ella es su coronamiento y esplendor. Un alma pura  es un huerto cerrado en que brllan las flores de todas las virtudes. A este huerto cerrado viene el Amado, y en el mora y en el descansa.

Las almas no pueden descansar en la tierra; para encontrar el sosiego y la paz necesitan subir. Necesitan alas de pureza para elevarse a la divina región donde habitan el descanso y la paz. Para descansar el alma necesita la pureza de espíritu y la pureza del Corazón: Concentrar todos los pensamientos en una mirada de luz  y fundir todos los afectos en un solo divino amor. Con la Luz solo se puede fundir la luz, la Pureza, solo es comprendida por la pureza.

El medio principal, o mas bien el único recurso para poseer y acrecentar la pureza es unirse a Jesús y descansar en El.
Y precisamente para que pudieran descansar las almas sin abandonar el destierro, la Pureza Infinita bajo a este mundo y se revistió de la humana sustancia trocándola en sustancia de pureza y de luz por su íntimo contacto con la divinidad.  
Desde que apareció Jesús sobre la tierra, las almas suben a su descanso sin dejar el mundo: Les basta reclinarse sobre el pecho de Jesús.
Tipo del descanso en Jesús es aquella tiernísima escena del Cenáculo: Juan el discípulo que amaba Jesús, dulcemente reclinado sobre el pecho del Maestro.

Y ese pecho inmaculado, santuario de pureza, en que nada es tierra, en que todo es divino, no es algo inaccesible o reservado para los serafines del cielo, es flor de los campos a la que todos pueden acercarse para aspirar su aroma y gozar de su blancura celestial. Es de TODOS; pobres y pequeños pueden reclinarse en él y bañarse de su pureza.
En buena hora que las almas se purifiquen por el arrepentimiento, por el sacrificio, por el dolor, sobretodo por la divina Eucaristía que es el sacramento de la pureza y la virginidad. Pero para hacerla inmensa, el alma debe unirse con El y entra de lleno en su divinidad. Jesús Dios es para nosotros la fuente de la divina pureza. Las miradas de Jesús purifican, su divino contacto limpia, sus caricias hermosean las almas. Su posesión es un misterio de pureza que diviniza el alma.

Descansar en Jesús es descansar en la pureza e impregnarse de ella.
Para descansar en ese divino pecho basta una cosa: Amar a Jesús, poseerlo íntimamente con inefable amor, reclinarse en su pecho, penetrar en su corazón purisimo. Bañarse con su Luz, quemarse con su fuego y vivir su vida. Es renovar la pureza del alma y acrecentarla sin medida, porque El es La Blancura de la Luz eterna, el espejo sin macha de la majestad de Dios  y la Imagen de su Bondad.

El alma que descansa en Dios descansa en la pureza  y se impregna de esa cualidad de los cielos, como un pájaro que reposara en un nido perfumado se penetraría de su perfume. Ser puro es acercarse a Dios y recibir su reflejo.
El abrazo de Dios y su Divina posesión son misterios del cielo.  La pureza es divino destello, aroma del cielo, trasunto de la esencia infinita,  y para que las almas pudieran descansar en la tierra ,  precisamente para que pudiéramos descansar en la pureza sin abandonar el destierro, la pureza infinita se revistió de la humana sustancia trocada en sustancia de pureza por su intimo contacto con la  divinidad para que nosotros descansáramos en el pecho inmaculado de Jesús.

El se hizo para nosotros Sabiduría y Justicia, Santificación y Redención y en este pecho inmaculado al que todos pueden acercarse alcanzan el descanso las almas porque tocan la pureza divina  en su origen.
Alas de pureza necesita las almas para elevarse a la divina región de la pureza en que encuentran el descanso y la paz. La pureza de la tierra que por un milagro de amor reposa en la pureza del cielo.     

Es preciso tener la mirada luminosa y el alma limpia del discípulo predilecto, es decir: La pureza de espíritu que concentra todos sus pensamientos en el Jesús en quien ha creído la pureza del corazón que funde todos sus afectos en un solo divino amor.
Dios ha puesto en las almas una profunda intuición para apreciar el valor y la hermosura de la pureza y un anhelo insaciable de poseerla y acrecentarla. Pero esas almas dichosas no pueden olvidar que para lograrlo, el medio principal, o mas bien el único recurso es unirse a Jesús y descansar en El. 

En buena hora que se purifiquen por el arrepentimiento, por el sacrificio, por el dolor; todo lo que acerca a Jesús purifica el alma, sobretodo la Eucaristía. Pero no deben olvidar que Jesús es la fuente de la pureza y para acrecentarla el alma debe unirse íntimamente con El y entrar de lleno en su Divinidad.

Solamente lo divino se puede desear sin limitaciones, y poseer sin reserva, y amar sin exceso. Ser puro es acercarse a Dios y recibir su reflejo.   El alma nació para la pureza y solamente en ella encuentra su descanso y su dicha; para este precioso descanso es preciso que el alma sea luz y se hunda en la luz eterna.

Descansar en Jesús es descansar en La pureza e impregnarse de ella, poseerlo íntimamente con inefable amor. Es amar lo que es puro hasta impregnarse de su pureza, es renovar la propia pureza en la Pureza Eterna: Amar a Jesús, bañarse en su luz, quemarse en su fuego y vivir su vida, porque El es la blancura de la Luz eterna, el Espejo sin macha de la majestad de Dios y la Imagen de su bondad.

El descanso y la paz solo se encuentran en la Unidad. Cuando en el espíritu pululan diversos pensamientos sin armonía. Cuando el corazón esta afectado por múltiples afectos, el alma fluctúa en perpetuo desasosiego.  Para descansar necesita el alma concentrar todos sus pensamientos en una sola mirada de luz, " La pureza del Espíritu ". Y fundir todos los afectos en un solo divino amor: " La pureza del Corazón "

  

En la Voluntad de Dios
La voluntad del Padre fue para Jesús la norma de su vida, su gozo y recompensa.
Los 33 años de su vida fueron la fidelisima ejecución de la voluntad del Padre y el punto central d la voluntad del Padre fue la oblación única del Cuerpo de Cristo.
Con que amorosa paciencia esperó la hora del Padre aunque su Corazón ardía en deseos de sacrificarse, de salvar a los hombres, de cumplir su misión.
A veces la voluntad del Padre contrariaba su voluntad humana, como en Getsemani  donde el sudor de sangre expresa apenas las agonías intimas de su voluntad,  lo heroico de su amor al Padre aceptando libre y amorosamente las disposiciones del Padre, pero Jesús cumplió siempre la voluntad del Padre aunque tuviera que ir a la Cruz. ¡ No se haga mi voluntad sino la tuya !.
Esta disposición de cumplir la santa, la divina, la inefable voluntad del Padre es la alegría de la Cruz.
Jesús hacia todo porque el Padre lo quería  y no anhelaba otra recompensa a sus esfuerzos que dar gusto al Padre, que complacerlo perfectísimamente, que hacer siempre y en todo su voluntad divina.
La pasión de cumplir la voluntad de Dios clavo a Jesús en la Cruz. Y esa voluntad fue su martirio, el intimo y el exterior. Esa adhesión firmísima a la voluntad del Padre fue el fondo de su estado de víctima y de su Sacerdocio, y  en esa voluntad del Padre, realizada por el sacrificio de Jesús, fuimos todos santificados como enseña San Pablo.
La Cruz es la suprema realización de la voluntad del Padre, por eso es el martirio y el gozo supremo. 
Un sacerdote es un hombre ungido divinamente y destinado a cumplir toda voluntad del Padre por el sacrificio que es su centro.
Una víctima es un ser sometido por puro amor  y sin condiciones ni reservas a la voluntad del Padre. Y el único camino para que las almas se salven es la voluntad del Padre realizada amorosamente con todo genero de sacrificios.
Esta aceptación plena y amorosa de la voluntad del Padre pone al alma en estado de víctima expuesta y dispuesta a todo lo que el Padre quiera, y también en estado de sacerdocio místico sacrificando a esa Voluntad a Jesús que vive en su alma, a si misma y a todos sus seres queridos.
Para que un alma sea Jesús necesita amar así y  cumplir así la voluntad del Padre. Debe aceptar y  amar todo lo que el Padre disponga de ella, plegándose dócilmente al modo que El determine y precisamente porque El lo quiere.
Esta voluntad que es su gozo, será también su martirio y no solo debe aceptar, amar y adorar la voluntad del Padre por lo que a ella misma se refiere, sino que debe aceptarla, adorarla y amarla por lo que mira a todos sus seres queridos aceptando y amando todos los dolores y todos los sacrificios de ellos.
La pasión de cumplir la voluntad de Dios clavo a Cristo en la Cruz y para glorificar al Padre como Jesús hay que amar y cumplir la voluntad del Padre hasta el sacrificio, hasta la Cruz. Para salvar a las almas hay que hacer exactamente lo mismo.
  La verdadera felicidad en la tierra consiste en sufrir mucho por Cristo bendito que tanto sufrió por nosotros. 


En el Dolor
El amor es divina inquietud hasta que se sacia derramadose plenamente en el amado.  Lo que Dios hace, no lo deshace. Quiere hasta el fin sin fin de la Unidad en Dios.
Todas las almas que se dejan amar por el divino amor, reciben también en el grado que lo marcan los divinos designios, el doble peso formidable de la dicha y del dolor.

Que a Jesús le agrade descansar en el dolor es algo indiscutible, pues no es otra cosa el descanso que la plena satisfacción de nuestros deseos y uno de los deseos mas ardientes de Jesús fue el de glorificar a su Padre y  salvarnos mediante el sacrificio de la Cruz.

Jesús quiso que ese sacrificio fuera inmortal y encontró la manera misteriosa de que su sacrificio continuara en la Eucaristía y en las almas.                          
Como descansa Jesús en ese sacrificio perenne que se ofrece a cada instante en nuestros altares. Pero también se continúa en las almas en que El vive y sufre místicamente.
Con que amor y con que solicitud purifica el Señor las almas que consagra para el sufrimiento. El amor eterno solamente puede descansar sobre el dolor purificado y santificado por su contacto con Jesús.

Que unión, que compenetración debe existir entre Jesús y las almas que le sirven de cruces y de altares. No deben tener otro dolor que el de Jesús, porque el dolor que llevan tiene el mismo origen divino, los mismos caracteres, los mismos fines que la víctima suprema Jesús que en ella se inmola y continua su amoroso y fecundo sacrificio.
Primeramente El Amor baja al alma por la gracia de la Unión Transformante; y por la virtud de esta gracia insigne, el dolor del alma, el dolor de una pobre criatura sube al cielo de la Divinidad de Cristo, y  al entrar en esa morada se hace puro, santo y fecundo. El amor se hace inmenso, el dolor más puro y divino, y Jesús estrechamente unido con su Cruz  Viviente, ofrece un sacrificio perfecto y fecundo.

A primera vista parece que es imposible descansar en el dolor, antes bien, para que nuestra alma descanse hay que arrojar de ella el dolor.
Para comprender este divino misterio de la Cruz es preciso ahondar otro misterio divino: el amor.
Siendo el amor entrega mutua de los que se aman, el amor nos se satisface y consuma sino cuando esa mutua entrega es total y perfecta. En tanto que esa consumación no se realiza, el amor no descansa, como no descansa el fuego que es su símbolo, sino que extiende por todas partes sus llamas como nos lo dicen esas palabras de Jesús que lleva en su corazón un amor inmenso: “ Fuego vine a traer a la tierra, ¿  y que otra cosa quiero sino que arda ?.”

El descanso en el amor consiste en que el amante se de sin medida y logre sin medida también la plena posesión del amado.
Para gozar de este descanso no tiene el alma sino estos dos caminos: Que Dios le haga al alma  la plena donación de si mismo, o que el alma enamorada se entregue a El por un prodigio de generosidad y de amor. Lo primero es El Cielo, lo segundo es La Cruz

El cielo es la total, la inefable, la eterna donación del Amado al alma que lo ama. La Luz Infinita que penetra su inteligencia; el fuego divino que enciende todas las fibras de su corazón; la vida, la felicidad que llena con plenitud los senos del alma. La puerta del cielo es la muerte; por eso la ambicionan los Santos.

Pero el amor tiene otro sendero para consumar en la tierra el misterio de la vida; consiste en que el alma haga al Amado la plena, la suprema donación de si mismo. Esta donación solo se realiza en el Calvario, entre los brazos de la Cruz y bajo la augusta majestad del dolor, porque damos todo lo que somos al Señor, pero no como oblación tranquila que pasa de nuestras manos a las divinas sin inmutarse sin destruirse, sino como se ofrece el incienso que arde sobre las brasas, que se deshace y convierte en humo perfumado, que inmute y destruye el don en perfecto holocausto.

Se comprenderá que el descanso del alma en Jesús, lejos de extinguir la fuente de sus dolores, los acrecienta haciéndolos divinos. Regida por el Don de Ciencia, ama y busca las humillaciones y sufrimientos que lo asemejan a Jesús.
¿ Que haría el alma enamorada si le quitaran su tesoro, es decir, si arrancaran de su vida el dolor ?.  ¿ Podría acaso vivir sin el ?.
Mas no le quitará el Señor su preciosa herencia, Su luz, su amor, su fecundidad, su paz quedaría incompleta sin el descanso en el dolor. Jesús es luz, pureza, fecundidad y amor, pero también es dolor inmenso inefable y divino, y lleva en lo íntimo de su corazón otra cruz que es misterioso descanso de algunas almas privilegiadas. Esta cruz debe ser el descanso. la dicha, el precioso tesoro y la suprema recompensa de las almas de la Cruz.

  
En la Fecundidad
Dos frutos preciosos produce el descanso del alma en Jesús: La fecundidad y la paz, ésta para el alma, aquélla para los demás.
La fecundidad es propia d la perfección: los seres son fecundos cuando llegan a su perfección.Dios que es la perfección infinita, es también la infinita fecundidad.
La fecundidad es también el gozo supremo en los cielos y en la tierra. El gozo eterno de Dios es su fecundidad inefable en el misterio augusto de la Trinidad. El gozo supremo de la tierra es la fecundidad inmaculada de María que nos ha dado a Jesús. El gozo y  la bendición del Antiguo Testamento era ser padre de Jesús en la tierra según la carne, y el gozo y la bendición de la Nueva Alianza es formar a Jesús en nuestra propia alma y en las almas de los demás.

Quiso Dios comunicar a las almas un destello de su perfección y de su dicha, y para que lleváramos en el alma ese destello divino, nos comunicó el Padre, en Jesús y por el Espíritu Santo , un germen de divina fecundidad.
Este misterio de nuestra fecundidad es el misterio de nuestra perfección y de nuestra dicha: El padre nos concede que Cristo habite por la fe y crezca y se dilate en nuestros corazones por la caridad, imagen bendita del Espíritu Santo que habita en nuestras almas.   
Y cuando las  almas han llegado a enchirse de Dios, la vida de Jesús llena con sus tesoros, pero como Jesús no puede encerrase en los estrechos limites de un corazón humano, cuando Jesús habita en el, se difunde como perfume suavisimo, irradia como luz espléndida, resuena como sonido potente y produce en torno suyo a Jesús, lo concibe en otras almas, lo infunde en otros corazones.

La misión de un alma que ha recibido la gracia de la fecundidad espiritual es concebir y engendrar místicamente a Jesús y derramarlo en torno suyo, como luz que irradia, como un perfume que embalsama el ambiente.
Jesús quiere seguir amando a las almas en nosotros, quiere seguir inmolándose por ellas en nosotros, desea continuar iluminando, enamorando, purificando, santificando a las almas en nosotros.
El amor de Jesús a las almas es un amor sacerdotal: Tiene un divino principio, el Espíritu Santo; un divino carácter: la pureza; un termino divino la Cruz; un fruto divino: la santificación de las almas;  un fruto divino: la gloria del Padre.

La paternidad que tiene Jesús con todas las almas la comunica respecto de algunas a sus sacerdotes y en cierta forma a las almas transformadas en El. Esta fecundidad divina que viene   del Espíritu Santo consiste en dar a Jesús a las almas, porque la vida de las almas es Jesús   

Jesús quiere que todos sus sacerdotes y las almas sacerdotales conviertan su vida en un acto de amor al Padre, que lo honren en todos sus actos, que lo glorifiquen con una intensa vida interior y que hagan que las almas lo adoren y hagan de esa voluntad santa su ser y su vida.
Por el amor a las almas se ensancha el corazón asemejándose al de Jesús en el amor, en el dolor, en la actividad, en la lucha, en la victoria.
Como debemos agradecer que nos haya dado la manera ingeniosa de amarle con otros corazones, de sufrir con las penas de los demás, de glorificarlo con lo que otras personas lo glorifican. De recibir aquella bendición de Abraham de una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo.

Toda alma transformada debe ser Jesús, pero ninguna puede reproducirlo en su riquisima plenitud. La fecundidad en la tierra es siempre un misterio de dolor donde el Cristo total, Jesús y sus miembros continúan inmolándose para salvar a todos. Ese dolor ha de nacer de pureza y de amor, mas aun, esa pureza y ese amor tiene su origen y su divina eficacia en lo divino que en el alma vive.
Toca la mejor parte a las almas a las que Dios destina reproducir a Jesús crucificado. Las almas transformadas en Jesús crucificado, no solo lo reproducen participando de sus dolores y renovando su inefable amor sacerdotal, sino que Dios las elige para dar al mundo por su conducto, la última lección de Jesús, la santa, la fecunda, la transformadora lección del Calvario.

La Cruz de Jesús es su cátedra, la mas alta que se ha levantado sobre la tierra, lo mas sublime de su misión, la última y mas eficaz lección que nos dio en el Calvario. La doctrina de la Cruz.
En esta nueva época de la historia en que el infierno parece concentrar todas sus fuerzas para dar a la Iglesia un asalto que juzga definitivo, justificando, engrandeciendo todos los vicios y concupiscencias con las maravillas modernas, quiso Dios enviar a su Espíritu como en un nuevo Pentecostés para oponer a la doctrina del mundo esa vida de amor y de dolor y a las falanges del infierno el ejercito de la Cruz.  

Jesús quiere la consumación transformante en la tierra de sus sacerdotes en El, con esto vendrá el Reinado del Espíritu Santo en los sacerdotes primero, luego en las naciones y la paz en el mundo. Quiere Dios descubrir al mundo de manera más perfecta la fuerza y riqueza de la Cruz y dar a la Iglesia un triunfo, una libertad mas perfecta que la de Constantino, porque será mas espiritual, la libertad de los hijos de Dios, la que nos trajo Jesús, la que tiene por origen la verdad, la pureza, el amor y el dolor.

Pero esa lección ni se produce, ni se contagia, ni se difunde sino como Jesús la dio: Necesita ser viviente: Se necesita ser en verdad Jesús crucificado. Se necesita la espléndida desnudes de su Cruz, muda, elocuente, eficacísima que El dio hace 20 siglos en la Cátedra sublime de la Cruz.  De su cuerpo destrozado, de sus llagas abiertas, de su pecho traspasado, del inmenso dolor de su alma, y del de su Santísima Madre, de la santa eficacia de su sangre, broto la vida, la verdadera, la eterna.

La fecundidad de Jesús viene de la Cruz y quien quiera ser fecundo en el orden espiritual, quien quiera tener hijos espirituales, necesita ir al Calvario, y clavarse en la cruz, y hacerse Jesús crucificado.
  

En la paz 
Otro de los frutos preciosos del descanso del alma en Jesús es la paz.
Del cielo nos trajo Jesús ese don divino de la paz; los ángeles lo anunciaron el Belén como dulce promesa, y cuando Jesús consumada su misión, surgió victorioso del sepulcro, la dio a sus apóstoles como fruto de su sacrificio.
No es solo la paz algo negativo, carencia de lucha y de inquietud, sino algo positivo, destello de la tranquilidad y de la dicha de Dios.
Ninguna cosa se asemeja tanto en la tierra a la bienaventuranza como la paz. Los justos viven en la paz y  “El corazón del justo es como un perpetuo festín”.
La  paz es Dios  y nuestra paz es Jesús, pues el hizo visible a nuestros ojos y asequible a nuestra pequeñez la paz infinita.
Cuando el alma posee perfectamente a Jesús, que es luz, pureza, fecundidad y amor; cuando El vive perfectamente en el alma y el alma penetra en las profundidades de Jesús; cuando el alma se transforma en El; el alma encuentra entonces su descanso en la paz.
Toda la Vida Espiritual es un ascensión constante hacia la paz, para saborear sus frutos hay  que dejar muy lejos el Egipto del mundo, pasar el Mar Rojo del dolor, recorrer los arenales inmensos de la desolación y vencer a todos los enemigos y derrumbar los muros de nuestro egoísmo con el cántico victorioso del amor.
Santo Tomás enseña que la paz tiene tres causas: Las virtudes de la vida activa, que la preparan poniendo el orden que somete la parte inferior de nuestra alma a la superior. La segunda el amor que funde todos los afectos del alma en un único amor victorioso y santo, el de Dios. Pero la paz misma es Luz y Sabiduría, es el reflejo de la sabiduría Eterna en la criatura, es una sabiduría creada que es imagen de la infinita. En una palabra la paz es la Imagen de Jesús en el alma, imagen luminosa y celestial que transforma al alma en Jesús; es Jesús mismo que en ella vive y la baña de luz, de armonía, de belleza, de felicidad.
Dichosas las almas que descansan en la paz, porque han encontrado el tesoro celestial de Jesús y lo poseen con inefable plenitud.
Se posee a Jesús cuando todos los anhelos del alma se concentran en El, cuando todas sus actividades tiene a Jesús como único y felicísimo objeto. Cuando El es la única luz del espíritu y el único amor del corazón, cuando Jesús es su vida, su fecundidad y su alegría. Poseer así  a Jesús es descansar en la paz.
Ese descanso en la paz no es algo efímero que como relámpago brilla en la oscuridad de la noche, sino que es algo permanente e inmortal. Como un día sin ocaso. Nada ni nadie puede arrebatar al alma su paz, porque nada ni nadie le puede arrebatar la luz intima y el amor profundo, porque nada ni nadie puede arrebatar el alma a Jesús, ni a Jesús del alma. Introducida en las profundidades de Jesús, que son los abismos de la divinidad, el alma se siente muy lejos de todas las cosas que la turban y los esplendores de Dios la envuelven perfeccionando la Imagen divina de su Jesús adorado, transformándolo perfectisimamente en El. 
Todo calla en torno suyo y porque lo que el alma contempla en los abismos de Dios no cabe en conceptos, solo cabe en un silencio de admiración y de amor.  Es el silencio del alma que contempla. Del Corazón que ama, del espíritu que se extasía ante la belleza.

La infancia Espiritual.
La sencillez perfecta es la Unidad. Llegar a la altiplanicie de la sencillez es escalar la cumbre de la perfección y Consumarse en la Unidad.  Para esto se necesita: El Perfecto Olvido Propio, porque eliminado totalmente el  “Yo”  el alma vive en la unidad de Dios. También quiere Dios al alma en una Pureza Exquisita, en un Abandono Absoluto, en un Amor único para  El.
El Amor Único ¿no es “La Unidad en el Espíritu Santo”?. La Pureza Exquisita ¿no es La Unidad en la Luz, “la Unidad del Verbo”?.  El Abandono Absoluto ¿no es “sumergirse en la Unidad del Padre”?.

EL DESCANSO DE JESUS EN EL ALMA.

El descanso propio de Jesús es el Padre en el cielo y María Santísima en la tierra.
Jesús descansa en las lamas en la proporción en que se asemejan al Padre y a María.
En ninguna alma descanso Jesús como en María, porque el Corazón de María es el reflejo purismo del corazón del Padre.
Para que el alma logre ser el descanso de Dios necesita amarlo de veras, ofrecer sin cesar y generosamente su corazón para que venga Jesús a descansar en el.

Descansar Jesús en un alma significa elegirla como morada, llenarla  plenamente, derramar en ella  la plenitud de su luz, de su amor, de su fecundidad y de su paz. Y estar en ella, contento, satisfecho, a sus anchas.
Mas para que Jesús vierta su plenitud en las almas, necesita estar seguro de su amor, de su generosidad, de su fidelidad y de la generosidad de ellas.
Por eso antes de descansar en la solicitud de Pedro para confiarle su Iglesia le pregunto 3 veces: Simón hijo de Juan,  me amas ? .  Cuando Jesús escucha la confesión sincera y generosa del amor, se confía en el alma y descansa en ella.

La perfección es pues obra del amorNecesitamos que el Espíritu Santo nos impulse a ofrecernos al Padre, que el Padre venga a enriquecer nuestro amor, que lo haga inmenso, infinito.
Descansar para Dios es desbordar su plenitud en aquello que descansa. Es permanecer allí de manera definitiva. Es darse sin medida. Es comunicarse sin reserva. Entregarse para siempre.
Para dejarse amar son también necesarias muchas cosas rarisimas: Una fuerza gigantesca. Amor fuerte como la muerte. Humildad profunda. Sencillez  inefable. Pureza para recibir lo divino. Que Dios ponga en las almas no se que dones sacratisimos para que pueda recibir la plena, la inefable, la misteriosa donación de Dios.

Jesús descansa en las almas limpias que se asemejan al alma de María, que tienen algún destello de aquella pureza inmaculada.
Para descansar Jesús necesita un campo de azucenas porque solo descansa en la pureza.  Jesús descansa en los que lo comprenden, en los sencillos, en los que llevan dentro de si el amor, pero hay un lugar donde encuentra todo su descanso, en las almas que son puras como vírgenes, sencillas como niños,  abnegadas como madres. Aquellas almas a que son reflejo del amor infinito del Padre y del amor maternal de María.

Puesto que descansar Jesús en un alma  es derramar en ella su plenitud, supone una inmensa capacidad de lo divino y por consiguiente un alto grado de pureza, de santidad, de aproximación a Dios. 
Por no poseer nada de tierra se deja impregnar de Dios y la santidad es el reflejo de Dios en las almas, su felicidad poseer a Dios y la dignidad de una criatura  su aproximación a Dios. " Qui creavit me, requievit in tabernaculo meo."

Jesús descansa en las almas que son suyas para siempre. Cuando Jesús y el alma se poseen en el tiempo pero con sabor a eternidad. Cuando ambos sienten que su amor es un sol sin ocaso. Que se han entregado por completo, a cada instante, a costa de cualquier sacrificio, pese  a las vicisitudes del destierro, su amor entraña un sabor de eternidad.

 


TUS MISERIAS
Una de las bases de la santidad es  saber hondamente que no somos nada, que nada sabemos, que no podemos nada.
Cuando nos declaramos en quiebra, comienza para nosotros nuestra verdadera riqueza y nuestra fuerza verdadera.
Para la prefecta confianza, se necesita la perfecta humildad: cuando perdemos la ultima ilusiona de que valemos algo, nos arrojamos sin reservas al océano de bondad, al seno de la divina misericordia, y entonces encontramos el camino y la paz.

Que las almas se abran a la santa esperanza: ¡que aspiren sin temor a esa santidad muy alta y muy oculta que Jesús quiere de ellas. Tiene El tal ilusión de que se santifiquen, las ama tanto, y le duele que las almas no crean en el Amor de Jesús.

Quiero suponer que tu alma, querido lector, sea un abismo de miserias. ¿No puede Jesús convertir las piedras en hijos de Abraham?. ¿hay algo imposible para el amor?. No, el estimulo mas poderoso para el amor de Jesús y para la realización de sus maravillas es la pequeñez y la miseria de las almas.
Para mi, la mejor prueba de que Jesús hará maravillas en un alma es comprobar su miseria, porque le conozco sus gustos a Jesús y se que esa miserias que son lo que mas la desilusiona a ella, son las que atraen a su Corazón.

Pon tus ojos en todo el transcurso de tu vida y dime ¿es verdad que Jesús te ama?. Mas aun, ¿crees que te ama con predilección?. No es una predilección haber puesto en tu alma esos anhelos de perfección. Y si te ama ¿qué cosas hará ese amor en tu alma?.

Pero me dirás ¿cómo hasta ahora no ha hecho nada?  Y te contesto: Jesús   tiene sus tiempos; además, estas seguro de               que no ha hecho nada?. Hasta ahora no te has prestad plena y debidamente porque tu alma no vive en esta atmósfera de confianza y de amor que necesita.
No niego que ames a Jesús, pero sin ilusión, no te sientes amado, no crees posible que llegues al pleno desarrollo del amor.
En nombre de Dios te aseguro, amado lector, que Jesús te ama con predilección, que esta deseoso de que dejes explayar tu amor hacia El y que quiere hacer maravillas en tu alma, con tal que creas en su amor plenamente.

Su amor misericordioso, puede hacer un santo de ti, aunque no sirvas para nada. Y si vieras que precisamente porque no sirves para nada te ama de manera especial  y tiene sobre ti designios de predilección. Tiene un gusto muy extraño Jesús, y aun personas muy espirituales no lo conocen. Jesús te ama mucho y quiere hacer en tu miseria prodigios de misericordia.         

Y si crees en el amor de Jesús y comienzas a vivir en esa atmósfera de libertad, de confianza, de ilusión en que vive un alma que se siente tiernamente amada y que despliega libremente su amor. Y quitaremos la dureza con que estamos acostumbrados a tratar a nuestra alma.

Puedes decir a tu alma cuando llega una pena: no mereces nada, esto es lo que te toca.     O bien puedes decirle: este es un regalo que te envía tu Amado. Tratando a nuestra alma dulcemente, honramos lo divino que hay en ella.

Hoy he agradecido a Dios mis miserias, mi pecado, mi nada, mi nada para el bien y mi prontitud para el mal, porque me abren los brazos de la Misericordia, y de la Misericordia infinita. Ella me purificara, me blanqueara, renovara mi alma para que pueda aspirar a La Unión, la Consumación en la unidad de la Trinidad, el Amor de Maternidad, que solo las almas vírgenes tienen derecho a aspirar. 


  
 Hier bin ich auch
EL GOZO DE LA UNION

Hay tres uniones en el amor.
Una que es su causa: La gracia santificante que nos hace partícipes de la naturaleza divina.
Otra que es el amor mismo: La unión de afectos y voluntades.
Otra que es su efecto: La unión efectiva y no solo afectiva. Consiste en la total, completa y constante divinización del alma por la plena participación del Don de Sabiduría que imprime en nosotros la Imagen de Jesús.

Nuestra transformación es pues una transformación de luz que nace del amor.
Es luz porque el Verbo de Dios es la Sabiduría Engendrada y el Don de Sabiduría es la sabiduría participada. Y es fruto del amor porque el Don de Sabiduría es fruto de la Caridad en su plenitud: La posesión perfecta del alma por el Espíritu Santo que la mueve en todos sus actos.

La Presencia de Dios  es la conciencia y el gozo de esa unión.
Aquí  en la tierra, gota a gota, a veces deseo, otras posesión, de lo que después se poseerá plenamente y para siempre. Allá en el cielo todo al mismo tiempo y en todos sus matices: amor de padre, de hijo, de esposo, de hermano, de amigo. Porque Dios es eterno por naturaleza y nosotros lo seremos por participación. 

   

SUS MEDIOS

Pureza, silencio, fidelidad. 
LA PUREZA abre los senos del alma para que los llene quien es la infinita pureza. 
Cuanto mas pura es el alma mas despierta está para el amor y el Espíritu Santo es el Amor. 
Cuanto más pura es un alma, más la posee el Espíritu Santo, porque cuanto más pura es más la ama.
Cuando el alma ha llegado a cierto grado de pureza, el Espíritu Santo se une a ella de manera indisoluble y forma con ella una Alianza Sempiterna. Son los despososrios del alma que es ya posesión ya del Espíritu Santo que la rige en todos sus actos y le comunica misteriosa fecundidad.

La pureza es la disposición es la disposición del alma para que el Espíritu Santo la llene y  EL SILENCIO es la atmósfera donde vive la Divina Paloma 

FIDELIDAD.

Ni un solo instante deja Dios de amar al alma y estar unido con ella, aunque a veces le oculte las delicias de esa unión para que el alma no muera o para que el alma obre y sufra.
Del mismo modo, en cuanto la fragilidad del presente estado lo soporta, el alma tiene que amar a su Dios  a cada instante con perfecta y amorosa fidelidad. Recibe a cada instante la santa moción del Espíritu Santo y le da su amor.
La fidelidad no consiste solamente en no dar el corazón a nadie fuere del esposo, sino en dárselo a El todo, en dárselo a El siempre. Tener los ojos abiertos para mirar al Esposo y los oídos atentos para escucharlo. El corazón palpitante para amarlo y todo su ser entregado sin reservas a su soberana voluntad.
Que todas las palabras lo expresen, que todos los colores lo pinten, que todas las armonías lo canten, que todos los perfumes lo revelen. Que no hay más que un solo sonido: Dios,  una sola palabra como en el cielo; la palabra del Amor: DIOS TODO EN TODAS LAS COSAS.
Todo nuestro empeño debe centrarse en amar a Dios más cada día y amar a nuestro projimo con mayor perfección.
Es preciso que de una vez para siempre nos entreguemos a su amor. Que por lo menos nuestra donación intima sea total , sea completa, sea definitiva, sea eterna.
¿ Cuales son los obstáculos que tenemos ?. ¿ Cual es el sacrificio al que le tenemos miedo ?.
Es necesario hacer esfuerzos, arrojar de nuestro corazón todos los huéspedes extraños, sobretodo a nosotros mismos.
No sabemos hasta que punto Jesús está sediento de nuestro amor porque nos ama. Nos ama con un amor apasionado, con un amor infinito: Si Jesús nos ama tiene sed de nuestro amor y si su amor es inmenso, también su sed es inmensa, apremiante, ardorosa. Los deseos de amar de los santos no son comparables con los deseos que Jesús tiene de que lo amemos.               
Vivir de amor es entregarle a Nuestro Señor el Corazón entero, y después vivir nuestra donación: Que convirtamos TODAS nuestras acciones en amor
Penetrar hasta el fondo de sus ser, entrar en las profundidades de su misterios, llegar a una intimidad tal que poseamos todos sus secretos. Que ardamos en el mismo fuego, que podamos participar de sus dolores y consolarlo por ellos.

Porque el Corazón de Jesús, lo más intimo de El  ,  ¿que cosa es sino su amor,  sino su Caridad ? .
Si para conquistar ese don celestial fuera necesario quemarnos en una parrilla como San Lorezo, habríamos comprado barato El Amor. Ver con los ojos de Jesús. Nadie llega a la Sabiduría sino por el dolor, y nadie puede ver por los ojos de Jesús sino está crucificado con El.
Si quieren llegar a la Sabiduría deben hundirse en el océano de dolor de Jesús, hacer del dolor el camino único de la Luz. Que el dolor sea la suprema sabiduría y la Cruz la luz más espléndida.
Que todo lo terreno haya desaparecido, que toda dualidad de criterio haya desaparecido, que no tenga otro criterio que el de la fe, que el de Jesús. Que no aparte sus ojos de Jesús y de la doctrina de la Iglesia donde es encuentran todos esos secretos que nos enseñan los criterios de Jesús.

La amorosa unión del alma con Jesús la hace juzgar con cierta connaturalidad las cosas divinas poniéndolo al unísono con su alma, como si intuyera dentro de su corazón los latidos del corazón de Cristo. Tiene el sentido de Cristo: del misterio escondido en Dios antes de los siglos: Recapitularlo todo en Jesús para llevarlo al Padre.
Y llevado por esta luz que lo ilumina todo contempla el misterio de la fecundidad de Dios en su vida intima y en su obra externa , al universo transformado, al Amor divino que bajo hasta la nada,  la delicia de las comunicaciones divinas, la inmensidad de su propia nada, el dolor que lleno a Cristo de amargura, las delicias del cielo, los íntimos dolores del  Corazón de Cristo y el precio de nuestra bienaventuranza eterna: la Cruz.
Tiene el gusto de que El lo guíe aún en las pequeñeces de la vida, de depender cada instante de El  y de seguir dócilmente las inspiraciones del Espíritu de Jesús, del Espíritu Santo dispuesto siempre a mover las almas que posee plenamente si ellas acuden a El, lo invocan y séle entregan. 

  María.
María no es en la Iglesia el prototipo del poder Jerárquico, sino el modelo de la receptividad espiritual de la gracia Divina. Forma de su carne el cuerpo del Redentor destinado a la inmolación, materia del Sacrificio de Jesús. Acoge al que viene en el nombre del Señor y se une a su sacrificio.
La aceptación de María por su carácter incondicional y por el propósito divino es también consentimiento al sacrificio del Calvario, consentimiento a su muerte como ofrenda hecha por El, que implica un consentimiento a ser ella inmolada en su maternidad.   Esta inmolación se realiza en el Calvario cuando su corazón de madre es afectado mortalmente  por la muerte violenta e injusta de su único Hijo.
Su oblación es la unión a la Pasión de Jesús víctima. Y como Jesús Sacerdote y Víctima. Su sacrificio personal es la compasión con Cristo y el mérito de esta oblación estriba en tres razones principales: Su maternidad y su perfección inmaculada y su unión con Cristo. 
 El alcance eclesial de la cooperación de María a la obra de la Redención es riquisimo y permite ver algunos aspectos, en los que la Madre de Dios reluce como prototipo de la Iglesia.

“ En el mundo, fui la Cruz viva, la víctima oculta que juntamente con Jesús me ofrecía la eterno Padre por un mismo fin”.
“Yo habito en el Espíritu Santo y El habita en mi; su primera Cruz Vivay como el Padre y el Hijo habitan en el Espíritu Santo, centro de la unión divinaellos habitan en mi y yo en ellos y de manera que la Trinidad Santísima es mi morada”.
Pero esta Trinidad ama la Cruz, su trono predilecto de Jesús. Para que los hombres esto comprendieran, se apareció al mundo la Cruz del Apostolado.
Jesús fue el apóstol vivo de la Cruz...  Maria  la primera alma de la Cruz.
“Yo leía el Corazón de mi Hijo; en el vivía, respiraba y sufría, no ignoraba sus desolaciones, penas y desamparos, y me crucifique con El en su vida interna, aun antes de la crucifixión del Calvario, sacrificándome en unión de mi Hijo en todos los instantes por la salvación de las almas.”
Mi Hijo tuvo, diré, su deshago con los dolores externos y el derramamiento de su sangre en su Pasión Santísima, pero a mi no me fue concedido.
             
  

LA  GLESIA 
 Te he hecho ver que todo el Amor de la Trinidad está en la Iglesia y que solo por su derivación, por ese santo y único medio, amo a las almas y me derramo en ellas.
“Funde mi Iglesia para gloria de la Trinidad y el Plan Divino, y mi sed de darle al Padre doble amor por mis dos vidas, como Verbo y como hombre, se realizó”.
¿ Que cosa puede asimilar más al hombre a Dios, que el Amor ?
Fíjate que de la herida de este Corazón Divino, traspasado por la lanza, e impulsada por una mano humana, brotan en lugar de venganzas a tan horrible audacia, gracias y sacramentos para las almas.
A eso tiende la Iglesia con sus sacramentos, a convertir las almas en Amor, pero ¿ Quien es el manantial del Amor sino la Divinidad que quiere reinar por el Espíritu Santo ?.
Y aquí otro punto: el de que los favores de Dios son eternos... vino el Espíritu Santo, no por un día, no por un tiempo fijo, no solo por siglos y más siglos, sino para quedarse en la Iglesia eternamente.

Me ha despertado el Señor un amor muy grande a la Iglesia. (dice Conchita) Se levanta a mi vista tan pura, tan grande, tan hermosa, depositaria de las riquezas mismas del cielo, de la misma Cruz, que no se que siente mi corazón al verla despreciada.
Que en la Iglesia es donde se alaba constantemente a la Trinidad  Santísima..., que ahí tiene el Padre Eterno sus miradas...,  el Hijo su Santísima Humanidad,  junto con su Divinidad  y su sacrificio constante en la Eucaristía.



María y La Iglesia.

              Si consideramos a la Iglesia en cuanto es una "persona místicavolcada hacia Cristo, la Iglesia aparece como su Esposa, constituyendo una sociedad de personas, distintas de la persona de Cristo - Jefe,  rescatadas por Elrecibiendo todo de El y cooperando con El.
              Antes de que la Iglesia exista como sociedad de personas rescatadas por Cristo y cooperando a la Redención (desde Pentecostés), María es ya rescatada y Corredentora.
              Ella está ya en comunión con Cristo, lo ha recibido en su interior  e irradia su vida.
              María se adelanta a la Iglesia, la prefigura, la representa con una perfección que será desarrollada pero no superada.
              Su acción representa una cooperación de la raza humana rescatada y viviendo en la fe, respecto a los misterios esenciales de la Redención: Encarnación y Misterio Pascual.
              María aporta al Verbo la carne y al sangre de los hombres y el Verbo se da a los hombres tomando de María su carne y su sangre. Desde ese momento María Es la Iglesia en germen, “la Iglesia  en su primer miembro”.
Desde el momento dela Anunciación, María es de alguna manera el prototipo de la humanidad que acoge a aquel “que viene en el nombre del Señor”.
              En el momento de l Cruz, María aporta la cooperación de la fe. En María la actividad de una persona humana es integrada a la Redención: Dios salva al hombre con el hombre y quiere que toda la redención sea en la forma más completa posible una actividad humana y Divina.
              En el Sacrificio de la Cruz  Ella representa ya  al lado de Cristo a la Iglesia Esposa Salvada por El y Cooperando con El.


La Eucaristía 

              Están tan unidas entre si la Eucaristía y la Cruzel amor y el dolor, que nada puede separarlos.

              Yo mismo me crucifico aquí en todos los momentos, místicamente, y la sangre del Calvario es la del Altar, y el Cuerpo ofrecido como Víctima en la Cruz, es la oblación del Sacrificio Eucarístico.

              Cuando me recibes, recibes la substancia y las mismas Personas de la Santísima Trinidad, las Tres personas forman una sola substancia, y esta substancia es la divinidad, es Dios.

              Al comunicarnos por los Sacramentos al alma le comunicamos la misma substancia divina, y, es tan intima esta comunicación, que transformamos al alma en nuestra propia substancia cuando ella está con las disposiciones debidas.

              Por esto veras, hijita,  que el alimento de tu palomita viene a ser su misma substancia en la leche de las almas puras y el trigo de los escogidos, es la comunicación divina que vuelve a su centro: Dios.

              Yo no puede alimentarme con cosas, necesito que mi alimento sea divino, y como la tierra solo puede producir tierra, aquí tienes el porque de la institución de la Eucaristía adorada.
              Con este Sacramento el alma se diviniza y tiende a su centro DiosSele hace una misma cosa con Elcomo dos flamas que juntas forman una sola flama sin poderse apartar.
              El mundo no penetra la alteza de este misterio de amor, no comprende su inmenso valor pues encierra la unión más perfecta del alma con Dios. "Es la Encarnación perpetua en las almas".

 

La Comunión Eucarística. 

              En la comunión se le da a la creatura mi Alma, mi Cuerpo, mi Divinidad indivisible, una con la del Padre y el Espíritu Santo, en esa divinidad, digo, también recibe el alma a esas Divinas Personas, a la Trinidad en su fecundación eterna, y en la del Verbo hecho carne.
              Cierto que mi Carne purísima y mi Cuerpo santísimo alimenta al alma que lo recibe, que su contacto divino borra todas sus venialidades e imperfecciones, pero la Divinidad es la que obra en el alma los santos efectos de la gracia en la Eucaristía; la fecundación del Padre es la que opera dándome a Mi, y transformando en Mi.
              Yo soy el soberano medio del Padre en donde toda gracia se derrama por el Espíritu SantoYo soy el conducto para ir al Padre y por el que el Padre se comunica.
              Y aquí me tienes en la Eucaristía cerca de ti, que sin dejar de ser Dios, soy hombre, soy tu Jesús que te pide amor, que por eso vine a la tierra, para traer  Amor divino y para llevar Amor divinizado.  

 

Acción de gracias.         

Recibir a Jesús para dar por El gracias al Padre y pedir al Espíritu Santo la consumación en la unidad.

 " Te damos gracias por tu grande gloria " ¡ Que mejor tema para asistir a la Misa y recibir la comunión !.             

No solo es gratitud, sino admiración, complacencia, amor. 

Esto es entrar en los sentimientos y en las intenciones de nuestra madre la Iglesia, entrar en los designios de Dios y encerrar en la Comunión la vida enteraEl pasado en la acción de gracias, el presente en la amorosa unión; el futuro al pedir al Espíritu Santo la consumación en la unidad.




La Donación Eucarística

Este es mi cuerpo, esta es mi sangre.  Estas palabras son la suprema expresión de amor de Jesús, la  ÚLTIMA PALABRA DE SU CARIDAD INFINITA. Significan el Banquete opulento que todo su ser ofrece al Padre celestial y a todos los hombres sus hermanos.
Este Banquete tiene un principio: el amor, una esencia: la inmolación, un fin: la gloria de Dios y la felicidad de las almas.
Un amor incomprensible es la fuente de la Eucaristía: La divina Caridad de Jesús. El amor hace a Jesús darse totalmente a Dios y a las criaturas, darse en alimento con todo lo que tiene de divino y de humano para gloria de Dios y la felicidad de los hombres.
Más par preparar ese manjar del cielo y ese vino de salud se necesita la inmolación y el dolor.
Mas cuando Jesús dijo: este es mi cuerpo, no ofreció únicamente el cuerpo virginal que tomo de María y que fue desgarrado en el Calvario, sino también su cuerpo místico, su Iglesia, la sangre de su  Iglesia,  por el misterio de su unión con Jesús, por e misterio de la sangre y el agua, de la unión estrechísima de Jesús y los hombres.     
El sacerdote de esta misa es el amor purismo, perfecto que lleno el corazón de Jesús y  que se vierte también en divino raudal en el alma transformada.
La esencia de esta misa son dos inmolaciones divinamente fundidas en una sola suprema inmolación, la de Jesús y la del alma, transformadas en una sola víctima que es Jesús, ofrecen a la gloria del Padre y a la felicidad de los hombres el opulento banquete de su amor y de su inmolación.
Los sufrimientos exteriores varían, las inmolaciones sensibles pasan, pero la inmolación interior es interminable, como es inextinguible el amor con que abarca todos los sacrificios en el abismo de su deseo y presenta TODO SU SER como víctima dulce e inmóvil a la soberana voluntad de Dios.
La vida del alma transformada en Jesús debe ser como la vida de Jesús, una misa no interrumpida; porque a cada instante debe ofrecer a Dios no solamente el pensa miento fugaz, la acción que pasa, el efímero latido del corazón, sino que en el móvil instante debe poner y ofrecer lo infinito y eterno, OFRECIENDO A JESUS y ofreciéndose a si misma en la plenitud de sus ser y de su vida. 
Los sacerdotes
Después de María  son la obra más perfecta de Dios. Son y deben ser su mismo Hijo por su transformación en Mí.
Los sacerdotes deben ser cristal transparente donde se refleje el Espíritu Santo, sobretodo para amar de la manera más perfecta. Amar al Padre, amarme a Mi con el Espíritu Santo.
Y esto lo alcanzan de la manera mas perfecta con su transformación en Mi. Reproducir a Jesús por la plena y completa transformación en El. Vivir su vida, ser su vivo retrato, propagar su conocimiento y su amor. Convertirse en víctimas por las almas que no lo conocen, por las que no lo aman, por los que le ofenden y sobretodo por los sacerdotes caídos.
Y todos son Yo en distintas escalas y jerarquías, porque mi Padre en el Papa me ve a Mí.
Y el Papa, extiende sus facultades a sus sacerdotes, que forman conmigo y con el, un solo Jesús salvador de las almas.
Y en la unidad de la Iglesia ve a todos los sacerdotes en Mi: Un solo Jesús, un solo Pastor, un solo Sacerdote, un único Salvador. Porque están injertados en Mi, Sacerdote Único; en Mi, que formo con ellos ante mi Padre un solo Sacerdote en el que ve a todos los sacerdotes.
Esta transformación no se realiza ni consuma sin la voluntad, el trabajo, el sacrifico y el amor de mis sacerdotes, que es lo que deseo. Necesita el sacerdote corresponder y entregarse generosamente a la acción posterior de la Santísima Trinidad, al trabajo constante del Espíritu Santo, dándose y entregándose sin volverse a tomar.
Imiten mi vida: Oren y padezcan contemplándome siempre en la Cruz y en la Eucaristía, porque en ellas está mi vida que deseo comunicarles en abundancia.
Si han sido infieles, si me han traicionado, ya no cuenta. Su fe, esperanza y caridad han borrado todo y  han crecido su confianza en Mi. su fe, su esperanza y su caridad han crecido tanto que ya no hay desconfianza, si acaso en si mismos. En razón de su transformación en mi  que trae desde la eternidad y desde su ordenación sacerdotal.
Que ya no tengan miedo ni de si mismos, porque como dijo Sta, Teresita: “Se ha que atenerme respecto del amor y la misericordia de mi Salvador”;  y hasta sus mismas faltas se convertirán en las manos de Dios  en instrumentos de su santificación.
Hay alguien que me ama  con amor solicito y eficaz, que me ama como si no hubiera  otro, que ha tenido misericordia de mi, que tiene en sus manos el mundo y que puede sacar el bien del mal, que si caigo me buscara hasta encontrarme, que hace que TODO coopere a alcanzar mi santificación, hasta  nuestros pecados que si los ha permitido es porque nos humillan y nos ayudan a conocer nuestra propia nada. Que puede darme la Paz, sello, resumen y anticipo de la Bienaventuranza eterna, que solo El nos puede dar, que nada ni nadie nos puede quitar. 

PARTICIPACIÓN DE LA CRUZ
¿ Que es la Cruz ?.
El peso abrumador de todos los pecados del mundo.
Hay 3 maneras de participar de la Cruz de Cristo: Llevando la nuestra, que es parte de la Cruz de Cristo. Llevando a las almas a la Cruz, guiándolas a la perfección más excelsa a orar y sacrificarse principalmente por los sacerdotes. Participando del dolor del Corazón de Cristo al conocer, venerar, estudiar y sentir sus dolores íntimos.
Hay en las almas tres clases de caídas: Las irreparables, otras de las cuales el Amor de Jesús levanta a las almas, otras que nos son pecado, sino humillación y anonadamiento, como humillarnos ante Dios por los que nos se humillan, humillarnos ante los pecadores para ganarlos para Jesús,  el olvido propio, el abandono en Dios última palabra del amor.
Jesús cayo abrumado por el dolor de las primeras, para reparar amorosamente las segundas, para premiar las terceras.
¿Que es clavar la Cruz en el corazón y el corazón en la Cruz?
Es el olvido propio abandonándose en las manos de Dios,  es la inmolación más pura y generosa a favor de otros, el anonadamiento perfecto, el olvido de si mismo para que otros se levanten, olvidar nuestros dolores para atender a los de los demás. Esta es la Caridad que el Espíritu Santo, cuyo foco es, comunica a las almas que son suyas.
Abandonándose para que los utilice cumplen su misión de ser retrato viviente de Jesús. Abandonándose para que los inmole cumplen la misiona de participar de su sacrificio. Abandonándose para que los ame cumplen su misión de manifestar las maravillas de su Amor.
No solo generosidad, no solo correspondencia, amor, confianza, entrega, abandono recibiendo cada día lo que Nuestro Señor nos de y  abrazando nuestras cruces de una en una para alcanzar como premio la Cruz Interna de su Corazón.


 La Resurrección 
      Una oblación espiritual es necesariamente una oblación del corazón. La de Jesús comenzó tomando nuestra carne frágil, débil y mortal. Ofreciendo plegarias y suplicas y respeto profundo a su Padre Celestial.
      Pero ningún hombre se encontraba en condición de realizar tal oblación. Cristo acogió en su Corazón humano la MOCIÓN INTERNA del Espíritu Santo y abrió al ser humano a al acción transformante de su Santo Espíritu, porque El no tenia ninguna necesidad de transformación personal y su Oblación Redentora la hizo por nosotrospara darnos “un corazón nuevo” por su Santo Espíritu y procurarnos así el acceso a Dios.
      Cristo Muerto y Resucitado tiene un Corazón nuevo que está a nuestra disposición. Gracias a su Corazón nuevo, centro y fuente de la Alianza NuevaSu Oblación es puramente Sacerdotal, es decir, destinada a procurarnos el acceso a Dios.
             
El  cuerpo resucita, hija*, en virtud de que Yo glorifique la carne con el contacto púrisimo de mi Divinidad
Nada de lo que toca la Divinidad, se destruye o perece, menos el hombre de quien el Verbo quiso tomar si misma substancia humana, su carne mortal, su materia misma.
Y mi Resurrección es la prenda segura de la resurrección de los cuerpos no por virtud propia como la mía, sino por virtud Mía.              
Solo que por el pecado original la carne tiene que tener esa transformación, diré, de gusano en mariposa, de disolución en milagro estupendo obrado por mi infinito poder; el de rehacerse con el Divino soplo, y volver a juntarse eternamente con el alma que le cupo en suerte, ya para salvarse o par condenarse eternamente según sus obras.
Que Amor del Padre al Verbo hecho carne, y en El, y por El a la humanidad salvada.
La Encarnación trajo la Redención y está la glorificación, par los cuerpos y para las almas.
Yo, hija*, por mis dolores rehabilité la carne manchada y corrompida. Yo le dí brillo con mi sangre, y la gloria Sempiterna, no solo al Alma, sino también al Cuerpo.
Mi carne inmaculada tomada por milagro de una inmaculada Virgen, es pura como ninguna, es santa y además glorificada con una gloria singular e incomparable en atención a sus voluntarios dolores con que expió los crímenes del mundo que se lavó con su sangre.
¿ Sabes cual es el fin de la Eucaristía entre muchos ?. Es la glorificación de los cuerpos para la resurrección. Nadie va al cielo sin la participación de mi misma substancia y por la asimilación con mi mismo ser, y la Eucaristía hija, es el mas poderoso medio para esta transformación, dejando en los cuerpos y en las almas que la reciben, con las debidas disposiciones, el germen de la inmortalidad para glorificación eterna.
·      Palabras de Jesús a Conchita Cabrera de Armida


LA PERFECTA ALEGRIA
       La obra maestra del Amor del Padre es Jesús crucificado,  el Hijo de sus eternas complacencias, en quien puso Dios la iniquidad de todos nosotros y entrego a una muerte de cruz por nuestros pecados.  
    Ahora, Dios quiere intervenir fuertemente en la restauración de este mundo que por alejarse de El, se ha corrompido. Esta renovación se efectuara por medio de sacerdotes transformados que hagan presente de nuevo a Jesús.
    Todos los embates del enemigo, solo servirán para formar el pedestal que levantara en lo alto a Jesús,  como lo levanto en la Cruz.
   Quiere Jesús que haya almas que lo sigan ofreciendo constantemente al Padre, con el mismo ardor, con las mismas intenciones con que El se ofreció constantemente al Padre. Quiere perpetuar de manera perfectísima  su Misa intima,  su "Misa del Corazón".
   Dios escogió a algunas almas que alcancen con sus sacrificios y principalmente por la participación de su Cruz Interna, esos sacerdotes transformados que iluminen, enciendan. Laven, santifiquen a las almas y renueven el mundo pro el Espíritu Santo y la Cruz. 
    En el alma que entrega a Jesús a favor de los pecadores, se repite como en un eco lejano lo que hizo el Padre. Entregar a su Hijo amado. Le pide que entregara al amado. Que lo entregue sacrificado al Padre. Que lo sacrifique místicamente para la salvación de las almas  que es también la gloria del Padre, el consuelo de Jesús, el descanso del Espíritu Santo y mas gloria, mayor belleza para el alma que así ama a Dios , mejor parecido con María que así sacrifico a Jesús por nosotros en su corazón inmaculado. 
  Les pide que lo crucifique,  que lo lleven en el crucificado, que así lo ofrezcan al Padre en su propio favor y en el de los pecadores. Que lo ofrezca crucificado al Padre celestial para dilatar el corazón de los sacerdotes, para expiar sus faltas.

        El amor del Padre debe producir el cielo y el infierno. De hecho lo ha producido: Da a los que aman la visión Beatifica.  Da el infierno a los que desprecian su amor.   Esos dos excesos se armonizan en el Corazón de Jesús. El como puede ser esto se oculta a nuestra miseria,  el porque es así, lo vislumbra nuestra fe: Dios puso en El la iniquidad de todos nosotros.
     Sin dejar de ser el Hijo de las eternas complacencias, Jesús es el responsable de todos los pecados del mundo. 
Como al Hijo de las complacencias le corresponde una Gloria Única. Como el responsable de los pecados del mundo, la justicia infinita lo hunde en los dolores de infierno.
En los réprobos el amor,  encontrando el odio indestructible, se trueca en castigo espantoso, en eterna desventura.  En el Corazón de Jesús, el amor justiciero y vengador encuentra pureza divina y amor inmenso y se convierte en Redención,  gloria y amor victorioso.
Si Dios pudiera sufrir, el Padre se hubiera  crucificado al entregar a su Hijo, Dios no puede sufrir, para eso el Verbo de Dios se hizo carne  y  Jesús y María y las almas si pueden sufrir, y  todo este mismo dolor esta unido en una misma inmolación que enlaza a esos corazones.   
 Pero este inmenso dolor es también la perfecta alegría, el anhelo cumplido, la glorificación del Padre, el consuelo de Jesús, el descanso del Espíritu Santo. La salvación para las almas, santificación para los sacerdotes y una peso de gloria inmensa para aquel a quien Dios regala con tan grande gracia.
     La fe le da la certeza de su presencia sin su divino contacto. Todo lo bueno es suyo, el alma no puede aportar más que su propia miseria y los pecados de los suyos.
Pero hay algo mas que hace inmensa la alegría que nace del dolor de perder sensiblemente a Jesús,  de prescindir de sus caricias,  de regalarlo a favor de otros, de no sentir su presencia y  de vivir sin nada en el mundo.  Aquel martirio que ella sufre es el de Jesús.  Es el misterioso abandono que Jesús experimento en el Calvario cuando exclamo "Padre porque me has abandonado".
     La alegría no brota ya de la presencia sensible del amado, de oír su voz, de percibir el perfume, el encanto de Jesús.  Brota ahora de la seguridad de su amor, de la certeza de su presencia, de su posesión, de lo inamisible de su unión.
     Si esta dentro de tu corazón, si esta unido de manera inamisible, si no se puede alejar de el porque lo sujetan los lazos de un amor indestructible. Si ese corazón lo posee plenamente, todas las tristezas del mundo y todos los dolores del infierno no podrán impedir la alegría, el gozo cumplido del mayor anhelo que lleva en su alma, que trueca su  dolor en alegría  que nada ni nadie le podrá arrebatar. Su intervención salvadora es el centro de su vida,  de su fe...   y de la historia. 


EL CIELO

 La eterna unión de la Trinidad de que participan los hijos de Dios. El cielo es Dios, es el premio que mi Padre me preparo por ser un Dios Redentor. Y las almas y los cuerpos se van al cielo a gozar del mismo premio que mi Padre me preparo. El cielo es el premio de la Redención brotado de la Fecundidad de amor del Padre en el Hijo. Es la glorificación del Padre por el Dios-Hombre con todos sus miembros místicos que completan, en cierto sentido, la Santa Humanidad del Dios-Hombre, del Hijo Unigénito del Padre con sus dos naturalezas.