sábado, 29 de abril de 2017

VEN ESPÍRITU SANTO

EL evangelizador es portavoz del Espíritu Santo, pero en realidad sólo es El Espíritu Santo quien  puede mover el corazón del  hombre.

Carta II de San Pablo a los Corintios 5,14-21. 
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él. 

Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. 
Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 
Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. 
El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. 
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. 
Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. 
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. 


Ven Espiritu Santo.
Ven a consumar la obra Santificadora de Jesús.
Tu lo llevaste de la mano para que hiciera todo lo que hizo para Redimir al mundo.
Tu continuas permanentemente moviendo los corazones par que reciban a Jesús y se salven.
Tu guías a su Iglesia para que continué su obra salvadora en todas partes y en todos los tiempos.
El Espíritu Santo no es invocado, el Espíritu Santo no es conocido,
el Espíritu Santo no es amado y El es el autor de nuestra santificación.
Ven Espíritu Santo a realizar un milagro mas grande que la resurrección de Lazaro.
Ven y realiza la consumada transformación de los sacerdotes en Jesús, para que Jesús que vuelva a estar presente en el mundo.
Que venga ya el Reinado Universal del Espíritu Santo. La consagración del mundo al Espíritu Santo, La consumada transformación de los sacerdotes en Jesús.
Que las conferencia Episcopales hagan la consagración de sus naciones al Espíritu Santo como lo hizo  ya México.
Que los sacerdotes hagan su consagración personal y la vivan.
Que tu y yo dediquemos nuestros pensamientos, nuestro trabajo, nuestra oración a lograr que
reine el Espíritu Santo, en los nuestros, en cada cristiano, en la Iglesia, en las naciones, en las almas, en el mundo entero.
Que un día allá en Roma el Santo Padre haga la consagración del mundo al Espíritu Santo para que por fin llegue al mundo el Reinado Universal del Espíritu Santo.


Si observamos atentamente los acontecimientos que siguieron a la muerte y resurrección de Cristo, veremos que María y los discípulos permanecieron ocultos en Jerusalen esperando el auxilio de lo alto que les prometió Jesús, hasta que 50 días después, en Pentecostes el Espíritu Santo invadió aquella primera comunidad  cristiana con sus dones.  El Espíritu es el primer don del Resucitado y se da en primer lugar para perdonar los pecados. 
El día de la Resurrección, Jesús se presento vivo y glorioso ante sus discipulados,  indudablemente primera a su Santísima Madre, aunque de esto no nos dicen nada los Evangelios, luego a las santa mujeres, a María Madgalena; después El en persona fue a detener a los discípulos de Emaus, que pasada el descanso obligatorio del sábado, incoaban ya la retirada, y les explica el misterio de su muerte, y los hace reconocerlo al partir el pan y llenos de alegría regresan sin temor a Jerusalen a dar la buena nueva a los otros discípulos que los reciben contándoles que Jesús se apareció a Pedro, al que lo había negado tres veces, a el fue a buscar primero para perdonarlo y devolverlo a a su primer puesto después de  sacarle tres confesiones de amor.
Al domingo siguiente, Jesús se presenta en el Cenaculo, donde estaban reunidos todos los Apóstoles a puerta cerrada, menos Tomas el incrédulo, ocho días después nuevamente va al Cenaculo y Tomas lo reconoce no solo como su Señor, sino también como su Dios: "Señor mio y Dios mio".
Después de Pentecostes, ya es otra cosa: El Espíritu Santo esta en los Apóstoles y en los oyentes, Pedro reprocha a los jefes del pueblo haber condenado a la muerte a un inocente, a Jesús a quien Dios resucito, y se siguen las conversiones a millares, aun entre algunos Escribas y Sacerdotes.
Notros también pasaremos estos días como los primeros discípulos, unidos a María, esperando al Espíritu Santo para que renueve entre nosotros las maravillas que obro al comienzo de la Iglesia y como en un nuevo Pentecostes lleguemos a ser una comunidad, una patria de la esperanza, del amor, de la alegría y de la paz.
Que el Espíritu Santo reine en nuestro corazón para que llenos de Dios vayamos por todas partes llenando de su fuego divino a nuestros hermanos.








JESÚS LA OBRA MAESTRA DEL ESPÍRITU .


PRIMERA PARTE.      EL ESPÍRITU  SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDA.


SEGUNDA   PARTE:   EL ESPÍRITU SANTO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.


TERCERA  PARTE:    EL ESPÍRITU SANTO EN LA FE DE LA IGLESIA.


CUARTA  PARTE:     LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LA PERSONA DE CRISTO.


QUINTA  PARTE:      LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LA IGLESIA Y EL MUNDO.


SEXTA  PARTE:         EL ESPÍRITU SANTO EN LA SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS.




A  LOS CATEQUISTAS.
Dios envía a quien El quiere:
Toda persona que se dedica seriamente a la evangelización, o a la formación religiosa de niños, jóvenes o adultos, lo hace porque habiendo oído el llamado del Señor: "¿A quien enviaré? ", Le ha contestado como Isaias: "Aquí estoy, envíame a mi."
Y el Señor, le ha tomado la palabra porque lo amaba, como a Jeremías  a quien ha dicho: " Antes de formarte en el seno materno, Yo ya te conocía; antes de que tu nacieras, Yo te consagré, y te destine a ser profeta de las naciones." Con frecuencia el evangelizador se siente inferior a su tarea, pero el Señor lo apoya. A Jeremías le dice: "No tengas miedo, yo estaré contigo para protegerte."  A Moisés le había dicho: Anda, yo pondré mis palabras en tu boca." Y a los apóstoles Jesús les dice: " Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo."
EL evangelizador es portavoz del Espíritu Santo, pero en realidad sólo es El Espíritu Santo quien  puede mover el corazón del  hombre. Y es Él quien hará brotar del evangelizador un manantial de agua viva, con una condición:  ir a Jesús, acercarse a Él,  hablarle de sus ovejas, confiar en Él,. Amarlo, seguirlo muy de cerca  y cumplirle con todas sus fuerzas.


PRIMERA PARTE.


EL ESPÍRITU  SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDA.


La Trinidad es una sola esencia y vida en Tres Personas unidas, identificadas, sublimadas y perfectisimas porque son AMOR


PADRE, HIJO Y  ESPÍRITU SANTO.
El Hijo pide al Padre que envíe al Espíritu Paráclito *, pero afirma además que vendrá después de su partida: "Si me voy os lo enviaré".* Así pues, el Padre envía al Espíritu Santo con el poder de su paternidad, al igual que ha enviado al Hijo.  Y al mismo tiempo lo envía con la fuerza de la redención realizada por Cristo.


Dios que es Amor Increado se convierte totalmente en don para nosotros por la efusión de su Espíritu que nos hace partícipes  de su misma vida.
Dándonos Dios su propio Espíritu, el Padre nos comunica el amor infinito con que el mismo ama a su Hijo. Y el Hijo el inmenso amor con que ha amado a sus hermanos. Este es el don supremo del Espíritu: la Caridad divina que nos hace gratos a Dios y herederos del cielo.

El Espíritu Santo viene después de Cristo Jesús y gracias a él,  para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia la obra salvadora  que el Padre encomendó a su propio Hijo. El Espíritu "dará testimonio" del Hijo y  "vosotros también daréis testimonio". En todo ello se descubren los lazos que unen recíprocamente al Padre,  al Hijo y al Espíritu Santo no sólo  en su propia vida divina, sino también en la obra de nuestra salvación.

*Jn. 14, 16 - 26.  *Jn. 16, 7.


UNA PERSONA AMOR.
Dios, en su vida íntima, " es Amor ", amor esencial, común a las tres Personas Divinas *.
El Espíritu Santo es la expresión personal de este ser-amor, de esta mutua donación de Dios a Dios: Dios Espíritu Santo amor increado por el que Dios existe como DON.
Dios es Amor, se dice pronto; pero en ese Dios amor y unidad, se encierran derivaciones infinitas, extensiones incalculables, hermosuras y venturas inenarrables, por ser AMOR.
Por tanto, ya se ve la grandeza y la sublimidad del Espíritu Santo que es la Persona del amor y la que procediendo del Padre y del Hijo,es, sin embargo, el amor y las delicias y la virginidad y la unidad entre el Padre y el Hijo.

En el seno de la Augusta Trinidad, el Espíritu  Santo es el amor personal entre el Padre y el Hijo,  el  amor mutuo entre las Personas Divinas, el intercambio de amor recíproco entre el Padre y su Hijo que en la vida íntima de Dios se hace enteramente DON.

El Señor es un pastor bueno, paciente, a veces severo, pero siempre misericordioso con su pueblo y con todos los humanos... severo porque nos ama, porque en Dios TODO  es Amor.
Por este Espíritu que es el don eterno,  Dios uno y Trino se abre al hombre
Mediante  la gracia que viene del Espíritu,  el hombre entra en  " una nueva vida ", es introducido en la realidad sobrenatural de la misma vida divina y llega a ser  " Santuario del Espíritu Santo ",  " Templo vivo de Dios " *.  En efecto , por el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo vienen al hombre y  ponen en él su morada *. A su vez,  el soplo oculto del Espíritu divino hace que el espíritu humano se abra a la acción salvifica y santificante de Dios.
*1a. Jn. 4, 8. 16   * Rom 8, 9   1a. Cor. 6, 19.  * Jn. 14, 23



CONTINUADOR DE LA MISIÓN DE CRISTO.
El Espíritu de la verdad,  no hablará por su cuenta, os " enseñará " y  " recordará " todo lo que Cristo hizo y enseño ". " Él dará testimonio de mí. "   Y  " os guiará hasta la verdad completa ",  " El os anunciará lo que ha de venir ".
De este modo se realiza un nuevo inicio de la comunicación de Dios Uno y Trino en el Espíritu Santo,  por obra de Jesucristo Redentor del hombre y del mundo  continuando incesantemente por ministerio de  la Iglesia la presencia histórica del Redentor sobre la tierra y su obra salvífica.
La suprema y completa auto revelación de Dios, que se ha realizado en Cristo, atestiguada por los Apóstoles,  sigue manifestándose en la Iglesia mediante la misión del Espíritu de Verdad que viene para quedarse desde el día de Pentecostés con los Apóstoles,  para estar con la Iglesia  y por medio de ella en el mundo, por la cual el Espíritu Santo actúa en la historia del hombre como  " otro Paráclito ",  asegurando de modo permanente la transmisión y la irradiación de la Buena Nueva revelada por Jesús de Nazaret.


HECHOS CAPITULO 1
Promesa del Espíritu Santo.
1. He hablado en mi primer libro, ¡oh Teófilo!, De todo lo más notable que hizo y enseñó Jesús, desde su principio,. hasta el día en que fue recibido en el cielo, después de haber instruido por el Espíritu Santo a los apóstoles, que él había escogido. A los cuales se había manifestado también después de su pasión, dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles en el espacio de cuarenta días, y hablándoles de las cosas tocantes al reino de Dios.
4. Y por último, comiendo con ellos, les mandó que no partiesen de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, la cual, dijo, oísteis de mi boca , Juan bautizó con el agua, mas vosotros habéis de ser bautizados, o bañados, en el Espíritu Santo dentro de pocos días.
6. Entonces los que se hallaban presentes, le hicieron esta pregunta: Señor, ¿si será éste el tiempo en que has de restituir el reino a Israel?  A lo cual respondió Jesús: No os corresponde a vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el Padre reservados a su poder soberano;   recibiréis, sí, la virtud del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y me serviréis de testigos en Jerusalén, y en toda la Judea, y Samaria, y hasta el cabo del mundo.


*4. Jn 14, 16-26.




HECHOS CAPITULO 2
Venida del Espíritu Santo.


1. Al cumplirse, pues, los días de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar,   cuando de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento impetuoso que soplaba, y llenó toda la casa donde estaban.  Al mismo tiempo vieron aparecer unas como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos.  Entonces fueron llenados todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas las palabras que el Espíritu Santo ponía en su boca.


Primer  Discurso de Pedro
5. Había a la sazón en Jerusalén, judíos piadosos, y temerosos de Dios, de todas las naciones del mundo. Divulgado, pues, este suceso, acudió una gran multitud de ellos, y quedaron atónitos, al ver que cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua.  Así pasmados todos, y maravillados se decían unos a otros: ¿Por ventura estos que hablan, no son todos galileos, rudos e ignorantes? . Pues ¿cómo es que los oímos cada uno de nosotros hablar nuestra lengua nativa? , se decían unos a otros: ¿Qué novedad es ésta? . Pero hubo algunos que se mofaban de ellos.


HECHOS   CAPITULO 4
Los apóstoles confiesan la fe de Jesucristo. Se les manda que no prediquen


1. Mientras ellos estaban hablando al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes con el magistrado o comandante del templo y los saduceos,  no pudiendo sufrir que enseñasen al pueblo, y predicasen en la persona de Jesús la resurrección de los muertos.  Y habiéndose apoderado de ellos, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente: porque ya era tarde.


4. Entretanto muchos de los que habían oído la predicación de Pedro, creyeron; cuyo número llegó a cinco mil hombres.  Al día siguiente se congregaron en Jerusalén los jefes o magistrados, y los ancianos, y los escribas,  con el pontífice Anás y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal;
y haciendo comparecer en medio a los apóstoles, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en nombre de quién habéis hecho esa acción?.


Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió:
Príncipes del pueblo, y vosotros ancianos de Israel, escuchad: Ya que en este día se nos pide razón del bien que hemos hecho a un hombre tullido, y que se quiere saber por virtud de quién ha sido curado, declaramos a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que la curación se ha hecho en nombre de nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y Dios ha resucitado. En virtud de tal nombre se presenta sano ese hombre a vuestros ojos.  Este Jesús es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual ha venido a ser la principal piedra del ángulo. Fuera de él no hay que buscar la salvación en ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos.


31. Acabada esta oración, tembló el lugar en que estaban congregados; y todos se sintieron llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con firmeza la palabra de Dios. . Toda la multitud de los fieles tenía un mismo corazón y una misma alma; ni había entre ellos quien considerase como suyo lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Los apóstoles con gran valor daban testimonio de la resurrección de Jesucristo Señor nuestro; y en todos los fieles resplandecía la gracia con abundancia.


34. Así es que no había entre ellos persona necesitada; pues todos los que tenían posesiones o casas, vendiéndolas, traían el precio de ellas,  y lo ponían a los pies de los apóstoles; el cual después se distribuía según la necesidad de cada uno.


HECHOS CAPITULO 5
El Espíritu Santo es el Testigo de Cristo.
5. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?. Jesucristo es el que vino a lavar nuestros pecados con agua y sangre, no vino con el agua solamente, sino con el agua y con la sangre.
6. Y el Espíritu es el que testifica que Cristo es la misma verdad.  Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: El Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y éstos tres son una misma cosa.

8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: El espíritu y el agua, y la sangre;  y estos tres testigos son para confirmar una misma cosa.


LOS MINISTERIOS Y CARISMAS SON PARA EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA.


HECHOS   CAPITULO 6
Elección de los siete diáconos. Esteban hace grandes milagros y se levantan contra él los judíos
1. Por aquellos días, creciendo el número de los discípulos, se suscitó una queja de los judíos griegos contra los judíos hebreos, o nacidos en el país, porque no se hacía caso de sus viudas en el servicio o distribución del sustento diario. En atención a esto, los doce apóstoles, convocando a todos los discípulos, les dijeron: No es justo que nosotros descuidemos la predicación de la palabra de Dios, por tener cuidado de las mesas:  por tanto, hermanos, nombrad de entre vosotros siete sujetos de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de inteligencia, a los cuales encarguemos este ministerio.


4. Y con esto podremos nosotros emplearnos enteramente en la oración y en la predicación de la palabra divina.  Pareció bien esta propuesta a toda la asamblea; y así nombraron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás prosélito antioqueno.
Lo presentaron a los apóstoles, los cuales, haciendo oración, les impusieron las manos.


8. Mas Esteban, lleno de gracia y de fortaleza, obraba grandes prodigios y milagros entre el pueblo   Se levantaron, pues, algunos de la sinagoga llamada de los libertinos, o libertos, y de las sinagogas de los cireneos, de los alejandrinos, de los cilicianos y de los asiáticos, y trabaron disputas con Esteban,  pero no podían contrarrestar a la sabiduría y al Espíritu que hablaba en él *. Entonces sobornaron a algunos que dijesen haberlo oído proferir blasfemias contra Moisés y contra Dios. Con eso alborotaron a la plebe y a los ancianos, y a los escribas, y echándose sobre él, le arrebataron y trajeron al concilio,  y produjeron testigos falsos que afirmasen: Este hombre no cesa de proferir palabras contra este lugar santo y contra la ley;


*10. Mat 10, 20.





EL AMOR REDENTOR.
Solo el Evangelio da a conocer con perfecta claridad, que la nueva alianza, simbolizada por la de Moisés y  apenas predicha por Jeremías, es aquella misma que estableció y llevó a la práctica el Verbo Encarnado, mereciéndonos El Don del Espíritu Santo y  con Él su  Gracia Divina.
En efecto, el misterio de la divina redención es, ante todo, y por su propia naturaleza, un misterio de amor: Un misterio de amor solidario de la augusta Trinidad y del Divino Redentor hacia la humanidad entera, a quien quiso salvar siendo ésta del todo incapaz de Ofrecer a Dios una satisfacción condigna por sus propios delitos.  Un misterio de amor misericordioso del parte del Padre "Que tanto amó al mundo que le dió a su Hijo".
De amor justo de parte del Hijo para con su Padre y  lleno de misericordia para con nosotros  cuando ofreció con un corazón amante y obediente el sacrificio de la cruz  como satisfacción sobreabundante e infinita  por los pecados del género humano.



EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN.
Tres cosas hay que no pudo hacer Dios  más bellas, más perfectas, dice Santo Tomás: La felicidad eterna del cieloDonación definitiva, plena total, inamisible y eterna de Dios a su criatura. Posesión gozosa, definitiva  inamisible y eterna del mismo Dios;  La humanidad sacratísima de Jesús que tuvo por Arquitecto al Espíritu Santo y a MaríaY la maternidad santísima de María.
El día más glorioso de la historia, la plenitud de los tiempos, el día dichoso en que se junta el cielo con la tierra, Dios se hace hombre en el seno virginal de María por obra del Espíritu Santo: un hombre, Cristo Jesús, recibe corporalmente la plenitud de la divinidad;  una mujer,  María la llena de gracia, es constituida verdadera madre de Dios,  y como ella, también nosotros sus hijos somos engendrados a la vida eterna.
La Encarnación del  Hijo de Dios,  la Maternidad divina de la Sma. Virgen María que se extiende hasta nosotros como nuevos hijos y nuestra santificación  y glorificación personal, son las tres grandes obras del Espíritu Santo para nuestra salvación .

La suprema gracia - " la gracia de la unión "-, fuente de todas las demás gracias es la concepción y el nacimiento de Jesucristo por obra del Espíritu Santo, quien   " cubrió con su sombra "  el cuerpo virginal de María,  realizando el misterio de la unión de la naturaleza humana de Jesús con su naturaleza divina en la unidad de la única Persona  el Verbo de Dios. La obra más grande  realizada por el Espíritu Santo en la historia de la creación y de la salvación.

* El " Primogénito de toda la creación ", el Verbo de Dios, segunda Persona de la Santísima Trinidad, al encarnarse en la humanidad individua de Cristo Jesús, une en cierto modo a  la humanidad entera,  "a toda carne" a la realidad sobrenatural de la vida divina ;  La unión con Dios aquí en la tierra  por la gracia que procede del Espíritu Santo la llama a la vida nueva llena de frutos de salvación que le ha de conducir finalmente a la posesión  eterna de Dios.
Y  el hombre, elevado a al condición superior de hijo de Dios, por su participación en el misterio de Cristo,  asume  también  todo el mundo visible y material para devolverlo transformado a Dios. De esta manera, la creación es completada por la Encarnación e impregnada desde entonces por la fuerza de la redención que abarca la humanidad y todo lo creado.


*  Col. 1, 15


RECONCILIACIÓN ENTRE LA DIVINA JUSTICIA Y LA DIVINA MISERICORDIA.


El Divino Redentor, en su calidad de legítimo y perfecto mediador nuestro, movido por aquella caridad ardentísima que le hizo tomar muestra propia carne, habiendo conciliado las obligaciones y los compromisos del género humano con los derechos de Dios, ha sido, sin duda, el autor de aquella maravillosa reconciliación entre la divina justicia y la divina misericordia que constituye el misterio insondable de nuestra salvación: "Dios, que es rico en misericordia, movido del excesivo amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por los pecados, nos dio vida juntamente en Cristo". *

El Hijo unigénito de Dios tomó la naturaleza pasible y mortal con la mira puesta principalmente en el sacrificio cruento de la cruz, que El deseaba ofrecer con el fin de cumplir la obra de salvación del hombre. "Porque el que santifica, y los santificados, todos traen de uno su origen. Por cuya causa no desdeña de llamarnos hermanos diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos." Y también: "Henos aquí, Yo y mis hijos, que Dios me ha dado."* Y por cuanto los hijos tienen comunes la carne y la sangre, El también participó de las mismas cosas:  Unió a su divina Persona una naturaleza humana individua, íntegra y perfecta, concebida en el seno purísimo de María Virgen por virtud del Espíritu Santo. *
*Ef. 2, 4.  *Heb. 2, 11- 14  * Luc. 1, 35


FILIACIÓN DIVINA Y ESPÍRITU SANTO.
La filiación adoptiva nace en los hombres sobre la base de la Encarnación del Hijo de Dios, gracias a Cristo el eterno Hijo de Dios, pero el nacimiento, o el nacer de nuevo,  tiene lugar cuando Dios Padre  " Ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo ". * Entonces, realmente recibimos un Espíritu de hijos que nos hace exclamar: " ¡ Abbá ! ¡ Padre !. Por tanto, aquella filiación divina insertada en el alma humana con la gracia santificante, es obra del Espíritu Santo.
" Hijos de Dios " son, en efecto,  como enseña el Apóstol San. Pablo * " los que son guiados por el Espíritu de Dios ". El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si hijos también herederos de Dios, Coherederos de Cristo.
La Gracia Santificante que el  Espíritu Santo infunde en nuestra alma es el principio y la fuente de la nueva vida, vida divina  y sobrenatural de verdaderos hijos de Dios.  


* Gal. 4, 6;    Rom.  5, 5; !a. Cor.  1, 22. * Rom. 8, 14 - 16


EL DON DEL ESPÍRITU SANTO.
A los diez días de la gloriosa Asunción del Señor a la diestra del Padre, el DON  del Padre prometido por Cristo Jesús a sus discípulos, bajó sobre ellos, cuando estaban reunidos en el cenáculo, según la promesa que les hiciera en la última cena: " Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador para que esté con vosotros eternamente." * El Espíritu Paráclito,  siendo el Amor mutuo y personal,  con el que el Padre ama a su Hijo y el Hijo ama a su  Padre, es fruto y regalo de ambos.
El Espíritu Santo enviado a los discípulos bajo forma de lenguas de fuego infundió en ellos la abundancia de la caridad divina y los demás carismas celestiales, dio a los Apóstoles y a los mártires aquella fortaleza heroica  con que lucharon para  predicar la verdad evangélica y atestiguarla con su sangre.
Esta divina caridad que redunda del corazón del Verbo Encarnado, se difunde por obra del Espíritu Santo en las almas de todos los creyentes: Ella dió a los Doctores de la Iglesia aquel celo intenso por ilustrar y defender la fe católica. Ella alimentó las virtudes de los Confesores para llevar a cabo obras admirables por la salud eterna y temporal del prójimo. Ella persuadió a las vírgenes a renunciar a los goces de la tierra y consagrase enteramente al amor del Esposo celestial.


*Jn. 14, 16 


EL ESPÍRITU  GUÍA A LA IGLESIA Y AL MUNDO.
La era de la Iglesia empezó con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en  el cenáculo de Jerusalén, junto con María la madre del Señor. * El Guía a la Iglesia a toda la verdad, la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos, la renueva y rejuvenece incesantemente con la fuerza del Evangelio y la conduce a la unión consumada con su Esposo. * El Espíritu habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de su adopción como hijos.
La comunidad Cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo son guiados por El Espíritu Santo en su peregrinar hacia el Padre y han recibido la Buena Nueva de la Salvación para comunicarla a todosLa Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano, de su historia.
Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los elementos terrenos.
El Espíritu de Dios... con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra. *


*Hech. 1, 14   * Lum. Gen. n. 4;  G. Spes  n 1, 41, 26


MARÍA Y EL ESPÍRITU SANTO.
" Dichosa tú, la que has creído ", porque se cumplirán las cosas que te fueron dichas de parte de, el Señor:  " He aquí que concebirás y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús." " El Espíritu  Santo te cubrirá con su sombra y lo que de tí nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios "
El Espíritu  Santo, que cubrió con su sombra  el cuerpo virginal de María dando comienzo en ella a la  maternidad divina, al mismo tiempo hizo que su corazón, lleno de gracia, fuera  perfectamente obediente a aquella voluntad santísima que Dios tan admirablemente le había manifestado.
" ¡ Feliz la que has creído ! " Así es saludada María por su parienta Isabel, que también estaba  " llena de Espíritu Santo ". María entró en la historia de la salvación del mundo mediante la obediencia de la fe. Y la fe en su esencia más  profunda, es la apertura del corazón humano al don de Dios,   la  generosa oblación incondicional de su persona al plan salvífico de Dios, como " la esclava del Señor ", que aceptaba totalmente su voluntad y la hacia toda suya.





SEGUNDA PARTE.
EL ESPÍRITU SANTO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.


EL AMOR ENTRE DIOS Y SU PUEBLO ESCOGIDO.


Su Santidad Pio XII, en su Encíclica  Haurietis Aquas,  nos dice:  El Antiguo y Nuevo Testamento contienen la revelación y descripción de la Caridad infinita de Dios para con el Genero humano, cuya sublime grandeza jamás podremos escudriñar suficientemente.
No juzgamos necesario, prosigue, aducir muchos textos del Antiguo Testamento, en los cuales se contienen las primeras verdades reveladas por Dios, sino que creemos bastará recordar el pacto entre Dios y el pueblo elegido, cuyas leyes fundamentales, esculpidas en dos tablas, promulgó Moisés e interpretaron los Profetas. Este pacto no se basaba solo en el supremo dominio de Dios y en la debida obediencia de parte del hombre, sino que se consolidaba y vivificaba  con los más nobles motivos del amor. "Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor, Amarás, pues, al Señor tu Dios  con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza."


EL AMOR DE DIOS EN LOS PROFETAS MAYORES.
Moisés y los Profetas Mayores, comprendieron muy bien que toda ley se basa en este mandamiento del amor y describieron las relaciones todas entre Dios y su nación, recurriendo a semejanzas sacadas del amor recíproco entre padre e hijos, o entre esposos.
Así por ejemplo el mismo Moisés en su célebre cántico por la liberación de su pueblo de la servidumbre de Egipto, recurre a estas conmovedoras expresiones: " Como el águila provoca a sus polluelos a alzar el vuelo y encima de ellos revolotea,  así  Dios extendió sus alas  y acogió a Israel y lo llevo sobre sus hombros"


*Deut. 32, 11.


EL AMOR DE DIOS EN LOS PROFETAS MENORES.
Ninguno, tal vez, entre los profetas expresa y descubre tan clara y ardientemente como Óseas el amor constante de Dios hacia su pueblo:  " Cuando Israel era niño Yo le amé; y de Egipto llamé a mi hijo...  Yo enseñe a andar a Efrain; lo tome en mis brazos. Más ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Con cuerdas humanas los atraeré,  con lazos de amor... Sanaré sus rebeldías; les amaré generosamente, pues mi ira se ha apartado de ellos."
Se describe a Dios amando a su pueblo escogido con un amor justo y lleno de solicitud, como el de un padre lleno de misericordia o un esposo herido en su honor,  que lejos de decaer a la vista de monstruosas infidelidades y traiciones,  las castiga si,  como merecen,  no para abandonarlos a sí mismos sino para purificar a la esposa alejada y a los hijos ingratos y una vez renovados y confirmados los vínculos de amor  volverlos a unir de nuevo consigo.


Oseas 11, 1- 4;  14, 5-6


EXPRESIONES DE ISAIAS  y  JEREMÍAS.
" ¿ Puede acaso una mujer olvidar a su pequeñuelo de manera que nos se apiade del hijo de sus entrañas?. Aunque esta se olvidara, yo no me olvidaré de tí."
" Te he amado con amor eterno; por eso te he atraído a Mí lleno de misericordia. He aquí que vienen días, afirma el Señor, en que pactaré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva: Este será el pacto que Yo concertaré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo...; Porque perdonaré su culpa y no recordaré más sus pecados."


Is. 49, 14,15.
Jer. 31, 3,  31-34.



HECHOS   CAPITULO 8
Saulo persigue a la Iglesia. El diácono Felipe hace mucho fruto en Samaria, a donde son enviados Pedro y Juan


1. Por aquellos días se levantó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén, y todos los discípulos, menos los apóstoles, se dispersaron por varios distritos de Judea, y de Samaria.
3. Entretanto Saulo iba desolando la Iglesia, y entrándose por las casas, sacaba con violencia a hombres y mujeres, y los hacía meter en la cárcel. Pero los que se habían dispersado andaban de un lugar a otro, predicando la palabra de Dios. Entre ellos Felipe, habiendo llegado a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y era grande la atención con que todo el pueblo escuchaba los discursos de Felipe, oyéndole todos con el mismo fervor, y viendo los milagros que obraba.
15.  Sabiendo, pues, los apóstoles, que estaban en Jerusalén, que los samaritanos habían recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos en llegando, hicieron oración para que recibieran el Espíritu Santo. Entonces les imponían las manos, y luego recibían al Espíritu Santo.


18. Habiendo visto, pues, Simón, que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí esa potestad, para que cualquiera a quien imponga yo las manos, reciba al Espíritu Santo. Mas Pedro le respondió:  Perezca tu dinero contigo; pues has juzgado que se alcanzaba por dinero el don de Dios.  No puedes tú tener parte, ni cabida en este ministerio; porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.


Felipe y el funcionario Etíope
26. Mas un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Parte, y ve hacia el mediodía, por la vía que lleva de Jerusalén a Gaza; la cual está desierta. Partió luego Felipe, y se fue hacia allá. Y he aquí que encuentra a un etíope, eunuco, gran valido de Candace, reina de los etíopes, y superintendente de todos sus tesoros, el cual había venido a Jerusalén a adorar a Dios;  y a la sazón se volvía, sentado en su carruaje, y leyendo al profeta Isaias.  Entonces dijo el espíritu a Felipe: Date prisa y arrímate a ese carruaje.   Acercándose, pues, Felipe, a toda prisa, oyó que iba leyendo en el profeta Isaias, y les dijo: ¿Te parece a ti que entiendes lo que vas leyendo? . ¿Cómo lo he de entender, respondió él, si alguno no me lo explica? Rogó, pues, a Felipe que subiese, y tomase asiento a su lado.
32. *El pasaje de la Escritura que iba leyendo, era éste: Como oveja fue conducido al matadero: y como cordero que está sin balar en manos del que le trasquila, así él no abrió su boca.
Entonces Felipe, partiendo de este texto, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús.  Siguiendo su camino, llegaron a un paraje en que había agua; y dijo el eunuco: Aquí hay agua: ¿qué impedimento hay para que yo sea bautizado? . Ninguno, respondió Felipe, si crees de todo corazón. A lo que dijo el eunuco: Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.  Y mandando parar el carruaje, bajaron ambos, Felipe y el eunuco, al agua, y Felipe le bautizó.  Así que salieron del agua el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y no le vio más el eunuco; el cual prosiguió su viaje rebosando de gozo.
40. Felipe de repente se halló en Azoto, y fue anunciando la buena nueva a todas las ciudades por donde pasaba, hasta que llegó a Cesarea.


*32. Is 53, 7.

EL ESPÍRITU CONVOCA A LA IGLESIA Y LA ENVÍA A PREDICAR EL EVENGELIO.


Hechos de los Apóstoles 9,31-42. 
La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo. 
Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida. 
Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años. 
Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama". El se levantó en seguida, 
y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor. 
Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas. 
Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba. 
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. 
Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas. 
Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. 
El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida. 
La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor. 



HECHOS  CAPITULO 13
Saulo y Bernabé son enviados por el Espíritu Santo a predicar a los gentiles. Conversión de Paulo
1. Había en la iglesia de Antioquía varios profetas y doctores, de cuyo número eran Bernabé, y Simón, llamado el Negro, y Lucio de Cirene, y Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Mientras estaban un día ejerciendo las funciones de su ministerio delante del Señor, y ayunando, les dijo el Espíritu Santo: Separadme a Saulo y a Bernabé para la obra a que los tengo destinados.


3. Y después de haberse dispuesto con ayunos y oraciones, les impusieron las manos y los despidieron.  Ellos, pues, enviados así por el Espíritu Santo fueron a Seleucia; desde donde navegaron a Chipre.  Y llegados a Salamina, predicaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, teniendo consigo a Juan, que les ayudaba, como diácono.


6. Recorrida toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto judío, mago y falso profeta, llamado Barjesús,
el cual estaba en compañía del procónsul Sergio Paulo, hombre de mucha prudencia. Este procónsul habiendo hecho llamar a sí a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.
Pero Elimas, o el mago (que eso significa el nombre Elimas) se les oponía, procurando apartar al procónsul de abrazar la fe. Mas Saulo, que también se llama Pablo, lleno del Espíritu Santo, clavando en él sus ojos, le dijo: ¡Oh hombre lleno de toda suerte de fraudes y embustes, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás nunca de procurar trastornar o torcer los caminos rectos del Señor?.  Pues mira: Desde ahora la mano del Señor descargará sobre ti, y quedarás ciego sin ver la luz del día, hasta cierto tiempo. Y al momento densas tinieblas cayeron sobre sus ojos, y andaba buscando a tientas quien le diese la mano.


Predicación de Pablo ante los judíos
16. Entonces Pablo, puesto en pie, y haciendo con la mano una señal pidiendo atención, dijo: ¡Oh israelitas, y vosotros los que teméis al Señor, escuchad!
46. "Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la palabra de Dios; pero ya que la rechazáis, vosotros mismos no os juzgáis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los gentiles. Al oír esto los gentiles se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor.
50. Pero los judíos incitaron a mujeres distinguidas que adoraban a Dios y a los principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y los echaron de su territorio. Estos sacudieron el polvo de sus pies y se fueron a Iconio. Y los discípulos quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo.



 

HECHOS   CAPITULO 11
Propagación de la buena nueva en Antioquía, a donde es enviado Bernabé, que conduce allí a Saulo


1. Supieron los apóstoles y los hermanos o fieles de Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
5. Estaba yo en la ciudad de Jope en oración, y vi en éxtasis una visión de cierta cosa que iba descendiendo, a manera de un gran lienzo descolgado del cielo por las cuatro puntas, que llegó junto a mí.
Mirando con atención, me puse a contemplarle, y le vi lleno de animales cuadrúpedos terrestres, de fieras, de reptiles y volátiles del cielo.  Al mismo tiempo oí una voz que me decía: Pedro, levántate, mata, y come. Yo respondí: De ningún modo, Señor, porque hasta ahora no ha entrado jamás en mi boca cosa profana o inmunda.  Mas la voz del cielo, hablándome segunda vez, me replicó: Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro.


10. Esto sucedió por tres veces; y luego todo aquel aparato fue recibido otra vez en el cielo. Pero en aquel mismo punto llegaron a la casa en que estaba yo hospedado tres hombres, que eran enviados a mí de Cesarea.  Y me dijo el Espíritu que fuese con ellos sin escrúpulo alguno.
Vinieron así mismo estos seis hermanos que me acompañan y entramos en casa de aquel hombre que me envió a buscar.  El cual nos contó cómo había visto en su casa a un ángel, que se le presentó y le dijo: Envía a Jope, y haz de venir a Simón, por sobrenombre Pedro,  quien te dirá las cosas necesarias para tu salvación y la de toda tu familia.


15. Habiendo yo, pues, empezado a hablar, descendió el Espíritu Santo sobre ellos, como descendió al principio sobre nosotros.
16. Entonces me acordé de lo que decía el Señor: Juan a la verdad ha bautizado con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
Pues si Dios les dio a ellos la misma gracia, y del mismo modo que a nosotros, que hemos creído en Nuestro Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme al designio de Dios?.  Oídas estas cosas, se aquietaron, y glorificaron a Dios, diciendo: luego también a los gentiles les ha concedido Dios la penitencia para alcanzar la vida.


21. Y la mano de Dios los ayudaba, por manera que un gran número de personas creyó y se convirtió al Señor.  Llegaron estas noticias a oídos de la Iglesia de Jerusalén; y enviaron a Bernabé a Antioquía. Llegado allá, y al ver los prodigios de la gracia de Dios, se llenó de júbilo; y exhortaba a todos a permanecer en el servicio del Señor con un corazón firme y constante.  Porque era Bernabé varón perfecto, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así fueron muchos los que se agregaron al Señor.
25. De aquí partió Bernabé a Tarso, en busca de Saulo; y habiéndole hallado, le llevó consigo a Antioquía, en cuya Iglesia estuvieron empleados todo un año; e instruyeron a tanta multitud de gentes, que aquí en Antioquía fue donde los discípulos empezaron a llamarse cristianos.



EL ESPÍRITU SANTO COMUNICA LA VIDA DE CRISTO A LOS CREYENTES.

1A. PEDRO  CAPITULO 1


Exhortación a los fieles a la pureza de vida, recordándoles que han sido redimidos con la sangre de Jesucristo


1. Pedro, apóstol de Jesucristo, a los judíos que viven fuera de su patria, dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia Menor y Bitinia,  elegidos según la previsión,  de Dios Padre, para ser santificados del Espíritu Santo, y obedecer a Jesucristo, y ser rociados con su sangre, muchos aumentos de gracia y de paz.
Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha regenerado con una viva esperanza de vida eterna, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,  para alcanzar algún día una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, y que es inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,  a quienes la virtud de Dios conserva por medio de la fe para haceros gozar de la salud, que ha de manifestarse claramente en los últimos tiempos.
Esto es lo que debe transportaros de gozo, si bien ahora por poco tiempo conviene que seáis afligidos con varias tentaciones, para que vuestra fe probada de esta manera y mucho más acendrada que el oro (que se acrisola con el fuego) se halle digna de alabanza, de gloria y de honor en la venida manifiesta de Jesucristo para juzgaros;  a quien amáis, sin haberle visto; en quien ahora igualmente creéis, aunque no lo veis; mas porque creéis os alegraréis con júbilo indecible y colmado de gloria,  alcanzando por premio de vuestra fe la salud de vuestras almas.


10. De la cual salud tanto inquirieron e indagaron los profetas, los cuales pronunciaron la gracia que había de haber en vosotros,  escudriñando para cuándo o para qué punto de tiempo se lo daba a entender el Espíritu de Cristo que tenían dentro, cuando les predecía los tormentos que padeció Cristo y las glorias que le seguirían.  A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para vosotros administraban, o profetizaban, las cosas que ahora se os han anunciado, por medio de los que os predicaron la buena nueva, habiendo sido enviado del cielo el Espíritu Santo, en cuyas cosas o misterios los ángeles mismos desean penetrar con su vista.


1A. CORINTIOS  CAPITULO 12
La variedad de dones que el Espíritu Santo distribuye entre los fieles para utilidad de la Iglesia


1. Mas en orden a los dones espirituales no quiero, hermanos míos, que estéis ignorantes.
Bien sabéis vosotros que cuando erais paganos, os ibais en pos de los ídolos mudos, según erais conducidos.  Ahora, pues, yo os declaro que ningún verdadero profeta, ningún hombre que habla inspirado de Dios, dice anatema a Jesús. Ni nadie puede confesar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo.


4. Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas el Espíritu es uno mismo.
Hay también diversidad de ministerios, mas el Señor es uno mismo.
Hay así mismo diversidad de operaciones sobrenaturales, mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos.
Pero los dones visibles del Espíritu Santo se dan a cada uno para la utilidad de todos *.
Así el uno recibe del Espíritu Santo el don de hablar con profunda sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu el don de hablar con mucha ciencia;  a éste le da el mismo Espíritu una fe o confianza extraordinaria; al otro la gracia de curar enfermedades por el mismo Espíritu;  a quién el don de hacer milagros, a quién el don de profecía, a quién discreción de espíritus, a quién don de hablar varios idiomas, a quién el de interpretar las palabras, o razonamientos.  Más todas estas cosas las causa el mismo indivisible Espíritu, repartiéndolas a cada uno según quiere.  Porque así como el cuerpo humano es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros, con ser muchos, son un solo cuerpo, así también el cuerpo místico de Cristo.


*. Los carismas o dones son dados por Dios para el bien común de la Iglesia y según las necesidades de ésta.


13. A cuyo fin todos nosotros somos bautizados en un mismo Espíritu para componer un solo cuerpo, ya seamos judíos, ya gentiles, ya esclavos, ya libres; y todos hemos bebido un mismo Espíritu.
Que ni tampoco el cuerpo es un solo miembro, sino el conjunto de muchos.  Si dijere el pie: Pues que no soy mano, no soy del cuerpo, ¿dejará por eso de ser del cuerpo? . Y si dijere la oreja: Pues que no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿dejará por eso de ser del cuerpo? . Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?  . Mas ahora ha puesto Dios en el cuerpo muchos miembros, y los ha colocado en él como le pareció.  Que si todos fuesen un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
20. Por eso ahora, aunque los miembros sean muchos, el cuerpo es uno.  Ni puede decir el ojo a la mano: No necesito tu ayuda; ni la cabeza a los pies: No me sois necesarios.  Antes bien aquellos miembros que parecen los más débiles del cuerpo, son los más necesarios.
26. Por donde si un miembro padece, todos los miembros se compadecen, y si un miembro es honrado, todos los miembros gozan con él. Vosotros, pues, sois el cuerpo místico de Cristo, y miembros unidos a otros miembros.



EL ESPÍRITU  QUE SANTIFICO LA NATURALEZA HUMANA DE JESÚS,  EN EL SENO VIRGINAL DE MARÍA, ES EL MISMO QUE VIVE Y OBRA EN LA IGLESIA.


LUCAS  CAPITULO 1
El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista y el de Jesús, Hijo de Dios. Visita María a su prima Isabel


5. Siendo Herodes rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, de la familia sacerdotal de Abía, una de aquellas que servían por turno en el templo, cuya mujer, llamada Isabel, era igualmente del linaje de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios, guardando, como guardaban, todos los mandamientos y leyes del Señor irreprensiblemente,   y no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y ambos de avanzada edad.
Sucedió, pues, que sirviendo él las funciones del sacerdocio en orden al culto divino, por su turno, que era el Abía, le cupo en suerte,   según el estilo que había entre los sacerdotes, entrar en el templo del Señor, o lugar llamado santo,  a ofrecer el incienso; y todo el concurso del pueblo estaba orando de parte de afuera en el atrio, durante la oblación del incienso. Entonces se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, puesto en pie a la derecha del altar del incienso, . con cuya vista se estremeció Zacarías, y quedó sobrecogido de espanto.  Mas el ángel le dijo: No temas, Zacarías, pues tu oración ha sido bien despachada: tú verás al Mesías; y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;  el  será grande en la presencia del Señor. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar, estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel los convertirá al Señor su Dios.


La anunciación  del ángel a María


26. Estando ya Isabel en su sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea,
27. a una virgen desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José; y el nombre de la virgen era María.
28. Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.
29. Al oír tales palabras la Virgen se turbó, y se puso a considerar qué significaría tal saludo.
30. Mas el ángel le dijo: ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios.
31. Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y reinará en la casa de Jacob eternamente,
33. y su reino no tendrá fin.


34. Pero María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues yo no conozco varón alguno?
35. El ángel en respuesta le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por esta causa el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.
36. Y ahí tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez ha concebido también un hijo; y la que se llamaba estéril, hoy cuenta ya el sexto mes;
37. porque para Dios nada es imposible.
38. Entonces dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y enseguida el ángel desapareciendo se retiró de su presencia.


39. Por aquellos días partió María, y se fue apresuradamente a las montañas de Judea a una ciudad de la tribu de Judá;  y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Lo mismo fue oír el saludo de María, que la criatura, diera saltos de placer en su vientre, e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo,
y exclamando en voz alta, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!
Y ¿de dónde a mí tanto bien que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues lo mismo fue penetrar la voz de tu saludo en mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi vientre.  ¡Oh bienaventurada tú que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Y se detuvo María con Isabel cosa de tres meses, y después se volvió a su casa.


57. Entretanto le llegó a Isabel el tiempo de su alumbramiento, y dio a luz un hijo.  Supieron sus vecinos y parientes la gran misericordia que Dios le había hecho, y se congratulaban con ella.  El día octavo vinieron a la circuncisión del niño, y le llamaban Zacarías, del nombre de su padre.


60. Pero su madre, oponiéndose, dijo: No por cierto, sino que se llamará Juan *.
Al mismo tiempo preguntaban por señas al padre del niño cómo quería que se le llamase.
Y él pidiendo la tablilla de escribir, escribió así: Juan es su nombre. Lo que llenó a todos de admiración.
Y al mismo tiempo recobró el habla y usó de la lengua, y empezó a bendecir a Dios.  Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:  Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo; y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David su siervo, según lo tenía anunciado por boca de sus santos profetas.


76. Y tú, ¡oh niño!, tú serás llamado el profeta del Altísimo; porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,  enseñando la ciencia de la salvación a su pueblo, para el perdón de sus pecados,  por las entrañas misericordiosas de nuestro Dios,  que ha hecho que ese naciente haya venido a visitarnos de lo alto del cielo *,  para alumbrar a los que yacen en las tinieblas y en la sombra de la muerte, para enderezar nuestros pasos por el camino de la paz.  Mientras tanto el niño iba creciendo, y se fortalecía en el espíritu, y habitó en los desiertos hasta el tiempo en que debía darse a conocer a Israel.



JESÚS CUMPLE SU MISIÓN BAJO LA FUERZA DEL ESPÍRITU.


LUCAS   CAPITULO 4
Lleno del Espíritu Santo Jesús ayuna y es tentado en el desierto, predica en Nazaret y cura a la suegra de Pedro y hace otros milagros mas.


1. Jesús, pues, lleno del Espíritu Santo, partió del Jordán, y fue conducido por el mismo Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días, y era tentado del diablo. En cuyos días no comió nada, y al cabo de ellos tuvo hambre.
Por lo que le dijo el diablo: Si tú eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
Les respondió Jesús: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.
Entonces el diablo le condujo a un elevado monte, y le puso a la vista en un instante todos los reinos de la tierra, y le dijo: Yo te daré todo este poder y la gloria de estos reinos; porque se me han dado a mí, y los doy a quien quiero.  Si,  pues, me adoras, serán todos tuyos.  Jesús, en respuesta le dijo: Escrito está: Adorarás al Señor Dios tuyo, y a él sólo servirás.

9. Y lo llevó aún a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si tú eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo.  Porque está escrito que mandó a sus ángeles que te guarden, y que te lleven en las palmas de sus manos, para que no tropiece tu pie contra ninguna piedra. Jesús le replicó: Dicho está también: No tentarás al Señor Dios tuyo.
Acabadas todas estas tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta otro tiempo.


Predicación en Nazaret.


14. Entonces Jesús por impulso del Espíritu retornó a Galilea, y corrió luego su fama por toda la comarca.
El enseñaba en sus sinagogas, y era estimado y honrado de todos.
Habiendo ido a Nazaret donde se había criado, entró, según su costumbre, el día de sábado en la sinagoga, y se levantó para encargarse de la leyenda e interpretación.  Le fue dado el libro del profeta Isaías. Y abriéndolo, halló el lugar donde estaba escrito *: 

"El Espíritu del Señor reposó sobre mí, porque  me ha ungido, y me ha enviado a dar buenas nuevas a los pobres; a curar a los que tienen el corazón contrito;  a anunciar libertad a los cautivos, y a los ciegos vista; para dar libertad a los que están oprimidos; y a proclamar un año de gracia del Señor".

Y arrollado o cerrado, el libro, se lo entregó al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos en él los ojos.  Su discurso lo comenzó diciendo: Hoy se ha cumplido la Escritura que acabáis de oír. Y todos le daban elogios y estaban pasmados de las palabras tan llenas de gracia, que salían de sus labios, y decían: ¿No es éste el hijo de José el carpintero? Y partiendo luego que fue de día, se iba a un lugar desierto, y las gentes le anduvieron buscando, y no pararon hasta encontrarle; y hacían por detenerle, no queriendo que se apartase de ellos. Mas él les dijo: Es necesario que yo predique también a otras ciudades la buena nueva del reino de Dios; pues para eso he sido enviado. Y así andaba predicando en las sinagogas de Galilea.




TERCERA  PARTE:
LA FE DE LA IGLESIA.


En el símbolo de la fe llamado Niceno-Constantinopolitano  porque fue formulado en los dos concilios el de Nicea ( a.325) y el de Constantinopla (a.381), la Iglesia profesa su fe en el Espíritu Santo que es "Señor y dador de vida"  y que habló por los profetas.
Esta fe la recibe la Iglesia de las palabras mismas de Jesús que el día de la gran fiesta de los Tabernáculos anuncia y promete que el Espíritu Santo nos será dado con la nueva vida: " Si alguno tiene sed de mí, venga a mi, y beba, y como dice la Escritura:  De su seno correrán ríos de agua viva". Y como luego explica el Evangelista San Juan,  esto lo decía refiriéndose al Espíritu que habrían de recibir los que creyeran en El
Esta misma semejanza utiliza Jesús cuando le dice a Nicodemo que es necesario "nacer del agua y del Espíritu" para entrar en el Reino de Dios y cuando en su coloquio con la Samaritana  le habla de una "fuente  de agua que brota para la vida eterna": Es el Espíritu Santo, en quien Dios Uno y Trino se comunica a los hombres,  constituyendo en ellos la " fuente de vida " que brota hasta la vida eterna.


* Jn  7,  37 - 39 


EL ESPÍRITU SANTO Y LA SANTIDAD.
" Solo el Espíritu Santo hace a los santos ", dice san León (340-361). " El hombre no puede creer, amar, esperar ni arrepentirse como conviene para su justificación, sin el  auxilio del Espíritu Santo " decretó el Concilio Tridentino.
" El es el que triunfa de la soberbia, de la división, de la impureza, de la independencia;  es el verdadero antídoto contra todos los vicios y solo tiene un deseo: UNIR los corazones entre sí  y  EN DIOS, en la bondad y en el amor,  para conducirlos al cielo. El es el mismo amor que los estrecha con el lazo de la santidad.  Pero, ¿ como puede amarlo quien no lo conoce?. Por eso amar al Espíritu Santo y hacer que los cristianos lo amen,  promover,  fomentar y  acrecentar el culto de Aquel que incesantemente TRABAJA PARA SANTIFICARNOS, es una de las obras más dignas y excelentes ".
Unámonos en la voluntad del insigne León XIII, de feliz memoria, que en luminosa encíclica nos dice:  "Pongamos todo empeño en el culto y devoción al Espíritu Santo. Y esto harán los cristianos,  SI  SE DEDICAN a conocerle, amarlo e  invocarlo".



EL ESPÍRITU SANTO Y NUESTRA SALVACIÓN.
Es necesario, indispensable, acudir al Espíritu Santo por María e invocarlo constantemente.
Quizá aun hoy día, dice León XIII, no falten entre los fieles quienes preguntados como San Pablo preguntó a algunos: " si habían recibido al Espíritu Santo ", respondan como ellos,  " Ni siquiera sabemos que haya Espíritu Santo "... por lo cuál, recuerden todos los predicadores y los que tienen cura de almas, que es muy de su oficio y deber el enseñar a los fieles con más diligencia y más copiosamente lo que pertenece al Espíritu Santo ...
" E insistimos en esta enseñanza no solo por tratarse de un misterio que próximamente nos conduce a la vida eterna  y digno, por tanto, de ser creído;  sino también porque,  cuanto más se conoce y se ve con claridad un bien, tanto más se le acoge y más ardientemente se le ama ".
¡ Basta ya de inacción y de cobardía!. ¡ Arrancar las almas a Satanás es amar prácticamente al Espíritu Santo,  pues  " tantos homenajes merece, cuantos son los infinitos beneficios de su amor!".



LA CRUZ Y EL ESPIRITU SANTO
“Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga el Espíritu de verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará de lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. *
Con estas palabras Jesús presenta al Paráclito. el Espíritu de la verdad, como el que " enseñará "  y           " recordará  ",  como el que " dará testimonio " de él;  luego dice: " Os guiará hasta la verdad completa ".
Este " guiar hasta la verdad completa ", lo hace con referencia a lo que dijo a los apóstoles  " pero ahora no podéis con ello ", está necesariamente relacionado CON EL ANONADAMIENTO DE CRISTO por medio de la pasión y muerte de Cruz, que entonces, cuando pronunciaba estas palabras, era inminente.
Después,  sin embargo, resulta claro que aquel  " guiar hasta la verdad completa ",  se refiere también, además del escándalo de la cruz, a todo lo que Cristo " hizo y enseñó ".


* Jn. 16, 12s  * Act. 1,1.


SUFRIMIENTO Y AMOR SALVIFICO.
En el hombre la misericordia implica dolor y compasión por las miserias del prójimo.
En Dios, el Espíritu-amor cambia la dimensión del pecado humano en una nueva dádiva de amor salvífico.
El Espíritu Santo, como amor y don, desciende, en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la Cruz. De él, en unidad con el Padre y el Hijo, nace la economía DE LA SALVACIÓN, que llena la historia del hombre con los dones de la Redención.
Si el pecado, al rechazar el amor, ha engendrado el " sufrimiento " del hombre que en cierta manera se ha volcado sobre toda la creación *,  el Espíritu Santo entrará en el sufrimiento cósmico con una nueva dádiva de amor, que redimirá al mundo.

En boca de Jesús  Redentor, en cuya humanidad se verifica el " sufrimiento " de Dios, resonará una palabra en la que se manifiesta el amor eterno, lleno de misericordia: " Siento compasión ".
El pecado es vencido por el sacrificio del Cordero de Dios, que se ha hecho hasta la muerte " el siervo obediente " que, reparando la desobediencia del hombre,  realiza la redención del mundo.


Cf. Rom. 8. 20 - 22.
Juan Pablo II. Enc.:  " Dominum et vivificantem ". 39


AMOR Y DOLOR REDENTOR.
El Hijo de Dios, Jesucristo como hombre, en la ferviente oración de su pasión, permitió al Espíritu Santo, que ya había impregnado íntimamente su humanidad, transformarla en sacrificio perfecto mediante el acto de su muerte, como víctima de amor en la Cruz.
El solo ofreció este sacrificio. Como único sacerdote " se ofreció él mismo sin tacha a Dios ". * En su humanidad era digno de convertirse en este sacrificio, ya que él solo " era sin tacha ".


Pero lo ofreció " por el Espíritu Eterno ": lo que quiere decir que el Espíritu Santo actuó de manera especial en esta donación absoluta del Hijo del Hombre para transformar el sufrimiento en amor redentor.
El Espíritu Santo, como amor y don, desciende,  en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la Cruz.
Refiriéndonos a la tradición bíblica podemos decir: Él consuma este sacrificio con el fuego del amor, que une al Hijo con el Padre en la comunión trinitaria.


*  Heb. 9, 13s.


LA OBLACION AMOROSA DE CRISTO.
En el sacrificio del Hijo del hombre el Espíritu Santo está presente y actúa del mismo modo con que actuaba en su concepción en su entrada al mundo, en su vida oculta y en su ministerio Público.
Según la Carta a los Hebreos, en el camino de su " partida " a través de Getsemaní y del Gólgota, el mismo Jesucristo en su humanidad se ha abierto totalmente a esta acción del Espíritu Paráclito,  que del sufrimiento hace brotar  el eterno amor salvifico.
Ha sido, por lo tanto, " escuchado por su actitud  reverente y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia”. *
De esta manera, dicha carta demuestra  cómo la humanidad sometida al pecado en los descendientes del primer Adán, en Jesucristo ha sido sometida perfectamente a Dios y unida a él y, al mismo tiempo está llena de misericordia hacia los hombres pecadores.
Se tiene así una NUEVA HUMANIDAD, que en Jesucristo por medio del sufrimiento de la cruz ha vuelto al amor, traicionado por Adán con su pecado.
Se ha convertido en la misma fuente de la dádiva originaria: en el Espíritu que " sondea las profundidades de Dios " y es amor y don.


* Heb 5, 7s.
Juan Pablo II. Enc.:  " Dominum et vivificantem ". 40.





NECESITAMOS AL ESPIRITU SANTO.
Tiene necesidad la Iglesia de recuperar el ansia, el gusto, la certeza de su verdad, y de escuchar con silencio inviolable  y con disponibilidad sumisa a su voz, más aun, al coloquio que habla en la absorción contemplativa del Espíritu Santo, el cual enseña " toda verdad."
Y además tiene necesidad la Iglesia  de sentir afluir por todas sus facultades humanas la oleada del amor, de aquel amor que  se  llama  caridad  y  que  en verdad se ha difundido en nuestros corazones justamente " por el Espíritu Santo que nos ha sido dado."
Y,  por tanto,  totalmente penetrada por la fe,  la Iglesia tiene necesidad de experimentar un nuevo estímulo de actividad,  la expresión en las obras de esta caridad,  más aún, su presión,  su celo, su urgencia; el testimonio, el apostolado.
Hombres vivos, vosotros jóvenes,  y  vosotras almas consagradas,  vosotros hermanos en el sacerdocio,    ¿ nos escucháis? . De esto tiene necesidad la Iglesia. Tiene necesidad del Espíritu Santo.  Del Espíritu Santo en nosotros,  en cada uno de nosotros,  y en todos nosotros juntos,  en nosotros-Iglesia.


Audiencia General  22. XI. 1972.


NACIDOS DEL ESPÍRITU.
Bajo esta perspectiva, el hombre nuevo que vosotros deseáis, es aquel qué, en Cristo, ha sido creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad. * Es aquel que, regenerado  por el bautismo y abierto a las influencias del Espíritu,  trata de ser en el mundo, y  llevar las realidades terrenas al nivel debido de justicia, de honradez y de equilibrio, infundiendo en ellas aquel amor que solo en Cristo tiene el origen y el modelo. No os canséis de trabajar por este fin altísimo.
Para tal fin necesitáis una rica vida espiritual, una sincera búsqueda de autenticidad cristiana, un riguroso compromiso de entrega, una incansable y  jamás burlada voluntad de apostolado. Renacer cada día en novedad de vida, en la comunión de la gracia y de la liturgia, en el contacto íntimo con Dios, en la caridad hacia los hermanos,  abiertos a la brisa del Espíritu,  según la frase del Salvador: " Ninguno podrá entrar en el Reino de Dios, si no nace del agua y del Espíritu."
Lo que ha nacido de la carne es carne, lo que ha nacido del Espíritu es espíritu... El viento sopla donde quiere; tu sientes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así sucede a todo el que ha nacido del Espíritu.


* Ef.  4, 24.  Al Renacimiento Cristiano Italiano  2.V.1970.


SANTIFICADA POR SU ESPIRITU.
Miremos a la Iglesia como la vio y  la ve Jesús desde el cielo,  penetrada,  encendida, santificada por su Espíritu.  Jesús la ve hermosa, como a una esposa:  El  la  había amado en primer lugar como dice el Apóstol: " Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo en sacrificio por ella ". Y seguidamente añade:  "Para santificarla, purificándola mediante el lavado del agua con la palabra de vida, a fin de presentarsela a si mismo gloriosa, sin macha o imperfección, sino santa e intachable ". *


San Ambrosio quiere que Cristo vea a su Iglesia revestida con vestiduras blancas, inmediatamente después del bautizo; porque " en su belleza ha venido desde el cielo el Espíritu Santo ". (toda alma bautizada es típica y refleja en sí el esplendor de la Iglesia).
En el hombre la belleza produce el amor, en Cristo el amor va adelante y produce la belleza de la Iglesia. Es decir, la hermosura de la Humanidad por El amada  y  redimida. Y conducida de nuevo a la perfección primitiva, al orden ideal de la creación irradiante con esplendor intuitivo. La Iglesia, en quien arde el Espíritu de Cristo, es como una lámpara encendida. Nosotros debemos mirarla  bajo este prisma.


* Ef. 5, 25-27   Audiencia General  7, VI 1972.


LA FAMILIA DE LOS ADORADORES DEL PADRE.
La Iglesia es la sociedad de Oración. La Iglesia es una " Societas Spiritus ". La Iglesia es la humanidad que ha encontrado, por medio de Cristo único y  Sumo Sacerdote,  el  modo auténtico de orar,  es decir,  de hablar a Dios,  de hablar con Dios,  de hablar de Dios.  La Iglesia es la familia de los adoradores del Padre " en Espíritu y en verdad " *
Es necesario que cada uno aprenda a orar también dentro de sí y por sí. El cristiano debe tener una oración personal propia. Toda alma es un templo. ¿ No sabéis, dice San Pablo,  que sois templo de Dios,  y  que el Espíritu de Dios habita en vosotros?.
¿ Y cuando entramos en este templo de nuestra conciencia para adorar allí al Dios presente?, ¿ seremos nosotros almas vacías,  aunque cristianas, almas ausentes de si mismas, olvidadas de la misteriosa e inefable cita que Dios,  Dios Uno y Trino,  se digna ofrecer a nuestro filial y embriagado coloquio, justamente dentro de nosotros?.  ¿ No recordamos la palabra final del Señor, en la última cena: el Padre le  amará ;  y vendremos a él;  y fijaremos en él nuestra morada?. " *
Es la Caridad que ora: ¿Tenemos nosotros el corazón animado por la caridad, que nos capacita para esta íntima oración personal?.


* Jn. 4, 23;  14. 23
Audienci General  22. IV. 1970.



EL ES  LA GRACIA INCREADA QUE HABITA EN NOSOTROS.
Si queremos ser discípulos fieles del magisterio conciliar, prosigue Pablo VI, debemos incrementar nuestra información doctrinal sobre el Espíritu Santo. De las relaciones que la Tercera Persona de la Santísima Trinidad tiene con la Iglesia y con cada una de las almas.
De este modo, son evocados los títulos que distinguen las operaciones del Espíritu Santo hacia la humanidad redimida y por redimir por mérito de Cristo. El  es, por excelencia, el Santo y el Santificador; El es el Paráclito, es decir, nuestro patrono y consolador;  El es el vivificante; El es el libertador; El es el amor; es el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, es la gracia increada que habita en nosotros, como fuente de la gracia creada y de la " virtud " de los sacramentos.
Es el Espíritu de verdad, es la unidad, es decir, el principio de comunión,  y, por tanto el fermento del ecumenismo, es el gozo de la posesión de Dios;  es el dador de los siete dones y de los carismas,  es el fecundador del apostolado, es el sostén de los mártires, es el inspirador de los maestros interiores, es la voz primera del magisterio y  la  autoridad superior de la jerarquía;  es  finalmente,  la fuente de nuestra espiritualidad:  "Fons vivus,  ignis,  caritas  et spiritualis unctio".

Audienci General  26. V. 1971.


PENETRADOS POR EL AMOR.
Una de las páginas más misteriosas  y  maravillosas de nuestro catecismo es precisamente, dice su Santidad el Papa  Pablo VI, la que se refiere a la comunicación del Espíritu Santo a los fieles,  produciendo en ellos un nuevo estado, " el estado de gracia " con todo el cortejo de actitudes operativas, las virtudes infusas, y los dones y frutos espirituales, con que esa animación divina enriquece a las almas que tienen la fortuna  inestimable de ser penetradas por el amor vivificante y santificante.
El Espíritu Santo ha ocupado en los documentos del Concilio  Vaticano II una posición de honor, la que Él se merece; sea suficiente ahora una sola cita:


" Cumplida la obra que el Padre había confiado al Hijo sobre la tierra, el día de Pentecostés fue enviado el Espíritu Santo para santificar en forma continúa a la Iglesia,  y  para que de esta suerte los creyentes tuvieran,  por medio de Cristo,  acceso al Padre en un solo Espíritu ".  Este es el Espíritu que da la vida, una fuente de agua que brota hasta la vida eterna;  por medio de Él, el Padre devuelve la vida a los hombres muertos por el pecado, para que un día resucite Cristo en sus cuerpos mortales.
El Espíritu Santo habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de su adopción filial. El guía a la Iglesia hacia toda la verdad íntegra, la unifica en la comunión y en el ministerio, la instruye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos, la embellece con sus frutos.


Audiencia General 17.V.1967.

El  es, por excelencia, el Santo y el Santificador:
El Espíritu Santo habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de su adopción filial.
Con sus gracias actuales mueve a todos a hacer el bien y evitar el mal; devuelve la vida a los hombres muertos por el pecado; los proteje y lo llena con sus dones y los conduce a la santidad: El es el vivificante; El es el libertador, es el santificador.
Por medio de Él, el Padre devuelve la vida a los hombres muertos por el pecado, para que un día resucite Cristo en sus cuerpos mortales.

Resumen: La presencia en mi alma del que es la Gracia Increada y el Amor Increado. del Espíritu Santo que vive en mi, produce dos efectos en ella: : crea en ella la Gracia Santificante, e infunde en ella su Amor sobrenatural de Caridad.
La comunicación del Espíritu Santo a los fielesembellece mi alma y la hace grata a Dios, El es la gracia increada que habita en nosotros, como fuente de la gracia creada que llamamos "la gracia Santificante" produciendo en ellos un nuevo estado, " el estado de gracia " . Embellece mi alma con el reflejo de su gloria y la llena de su Amor divino
El eleva mi alma por encima de su dignidad original, con su su Caridad divina me mueve a amar a Dios y los demás con un Amor Nuevo y sobrenatural: "La Caridad sobrenatural que viene de Dios" que es una Imagen creada del Amor Increado que el Espíritu Santo Infunde y hace crecer en nosotros hasta llegar a la santidad si somos fieles a su voz.



EL ESPIRITU DEL PADRE Y DEL HIJO DADO A LA IGLESIA
Cuando ya era inminente para Jesús el momento de dejar este mundo, anuncio a los apóstoles  " otro Paráclito ". El Evangelista  Juan, que estaba presente, escribe que Jesús, durante la Cena pascual anterior al día de su pasión y muerte,  se dirigió a ellos con estas palabras: " Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre,  yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo...  y  yo pediré al Padre y os dará " otro " Paráclito para que esté con vosotros para siempre,  el Espíritu de la verdad ", el segundo, porque él mismo. Jesús, es el primer Paráclito, al ser el primero que trae y  da  la  Buena  Nueva. El Espíritu Santo viene después de él y gracias a él,  para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia, la obra de la Buena Nueva de la salvación.
Poco después del citado anuncio, añade Jesús: " Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo he dicho ". * El Espíritu será el consolador de los apóstoles y de la  Iglesia, siempre presente en medio de ellos - aunque invisible -  como maestro de la misma Buena Nueva que Cristo anunció.


Jn. 14, 26.
Juan Pablo II. Enc. " Dominum et Vivificantem."  3 y 4.


LA CARIDAD DIVINA.
El Reino de Jesucristo recibe su fuerza y su hermosura de la Caridad Divina: su fundamento y su síntesis es amar santa y ordenadamente. De lo cuál se sigue necesariamente cumplir íntegramente los propios deberes, no violar los derechos ajenos, considerar los bienes naturales como inferiores a los sobrenaturales y anteponer el amor de Dios a todas las cosas.
Todas las gracias que Nuestro Redentor adquirió con su vida, sus padecimientos y su muerte, son, sin duda, la fuente perenne de aquella caridad sobrenatural, de origen divino, que su Espíritu Infunde por medio de la Iglesia en cada uno de  los miembros de su Cuerpo Místico.
La caridad de las Tres Divinas Personas es el principio de la redención humana, en cuanto que, inundando copiosamente la voluntad humana de Jesucristo, lo indujo, con la misma Caridad a derramar su sangre adorable para rescatarnos de la servidumbre del pecado.
La Caridad Divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es EL AMOR PERSONAL tanto del Padre como del Hijo, en el seno de la Trinidad augusta.
Con sobradísima razón, el Apóstol de las gentes, atribuye a este Espíritu de Amor la efusión de la Caridad en el alma de los creyentes, y  con ella su justificación,  pues sólo en virtud de la Caridad  se obtiene que los hombres se sometan al dominio de Dios más perfectamente.


Juan Pablo II. Enc.:  " Dominum et vivificantem ". 10


LA  DONACION SALVIFICA DE DIOS POR EL ESPIRITU SANTO.
El discurso de despedida de Cristo durante la Cena  pascual se refiere particularmente a este  " dar " y    "darse" del Espíritu Santo. En el Evangelio de Juan se descubre la  " lógica " más profunda del misterio salvífico contenido en el designio eterno de Dios como expansión de la inefable comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es la " lógica divina ", que del misterio de la Trinidad lleva al misterio de la Redención del mundo por medio de Jesucristo.
La redención relizada por Cristo a travéz de la Cruz y Resurrección es según el designio divino, condición indispensable del " envío " y de la venida del Espíritu Santo que da inicio a la nueva comunicación salvifica por el Espíritu Santo. El nuevo inicio de la comunicación de Dios al hombre por el Espíritu Santo. 
El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre. Es al mismo tiempo el Espíritu el Hijo: El Espíritu de Jesucristo
que viene a costa de la Cruz redentora y por la fuerza de todo el misterio pascual de Jesucristo para estar con la Iglesia y en la Iglesia y,  por medio de ella en el mundo.
De este modo se realiza definitivamente aquel nuevo inicio de la comunicación de Dios uno y trino en el Espíritu Santo por obra de Jesucristo, Redentor del Hombre y del mundo.


Juan Pablo II. Enc. " Dominum et Vivificantem."  11 y  14.


Dios es amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el “designio benevolente” (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, “predestinándonos a la adopción filial en él”(Ef 1, 4-5), es decir, “a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm 8,29) gracias al “Espíritu de adopción filial (Rm 8,15).


LLAMADOS A LA SANTIDAD.
El Espíritu que en el mismo instante de la Encarnación del Hijo de Dios, santificó la naturaleza humana de Jesús en el seno virginal de María, es el mismo Espíritu que vive y obra en la Iglesia, con el fin de comunicarle la santidad del Hijo de Dios hecho hombre.


Todos los fieles laicos y sacerdotes, han recibido por medio de Jesucristo, esta primera llamada del Espíritu a la Santidad de Vida. La común dignidad bautismal exige a todos y cada uno de los bautizados la santidad en  el  seguimiento  y la imitación de Cristo cada uno en su propio campo.
Los Apóstoles ejerciendo en la caridad su ministerio profético y  sacerdotal,  evangelizando,  rigiendo  y santificando a su pueblo para la edificación del Cuerpo de Cristo.
Los fieles laicos deben santificarse en su inserción en el mundo,  en su participación en las actividades terrenas haciendo todo en el nombre del Señor Jesús,  y movidos por la caridad ser en el mundo, y  llevar las realidades terrenas al nivel debido de justicia, de honradez y de equilibrio,  infundiendo en ellas aquel amor que solo en Cristo tiene el origen y el modelo. No pueden cerrarse sobre si mismos, aislándose espiritualmente de la comunidad.  El Espíritu Santo les confiere como a los demás  múltiples carismas que deben vivir en continuo intercambio con los demás.


NO ENTRISTEZCAIS AL ESPIRITU.
La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud de las conciencias humanas, que no se atenúe su sana sensibilidad ante el bien y el mal.
Esta rectitud y sensibilidad están profundamente unidas a la acción intima del Espíritu de verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Apóstol: " No extingáis el Espíritu ",  " no entristezcáis al Espíritu Santo ". *

Pero, la Iglesia,  sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Espíritu Santo: antes bien que retroceda en las almas de los hombres y también en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acción salvífica del Espíritu Santo.
La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Espíritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misión de Paráclito, cuando viene para  " convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio ".


* 1 Tes, 5, 19.   Ef.  4.30.  


EL PECADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO.
Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión  de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por El en la conciencia.
Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura,  es  porque esta " no remisión " está unida como causa suya, a la " no penitencia ",  es decir al rechazo radical del convertirse.
Lo que significa el rechazo a acudir a las fuentes de la Redenciónlas cuales sin embargo,  quedan "siempre"  abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo.
El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de esas fuentes: " recibirá de lo mío ", dijo Jesús.  De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la redención realizada por Cristo distribuyendo sus frutos.
Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica "un pretendido derecho de perseverar en el mal " - en cualquier pecado - y rechaza así la Redención.


Juan Pablo II. Enc.:  " Dominum et vivificantem ". 46.


CUARTA  PARTE:
           
LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LA PERSONA DE CRISTO.


CRISTO EL UNGIDO DEL ESPIRITU DE DIOS.
El Mesías, es el único gran Ungido por Dios mismo. Es el Ungido en el sentido de que posee la plenitud del Espíritu de Dios.  El mismo será también el mediador al conceder este Espíritu a todo el Pueblo. En efecto, dice el Profeta con estas palabras: " El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido el Señor. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos;  a pregonar a los cautivos la liberación y a los reclusos la libertad;  a pregonar el año de gracia del Señor " *
El Ungido es también enviado  "con el Espíritu del Señor ".
El profeta presenta al Mesías como aquél que viene por el Espíritu Santo, como aquél que posee la plenitud del Espíritu en sí  y, al mismo tiempo,  para los demás,  para  Israel, para todas las naciones y para toda la humanidad.
La plenitud  del Espíritu de Dios está acompañada de múltiples dones, los de la salvación, destinados de modo particular a los pobres y a los que sufren, a todos los que abren su corazón a estos dones, a veces mediante las dolorosas experiencias de su propia existencia, pero ante todo con aquella disponibilidad interior que viene de la fe.


* Is.  61. 1s.

Juan Pablo II. Enc.: " Dominum et vivificantem ". 15.



LA OBRA MAESTRA DEL ESPÍRITU SANTO .
Desde el primer instante de la concepción virginal de Cristo en el seno de la Siempre Virgen María aparece la eficaz acción del Espíritu Santo sobre Cristo Redentor.
Desde el primer instante de la existencia de Cristo aparece viva y eficaz la acción del Espíritu Santo, adecuando, transformando esta naturaleza humana para que pueda realizarse con toda plenitud la presencia del mismo Dios en ella. Esta maravillosa historia que se inicia en el tiempo y se pierde en los misterios de la eternidad de Dios, que se inicia en la tierra y encuentra su consumación en el cielo.
Por obra del Espíritu Santo es que se realiza la Encarnación del Verbo, es decir: la unión de la naturaleza humana que hace suya , con la naturaleza divina que le corresponde como Hijo.
Por obra del Espíritu Santo Cristo acepta con todo su corazón la obra de la redención mediante el sacrificio amoroso de su propia existencia.
Y es mediante la Fuerza omnipotente del Espíritu Santo que el cuerpo mortal de Cristo es resucitado y constituido en manantial inagotable de gracia para todo los elegidos.
Mas seria un error pretender confinar la acción del Espíritu Santo únicamente a estos  momentos clave de la vida del Redentor, cuando sabemos que en cada uno de los instantes de su vida el Verbo de Dios encarnado vivió lleno del Espíritu Santo, en continua comunión con Dios su Padre y  movido por la fuerza del Espíritu a realizar el establecimiento del Reino de Dios. *


* Lc. 4, 14 - 15.


PRESENCIA TANGIBLE DEL ESPIRITU SANTO EN JESUS.

San Juan , cuando habla de obediencia en Jesús,  no se refiere a la obediencia de una persona ordinaria a su Señor, o de una criatura a su creador, habla de Padre e  Hijo.
Se trata de la obediencia del Hijo único hacia su Padre  que está en el cielo y de ésta es de la que somos partícipes en el Espíritu Santo.

Cristo mismo da testimonio de que es el Espíritu Santo quien está sobre él invadiendo toda su existencia. "Y que lo ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva y que le ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos, dar la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor". *

Es el mismo Jesús quien afirma que expulsa a los demonios por el Espíritu de Dios y que él lo comunicara a sus discípulos que también los expulsarán , que Él dará su propio Espíritu a los creyentes y que hará brotar de su interior como ríos de agua viva.*   Porque Cristo posee en plenitud la presencia del Espíritu Santo y desde su seno podrá comunicarlo a los suyos con tanta prodigalidad.


*  Mt. 12, 28      Jn. 7, 39.




OBRA DEL AMOR DE DIOS.
Es por demás insistir en que la Encarnación del Verbo es una obra del amor de Dios hacia los hombres y que el corazón de Cristo es el símbolo y expresión más contundente de esta efusión de caridad que en esta voluntad humana y en este entendimiento creado de Cristo, el hombre perfecto, es donde el Espíritu Santo realizó su obra maestra: formar el corazón de Cristo, elevarle todos sus sentimientos, afectos, anhelos, desde los más sensibles, hasta los más espirituales, consagrarlos, santificarlos, iluminarlos, fortalecerlos en vistas al cumplimiento de su especifica misión: la alabanza perfecta de Dios Padre  y la salvación de todos los hombres,  realizada en una oblación amorosa de suma perfección. *
Aquella ardentísima Caridad Sobrenatural con la que la Plenitud del Espíritu Santo inflamó la voluntad humana de Cristo Jesús para entregar su vida a la glorificación de su Padre que está en el cielo y  salvar a sus hermanos ofreciéndose voluntariamente como víctima  de propiciación para la redención del género humano.
Y así, podemos ver como Cristo, el Ungido por el Espíritu Santo, realizador perfecto de esta nueva alianza, promete y entrega al Espíritu Santo que el Padre derramará en sus corazones como prueba de su amor paternal.


*  PIO  XII,  Enc. Haurieteis aquas, num. 30.



QUINTA  PARTE.

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LA IGLESIA Y EL MUNDO..


Epístola I de San Pedro 2,4-9. 

Queridos hermanos: 
Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. 
Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido. 
Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada. 
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. 


PARTICIPACIÓN EN LA VIDA DE DIOS.

En el discurso pascual de despedida se llega - puede decirse - al culmen de la revelación trinitaria. Al mismo tiempo, nos encontramos ante unos acontecimientos definitivos y unas palabras supremas, que al final se convertirán en el gran mandato misional dirigido a los apóstoles y, por medio de ellos a la Iglesia: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes". mandato que encierra, en cierto modo, la fórmula trinitaria del bautismo: " bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ". Esta fórmula refleja el misterio intimo de Dios y de su vida divina, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, divina unidad de la Trinidad.

Se puede leer este discurso como una preparación especial a esta fórmula Trinitaria, en la que se expresa  la fuerza vivificadora del Sacramento que obra LA PARTICIPACIÓN EN LA VIDA DE DIOS UNO Y TRINO  porque da al hombre la gracia santificaste como don sobrenatural.    Por medio de ella éste es llamado y hecho " capaz " de participar en la inescrutable vida de Dios. *

* Juan Pablo II . Dominum et Vivificantem  9.

   

EL ESPIRITU DE DIOS DADO DE UN MODO NUEVO.

El Espíritu Santo, que en la inescrutable profundidad de la divinidad es una Persona-don,  por obra del Hijo, es decir mediante el misterio pascual, es dado de un modo nuevo a los apóstoles y a la Iglesia y por medio de ellos , a la humanidad y al mundo entero.

La expresión definitiva de este misterio tiene lugar el día de la resurrección. Este día,  Jesús de Nazaret, " nacido del linaje de David ", por su resurrección de entre los muertos es constituido Señor  " lleno de poder ". Y  este poder, cuyas fuentes brotan de la inescrutable comunión trinitaria, se manifiesta ante todo en el hecho de que Cristo resucitado, si por una parte realiza la promesa de Dios expresada ya por boca del Profeta: " Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, ... mi espíritu ", por otra cumple su misma promesa hecha a los apóstoles con las palabras: " Si me voy, os lo enviaré ".

Es él: El Espíritu de la Verdad, El Paráclito enviado por Cristo resucitado para transformarnos en su misma imagen de resucitado. *

*  Juan Pablo II.  Dominum et Vivificantem  23,  24.




LA AUTOCOMUNICACION DE DIOS.
El gran jubileo,  que concluirá el segundo milenio al que la Iglesia ya se prepara,  tiene directamente una dimensión cristológica ; en efecto, se trata de celebrar el nacimiento de Jesucristo. Al mismo tiempo tiene una dimensión pneumatológica ya que el misterio de la encarnación se realizó  " por obra del Espíritu Santo"Lo realizó aquel Espíritu que - consubstancial al Padre y al Hijo - es, en el misterio absoluto de Dios uno y trino, la  Persona-amor,  el Don increado, fuente eterna de toda dádiva que proviene de Dios en el orden de la creación, el principio directo y,  en cierto modo,  el sujeto de la autocomunicación de Dios en el orden de la gracia.


El misterio de la Encarnación de Dios constituye el culmen de esta dádiva y de esta autocomunicación divina.
En efecto, la concepción y el nacimiento de Jesucristo son la obra más grande del Espíritu Santo en el orden de la creación y de la salvación:  la suprema gracia  - " la gracia de la unión" -  fuente de todas las demás gracias, como explica Santo Tomás.  A esta obra se refiere el gran Jubileo  y  se refiere también - si penetramos en su profundidad -  al artífice de esta obra : la persona del Espíritu Santo.     


* Dominum et Vivificantem  50.


EL ESPIRITU QUE DA LA VIDA.
La obra del Espíritu " que da la vida " alcanza su culmen en el misterio de la Encarnación.  No es posible dar la vida, que esta en Dios de modo pleno,  sino es haciendo de ella la vida de un Hombre,  como lo es Cristo en su humanidad  personalizada  por el Verbo en  la  unión hipostática.  Y, al mismo tiempo, con el misterio de la Encarnación se abre de un modo nuevo la fuente de esta vida divina en la historia de la humanidad : el Espíritu Santo.
El Verbo,  " Primogénito de toda la creación ",  se convierte en  " el  primogénito entre muchos hermanos " y  así llega a ser también la cabeza del cuerpo que es la Iglesia,  que nacerá en la Cruz  y  se manifestara el día de Pentecostés ;  y es en la Iglesia la cabeza de la humanidad: de los hombres de toda nación,  raza,  región  y cultura,  lengua  y  continente que han sido llamados a la salvación.
"La Palabra se hizo carne ; (aquella Palabra en la que) estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres... A todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios. Pero todo esto se realizo y sigue realizándose incesantemente " por obra del Espíritu Santo". La filiación de la adopción divina nace en los hombres sobre la base del misterio de la Encarnación,  o sea,  gracias a Cristo, el eterno Hijo.  Pero el nacimiento, o el nacer de nuevo, tiene lugar cuando Dios Padre  " ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo ". 


* Dominum et Vivificantem  52.


HACIA EL GRAN JUBILEO.
Pero siempre en la perspectiva del gran Jubileo, debemos mirar mas abiertamente y caminar  " hacia el mar abierto ", conscientes de que  " el viento sopla donde quiere ", según la imagen empleada por Jesús en el coloquio con Nicodemo.
El Concilio Vaticano II, centrado sobre todo en el tema de la Iglesia, nos recuerda la acción del Espíritu Santo incluso " fuera " del cuerpo visible de la Iglesia Nos habla justamente de " todos los hombres de buena voluntad ", en cuyo corazón obra la gracia de modo visible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina.
En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de solo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual. " Dios espíritu, y los que adoran deben adorar en espíritu y verdad ". Estas palabras las pronuncio Jesús en otro de sus coloquios : aquel con la Samaritana. El gran Jubileo, que se celebrara al final de este milenio y al comienzo del que viene, ha de constituir una fuerte llamada dirigida a todos los que " adoran a Dios en espíritu y verdad ". Ha de ser para todos una ocasión especial para meditar el misterio de Dios uno y trino, que en si mismo es completamente trascendente respecto al mundo, especialmente el mundo visible.


* Dominum et Vivificantem  53 y 54.




LA RUTA DEL ESPIRITU.
La ruta del Espíritu es invariable e inmensa: la divina Paloma describe siempre con sus alas blanquísimas un círculo amoroso e infinito: viene del Padre y del Hijo, y hacia esas divinas Personas tiende su vuelo majestuoso, arrastrando en la dulce impetuosidad de su soplo, a la cruz y a la gloria, a las almas dóciles a sus inspiraciones.
Sólo Dios puede abarcarse a si mismo en su infinita unidad ; pero en nosotros, sobretodo en el destierro, tienen que aparecer una a una las facetas de su única divina hermosura : Para  El Temor de Dios es el soberano a quien hay que sujetarse con profunda reverencia porque tiene en sus manos las llaves de la vida y de la muerte. Para la Fortaleza, es la fuerza omnipotente que se entrega en manos de la debilidad. Para la Piedad es el Padre a quien debe adherirse con afecto filial, ensalzando su gloria. Para el Consejo es la regla eterna y suprema de las acciones humanas. Para la Ciencia, el ejemplar infinito de las criaturas. Para el Entendimiento, el fin sobrenatural que esparce luz en todo conocimiento de ese orden altísimo. Para la Sabiduría, el foco de luz que ilumina el alma con la claridad del amor, porque ella se ha reunido en abrazo dulcisimo y ha descubierto en la suavidad deliciosa del amor el secreto de toda verdad.


Luis M. Martínez.   La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  VI   




QUE SEAN UNO.
! Que sean uno !. La llamada a la unidad de los cristianos resuena con fuerza cada vez mayor en el corazón de los creyentes, especialmente al aproximarse el año Dos mil que será para ellos un Jubileo sacro, memoria de la Encarnación del Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvar al hombre.
El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia Católica..., son la prueba más significativa de que cada  elemento  de  división se  puede  trascender  y  superar en la entrega total de uno mismo a la causa del Evangelio.


Cristo llama a todos sus discípulos a la unidad. Si quieren combatir la tendencia del mundo a anular el misterio de la Redención, deben profesar juntos la misma verdad sobre la cruz.
! La Cruz !. La corriente anticristiana pretende anular su valor, vaciarla de su significado, negando que el hombre encuentre en ella las raíces de su nueva vida ; pensando que la Cruz no pueda abrir ni perspectivas ni esperanzas : el hombre, se dice, es sólo un ser terrenal que debe vivir como si Dios no existiese.


Juan Pablo II.  Tu Unum Sint   1.



EL ESPIRITU SANTO Y LA CRUZ.
Para comprende el enlace íntimo que hay entre el amor y el sufrimiento necesitamos mirar cómo la obra suprema del amor es la Cruz. Nunca lo hubiéramos pensado, si Nuestro Señor no nos lo hubiera revelado, si no lo hubiéramos visto, por decirlo así, con nuestros propios ojos.
Dice la Escritura que Cristo prefirió la Cruz posponiendo el gozo que sele presentaba. Y el Padre Celestial, que amaba  a su Hijo con un amor infinito, lo entrego a los sufrimientos y a la muerte, lo clavo en la Cruz. ! Que amor tan profundo tan divino !. Y ese amor divino,  profundo,  inefable que enlaza el amor con la Cruz, es el Espíritu Santo. El Espíritu Divino es el que produce la Cruz, el que lleva siempre a la inmolación.
Todo el que ama con el Espíritu Santo va a la cruz; el Padre amó con el Espíritu Santo y entregó a su Hijo a la Cruz. Jesús amó con el Espíritu Santo y se abrazó a la Cruz y se clavó en ella. Y todas las almas que aman con el Espíritu Santo y que han recibido este don del cielo sienten la necesidad imperiosa de inmolarse también. Amar con el Espíritu Santo quiere decir amar bajo el impulso directo del Espíritu Santo y ese es el amor verdaderamente sacerdotal que busca solo la gloria del Padre y la salvación delas almas y ese debe ser el ideal de nuestro amor.


Luis M. Martínez. Ser Jesús  III


LA INMOLACIÓN.
En el primer instante de su vida, Jesús, al entrar en el mundo, se ofreció para el sufrimiento, para la inmolación, para la Cruz. " He aquí que vengo Padre para hacer tu voluntad ".
Figurémonos aquellos corderos que se ofrecían en la antigua alianza, imaginémoslos tendidos sobre el ara, silenciosos,  tranquilos, esperando el momento en que el sacerdote los inmole. No señalaban ellos la fecha, el lugar, ni la forma de la inmolación, sino que sencillamente esperaban a que los inmolaran.
Así fue la inmolación de Jesús. El Evangelio nos dice que fue al sacrificio como un cordero sin pronunciar una queja. Y allí esperó que lo sacrificara la injusticia de los hombres y que lo inmolara la justicia de Dios. De manera que el estado de víctima significa una disposición plena,  libre,  amorosa,  de aceptar todas las inmolaciones que Dios nos envíe. Y al ofrecernos juntamente con Jesús como víctimas repetir como un eco las palabras que Jesús dijo al entrar a este mundo :  " He aquí Señor, que yo estoy dispuesto para hacer tu voluntad ",  pero tu voluntad que inmola,  tu voluntad que crucifica,  tu voluntad que une mi cuerpo con el Cuerpo de Jesús y mi sangre con su sangre divina, para ser ofrecidos en la misma oblación. ! Que agradable al divino Padre debe ser una oblación así !. Ofrecerle a Jesús,  pero no a Jesús solo,  sino a nosotros con El y a El en nosotros, ofrecer en el mismo Cáliz el vino que es Jesús y el agua que somos nosotros.


Luis M. Martínez. Ser Jesús  III




LA INHABITACION DEL ESPÍRITU SANTO.
No ignoramos, ciertamente, que para la inteligencia y explicación de esta recóndita doctrina  - que se refiere a nuestra unión con el divino Redentor y de modo especial a la inhabitación del Espíritu Santo en nuestras almas -  se interponen muchos velos, pero cuando el amor a la verdad y el respeto debido a la Iglesia guían el estudio puede penetrar e ilustrar en lo posible tan profundo misterio  de nuestra admirable unión con Cristo .  Pero tengan como norma general e inconcusa los que no quieran apartarse de la genuina doctrina y del verdadero magisterio de la Iglesia, que han de rechazar, tratándose de  esta unión mística,  toda forma que haga a los hombres traspasar de cualquier modo el orden de las cosas creadas e invadir erróneamente lo divino, hasta el punto de que se pueda decir de ellos como propio un solo atributo del sempiterno Dios. Y además sostengan firmemente y con toda certeza que en estas cosas todo es común a la Santísima Trinidad, puesto que todo se refiere a Dios como suprema causa eficiente.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   II parte.


CONVERSIÓN Y ACCIÓN TRANSFORMANTE DEL ESPÍRITU.
A través de estas paginas, dice el Sr. Luis María Martínez, he insistido mucho en hacer comprender que nuestra vida espiritual consiste en nuestra incorporación a Jesús, en nuestra unión con El, que nosotros somos como los sarmientos y El es la vid a la cual estamos íntimamente unidos y de donde tomamos la savia y la vida.
Pero con ser este misterio de nuestra unión con Jesús algo inefable, Jesús mismo en su humanidad, no es más que la puerta por donde entramos a la vida misma de Dios, " entramos en el gozo del Señor ", como que nos hundimos en el seno de Dios, en las profundidades del augusto misterio divino. De suerte que el verdadero fondo de la vida cristiana consiste en nuestras relaciones íntimas con las divinas Personas de Trinidad Santísima.
Vivir vida cristiana es abrazarnos con Jesús, fundirnos, hacernos una sola cosa con El, y por El y en El, ser hijos adoptivos del Padre y estar bajo el régimen y el impulso del Espíritu Santo ; se entra en el seno de Dios, es comenzar  a vivir en la tierra la vida que ha de ser nuestra felicidad en el cielo.


CONVERSIÓN Y VIDA NUEVA
Es muy normal encontrar en los escritores del Nuevo Testamento la figura del " hombre nuevo " para describir el misterio de la conversión del hombre, esto se comprende perfectamente, si se tiene en cuenta que Cristo aparece como el Hombre Nuevo, y que El es el supremo modelo al que tiende todas las aspiraciones de los que se encaminan a Dios. El hombre nuevo, es el cristiano consciente de su dignidad de hijo de Dios, que pone toda su atención en agradar a su Padre de los cielos, aun en los más insignificantes detalles de su existencia. ! Quieres que te ame siempre ! ! en todos los instantes !.
El que ama corre y vuela alegremente, porque anda libre y desembarazado. Da todo por el Todo, pues halla su reposo en el único bien de donde salen y corren todos los bienes como de su fuente. Amar es darte gusto en todo, no tener otra voluntad que la Tuya, otros gustos que tus gustos ; amar apasionadamente y adorar rendidamente tu voluntad  y  hacer todo esto con delicadeza, con finura, poniendo tanto amor en el modo como en la sustancia.
Hablar pues de este hombre nuevo, es hablar del hombre que vive ya los efectos de la conversión,  cuya vida encuentra toda su razón de ser en la misma vida de Dios,  en la participación de la vida de Dios, cuya vida no es otra cosa sino una irradiación abundante de la misma vida Divina que Dios le participa, dando todo lo que El le ha dado para ganar el amor.


CONVERSIÓN Y REALIZACIÓN PLENA DEL MISTERIO PASCUAL
En el proceso normal de la conversión todo concurre a que se reactualice en el hombre nuevo el misterio Pascual de Cristo. Por eso dice San Pablo : " Vosotros estas muertos y vuestra vida está oculta  con Jesucristo en Dios ". Nuestra vida está en Dios con Jesucristo, porque sin El no podríamos nunca entrar en el seno divino. Jesús descendió del cielo  y bajó hasta las profundidades de nuestra miseria para tomarnos en sus brazos, para unirnos a su Persona, para introducirnos en su corazón ; y luego subió a los cielos  " llevando cautiva a la cautividad ", según la expresión de la Escritura, llevándonos a nosotros.
Y para introducirnos en el seno amorosísimo del Padre, no espera la eternidad, nos introduce desde ahora.
La vida de la gracia no difiere sustancialmente de la vida del cielo.  Por eso dijo Nuestro Señor Jesucristo: " El que cree en mi tiene la vida eterna ". No dice "tendrá" : tiene.  La vida eterna la llevamos ya en el corazón, la vida de la gracia es la vida eterna. Ahora está velada, no se rodea aún de los divinos esplendores de que rodeará en la otra vida ; pero es la misma, sustancialmente la misma, y por la gracia, por la vida de la gracia, ya entramos en el seno de Dios. 


CONVERSIÓN Y ACCIÓN TRANSFORMANTE DEL ESPÍRITU.
A través de estas paginas, dice el Sr. Luis María Martínez, he insistido mucho en hacer comprender que nuestra vida espiritual consiste en nuestra incorporación a Jesús, en nuestra unión con El, que nosotros somos como los sarmientos y El es la vid a la cual estamos íntimamente unidos y de donde tomamos la savia y la vida.
Pero con ser este misterio de nuestra unión con Jesús algo inefable, Jesús mismo en su humanidad, no es más que la puerta por donde entramos a la vida misma de Dios, " entramos en el gozo del Señor ", como que nos hundimos en el seno de Dios, en las profundidades del augusto misterio divino. De suerte que el verdadero fondo de la vida cristiana consiste en nuestras relaciones íntimas con las divinas Personas de Trinidad Santísima.
Vivir vida cristiana es abrazarnos con Jesús, fundirnos, hacernos una sola cosa con El, y por El y en El, ser hijos adoptivos del Padre y estar bajo el régimen y el impulso del Espíritu Santo ; se entra en el seno de Dios, es comenzar  a vivir en la tierra la vida que ha de ser nuestra felicidad en el cielo.


EL ESPÍRITU SANTO Y LA IGLESIA
Así saluda San. Pablo a los cristianos de Tesalónica : " A la Iglesia de los Tesalonicences que está en Dios Padre y en el Señor Jesucristo ". Estos cristianos están reunidos en Dios Padre y en su Hijo que El resucitó,  que es el Señor. La resurrección de Jesús es obra del Padre y es también el nacimiento de la Iglesia. En el Hijo y por el Hijo, el Padre engendra a sus hijos que forman su  " familia ", y esta es la Iglesia. El Padre nos ha vivificado juntamente con Cristo. " En  El,  por el bautismo,  han resucitado juntamente con El ". Pero el Padre resucita a su Hijo por el Espíritu Santo, por eso también es el Padre el que engendra a la Iglesia en la resurrección de su Hijo por el mismo Espíritu Santo para ser el cuerpo de Jesús resucitado.
S. Pedro resume este pensamiento cuando dice : " Cuando se manifestó la bondad del Padre, salvador nuestro y su amor por los hombres, él nos salvó, según su misericordia, por medio del baño de la regeneración y renovación del Espíritu Santo que él derramo sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, fuéramos constituidos herederos, en esperanza de la vida eterna".

Instituto de Ciencias. Teológicas. De Guadalajara. RECIBID EL ESPIRITU SANTO  X  -  3


San Juan 14,21-26. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
«El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él". 
Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?". 

A la pregunta de Judas Tadeo: ¿porque vas a mostrarte a nosotros y no al mundo?, Jesús responde: El que me ama anhela identificarse conmigo, La Trinidad se identifica con el y viene a el. El que me ama guarda mi palabra y el Padre lo ama y venimos a el.
Y ya no les siguió diciendo mas, porque todavía no podían comprenderlo, solo les dijo: Cuando venga el Espíritu Santo, El les enseñara todo.

Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. 
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. 
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» 




LA VERDADERA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO.
Hemos visto la acción del Espíritu Santo en nuestras almas : réstanos admirar como correspondemos a su influjo admirable, porque esta cooperación libre amorosa, es la verdadera devoción al Espíritu Santo.
El verdadero director de las almas, el Maestro íntimo, el alma de la vida espiritual es el Espíritu Santo. Sin el, ya lo hemos dicho, no hay santidad. Establecida su morada, el divino artífice comienza su obra de amor y de santificación en nuestras almas. Su ideal es reproducir en nosotros a Jesús, y por El y con El introducirnos en el seno de la Trinidad y glorificar al Padre con la suprema glorificación de Jesús. ¿ Que otra cosa deberá ser nuestra devoción al Espíritu Santo, sino la amorosa y constante cooperación a su influjo divino, a su obra santificadora ?.
Ser devoto del Espíritu Santo es abrir el alma para que la habite, dilatar nuestro corazón para que lo unja con la caridad divina, darle nuestra vida para que la transforme en divina, entregarle nuestro ser para que lo posea con sus dones,  poseerlo y dejarse amar, dejarse mover según su amoroso beneplácito, dejar que el artista divino destruya en nosotros todo lo que se oponga a sus santos designios :  todo lo malo, lo terreno, todo lo humano ; poner en sus manos el bloque informe de nuestra miseria para que forme en él la divina imagen de Jesús, dejar que infunda en nosotros una vida nueva, la vida verdadera, la maravillosa participación de la vida de Dios.


LA CONSAGRACION AL ESPIRITU SANTO.
Desde luego, nuestra devoción al Espíritu Santo debe ser una consagración, porque consagración significa entrega total, definitiva y perpetua de una cosa para que esté exclusivamente destinada al uso o servicio que se le ha señalado. Cuando se le consagra a Dios un templo se separa aquel lugar de todos los demás para que sea de Dios, se le purifica con esmero, se le edifica con solides y si es posible se le adorna y embellece, se le ofrece luego a Dios  y se le entrega para que sea suyo para siempre.
Todo cristiano es un templo del Espíritu Santo, fuimos consagrados templos del Espíritu Santo el día de nuestro bautismo. Todo cristiano está consagrado a El y en ese templo en que Dios habita no puede hacerse otra cosa sino lo que se hace en un Templo : glorificar a Dios. La consagración al Espíritu Santo es la ratificación de la entrega del Bautismo, la aceptación libre y amorosa  de la vida que Dios infundió en nuestra alma al recibirnos la Iglesia en su seno maternal. Pero como todas las consagraciones,  la consagración al Espíritu Santo debe ser total ; nada debe sustraerse a su amorosa posesión. Por su naturaleza, la consagración debe ser definitiva,  y así debemos consagrarnos al Espíritu Santo para siempre. La verdadera devoción al Espíritu Santo no es algo distinto de la vida cristiana, es esa misma vida comprendida a fondo, tomada a lo serio, practicada con sinceridad e íntimamente gustada


Luis M. Martínez. Arz. Primado de México.   La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  VII  





PARTICIPACiON DEL GOZO DE DIOS.
Jesucristo Nuestro Señor ha venido a realizar en los hombres una transformación : nosotros traemos la triste herencia de Adán, que el Apóstol San Pablo llama hombre viejo con todas sus concupiscencias. Y  Nuestro Señor vino a destruir en nosotros ese hombre viejo y a crear un hombre nuevo, formado según la voluntad de Dios , en la justicia y en la santidad de la verdad.
El cristiano ha recibido desde el día de su bautismo la presencia del Espíritu Santo para que ame a Dios y a los hombres sus hermanos con un amor de auténtica caridad sobrenatural. Toda la vida de este hombre, nacido a la vida de la gracia, será un acercamiento a Dios, una ascensión  hacia la luz y hacia la verdad completa. Verdadera conversión del hombre realizada por la omnipotencia de la misericordia divina que lo redime, lo embellece y lo lleva hasta las más altas cumbres de la perfección en Cristo.
De aquí que el cristiano está llamado a gozar de las alegrías que produce la acción de este divino Amor. El gozo cristiano es la dicha íntima que experimenta el alma al ver como va desapareciendo, bajo la acción eficaz del Espíritu de Dios, aquel cuerpo de concupiscencia y pecado, para dar paso al hombre nuevo, el hombre de la gracia, el hombre de la justicia y de la santidad, el hombre según el deseo de Dios.


CONVERSION.
Confer : El Espíritu Santo Supremo Consolador del Cristiano. Rafael López, M. Sp. S.


LLAMAMIENTO A VIVIR LA PLENITUD DE LA RIQUEZA DE DIOS.
La elección del cristiano está insertada en la misma elección de Cristo. El cristiano es una prolongación del misterio de Jesús, un miembro vivo de su Cuerpo Místico. Con razón el Apóstol San Pablo dice a los Efesios : Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual, en los cielos, en Cristo ; por cuanto nos eligió en El antes de la creación del mundo ... para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor, eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, para alabanza de la gloria de su gracia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad para ser nosotros alabanza de su gloria ... sellados con el Espíritu Santo en la promesa.  
Hay que señalar que la elección del cristiano solo se explica por el amor inmenso del Padre hacia el Hijo. En El nos conoce, nos llama y nos ama.
Nosotros estamos en El . Y en El somos hijos y con El estamos  llamados a participar en la admirable liturgia celestial, en la que todo es santidad y caridad, acción de gracias y alabanza de su eterna gloria.


CONVERSIÓN Y PLENITUD DE LA RIQUEZA DE DIOS
Dios ha elegido al hombre para participarle de su gracia y bondad, pero el hombre ha desperdiciado el don de Dios desde su origen. En efecto, en la aurora misma de la estirpe humana, Adán aparece como dueño y señor de la tierra, como imagen de Dios, colocado en un paraíso de delicias y gozando de la intimidad de su hacedor. Pero también aparece Adán como el transgresor a la ley divina, como el hombre rebelde a la voluntad de Dios.   Pero en la plenitud de los tiempos, Cristo verdadero Dios y verdadero hombre, el Hijo consustancial del Padre Eterno, será quien interceda en forma excepcional, con la ofrenda de su propia vida, realizada por amor, para alcanzar el perdón total de este hombre que se ha rebelado y que ha ofendido profundamente a Dios.
Pero su perdón no es simplemente un perdón que borra la mancha, sino un perdón luminoso que engalana el alma y transforma al hombre de esclavo de Satanás en verdadero hijo de Dios, un perdón que inunda el alma   de paz celestial y de gozosa esperanza, un perdón que ofrece la participación de la gracia y esto en forma sobreabundante. Un perdón, que ofrece la completa salvación. Un perdón que ofrece como garantía de autenticidad la misma presencia del Espíritu Santo para que permanezca en lo más íntimo del alma.


1.- CRISTO " FUNDADOR " DEL CUERPO.
Al querer exponer brevemente cómo Cristo fundó su cuerpo social, nos viene ante todo a la mente esta frase de Nuestro Predecesor León XIII, de feliz memoria: " La Iglesia que, ya concebida, nació del mismo costado del segundo Adán, como dormido en la Cruz, apareció a la luz del mundo de una manera espléndida por vez primera el día faustisimo de Pentecostés ".
Porque el Divino Redentor comenzó la edificación del místico templo de la Iglesia cuando con su predicación expuso sus enseñanzas; la consumó cuando pendió de la Cruz glorificado; y  finalmente, la manifestó y promulgó cuando de manera visible envió al Espíritu Paráclito sobre sus discípulos.
Los testimonios incesantes de los Santos Padres atestiguan que en el patíbulo de la Cruz consumó su obra, enseñando que la Iglesia nació en la Cruz del costado del Salvador, como una nueva Eva, madre de todos los vivientes.


Y a esta Iglesia fundada con su sangre, la fortaleció el día de Pentecostés con una fuerza especial bajada del cielo. Puesto que, constituido solemnemente en su excelso cargo a quien antes había designado por Vicario suyo, subió al cielo, y esta sentado a la diestra del Padre quiso manifestar y promulgar a su Esposa mediante la venida visible del Espíritu Santo con el sonido de un viento vehemente y con lenguas de fuego.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   1.


2.- CRISTO " CABEZA " DEL CUERPO
Con su muerte, nuestro Salvador fue hecho, en el pleno e íntegro sentido de la palabra, Cabeza de la Iglesia, de la misma manera, por su sangre la Iglesia ha sido enriquecida con aquella abundantísima comunicación del Espíritu. por la cual, desde que el Hijo del hombre fue elevado y glorificado en su patíbulo de dolor, es divinamente ilustrada.
Este Cuerpo místico que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que Él ha de ser considerado como su cabeza: Por razón de su excelencia como Verbo del Eterno Padre. Por razón de su gobierno ........ Visible y ordinariamente por medio del Romano Pontífice...... Invisible y  extraordinariamente  por Sí mismo,  porque Él reina en las mentes y en las almas de los hombres y doblega y arrastra aún a los rebeldes a su beneplácito..... En las Iglesias particulares por medio de los Obispos.....
Por razón de la mutua necesidad, es evidente que los fieles necesitan el auxilio de su divino Redentor..... Cristo también necesita de sus miembros. Por que así lo ha querido para mayor honra de su Esposa inmaculada.
Por razón de la semejanza,  por la mutua conformidad que existe entre la Cabeza y el Cuerpo, siendo como son de la misma naturaleza......Por razón de la plenitud, que ejerciendo Él de manera eminente, plena y perfecta, las funciones sobrenaturales, su Cuerpo místico recibe algo de su plenitud..... Por razón del influjo al iluminar...... al santificar....... derrama en su Iglesia su poder y eficiencia para que con ella los fieles conozcan más claramente y más ávidamente deseen las cosas divinas.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   2.


3.- CRISTO " SUSTENTADOR " DE SU CUERPO
Todos los miembros de su Cuerpo místico, y sobretodo los más importantes, reciben del Salvador dones constantes de consejo, fortaleza, temor y piedad, a fin de que todo el cuerpo aumente cada día más en integridad y santidad de vida. Y cuando los sacramentos de la Iglesia se administran con rito externo, El es quien produce el efecto interior en las almas .
Y así mismo, Él es quien alimenta a los redimidos con su propia Carne  y  Sangre. Nuestro divino Redentor sustenta de manera divina a la sociedad por el fundada , de tal manera le comunica los bienes que son propios de Él, que la Iglesia, en todos los ordenes de su vida, tanto visible como invisible, reproduce en sí, lo más perfectamente posible, la imagen de Cristo. Porque por la misión jurídica , con la que el Divino Redentor envió a los Apóstoles al mundo,  como el mismo había sido enviado por el Padre,   Él es quien por la Iglesia Bautiza, enseña,  gobierna,  desata,  liga,  ofrece,  sacrifica.
Y por aquel don más elevado, interior y verdaderamente sublime que nos mereció Cristo con su Sangre derramada en la Cruz . El Espíritu Santo comunicado con una efusión abundantísima a su Iglesia después de su glorificación en la Cruz , a fin de que Ella y cada uno de sus miembros se semejen cada día más a nuestro divino Salvador. Es el Espíritu de Cristo el que nos hizo hijos adoptivos de Dios y el principio invisible que hace que todas las partes estén íntimamente unidas, tanto entre sí, como con su excelsa Cabeza.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   3.


4.- CRISTO " SALVADOR " DEL CUERPO
Estas nuestras palabras acerca de " la Cabeza mística " quedarían imperfectas si no tratáramos, siquiera brevemente de aquél texto del Apóstol: " Cristo es la Cabeza de la Iglesia: El es el Salvador de su cuerpo "
Porque con estas palabras se indica la última razón por la que el Cuerpo de la Iglesia se honra con el nombre de Cristo: a saber que Cristo es el Salvador Divino de este Cuerpo.
El con toda justicia fue llamado por los samaritanos: "Salvador del mundo "; más aún, sin ninguna vacilación debe ser llamado " Salvador de todos ", aunque con San Pablo hay que añadir: "mayormente de los fieles ". Es decir con preferencia sobre los demás, adquirió con su sangre aquellos miembros suyos que constituyen la Iglesia. Así como el Hijo del Eterno Padre bajó del cielo para la salvación perdurable de todos nosotros, del mismo modo fundó y enriqueció  con  el  Espíritu  Divino  el  Cuerpo de la Iglesia para procurar y obtener la felicidad de las almas inmortales, conforme aquello del Apóstol: " Todo es vuestro y vosotros sois de Cristo; y Cristo es de Dios ". Porque la Iglesia , fundada para el bien de los fieles, tiene como destino la gloria de Dios, y del que El envió, Jesucristo.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   4.


LA UNION DE LOS FIELES EN CRISTO
Plácenos ahora, Venerables hermanos, tratar muy especialmente de nuestra unión con Cristo en el Cuerpo de la Iglesia, que si - como con toda justicia lo afirma San Agustín es cosa grande, misteriosa y divina, por eso mismo sucede con frecuencia que algunos lo entienden y explican desacertadamente.
Y ante todo, es evidente que se trata de una unión estrechísima; ya que en la Sagrada Escritura no solo se la compara con el vínculo del santo matrimonio, y con la unidad vital de los sarmientos y de la vid y la solidaridad orgánica de nuestro cuerpo; sino que se la presenta como una unión tan íntima, que conforme a aquello del apóstol: "El mismo es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia" enseña la más antigua y constante tradición de los Padres que el Redentor divino constituye con su Cuerpo social una sola persona mística, o como dice San Agustín: El Cristo integro. Más aún, nuestro mismo Salvador, en su oración sacerdotal, no dudó en compara esta cohesión con aquella unión admirable por la cual el Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo.


* Pio XII .  Mystici  Corporis   II parte.


DISTINCION CON EL CUERPO FISICO Y CUERPO MORAL
Mientras en el cuerpo natural el principio de unidad traba las partes, de suerte que estas se ven privadas de subsistencia propia, en el Cuerpo Místico, por el contrario, la fuerza que opera la recíproca unión, aunque íntima, junta entre si los miembros de tal modo que cada uno disfruta plenamente de su propia personalidad. Añádase a esto que, si consideramos las mutuas relaciones entre el todo y los diversos miembros, en todo cuerpo físico vivo todos los miembros tiene como fin supremo solamente el provecho de todo el conjunto, mientras que todo organismo social de hombres, si se atiende a su último fin, está ordenado en definitiva al bien de todos y cada uno de los miembros, dada su calidad de personas.
Y si comparamos el Cuerpo Místico con el moral, en el cuerpo moral el principio de unidad no es más que el bien común y la cooperación común de todos a un mismo fin por medio de la autoridad social; mientras que en el Cuerpo Místico de que tratamos, esta cooperación se añade otro principio interno que, existiendo de hecho y actuando con toda la contextura y en cada una de sus partes, es de tal excelencia, que por si mismo sobrepuja a todos los vínculos de unidad que sirven para la trabazón del cuerpo físico moral. El Espíritu divino, Quien, como dice el Angélico, " siendo uno y el mismo numéricamente, llena y une a toda la  Iglesia ".... El espíritu de nuestro Redentor, que, como manantial de todas las gracias, dones y carismas, llena constantemente a la Iglesia y obra en ella.


LA IGLESIA  " PLENITUD DE CRISTO "
Aquel amorosísimo conocimiento,  que desde el primer momento de su Encarnación tuvo de nosotros el Redentor divino, está por encima de todo el alcance escrutador de la mente humana ; toda vez que, en virtud de aquella visión Beatífica de que disfrutó apenas recibido en el seno de la Madre divina, tiene siempre y continuamente presentes a todos los miembros del Cuerpo místico y  los abraza con su amor salvífico.
! Oh admirable dignación de la piedad divina para con nosotros ! ! Oh inapreciable orden de la caridad infinita ! En el pesebre, en la Cruz, en la gloria eterna del Padre, Cristo ve ante sus ojos y tiene unidas a Sí a todos los miembros de la Iglesia con mucho más claridad y mucho más amor que una madre conoce y ama al niño que lleva en su regazo, que cualquiera se conoce y ama a sí mismo.


De lo dicho se ve fácilmente, Venerables Hermanos, por que escribe tantas veces San Pablo que Cristo está en nosotros y nosotros en Cristo. Lo cual ciertamente, se confirma con razón más profunda. Porque como expusimos antes con suficiente amplitud, Cristo está en nosotros por su Espíritu al cual nos comunica y por el que da tal suerte obra en nosotros, que todas las cosas divinas llevadas a cabo por el Espíritu Santo en las almas, se han de decir también realizadas por Cristo.
Esa misma comunicación del Espíritu de Cristo hace que, al derivarse a todos los miembros de la Iglesia todos los dones, virtudes y carismas que con excelencia, abundancia y eficacia encierra la Cabeza, y al perfeccionarse en ellos día con día según el sitio que ocupan en el Cuerpo místico de Jesucristo, la Iglesia bien a ser como la plenitud  y el complemento del Redentor.   


* Pío XII .  Mystici  Corporis   II parte.



SEXTA  PARTE.


EL ESPÍRITU SANTO EN LA SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS.


LA GRACIA SANTIFICANTE
LAS GRACIAS ACTUALES
LAS VIRTUDES MORALES
LAS VIRTUDES TEOLOGALES
LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
LOS CONSUELOS DEL ESPÍRITU SANTO
LAS BIENAVENTURANZAS.



EL ORGANISMO SOBRENATURAL.
Como por el alma tenemos la vida natural, así también, tenemos vida sobrenatural porque tenemos la gracia. Y en la medida en que aumenta la gracia, aumenta en nosotros la vida ; y en proporción de la gracia a de ser la gloria que Nuestro Señor nos dé, porque la gloria no es más que el desarrollo pleno de la gracia.
Pues bien, así como la gracia viene a ser el alma de nuestra alma, así las virtudes y los dones del Espíritu Santo vienen a ser, en el orden sobrenatural, lo que son en el orden natural nuestras facultades. Estas virtudes y estos dones  perfeccionan nuestras facultades naturales y las hacen capaces de actos superiores, de actos del orden sobrenatural.
Para la vida interior sirven especialmente las virtudes teologales, porque son las que ponen en contacto con Dios. Las virtudes teologales nos sirven para ponernos en contacto íntimo y directo con Dios, porque tienen a Dios mismo por objeto. Por la fe vemos a Dios, con mucha imperfección, pero lo vemos a El. Por medio de la esperanza tocamos a Dios, en la lejanía del porvenir, pero lo tocamos. Y por medio de la caridad amamos a Dios y nos unimos íntimamente con El, porque es imposible que haya caridad en un alma sin que este allí Dios con ella.



LAS VIRTUDES MORALES.
El hecho se ser pecadores nos lleva a la humildad y a acercarnos al Señor, “como Salvador de nuestros pecados”.
Las virtudes morales nos sirven para tocar santa y debidamente las cosas del mundo y a nosotros mismos ; sin duda que también nos ayuda a ir a Dios, pero no son las que nos ponen en contacto directo con El.
En todas las etapas de nuestra vida espiritual tenemos que preocuparnos de estas dos cosas : de estar en relación íntima con nuestro Señor por nuestra vida interior y de ordenarnos debidamente a nosotros y ordenar nuestras relaciones con el prójimo por medio de esa otra vida que tenemos más exterior, y en donde entran todas las virtudes morales, entre las que las  virtudes cardinales son como raíz de las demás ; cuatro actitudes fundamentales que nos permiten habitualmente obrar con rectitud: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.

La templanza , el domino de si mismo, que ordena nuestra actitud ante lo agradable. La justicia, que ordena nuestras relaciones con el prójimo, en la voluntad constante y perpetua de dar a cada quien lo suyo y respetar su derecho. La fortaleza  que nos hace capaces de resistir al miedo y  afrontar los riesgos que implica el deber. Y la Prudencia sobrenatural, que nos ordena en nuestra capacidad de tomar decisiones convenientes a nuestro fin sobrenatural y que es la que hace posibles a las tres anteriores.


LAS VIRTUDES TEOLOGALES.
Para ponernos en contacto íntimo con Jesús no bastan las luces de nuestra inteligencia ni el amor natural de nuestro corazón. Necesitamos nuevos ojos y nuevo corazón  para podernos comunicar con Dios, para poder  comunicarnos con Jesús. Y en su misericordia Dios nos ha dado estos ojos iluminados de que habla San Pablo y ese corazón nuevo de que hablan las Escrituras. Los ojos nuevos son la feel corazón nuevo es la caridad.
Se puede decir,  que por la fe  y  por la caridad es por lo que penetramos en el Corazón divino de Jesús. Pudiéramos decir que por las Virtudes Teologales, porque estas tres virtudes, la fe, la esperanza, la caridad, son las únicas que nos pone en contacto inmediato con Dios.
Creo que se deben reivindicar los derechos de las virtudes teologales, porque me parece que aun las personas piadosa les hacen poco caso, sobretodo a la fe y todavía más especialmente a la esperanza. Por el afán de ser prácticos, muchas veces los hombres se preocupan más de esas virtudes que parecen más prácticas : la mortificación, la pobreza, la humildad, virtudes importantísimas indispensables, pero que tienen su lugar.
Cómo no ha de ser práctica la fe,  y la esperanza  y la caridad, sin son las virtudes superiores , son las que tienen por objeto a Dios,  por eso se les llama Teologales, por eso se les llama divinas, porque con ellas nos ponemos en contacto con Dios.


EJERCICIO DE LAS VIRTUDES TEOLOGALES.
Sin duda que las virtudes teologales para realizar las operaciones más altas y admirables de la vida espiritual necesitan el precioso concurso de lo Dones ; pero la esencia de la intimidad del alma con Dios está en el ejercicio de las virtudes teologales y especialmente en el ejercicio de la caridad, reina de las virtudes que enlaza y armoniza los Dones en la divina unidad del amor y sirve de fundamento a la mutua posesión del Espíritu Santo y del alma. A esa comunión íntima de amor aspira el Huésped dulcísimo de nuestras almas, por esta hermosa intimidad suspira el alma y el misterio de esta comunión se realiza por las virtudes Teologales.
Las demás virtudes purifican el alma, quitan de ella los obstáculos para la unión, la aproximan a Dios, la hermosean ; pero ninguna de ellas, ni todas juntas pueden hacer que el alma toque a Dios, porque de ninguna de ellas es Dios el objeto propio. Aun los mismos Dones del Espíritu Santo, superiores a las virtudes morales infusas, no pueden por sí mismos tocar a Dios, sino que están al servicio de las virtudes teologales porque ellas tienen por objeto propio a Dios y tienen por consiguiente el privilegio inefable de tocarlo. La fe son los ojos que lo contemplan entre sombras ; la esperanza, son los brazos que lo tocan, triunfando del tiempo y hundiéndose en la eternidad ; y la caridad, el corazón que lo ama, que se funde en inefable caricia con el corazón del amado. 


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al  Espíritu Santo  IX.


FE
La presencia del Espíritu Santo en nuestras almas exige de nosotros que nos demos cuenta de ella, que tengamos la dulcísima convicción de que El habita en nuestros corazones, que vivamos bajo su mirada y lo busque la nuestra. ! Que dulce es vivir a la luz de esa mutua mirada !. A las veces esa mirada se hace tan profunda que parece hundirse en el seno de Dios, tan clara que su luz semeja la aurora del día eterno. A las veces empero, el cielo del alma se oscurece y en la inmensa soledad no queda ni un rayo de luz. Pero en medio de esas necesarias vicisitudes de la vida espiritual hay algo que no cambia, que no acaba, algo muy sólido que no deja extraviar  al alma,  la fe que apoyada en la firmeza inquebrantable de la palabra de Dios  se afina en la desolación y se perfecciona en el consuelo. Por eso dice la Escritura que " el justo vive de la fe ", y por eso San Juan de la Cruz recomienda tanto a las almas que aspiran a la perfección esta vida de fe como el camino recto y seguro para alcanzar la cumbre. Sin duda que la fe es por naturaleza imperfecta, pero para corregir sus imperfecciones, en cuanto es posible, sirven los dones intelectuales del Espíritu Santo, con los cuales la mirada de fe se va haciendo más penetrante, más comprensiva, más divina y hasta más deliciosa.


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  IX.


ESPERANZA
Pero la fe no basta para la intimidad con Dios, aunque sea la primera y fundamental comunicación con El. Mas que por la inteligencia,  por el corazón se alcanza esta perfecta intimidad, porque el Espíritu Santo es Amor, y porque, como lo enseña Santo Tomás de Aquino, en esta vida es mejor amar a Dios que conocerlo y es más unitivo el amor que el conocimiento. Para que la voluntad del hombre se ponga en íntimo contacto con Dios, recibe las virtudes de la esperanza y de la caridad.
Por la esperanza tendemos al fin supremo de la vida,  a la felicidad sobrenatural del cielo, que es participación de la felicidad misma de Dios. Por la esperanza tendemos a El no con la incertidumbre y vaivén de las esperanzas humanas,  sino con la seguridad inquebrantable de quien se apoya en la fuerza amorosa de Dios.
La esperanza nos pone en comunión con la fuerza del altísimo y abre nuestra alma a los auxilios sobrenaturales  de los que el Espíritu Santo es fuente viva e inagotable.
El termino de la esperanza es la patria, porque es la eterna y plena posesión de Dios, porque tenemos la divina promesa que no engaña, porque primero pasarán los cielos y la tierra que la palabra de Dios. Y si con la esperanza llevamos en el alma la caridad, tenemos más que la promesa, pues poseemos en sustancia el Bien que poseeremos plenamente en el cielo porque en el fondo la vida de la gracia y la vida de la gloria son la misma vida sobrenatural, en germen por la gracia, en plenitud por la gloria. Y el Espíritu Santo, nuestro Huésped, nuestro Don, es la prenda de nuestra herencia.  


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  X.



CARIDAD
El Espíritu Santo es el Amor infinito y personal de Dios y su obra es de amor y lo que busca  y anhela es establecer en las almas el dichoso reinado del amor. Pero el amor más perfecto y excelente es el amor de caridad. Es la caridad , la imagen más perfecta del Espíritu Santo y tiene con El relaciones estrechísimas : cuando hay en un alma la caridad, en ella vive el Espíritu Santo y en cuanto este divino Espíritu se da a un alma, derrama en ella la caridad, amor creado hecho para imagen y semejanza del Amor Increado, vínculo que une estrechamente el alma con el Espíritu Santo, esencia de la perfección y forma de todas las virtudes.
El grado de caridad que posee un alma es la medida de la posesión mutua del Espíritu y de ella, es la medida de todas las virtudes infusas y de los dones del Espíritu Santo, es la medida de la gracia y de la gloria. El amor toma todas las formas y realiza todas las empresas : en los principio de la vida espiritual limpia el alma y arranca de ella cuanto se opone a su reinado, mediante las virtudes morales ;  después dirige a los Dones del Espíritu Santo para que completen la purificación del alma y la iluminen y preparen a la unión con Dios ; y al fin, une al alma con Dios y la enriquece de luz y la atavía con virtudes y realiza en ella una obra divina de armonía y perfección. 


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al  Espíritu Santo  XI.



LA MOCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO POR LOS DONES.
Luis M. Martínez.  La Verdadera Devoción al El Espíritu Santo  VI
Dios nos mueve porque nos ama y es por nosotros amado. Para que el Espíritu Santo mueva un alma necesita estar íntimamente unido a ella por la caridad ; se diría que su moción es una caricia del Amor Infinito. Sin esta moción del Espíritu Santo es imposible normalmente conseguir la salvación de nuestras almas y sobretodo conseguir la perfección cristiana, pues la razón del hombre, aunque enriquecida con la luz de Dios, aun contando con las virtudes sobrenaturales no logrará jamás su transformación, la reproducción de Jesús en nuestras almas, si no cuenta con la dirección e intervención inmediata del Espíritu Santo, único Maestro que posee el ideal en su magnífica plenitud, único que conoce el arte divino de la santificación de las almas donde hay algo incomunicable e infinito que para poseerlo es preciso ser Dios.




LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO.
El Espíritu Santo es como un artista maravilloso que tiene que realizar en cada una de nuestras almas una obra de arte, que no es otra cosa que modelar en ella la imagen de Jesús.  Esta obra del maestro, la que El hace con sus propias manos divinas sobre nuestras almas transformadas por la gracia, la realiza por medio de esos divinos y misteriosos instrumentos de los dones :  El don de Sabiduría, el don de Entendimiento, el don de Consejo, el don de Fortaleza, el don de Ciencia, el don de Piedad, el don de Temor de Dios.
Por el don de Temor de Dios inicia nuestro camino hacia Dios. Con los dones de Ciencia y de Piedad  nos relacionan admirablemente con Dios. Por los dones de Consejo y de Fortaleza nos prepara adecuadamente para alcanzarlo. Con los dones de Entendimiento y Sabiduría nos une más perfectamente a Dios por el conocimiento y el amor. El don de la Piedad para vestimos de las entrañas de misericordia. 




EL DON DE TEMOR DE DIOS.
El don de Temor de Dios es el primer paso en el camino hacia Dios. Es la disposición común que el Espíritu Santo pone en alma para que se porte con respeto delante de la majestad de Dios y para que sometiéndose a su voluntad, se aleje de todo lo que pueda desagradare, es la huida del mal, lo que nos alcanza este don y lo que lo hace ser la base y el fundamento de todos los demás. Por el temor se llega al sublime don de Sabiduría y la  sabiduría perfecciona recíprocamente este temor. El gusto de Dios hace que nuestro temor sea amoroso, puro y libre de todo interés personal.

San Antonio de Padua (1195-1231)
“El Espíritu de la verdad… dará testimonio a favor mío”

      El Espíritu Santo es un “río de fuego” (Dn 7,10), un fuego divino. Tal como el fuego actúa sobre el hierro, así este fuego divino actúa sobre los corazones sucios, fríos y duros. Al contacto con este fuego, el alma pierde poco a poco su negrura, su estado frío, su dureza. Se transforma y se vuelve del todo semejante al fuego que la abrasa. Porque si el Espíritu se da al hombre, si recibe su soplo, es para transformarlo a su semejanza tanto como es posible. Bajo la acción del fuego divino el hombre se purifica, se enardece, se vuelve líquido, y llega al amor de Dios, tal como lo dice el apóstol Pablo: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5).




EL DON DE FORTALEZA .

En este encaminarse a Dios, en esta adquisición cabal de la plenitud divina, como tendencia normal de la verdadera conversión. El alma encuentra grandes pruebas que superar, acciones heroicas que realizar, un esfuerzo nada común para corresponder alas exigencias a las que la llama el Señor. Aquí también el Espíritu Santo auxilia al alma infundiendo en ella una fortaleza y un valor admirables.


EL DON DE PIEDAD
Habiendo participado de un conocimiento gozoso del misterio de Dios, que se revela en forma personal, ya no puede el alma contentarse con un gozo humano, por más perfecto y limpio que este sea. Y así el alma "vivificada" por el Espíritu Santo, tiende con todas las potencias de su ser a la participación del gozo consumado de su Señor. Es en esta dinámica de conversión cuando el alma comprende, experimenta, que Dios es su Padre,  y que ella,  al igual que Cristo debe encauzar toda su existencia para hacer de ella una alabanza de adoración amorosa a ese Padre pleno de bondad. 

FIN AL QUE TIENDEN ESTOS 3 DONES:

SENTIRME TU HIJO, ALEJARME DE TODO LO QUE PUEDA DESAGRADARTE Y TU AUXILIO PARA CORRESPONDER A LAS EXIGENCIAS DE TU AMOR, PERSEVERAR Y PODER SUPERAR  TODAS LAS PRUEBAS. 

SI LOS TRES PRIMERAS DONES QUE NECESITAMOS, NOS LLEVAN A NO OFENDER A DIOS, 
LOS CUARTO ÚLTIMOS NOS LLEVAN A AMARLO Y GOZARLO CON TODO NUESTRO SER HUMANO Y SOBRENATURAL:
CONTEMPLAR EL MISTERIO DE DIOS; SABER CON LUZ DIVINA QUE DEBO HACER EN LAS CIRCUNSTANCIAS PRESENTES; CONOCER LO QUE DIOS ES, SUS PERFECCIONES Y ATRIBUTOS; PENETRAR EN LAS ALTURAS DE SU DIVINA CARIDAD.



EL DON DE CIENCIA.
En esta obra de la auténtica y completa conversión del hombre hacia Dios, el Espíritu Santo, a través de su acción transformante, derrama sobre el alma efluvios de ciencia divina, para que el alma contemple con la misma ciencia de Dios el Misterio Divino, sus excelencias y demás perfecciones y desde esa luminosa altura contemple las criaturas en su justo y real valor.



EL DON DE CONSEJO.
El don de Consejo tiende a la dirección de las acciones particulares. Es una luz por la cual el Espíritu Santo muestra lo que se debe hacer en el lugar y en las circunstancias particulares presentes. Lo que la sabiduría, la fe y la  ciencia enseñan en general, el don de consejo la aplica  en particular. Por lo tanto es fácil comprender su necesidad, puesto que no basta saber si una cosa es buena por si misma, sino que es necesario juzgar si es buena en las circunstancias presentes, y si es mejor que otra y más propia para el fin que se pretende. Y todo esto se conoce por el don de Consejo.


EL DON DE ENTENDIMIENTO.
Pero para que sea eficaz y completa la conversión del hombre hacia Dios, el Espíritu Santo toca al alma en sus más intimas y delicadas fibras en aquello que la relaciona en forma directa con el misterio de Dios. Y así a través del don de entendimiento le revela en forma experimental lo que El  Essus perfecciones y atributos, su entrega al alma en forma personal, íntima. Más conoce el alma a Dios,  más tiende hacia El.  Más disfruta de la divina experiencia , más anhela gozar de la plenitud de la riqueza de Dios.


EL DON DE SABIDURÍA.
Finalmente, como esta conversión se ha originado por un motivo de amor : la misericordia de Dios derramándose sobre la criaturaDios continúa su obra de amor llevándola hasta su cabal cumplimiento. La hace penetrar en las alturas y profundidades de la divina Caridad.
El don de sabiduría es un conocimiento de Dios, de sus atributos y sus misterios, como infinitamente adorables y amables. De este conocimiento resulta un sabor delicioso, del que a veces participa aun el cuerpo, y que es más  o menos grande según el grado de perfección y de pureza en que se encuentra el alma.






Amar al Espíritu Santo es, pues, dejarse poseer por El ; pero también poseerlo, porque El  es nos solamente el Director de nuestra vida, sino también el Don de Diosnuestro Don. Poseer al Amor es amarlo, es dejarse penetrar por su fuego y arder en el, es recibir las ardientes efusiones del amor y en ellas al Amor mismo.
Esta posesión tiene sus grados : basta el menor grado de caridad para poseer al Espíritu Santo. Cuanto más crece en el alma la caridad, más crece también esta dichosa posesión del Don de Dios.
El Espíritu Santo es más nuestro cuanto más lo amamos, y más lo amamos cuanto somos más suyos ; en otras palabras : cuanto más perfectamente es el Espíritu Santo principio de nuestro amor, más perfectamente es el término de ese mismo amor, más perfectamente es nuestro Don.
Cuando amamos bajo la especial moción del Espíritu Santo, puede decirse con rigor teológico que aquel acto es divino, que es acto del Espíritu Santo, que amamos con el Espíritu Santo, porque, como enseña Santo Tomas, la producción de algún efecto no se atribuye al móvil sino al motor. En este amor realizado bajo la especial moción del Espíritu Santo, sobre todo cuando este amor pasivo a llegado a su perfección, no es el alma quien se mueve a si misma, sino que el Espíritu Santo la mueve y ella obra bajo su impulso divino. El Espíritu de Dios ama en el alma ; el alma ama con el Espíritu Santo.


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al  Espíritu Santo  XIII.






AMOR Y MISERIAS.
El amar a Dios no es solo un felicísimo derecho que todos tenemos, sino un dichosísimo deber. ¿ No es el primero y principal de los mandamientos : amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas ?. ¿ Como puedo atreverme a amar a Dios si estoy lleno de miserias y pecados ? ¿ como podrá Dios amarme así para que haya la mutua correspondencia que exige el amor ?.
Precisamente lo que Dios nos pide, lo que exige de nosotros, lo que vino a buscar a la tierra, en medio de los dolores y las miserias de la vida mortal,  fue nuestro amor,  el amor de las pobres criaturas ; sabia muy bien que no encontraría sobre la tierra ni virtud, ni generosidad, ni hermosura, ni necesitaba tales cosas,  pues El precisamente traía las manos henchidas de esos dones , mas sabía que sobre la tierra había corazones pobres, miserables y manchados, pero capaces de amar,  y vino a pedirles que lo amaran, vino a obligarlos con el extremo de su ternura, con las locuras de su amor a que lo amaran, y después de hablar de amor y de empequeñecerse en la Santa Eucaristía por amor, se quedó en el Sagrario para decir a cada alma que viene a este mundo lo que dijo a la Samaritana : ! Tengo sed de amor ! ! alma, dame de beber... !


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al  Espíritu Santo  XI.


ILUMINACION.
Nuestra  vida espiritual, consiste en nuestra incorporación a Jesús, en nuestra unión con El, nosotros somos los sarmientos  y  El es la vid a la cual estamos íntimamente unidos y de donde tomamos la savia y la vida. Vivir vida cristiana es abrazarnos con Jesús,  fundirnos,  hacernos una sola cosa con El,  y por El y en El,  ser hijos adoptivos del Padre y estar bajo el régimen y el impulso amoroso del Espíritu Santo ; es entrar en el seno de Dios, es comenzar a vivir en la tierra la vida que ha de ser nuestra felicidad en el cielo.
! Si pudiéramos contemplar la inmensidad, la belleza , la beatitud de esta vida ! Nuestra vida no puede ser otra cosa sino luz y amor y fecundidad,  porque es la vida de Dios,  porque es la vida del Espíritu ; pero llegaremos a la cumbre de esa luz cuando entremos en el seno de la Divinidad.
Si Dios habita en una luz inaccesible para nuestra pequeñez, el amor de Dios la ha  hecho accesible por su misericordia. Jesús vino precisamente para hacernos accesible la luz de Dios. Esa luz de Dios que se nos comunica por la humanidad de Jesucristo.
El Espíritu Santo hace inteligible para nosotros la Persona de Cristo y todo su mensaje.
Con la luz admirable del Espíritu Santo comprendemos la maravilla de nuestra filiación adoptiva. Nuestro parentesco con el Señor resucitado, la función de María nuestra madre, el misterio de la Iglesia. La riqueza de nuestro bautismo, el sentido de la vida, del trabajo, del dolor, la verdad en lo mas recóndito de nuestro ser.


UN CIELO ANTICIPADO.
Sin duda que el Espíritu Santo se llama consolador, porque de cuando en cuando hace lucir un rayo de luz celestial en nuestro espíritu, hace palpitar con violencia nuestro corazón con santos afectos, nos levanta de la tierra y parece que nos hace tocar el cielo.
No obstante, mientras vivimos en la tierra, nos tortura el deseo vivísimo, la ansiedad inmensa de poseer ya a nuestro Dios. A las veces nos entretenemos, por decirlo así, con las criaturas, para no sentir esta pena que llevamos en el alma ;  pero cuando las criaturas desaparecen y nos damos de nuestra verdadera situación, exclamamos con el salmista : ! Ay de mi, cuanto se ha prolongado mi destierro !.
La pena por la que necesitamos consuelo es porque no poseemos plenamente a Dios. El verdadero consuelo que nos da el Espíritu Santo es éste : nos da, de la manera que podemos poseerlo en la tierra, como dice San Pablo, " lo sustancial de las cosas que esperamos ", por decirlo así nos fabrica en el corazón un cielo anticipado y  temporal,  mientras llega el definitivo y eterno.  Esto es, nos hace ver, en cuanto es posible a la pobre criatura, como Dios ve ;  amar, con nuestra naturaleza transformada por la gracia como Dios ama.
El Padre no tiene ojos sino para mirar al Verbo, pues en El nos ve a todas las criaturas ; no tiene corazón más que para amar al Verbo,  pues en El ama a todos.
Y ese amor incomprensible se refleja en la criatura transformada : No ver en las criaturas sino al Verbo ; no amarlas sino en el Verbo, o amar al Verbo en ellas.  He aquí la suprema perfección de nuestra alma respecto a las criaturas y el preludio de aquella vida felicísima en la que Dios será todo en todas las cosas.


Después de haber dado una mirada de conjunto sobre todo el camino de la vida espiritual, conviene ir recorriendo uno por una las etapas de ese camino.


EL ESPIRITU SANTO Y SUS FRUTOS.
Confer : El Espíritu Santo y sus Frutos.  Luis M. Martínez Arzobispo Primado de México.


Las bienaventuranzas son el fruto más perfecto que pueden producir las virtudes y los dones. Las bienaventuranzas son los frutos de las alturas, algo que se asemeja ya a los goces celestiales. Pero no todo fruto es bienaventuranza.
Los Frutos del Espíritu Santo son operaciones espirituales ; son un acto de virtud, un acto de amor, una comunicación con Dios, pero que viene envuelto en dulzura, que deleita mucho, que embalsama nuestra alma ; ! y cuantas veces esos divinos consuelos, rápidos y fugaces como nuestras operaciones, dejan en nuestra alma una divina estela, un perfume exquisito que por mucho tiempo nos deleita !.
! Ah, en el principio de los tiempos existía un orden maravilloso !. Cuando nuestros primeros Padres estuvieron en el Paraíso, cuando la naturaleza humana integra, no manchada aún por el pecado, pareció bajo las frondas del Edén vigorosa, espléndida, bellísima, todo en el hombre era armonía. Entonces no existían en el corazón humano esas luchas tremendas que sentimos en nuestro corazón, esas luchas de las cuales decía el Apóstol San Pablo : " Yo siento en mis miembros la ley del pecado que se levanta contra la ley del espíritu que vive en mi ".


CARACTERES DE LOS CONSUELOS O FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO.
La obra de la gracia es restablecer en cuanto lo pide la economía de la redención,  algo de la armonía del paraíso, ordenar la parte inferior de nuestra alma sujetándola ala parte superior, ordenar nuestro corazón con todos sus afectos, sujetar toda nuestra alma a Dios nuestro Señor.
La obra de la gracia es una obra admirable de orden y armonía. Pero es obra es lenta. Poco a poco la gracia va obrando en las almas, poco a poco las almas van haciendo a un lado sus defectos y desarrollando las virtudes, poco a poco se van desprendiendo de las criaturas y se van uniendo a Dios ;  poco a poco Nuestro Señor las penetra como un perfume celestial hasta que se llega a esa unión estrechísima en la que el alma, como la esposa de los Cantares, pude decir la frase deliciosa : " Mi amado para mi y yo para mi amado " .
Con cada porción de nuestra alma que se ordena vienen los frutos de alegría y de consuelo que produce en ella el Espíritu Santo. Cuando se ha llegado a ordenar nuestra sensibilidad y a sujetar la parte inferior a la superior, vienen los frutos del Espíritu Santo como el esplendor de ese orden divino. Cuando nuestras relaciones con los demás se ajustan a la justicia,  a la caridad, al orden,  entonces como fruto de aquel orden aparecen los consuelos divinos. Cuando levantándonos todavía más hemos llegado a unificar nuestro afectos y a purificar nuestro corazón y a ordenar la parte superior de nuestra alma vienen los consuelos más fino y exquisitos a deleitar nuestro corazón.


LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.
Los frutos del Espíritu Santo, dice San Pablo, son : Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Magnanimidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia y Castidad .
En el pasaje del Apóstol San Pablo en la Epístola a los Gálatas hay una palabra que basta por si sola para revelarnos lo que son los consuelos  divinos del Paráclito : FRUTOS del Espíritu Santo.
La comparación que el Apóstol establece entre nuestra vida espiritual y lo que se produce en los campos es una comparación adecuadísima. El alma es un huerto donde el Espíritu Santo ha derramado preciosa, divina semilla.  La gracia tan excelente y tan bella que nos hace semejantes a Dios, porque como dice el Apóstol San Pedro,  es una participación de la naturaleza divina . Y esa semilla desarrollada bajo el influjo de Dios, llega a cierta madurez, entonces produce su fruto, fruto suave, fruto delicioso, es el consuelo del Espíritu Santo.
Los frutos del Espíritu Santo se clasifican por el diverso proceso que el Espíritu Santo realiza en las almas. Santo Tomás señala tres : el orden del alma en si misma, y el orden del alma respecto a las cosa exteriores, ya sea de los otros hombres , ya sea de las cosas inferiores al hombre.


CARIDAD, GOZO Y PAZ. Frutos de Amor.
El Apóstol San Juan nos hace esta revelación maravillosa, Dios es caridad. Pero si Dios es caridad, ese nombre se la aplica de una manera singular a la Tercera Persona de la Trinidad Augusta, al Espíritu Santo, porque es el amor infinito, el Amor Personal del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo es caridad, y la caridad que El difunde en nuestros corazones es su imagen. Imaginémonos una persona muy bella que se acerca a un estanque de límpidas aguas. En  los cristales de aquel lago se retratara la imagen de aquella persona. Y así como no se puede separa la persona de la imagen que produce en los cristales tampoco puede separarse el Espíritu Santo de la caridad.
La ordenación misma del alma, tiene una raíz, el amor, del corazón proceden todas nuestras iniquidades y todas nuestras virtudes. De nuestro corazón brotan todas nuestras inquietudes y todos nuestros gozos : El deleite de amar,  el gozo de la unión,  la tranquilidad de la paz. El que tiene la caridad, tiene también a Jesús en su corazón , lo dice también el Apóstol San Juan :  " El que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en el ".  Cuando tenemos conciencia de nuestra dicha, cuando experimentamos la divina presencia del Amado en nuestro corazón, cuando la unión ha llegado a cierta madurez, entonces se produce este fruto del Espíritu Santo el Gozo. El tercer fruto, la Paz,  está lógicamente enlazado con le Gozo, para que el Gozo sea pleno es necesario disfrutar de él en la paz.
              


PACIENCIA Y LONGANIMIDAD. Consuelos del dolor.
Pero en el mundo no solo hay bienes, también hay males. Si solamente hubiera bienes, bastaría el amor, con su cortejo de gozo y de paz para ordenar nuestra alma. Pero no es así, Dios ha sembrado en nuestra vida muchos bienes, así en orden natural como en el sobrenatural y divino ; pero cerca de los bienes hay siempre males.
Dios no los ha querido eliminar de la tierra, Jesucristo no los quiso arrancar de nuestra vida. Dios prefirió sacar el bien del mal, que impedir que existiera el mal. Jesucristo no quiso suprimir el mal, pero nos dio el secreto divino para sacar el bien del mal. La fortaleza para sufrir, la ciencia divina de esperar.
! Que bellos, qué grandes, qué fecundos son los designios de Dios respecto al dolor ! Primero porque el dolor nos purifica, luego porque nos une con Dios : Porque Jesucristo con su contacto santificó el dolor, porque quiso servirse del dolor para redimir al género humano. El dolor nos hace que nos asemejemos a Jesús ; nuestro Amado es un Dios clavado en la Cruz y es propio del amor hacer semejantes a los que se aman.
Aquí en la tierra hay una manera exquisita de hacer bien al amado, es hacerle bien, a costa nuestra, buscando por El ser despreciados, desapareciendo para que El aparezca, desgastándonos y perdiéndonos a nosotros mismos, muriendo para que El viva. Y ese es el secreto encanto del sufrimiento, hacerle el bien a quien amamos y hacérselo a costa nuestra. Por eso el dolor tiene algo de inmenso. En el cielo poseemos plenamente a Dios ; en el sacrificio somos poseídos plenamente por El. El dolor significa una magnífica donación de nosotros mismos y en el seno de ese dolor santificado y amoroso el Espíritu Santo hace que encontremos sus consuelos celestiales.


LA ORDENACIÓN DE LA VIDA ACTIVA.
La vida humana no es una vida de aislamiento, es una vida de sociedad. Nuestras relaciones con los demás son importantísimas y son difíciles ; es preciso que el Espíritu Santo con su luz, con su fuego, con su acción, venga a ordenar nuestro corazón y nuestra alma y nuestra vida, para que nuestras relaciones con los demás sean armoniosas y santas. Y así lo hace el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo hace que nuestra voluntad sea benévola respecto de los demás, esto es, que tengamos en lo íntimo de nuestra alma el deseo de hacer el bien a todos. Pero no basta querer hacer el bien, es preciso hacerlo, porque no se ama simplemente con deseo, se ama con obras. Se pueden, por consiguiente,  reducir nuestras relaciones con el prójimo a estos dos puntos : tener la voluntad de hacer el bien a todos, y de hecho hacer el bien a todos los que podamos
Hay dos frutos que corresponden a estas dos ordenaciones que el Espíritu realiza en nuestra alma : La bondad y la Benignidad.


BONDAD,  BENIGNIDAD .
Para el cristiano el prójimo es Jesús y cuando a la luz de Dios se comprende esto, el corazón se amplia, se hace inmenso y quisiéramos hacer el bien a todos los hombres, porque todos los hombres son Jesús. ¿ Vislumbramos ese fruto del Espíritu Santo que es la bondad ?. Es el gozo de ese amor íntimo que se lleva en el alma para todos los hombres, un amor que no es de la tierra, que es del cielo, como un trasunto del amor inmenso que llevo Jesucristo en su corazón.
El primer fruto de la vida activa es la Bondad que es el gozo que se lleva en el corazón por quererles hacer el bien a todos. Y la Benignidad es el gozo sobreabundante que el Espíritu Santo derrama en nuestro corazón cuando hacemos el bien.
Cuando leemos las vidas de los grandes apóstoles, como San Pablo, como San Francisco Javier, a primera vista nos parecen extrañas. ¿ Qué gozo, qué felicidad podía encontrar San Pablo en aquellos viajes penosísimos, en los que  pasaba constantemente grandes peligros y males ?. Ah ! es que no comprendemos que los apóstoles tienen un gozo exquisito. El mismo San Pablo lo dice : yo tengo gozo sobreabundante en medio de mis tribulaciones.


MANSEDUMBRE
Por grande que sea la bondad que llevamos en el corazón, por generosa que sea nuestra munificencia, tenemos que encontrarnos con hombres que se oponen a nuestros propósitos, que nos acusan males, que nos hieren, que nos lastiman ; y  mientras el mundo sea mundo habrá buenos y malos, seremos la una y la otra cosa, y en el trato con los hombres forzosamente ha de haber mucho que nos haga sufrir.
La ira es precisamente una pasión por la cual reaccionamos ante los males y ante las injusticias de los demás. Alguno quiere impedirme aquello a lo que tengo legítimo derecho, la ira acude en mi auxilio ; alguno quiere  oponerse a una empresa justa que he acometido, la ira me hará suficientemente fuerte para oponerme al que trate de impedir mis designios. Pero Jesucristo nos enseño la mansedumbre
En el mundo se tiene el pensamiento de que los hombres mansos y dulces son postergados por los demás ; pero Jesucristo nos dijo otra cosa : " Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra ". ¿ Sabemos que es poseer la tierra ?  Es ganar los corazones y las almas. Esta virtud tan difícil como es la mansedumbre, porque tiene que controlar los movimientos de nuestra ira, tiene sus goces exquisitos : la satisfacción de ganar las almas con la dulzura que es un trasunto de la dulzura de Jesús.


Y  FE  (Fidelidad ).
Hay un último fruto de la vida activa, el que el Apóstol San Pablo llama "Fides". La palabra Fe tiene dos sentidos, creer una verdad por la autoridad de aquel que nos la enseña y significa también fidelidad, es decir, la sinceridad con que nosotros tratamos a los demás, la rectitud, la lealtad, ese conjunto de virtudes nosbílisimas que hasta ante el criterio humano engrandecen al hombre.


La fidelidad, el ser lógicos con nosotros mismos, el cumplir nuestro deber y nuestra palabra, el no engañar a los demás, que el Apóstol expresa con la palabra Fides, significaría la fidelidad, la lealtad,  la rectitud, la sinceridad, la veracidad con que debemos tratarnos. Y esto viene a poner el último toque a nuestras relaciones con los demás. Desear hacerles el bien, derramar nuestros dones en sus manos y en sus corazones, ser con ellos dulces y por añadidura leales, !ah !,  es el orden perfecto de las relaciones humanas.
Y a esa lealtad corresponde también un gozo del Espíritu Santo : El gozo de que la verdad sea la norma de nuestra conducta. Dolores y consuelos , pero en divina proporción ; tales son los hilos de oro con los que se teje nuestra vida cristiana. " En proporción de los dolores de mi corazón han llenado de alegría mi alma tus consuelos ".


MODESTIA CONTINENCIA Y CASTIDAD.
Orden con todo lo que nos rodea.
Después de ordenar el alma, después de ordenar nuestras relaciones con el prójimo, es preciso ordenar nuestras relaciones con las criaturas inferiores., estos es , las riquezas, los placeres, los honores, todo lo que nos rodea, todo aquello que entra en la trama complicada y maravillosa de nuestra vida.
Para el buen uso de las criaturas, para el uso ordenado de ellas, tenemos un grande obstáculo, un obstáculo terrible y lo tenemos dentro de nosotros mismos . Esas tres concupiscencias de que nos habla el Apóstol San
Juan y que dice que son los caracteres esenciales del mundo : la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida.
Esas inclinaciones desordenadas a los placeres, a los honores, a las riquezas, son las que hacen que no podamos usar modestamente de las criaturas y que estas ejerzan sobre nosotros su perniciosa fascinación.
Y si queremos vivir ordenadamente debemos hacer un uso moderado, ordenadísimo, de las riquezas, un uso moderado y ordenadísimo de los placeres, un uso moderado y ordenadísimo de los honores.
Y precisamente, porque el Espíritu Santo al ordenar nuestro ser con respecto a las cosas exteriores nos hace libres y nos hace reyes, sentimos gozos exquisitos, el gozo de la libertad, el gozo de una santa soberanía, y esos gozos son precisamente los que el Apóstol San Pablo llama Modestia, Continencia y Castidad, los tres últimos frutos, los que nos libertan, los frutos que rompen nuestras cadenas, los frutos que nos hacen otra vez reyes del universo.


CONSUELOS Y DESOLACIONES.
Es muy común en los principio de la vida espiritual, cuando un alma se ha dado especialmente a Dios y quiere emprender el tortuoso, pero santísimo sendero que lleva a la perfección, que Nuestro Señor la llene de consuelos para atraerla, para robarle el corazón. Y cuando aquella alma le ha dado el corazón por completo, entonces Dios, con maestría inimitable, va apartando de aquella alma los consuelos para que venga el dolor y la desolación a realizar su obra sólida y fecunda. Así el dolor como la alegría son mensajeros de su amor eterno, y vienen envueltos en su ternura y realizan en nuestra vida la obra divina.
Dios ha puesto en los alimentos sabor para que pudiéramos cumplir con el deber de alimentarnos ; pero quien busca en los alimentos por encima de todo el sabor y se olvida del fin raciona que los alimentos tienen, cae en un desorden, que es la gula. Lo mismo acontece aunque de una manera más fina en el orden espiritual. Dios ha puesto sus consuelos en nuestras operaciones sobrenaturales para que podamos con mayor facilidad realizarlas y para que hagamos todos los esfuerzos que sean necesarios para nuestra santificación.
Y así como una prometida haría muy mal si se olvidara de su prometido para poner su corazón en las joyas y en los regalos que le hace, así  Nuestro Señor no quiere que, olvidándolo a El,  vayamos a poner nuestro corazón en sus dones. Por Nuestro Señor nos desprende muchas veces de los mismos consuelos espirituales por medio de esas terribles desolaciones que envía a las almas. 



En una breve síntesis, son la Gracia Santificante y las Virtudes Teologales, Fe, esperanza y caridad, la base solida donde se construye todo el edificio de la Vida divina en las personas. Las Virtudes Morales nos preparan y las Virtudes Teologales lo llevan a efecto.
Por la fe vemos a Dios, pero de manera muy imperfecta, por la Esperanza lo poseemos a futuro y por la Caridad lo amamos en cuanto es posible en la tierra, Luego vienen los Dones del Espíritu Santo a perfeccionar nuestra fe, a fortalecer nuestra Esperanza, a aumentar nuestra Caridad.
Despumes vendrán los Consuelos del Espíritu Santo y sus frutos, entre los cuales la Bienaventuranzas ocupan un lugar primordial.
Para todo esto se requiere un largo comino de purificación, de nuestros sentidos, de nuestra mente, de nuestra voluntad, de todo apego a lo que no sea Dios. Y finalmente el Don d Sabiduría grava en nuestra alma una Imagen de Jesús, tanto mas bella, tanto mas semejante a El, tanto mas divina, cuanto sean nuestra pureza espiritual y nuestro correspondencia al don de Dios.



LA UNION TRANSFORMANTE.
Como explica Santo Tomás, hay tres uniones en el amor:  una que es su causa,  otra que es el amor mismo,  y la tercera que es su efecto.
La primera : Cierta unidad de naturaleza y de aspiraciones es causa del amor.  La segunda, una unión de afectos y de voluntades, es el amor mismo: el querer del amado es nuestro querer ; su bien ,  nuestro bien,  su dicha, nuestra dicha . La tercera es efecto del amor :  la tendencia a la unión real efectiva de los que se aman.
En el amor de Dios hay estas tres uniones: La primera tiene como centro la gracia, que es una participación de la naturaleza divina. La segunda unión la realiza la caridad, que es amistad y amor, que es imagen de Dios que es caridad, y especialmente del Espíritu Santo, el Amor personal. La tercera unión realizada por los Dones del Espíritu Santo, especialmente por el Don de Sabiduría, llegados a su perfecto desarrollo, y consiste en la total completa  y constante divinización del alma
La Unión TransformanteLa plena participación del Don de Sabiduría que imprime en nosotros la imagen de Jesús, la imagen del Verbo realizada por el Espíritu Santo, porque el Verbo de Dios es la Sabiduría Engendrada,  y el Don de Sabiduría es la sabiduría participada. En ella el Espíritu Santo posee perfectamente el alma y la mueve en todos sus actos.


Luis M. Martínez Arzobispo Primado de México. Divina Obsesión IX.


EJERCICIO DE LAS VIRTUDES TELOGALES.
Sin duda que las virtudes teologales para realizar las operaciones más altas y admirables de la vida espiritual necesitan el precioso concurso de lo Dones ; pero la esencia de la intimidad del alma con Dios está en el ejercicio de las virtudes teologales y especialmente en el ejercicio de la Caridad, reina de las virtudes que enlaza y armoniza los Dones en la divina unidad del amor y sirve de fundamento a la mutua posesión del Espíritu Santo y del alma.
A esa comunión íntima de amor aspira el Huésped dulcísimo de nuestras almas, por esta hermosa intimidad suspira el alma y el misterio de esta comunión se realiza por las virtudes Teologales.
Las demás virtudes purifican el alma, quitan de ella los obstáculos para la unión, la aproximan a Dios, la hermosean ; pero ninguna de ellas, ni todas juntas pueden hacer que el alma toque a Dios, porque de ninguna de ellas es Dios el objeto propio.
Aun los mismos Dones del Espíritu Santo, superiores a las virtudes morales infusas, no pueden por sí mismos tocar a Dios, sino que están al servicio de las virtudes teologales porque ellas tienen por objeto propio a Dios y tienen por consiguiente el privilegio inefable de tocarlo.
La fe son los ojos que lo contemplan entre sombras ; la esperanza, son los brazos que lo tocan, triunfando del tiempo y hundiéndose en la eternidad ; y la caridad, el corazón que lo ama, que se funde en inefable caricia con el corazón del amado. 

Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al  Espíritu Santo  IX.



EL ESPIRITU SANTO NOS LLEVA AL VERBO.
Siendo el Espíritu Santo el amor del Padre y del Hijo, infunde en el alma que mueve, en el corazón que posee, un amor al Padre semejante al que el Hijo le tiene, y un amor al Verbo semejante al del Padre Celestial. Así amo José, así amo María a su dulce Jesús con el Espíritu Santo y así amaron también al Padre que está en el cielo y de quien hicieron sus veces para con Jesús aquí en la tierra.
Con insondable sencillez la Escritura nos enseña este misterio, diciéndonos que por el Espíritu Santo clamamos al Padre y pronunciamos el nombre de Jesús. Clamar al Padre es tener conciencia de nuestra filiación y sentir en nuestras entrañas la ternura de hijos. Decir " Señor Jesús ",  no es pronunciar simplemente con nuestros labios ese nombre dulcísimo, sino decir en lo íntimo de nuestras almas esas palabras como fruto de la contemplación de nuestra inteligencia, como grito de amor de nuestro corazón.
El Espíritu Santo, pues, nos hace hijos del Padre y semejantes al Hijo. Transformarnos en Jesús para producir el ideal del Padre y revestirnos de su gloria,- pues Jesús es el ideal y la gloria del Padre -, es la meta de la perfección.
Y hacia allá nos conduce el Espíritu Santo, comparado en la Escritura a un viento impetuoso, al arrebatar a las almas las conduce hacia el Padre y el Hijo comunicándoles su propia dirección.


Luis M. Martínez.  La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  XIV.


LOS RASGOS DE JESUS.
El universo material es también reproducción del Verbo de Dios, pues en cada criatura brilla la semejanza con ese ideal único del Padre. Dios es una mirada de amor. Toda la vida de Dios es una simple, eterna, infinita mirada de amor al Hijo de sus entrañas, que en el Verbo encarnado se hace extensivo a la creación entera.    
Pero en el orden sobrenatural las almas reproducen  no ya la semejanza, sino la imagen del Verbo encarnado. Ninguna puede reproducir totalmente esa imagen ; pero en la variedad riquísima de las almas santas, vanse reproduciendo los diversos aspectos, por decirlo así, del divino Jesús.
Todos debemos reproducir a Jesús ; pero no todos de la misma manera : Unas almas están destinadas a reproducir al Jesús del pesebre con sus maravillosas virtudes infantiles ; otras al Jesús de Nazaret silencioso y contemplativo ; éstas al Jesús , Apóstol y Maestro, que en la plenitud de su vida enseña y vivifica, consuela y salva ; aquellas al Jesús del cenáculo, transfigurado de amor, al Jesús de los sagrarios que ama en silencio y se ofrece místicamente en sacrificio ; quienes reproducirán la inenarrable agonía de Gethsemani ; quienes el sacrificio cruento del calvario.  Y todos finalmente a Jesús triunfador y  Resucitado, al Hijo Amado en quien el Padre encuentra sus complacencias.


Luis M. Martínez. La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  XIV.



EL ESPIRITU SANTO NOS LLEVA AL PADRE.
La caridad que el divino Espíritu derrama en nuestros corazones lleva en su seno una inmensa aspiración al Padre. Nuestro pobre amor no es más que la redundancia de esa divina unción de Jesús que ha llegado hasta nuestros corazones. Como Jesús ama al Padre, así las almas deben amarlo para ser Jesús. Y digo así, no porque el amor del alma pueda igualar jamás en intensidad y en perfección al amor inmenso de Jesús ; sino porque el amor del alma debe tener la misma fragancia del amor de Jesús, porque debe ser una reproducción, en miniatura pero fidelísima, del amor de Jesús.
Como el de Jesús, su amor debe ser único, total, eterno, ardiente, tiernísimo, desinteresado, activo ; amor de anonadamiento y de adoración, amor de abandono y de sacrificio. Es por eso por lo que el Hijo de Dios quiso ser hombre, porque desde ahí pudo dar a Dios la más alta gloria, la que lleva consigo el propio sacrificio;  por eso sigue reproduciendo El en las almas esos mismos sentimientos : Como Jesús deben amar al Padre por todas las almas, por las que no lo aman ; pero sobretodo, su amor debe ser místicamente sacerdotal, esto es, amor que glorifique,  que se inmole,  que redima y que salve. Su amor como el de Jesús, debe encontrar su coronamiento en la Cruz, en el sacrificio de Cristo y en el sacrificio de si mismo ofrecido sin cesar en unión con el de Jesús.


Luis M. Martínez. Ser Jesús  I


LA VOLUNTAD DEL PADRE.
Pero conviene señalar las principales características del amor al Padre. A nuestro juicio son tres : La adoración en Espíritu y en verdad, porque en el Padre brilla la majestad divina. El amor filial , respetuoso y tierno, porque El es Padre. Y el anhelo de cumplir la voluntad del Padre llevada hasta el abandono, porque esa voluntad es la norma suprema de nuestra vida.
Adorar, amar al Padre y cumplir su voluntad santísima, fue la vida de Jesús y debe ser nuestra vida. Nuestra verdadera devoción al Padre.
El alimento de Jesús fue esa voluntad divina, que constituyó no sólo la norma única de su vida, sino también su gozo y recompensa. Jesús hacia todo porque el Padre lo quería ; la voluntad del Padre era el motivo supremo de todos sus actos. Conocía Jesús la sabiduría y el amor de todos los designios del Padre, pero aunque no hubiera conocido eso, le hubiera bastado que el Padre quisiera algo para que El lo hubiera abrazado con todas sus fuerzas.
Para que el alma sea Jesús, necesita cumplir así, amar así la voluntad del Padre, tener esa pasión divina de Jesús. Debe aceptar y amar todo, todo lo que el Padre disponga de ella, y hacer todo lo que el Padre quiera porque El lo quiere.


Luis M. Martínez. Ser Jesús  I



EL AMOR ANUESTRO PROJIMO.
En el capítulo anterior hemos visto cómo el alma a de ser Jesús para el Padre Celestial ; veamos ahora cómo ha de ser Jesús para las almas. No se necesitan consideraciones para apreciar lo que es Jesús para las almas ; basta que cada uno descubra en su propia experiencia íntima lo que Jesús ha sido para ella. ! Como nos ha amado ! ! con que delicadeza inefable ha tratado nuestras almas ! ! con que paciencia ha soportado todas nuestras miserias ! ! con que solicitud ha velado por nosotros ! ! con que ternura nos ha conducido, no de la mano, sino en sus brazos y en su corazón ! ! que riquezas celestiales ha derramado en nuestras almas ! ! que finezas ha tenido para ellas ! ! como pensaría en nosotros : en Belén, en Nazareth, en el Cenáculo,  y sobre todo en la Cruz ! ! Con que ternura nos amó desde entonces, que digo, desde toda la eternidad ! ! Cuánto sufrió por redimirnos, cuánto le han costado nuestras almas !.
Pues bien, lo que ha sido Jesús para cada uno de nosotros, eso debemos ser para las almas, guardada la debida proporción. El nos dijo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Así debemos amar a las almas, como Jesús nos ha amado; ser para las almas Jesús. " Todo lo que hiciereis por éstos que en Mi creen, a mi me lo hacéis ".  De manera que el amor al prójimo es como el complemento natural del amor a Nuestro Señor.


Luis M. Martínez. Ser Jesús  II




PENTECOSTES.
A partir del cumplimiento de esa promesa hecha por Cristo Jesús y consumada en el día de Pentecostés, el Espíritu Paráclito, siendo, como es, el Amor mutuo personal, con el cual el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre, es enviado por ambos y bajo forma de lenguas de fuego infunde en el alma de los discípulos la abundancia de la caridad divina y de los demás carismas celestiales.
Esta caridad es por tanto fruto del doble acto de amor, increado y creado, eterno y temporal, divino y humano, con que el Verbo Encarnado decidió aplicar para siempre los frutos de su sacrificio redentor incorporando a sí la humanidad en una unión mucho más íntima que la de la Esposa y el Esposo para gloria del Padre,  y con el poder del Espíritu, alcanzando así los tres fines jerarquizados de la Encarnación Redentora: la salvación del mundo, la exaltación del Hijo del hombre que atrae todo a sí y  la gloria del Padre, que todo lo recapitula en su Bienamado. *


* B. DE MARGERIE. Cristo, vida del mundo. BAC 1974  p. 308  



PLENITUD DEL GOZO DE CRISTO RESUCITADO.
El misterio de la resurrección de Cristo, aparece como la manifestación más portentosa de la acción del Espíritu de Dios sobre Cristo, es el triunfo cabal del gozo sobre el sufrimiento, de la vida sobre la muerte, de lo eterno sobre lo caduco, del espíritu sobre la materia.
La resurrección de Jesús aparece en el mensaje de la revelación, como la plenitud del gozo divino comunicándose, a través de Cristo resucitado, a cada uno de los bienaventurados. *
Nosotros sabemos que Cristo es el Verbo que se hizo carne y  " puso su morada entre nosotros ". Si yendo al Padre dice:  Yo estoy con vosotros ... hasta el fin del mundo, se deduce de ello que los  Apóstoles y la Iglesia tendrán que reencontrar continuamente por medio del Espíritu Santo aquella presencia del Verbo-Hijo que durante su misión terrena era física y visible en la humanidad de Cristo y que después de su ascensión al Padre estará totalmente inmersa en el misterio.*


*  Rom. 8,  11 s.    Juan Pablo II,  alocución 24 de mayo 1989. 



LA COMUNICACION DE SU GLORIA
Jesucristo como hombre resucitado posee la plenitud del Espíritu Santo que debe dar vida al hombre de un modo nuevo para así convertirlo  " en un ser espiritual”.
El hecho de que el nuevo Adán halla llegado a ser  " espíritu que da vida ", no significa que se identifique como persona con el Espíritu Santo, que da la vida divina, sino que, al poseer como hombre la plenitud de este Espíritu,  lo da a los Apóstoles, a la Iglesia y a la humanidad. *
Mediante la resurrección, el Padre glorifica su Hijo como Señor y Salvador supremo, Juez y Señor de vivos y muertos. Manantial de donde brota la donación del Espíritu Santo prometido a los hombres.
Por la resurrección Cristo se presenta como el  " Primogénito de entre los muertos ", para que sea Él el primero en todo pues Dios tuvo a bien hacer residir en Él toda la Plenitud y reconciliar por Él y para Él todas las cosas.


*  Juan Pablo II  Alocución  8  agosto 1990.


EL ESPIRITU SANTO Y SUS FRUTOS.
Confer : El Espíritu Santo y sus Frutos.  Luis M. Martínez Arzobispo Primado de México.


Las bienaventuranzas son el fruto más perfecto que pueden producir las virtudes y los dones. Las bienaventuranzas son los frutos de las alturas, algo que se asemeja ya a los goces celestiales. Pero no todo fruto es bienaventuranza.
Los Frutos del Espíritu Santo son operaciones espirituales ; son un acto de virtud, un acto de amor, una comunicación con Dios, pero que viene envuelto en dulzura, que deleita mucho, que embalsama nuestra alma ; ! y cuantas veces esos divinos consuelos, rápidos y fugaces como nuestras operaciones, dejan en nuestra alma una divina estela, un perfume exquisito que por mucho tiempo nos deleita !.

! Ah, en el principio de los tiempos existía un orden maravilloso !. Cuando nuestros primeros Padres estuvieron en el Paraíso, cuando la naturaleza humana integra, no manchada aún por el pecado, pareció bajo las frondas del Edén vigorosa, espléndida, bellísima, todo en el hombre era armonía. Entonces no existían en el corazón humano esas luchas tremendas que sentimos en nuestro corazón, esas luchas de las cuales decía el Apóstol San Pablo : " Yo siento en mis miembros la ley del pecado que se levanta contra la ley del espíritu que vive en mi ".



CARACTERES DE LOS CONSUELOS O FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.
La obra de la gracia es restablecer en cuanto lo pide la economía de la redención, algo de la armonía del paraíso, ordenar la parte inferior de nuestra alma sujetándola ala parte superior, ordenar nuestro corazón con todos sus afectos, sujetar toda nuestra alma a Dios nuestro Señor.
La obra de la gracia es una obra admirable de orden y armonía. Pero es obra es lenta. Poco a poco la gracia va obrando en las almas, poco a poco las almas van haciendo a un lado sus defectos y desarrollando las virtudes, poco a poco se van desprendiendo de las criaturas y se van uniendo a Dios ;  poco a poco Nuestro Señor las penetra como un perfume celestial hasta que se llega a esa unión estrechísima en la que el alma, como la esposa de los Cantares, pude decir la frase deliciosa : " Mi amado para mi y yo para mi amado " .

Con cada porción de nuestra alma que se ordena vienen los frutos de alegría y de consuelo que produce en ella el Espíritu Santo. Cuando se ha llegado a ordenar nuestra sensibilidad y a sujetar la parte inferior a la superior, vienen los frutos del Espíritu Santo como el esplendor de ese orden divino. Cuando nuestras relaciones con los demás se ajustan a la justicia,  a la caridad, al orden,  entonces como fruto de aquel orden aparecen los consuelos divinos. Cuando levantándonos todavía más hemos llegado a unificar nuestro afectos y a purificar nuestro corazón y a ordenar la parte superior de nuestra alma vienen los consuelos más fino y exquisitos a deleitar nuestro corazón.



LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.
Los frutos del Espíritu Santo, dice San Pablo, son : Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Magnanimidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia y Castidad .
En el pasaje del Apóstol San Pablo en la Epístola a los Gálatas hay una palabra que basta por si sola para revelarnos lo que son los consuelos  divinos del Paráclito : FRUTOS del Espíritu Santo.
La comparación que el Apóstol establece entre nuestra vida espiritual y lo que se produce en los campos es una comparación adecuadísima. El alma es un huerto donde el Espíritu Santo ha derramado preciosa, divina semilla.  La gracia tan excelente y tan bella que nos hace semejantes a Dios, porque como dice el Apóstol San Pedro,  es una participación de la naturaleza divina . Y esa semilla desarrollada bajo el influjo de Dios, llega a cierta madurez, entonces produce su fruto, fruto suave, fruto delicioso, es el consuelo del Espíritu Santo.
Los frutos del Espíritu Santo se clasifican por el diverso proceso que el Espíritu Santo realiza en las almas. Santo Tomás señala tres : el orden del alma en si misma, y el orden del alma respecto a las cosa exteriores, ya sea de los otros hombres , ya sea de las cosas inferiores al hombre.



CARIDAD, GOZO Y PAZ. Frutos de Amor.
El Apóstol San Juan nos hace esta revelación maravillosa, Dios es caridad. Pero si Dios es caridad, ese nombre se la aplica de una manera singular a la Tercera Persona de la Trinidad Augusta, al Espíritu Santo, porque es el amor infinito, el Amor Personal del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo es caridad, y la caridad que El difunde en nuestros corazones es su imagen. Imaginémonos una persona muy bella que se acerca a un estanque de límpidas aguas. En  los cristales de aquel lago se retratara la imagen de aquella persona. Y así como no se puede separa la persona de la imagen que produce en los cristales tampoco puede separarse el Espíritu Santo de la caridad.
La ordenación misma del alma, tiene una raíz, el amor, del corazón proceden todas nuestras iniquidades y todas nuestras virtudes. De nuestro corazón brotan todas nuestras inquietudes y todos nuestros gozos : El deleite de amar,  el gozo de la unión,  la tranquilidad de la paz. El que tiene la caridad, tiene también a Jesús en su corazón, lo dice también el Apóstol San Juan :  " El que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en el ".  Cuando tenemos conciencia de nuestra dicha, cuando experimentamos la divina presencia del Amado en nuestro corazón, cuando la unión ha llegado a cierta madurez, entonces se produce este fruto del Espíritu Santo el Gozo. El tercer fruto, la Paz,  está lógicamente enlazado con le Gozo, para que el Gozo sea pleno es necesario disfrutar de él en la paz.
              


PACIENCIA Y LONGANIMIDAD. Consuelos del dolor.
Pero en el mundo no solo hay bienes, también hay males. Si solamente hubiera bienes, bastaría el amor, con su cortejo de gozo y de paz para ordenar nuestra alma. Pero no es así, Dios ha sembrado en nuestra vida muchos bienes, así en orden natural como en el sobrenatural y divino ; pero cerca de los bienes hay siempre males.
Dios no los ha querido eliminar de la tierra, Jesucristo no los quiso arrancar de nuestra vida. Dios prefirió sacar el bien del mal, que impedir que existiera el mal. Jesucristo no quiso suprimir el mal, pero nos dio el secreto divino para sacar el bien del mal. La fortaleza para sufrir, la ciencia divina de esperar.
! Que bellos, qué grandes, qué fecundos son los designios de Dios respecto al dolor ! Primero porque el dolor nos purifica, luego porque nos une con Dios : Porque Jesucristo con su contacto santificó el dolor, porque quiso servirse del dolor para redimir al género humano. El dolor nos hace que nos asemejemos a Jesús ; nuestro Amado es un Dios clavado en la Cruz y es propio del amor hacer semejantes a los que se aman.
Aquí en la tierra hay una manera exquisita de hacer bien al amado, es hacerle bien, a costa nuestra, buscando por El ser despreciados, desapareciendo para que El aparezca, desgastándonos y perdiéndonos a nosotros mismos, muriendo para que El viva. Y ese es el secreto encanto del sufrimiento, hacerle el bien a quien amamos y hacérselo a costa nuestra. Por eso el dolor tiene algo de inmenso. En el cielo poseemos plenamente a Dios ; en el sacrificio somos poseídos plenamente por El. El dolor significa una magnífica donación de nosotros mismos y en el seno de ese dolor santificado y amoroso el Espíritu Santo hace que encontremos sus consuelos celestiales.



LA ORDENACIÓN DE LA VIDA ACTIVA.
La vida humana no es una vida de aislamiento, es una vida de sociedad. Nuestras relaciones con los demás son importantísimas y son difíciles ; es preciso que el Espíritu Santo con su luz, con su fuego, con su acción, venga a ordenar nuestro corazón y nuestra alma y nuestra vida, para que nuestras relaciones con los demás sean armoniosas y santas. Y así lo hace el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo hace que nuestra voluntad sea benévola respecto de los demás, esto es, que tengamos en lo íntimo de nuestra alma el deseo de hacer el bien a todos. Pero no basta querer hacer el bien, es preciso hacerlo, porque no se ama simplemente con deseo, se ama con obras. Se pueden, por consiguiente,  reducir nuestras relaciones con el prójimo a estos dos puntos : tener la voluntad de hacer el bien a todos, y de hecho hacer el bien a todos los que podamos
Hay dos frutos que corresponden a estas dos ordenaciones que el Espíritu realiza en nuestra alma : La bondad y la Benignidad.




BONDAD,  BENIGNIDAD .
Para el cristiano el prójimo es Jesús y cuando a la luz de Dios se comprende esto, el corazón se amplia, se hace inmenso y quisiéramos hacer el bien a todos los hombres, porque todos los hombres son Jesús. ¿ Vislumbramos ese fruto del Espíritu Santo que es la bondad ?. Es el gozo de ese amor íntimo que se lleva en el alma para todos los hombres, un amor que no es de la tierra, que es del cielo, como un trasunto del amor inmenso que llevo Jesucristo en su corazón.
El primer fruto de la vida activa es la Bondad que es el gozo que se lleva en el corazón por quererles hacer el bien a todos. Y la Benignidad es el gozo sobreabundante que el Espíritu Santo derrama en nuestro corazón cuando hacemos el bien.
Cuando leemos las vidas de los grandes apóstoles, como San Pablo, como San Francisco Javier, a primera vista nos parecen extrañas. ¿ Qué gozo, qué felicidad podía encontrar San Pablo en aquellos viajes penosísimos, en los que  pasaba constantemente grandes peligros y males ?. Ah ! es que no comprendemos que los apóstoles tienen un gozo exquisito. El mismo San Pablo lo dice : yo tengo gozo sobreabundante en medio de mis tribulaciones.



MANSEDUMBRE
Por grande que sea la bondad que llevamos en el corazón, por generosa que sea nuestra munificencia, tenemos que encontrarnos con hombres que se oponen a nuestros propósitos, que nos acusan males, que nos hieren, que nos lastiman ; y  mientras el mundo sea mundo habrá buenos y malos, seremos la una y la otra cosa, y en el trato con los hombres forzosamente ha de haber mucho que nos haga sufrir.
La ira es precisamente una pasión por la cual reaccionamos ante los males y ante las injusticias de los demás. Alguno quiere impedirme aquello a lo que tengo legítimo derecho, la ira acude en mi auxilio ; alguno quiere  oponerse a una empresa justa que he acometido, la ira me hará suficientemente fuerte para oponerme al que trate de impedir mis designios. Pero Jesucristo nos enseño la mansedumbre
En el mundo se tiene el pensamiento de que los hombres mansos y dulces son postergados por los demás ; pero Jesucristo nos dijo otra cosa : " Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra ". ¿ Sabemos que es poseer la tierra ?  Es ganar los corazones y las almas. Esta virtud tan difícil como es la mansedumbre, porque tiene que controlar los movimientos de nuestra ira, tiene sus goces exquisitos : la satisfacción de ganar las almas con la dulzura que es un trasunto de la dulzura de Jesús.




Y  FE  (Fidelidad ).
Hay un último fruto de la vida activa, el que el Apóstol San Pablo llama "Fides". La palabra Fe tiene dos sentidos, creer una verdad por la autoridad de aquel que nos la enseña y significa también fidelidad, es decir, la sinceridad con que nosotros tratamos a los demás, la rectitud, la lealtad, ese conjunto de virtudes nobílisimas que hasta ante el criterio humano engrandecen al hombre.


La fidelidad, el ser lógicos con nosotros mismos, el cumplir nuestro deber y nuestra palabra, el no engañar a los demás, que el Apóstol expresa con la palabra Fides, significaría la fidelidad, la lealtad,  la rectitud, la sinceridad, la veracidad con que debemos tratarnos. Y esto viene a poner el último toque a nuestras relaciones con los demás. Desear hacerles el bien, derramar nuestros dones en sus manos y en sus corazones, ser con ellos dulces y por añadidura leales, !ah !,  es el orden perfecto de las relaciones humanas.
Y a esa lealtad corresponde también un gozo del Espíritu Santo : El gozo de que la verdad sea la norma de nuestra conducta. Dolores y consuelos , pero en divina proporción ; tales son los hilos de oro con los que se teje nuestra vida cristiana. " En proporción de los dolores de mi corazón han llenado de alegría mi alma tus consuelos ".


MODESTIA CONTINENCIA Y CASTIDAD.
Orden con todo lo que nos rodea.
Después de ordenar el alma, después de ordenar nuestras relaciones con el prójimo, es preciso ordenar nuestras relaciones con las criaturas inferiores., estos es , las riquezas, los placeres, los honores, todo lo que nos rodea, todo aquello que entra en la trama complicada y maravillosa de nuestra vida.
Para el buen uso de las criaturas, para el uso ordenado de ellas, tenemos un grande obstáculo, un obstáculo terrible y lo tenemos dentro de nosotros mismos . Esas tres concupiscencias de que nos habla el Apóstol San Juan y que dice que son los caracteres esenciales del mundo : la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida.
Esas inclinaciones desordenadas a los placeres, a los honores, a las riquezas, son las que hacen que no podamos usar modestamente de las criaturas y que estas ejerzan sobre nosotros su perniciosa fascinación.
Y si queremos vivir ordenadamente debemos hacer un uso moderado, ordenadísimo, de las riquezas, un uso moderado y ordenadísimo de los placeres, un uso moderado y ordenadísimo de los honores.
Y precisamente, porque el Espíritu Santo al ordenar nuestro ser con respecto a las cosas exteriores nos hace libres y nos hace reyes, sentimos gozos exquisitos, el gozo de la libertad, el gozo de una santa soberanía, y esos gozos son precisamente los que el Apóstol San Pablo llama Modestia, Continencia y Castidad, los tres últimos frutos, los que nos libertan, los frutos que rompen nuestras cadenas, los frutos que nos hacen otra vez reyes del universo.



EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA DICEN: ¡ VEN !.
El soplo de la vida divina, el Espíritu Santo se hace presente en su manera más simple y común, se manifiesta y se hace sentir en la oración. Es hermosos y saludable pensar que, en cualquier lugar del mundo donde se ora, allí está el Espíritu Santo, soplo vital de la oración. La presencia y la acción del Espíritu Santo " alienta " la oración en el corazón del hombre en toda la inmensa gama de las más diversas situaciones y de las condiciones, ya favorables, ya adversas a la vida espiritual y religiosa.
La oración es siempre la voz de todos aquellos que aparentemente no tienen voz, y en esta voz resuena siempre aquel " poderoso clamor " que la Carta a los Hebreos atribuye a Cristo.  El Espíritu Santo es el don, que viene al corazón del hombre junto con la oración. En ella se manifiesta ante todo como el don  " que viene en auxilio de nuestra debilidad ".
En medio de los problemas, de las desilusiones y esperanzas, de las deserciones y retornos de nuestra época, la Iglesia permanece fiel al misterio de su nacimiento.
La Iglesia persevera en la oración como los Apóstoles junto a María, Madre de Cristo. Ella ( la Iglesia)  " es igualmente virgen, que guarda ... la fe prometida del Esposo ".  La iglesia, unida a la Virgen Madre, se dirige incesantemente como esposa a su divino esposo, como la atestiguan las palabras del Apocalipsis citadas por el Concilio:  " El Espíritu y la esposa dicen al Señor Jesús " Ven ".


Juan Pablo II. Dominum et Vivificantem   III - 6




AMAR A LA IGLESIA.
Después que, como Maestro de la Iglesia Universal, hemos iluminado las mentes con la luz de la verdad, comentando este misterio que comprende la arcana unión de todos nosotros con Cristo, juzgamos, Venerables Hermanos, propio de nuestro oficio pastoral estimular también los ánimos a amar íntimamente este Místico Cuerpo  con aquella encendida caridad que se manifiesta no solo en el pensamiento y las palabras, sino también en las mismas obras. Puesto que nada más glorioso, nada más noble,  nada, a la verdad, más honroso se puede pensar que formar parte de la Iglesia Santa, Católica, Apostólica y Romana por medio de la cual somos hechos miembros de un solo y venerado Cuerpo, somos dirigidos por una sola y excelsa Cabeza, somos penetrados de un solo y divino Espíritu ; somos, por último, alimentados en este terreno destierro con una misma doctrina y u mismo angélico Pan , hasta que por fin gocemos en los cielos de una misma felicidad eterna.
Hemos de contemplar a Jesús como supremo ejemplar de amor para con la Iglesia : En la amplitud de este amor  que no excluye a nadie, sino que abraza a su Esposa y a todo el genero humano.  En la perseverancia y eficacia de esa misma caridad trabajando hasta el cansancio, ya predicando, conversando, reuniendo y estableciendo para formar o confirmar a su Iglesia,  y de manera muy particular en las piadosas súplicas que por ella dirigía al Padre celestial  por Pedro, por los Apóstoles, por los miembros de la Iglesia, por los que todavía no son miembros.

* Pio XII .  Mystici  Corporis   II parte.



CUMPLIENDO LO QUE RESTA QUE PADECER A CRISTO.
Cristo nuestro Señor mostró su amor a la Esposa sin mancilla no solo con su intenso trabajo y su constante oración, sino también con sus dolores y angustias, sufridas por ella libre y amorosamente hasta la muerte mereció para su Iglesia  un tesoro infinito de gracias, sin embargo estas gracias, por disposición de la divina Providencia, no se nos conceden todas de una vez ; y la mayor o menor abundancia de las mismas depende en gran manera de nuestras buenas obras, con las que se atrae sobre las almas de los hombres esta lluvia divina de celestes dones gratuitamente dada por Dios. Y esta misma lluvia de celestiales gracias será ciertamente abundantísima, si no solamente elevamos a Dios nuestras ardientes plegarias, sobre todo participando con devoción, si es posible diariamente, del Sacrificio Eucarístico; si no solamente nos esforzamos en aliviar con obras de caridad los pesares de tantos menesterosos;  sino si también preferimos a las cosas caducas de este siglo los bienes imperecederos y si domamos con mortificaciones este cuerpo mortal, negándole las cosas ilícitas e imponiéndole las ásperas  y arduas; si, en fin, aceptamos con ánimo renovado, como de la mano de Dios, los trabajos y dolores de la vida presente. Porque así, según el Apóstol, cumpliremos en nuestra carne lo que resta que padecer a Cristo en pro de su Cuerpo místico que es la Iglesia.

* Pio XII .  Mystici  Corporis  II parte.



EL ESPIRITU SANTO Y LA VIRGEN MARIA.
El Espíritu Santo, que cubrió con su sombra el cuerpo virginal de María dando comienzo en ella a la maternidad divina,  al mismo tiempo hizo que su corazón fuera perfectamente obediente a aquella autocomunicación de Dios que superaba todo concepto y toda facultad humana. " ! Feliz la que has creído !" así es saludada  María por su parienta Isabel, que también estaba  " llena del Espíritu Santo ". En las palabras de saludo a la que " ha creído ", parece vislumbrase un lejano, pero en realidad muy cercano,  contraste con todos aquellos de quien Cristo dirá que " no creyeron".
María entró en la historia de la salvación del mundo mediante la obediencia de la fe. Y la fe, en su esencia más profunda, es la apertura del corazón humano ante el don: ante la autocomunicación de Dios por el Espíritu Santo. Escribe San Pablo : " El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor esta la libertad ".Cuando Dios uno y Trino se abre al hombre por el Espíritu Santo, esta  " apertura " suya revela y,  a la vez, da a la criatura - hombre la plenitud de la libertad.  Esta plenitud, de modo sublime, se ha manifestado precisamente, mediante la fe de María, mediante " la obediencia a la fe ". Si, !" Feliz la que ha creído " !.

* Dominum et Vivificantem  53 y 54.


ALÉGRATE MARIA.
María. La Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y  porque el Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la morada en donde su Hijo pueden habitar entre los hombres. Por ello los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente en relación a María : María es cantada y representada en la liturgia como el trono de la  " Sabiduría ".
En ella comienzan a manifestarse las  " maravillas de Dios ", que el Espíritu va a realizar en Cristo y en la Iglesia: El Espíritu Santo preparó a María con su gracia. Convenía que fuese " llena de gracia " la madre de aquel en quien " reside la plenitud de la divinidad corporalmente ". Ella fue concebida sin pecado, por pura gracia, como la más humilde de todas las criaturas, la más capaz de acoger el don inefable del omnipotente.  
En María el Espíritu Santo realiza el designio benevolente del Padre. La Virgen concibe y da a luz al Hijo de Dios con y  por medio del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu y de la fe.
En fin,  por medio de María,  el Espíritu Santo comienza a poner en Comunión con Cristo a los hombres   " objeto del amor benevolente de Dios ",  y los humildes son siempre los primeros en recibirle:  los pastores, los magos,  Simeón  y  Ana, los esposos de Caná y los primeros discípulos.
Al termino de esta Misión del Espíritu,  María se convierte en la  " Mujer ",  nueva Eva  " madre de los vivientes", " Madre del  " Cristo total ".  Así es como ella está presente con los Doce, que  " perseveraban en la oración, con un mismo espíritu ",  en el amanecer de los  " últimos tiempos " que el Espíritu va a inaugurar en la mañana de Pentecostés con la manifestación de la Iglesia. 

Catecismo de la Iglesia Católica  No. 721 - 726.


MEDIACIÓN MATERNA.
La iglesia sabe y enseña con San Pablo que, uno solo es nuestro mediador : " Hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a si mismo como rescate por todos. " La misión maternal de María para con los hombres no obscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder " : es mediación en Cristo.
La Iglesia sabe y enseña que  " todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres ... dimana del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo;  se apoya en la mediación de este, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes en Cristo, la fomenta ". Este saludable influjo está mantenido por el Espíritu Santo, quien, igual que cubrió con su sombra a la Virgen María comenzando en ella la maternidad divina, mantiene así continuamente su solicitud hacia los hermanos de su Hijo.


LA SANTISMA VIRGEN MARIA MADRE ESPIRITUAL .
La Virgen,  Madre de Dios, cuya alma santísima fue más que todas las demás creadas por Dios, llena del Espíritu divino de Jesucristo,  haga eficaces,  Venerables Hermanos, estos nuestros deseos, que también son los vuestros y  nos alcance a todos un sincero amor a la Iglesia ella que dio su consentimiento  " en representación de toda la naturaleza humana " a la realización de  " un matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana ". Ella fue la que dio a luz,  con admirable parto, a  Jesucristo Nuestro Señor, adornado ya en su seno virginal con la dignidad  de Cabeza de la Iglesia, como fuente de toda la vida sobrenatural; la que presentó al recién nacido como Profeta Rey y Sacerdote  a aquellos que de entre los judíos y entre los gentiles habían llegado los primeros a dorarle.  Ella fue la que, libre de toda mancha de pecado personal y original,  unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza,  fuera por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros.

* Pio XII .  Mystici  Corporis  Epilogo.



INTERCESION DE MARIA.
Ella fue la que por medio de sus eficacísimas súplicas consiguió que el Espíritu del divino Redentor, otorgado ya en la cruz, se comunicara en prodigiosos dones a la Iglesia recién nacida, el día de Pentecostés. Ella, en fin,  soportando con ánimo esforzado y confiado sus inmensos dolores, como verdadera Reina de los mártires, más que todos los fieles " cumplió lo que resta que padecer a Cristo en sus miembros...  en pro de su Cuerpo místico que es su  Iglesia ;  y  prodigó al Cuerpo místico de Cristo nacido del corazón abierto de nuestro Salvador el mismo materno cuidado y la misma intensa caridad con que calentó y amamantó en la cuna al tierno Niño Jesús.
Ella, pues, Madre Santísima de todos los miembros de Cristo, a cuyo Corazón Inmaculado hemos consagrado confiadamente todos los hombres, la que ahora brilla en el cielo por la gloria de su cuerpo y de su alma y reina juntamente con su Hijo, obtenga de El con su apremiante intercesión que de la excelsa Cabeza desciendan, sin interrupción, sobre todos los miembros del Cuerpo místico, copiosos raudales de gracias ; y con su eficacísimo patrocinio, como en tiempos pasados,  proteja también ahora a la Iglesia y alcance, por fin, de Dios, tiempos más tranquilos a ella y a todo el género humano.   

* Pio XII .  Mystici  Corporis  Epilogo.  29 de junio del año de 1943.


LA DEVOCION A MARIA

Sin duda alguna, la obra maestra del Espirita Santo, que es Jesús, su cuerpo, su alma su corazón, tuvo inicio cuando El Espíritu Santo prepara para El una madre como no hay otra igual, Inmaculada, llena de gracia, humilde, generosa, obediente, identificada con la voluntad divina, dispuesta a todos los sacrificios, llena de amor para Dios y para con la obra de Dios, capaz de entregarse a si misma y de entregar a su propio Hijo por nuestra salvación. Sin duda este corazón lleno del Espíritu Santo, sirvió para que su divino Hijo, en cuanto hombre aprendiera de el las primeras letras del amor.
María Santísima, aunque es verdad que está en la cumbre y tiene relaciones con todas las almas, puesto que todos somos verdaderamente sus hijos, Ella fue la primera que ejerció el sacerdocio espiritual, la que primero ofreció al Padre Celestial al Verbo Encarnado, la primera en completar con su inmolación intima el sacrificio de Jesús.
En aquella hora solemne en que Jesús  ofreció por nosotros el sacrificio del Calvario, con El María se ofreció a si misma y lo ofreció a El al pie de la cruz, Y sabia perfectamente lo que estaba haciendo y entraba plenamente en los designios de Dios.

Nadie como ella tenia derecho de ofrecer a Jesús al divino Padre . Porque Jesús era suyo, era su Hijo. Y ejerciendo ese derecho, lo entregó a la inmolación, a la cruz, como víctima pura, víctima santa, víctima inmaculada ; y lo ofreció al Padre celestial por los mismos fines por los que Jesús se ofreció : la gloria de Dios y el bien de las almas.



MARÍA  EN LA VIDA DE LA IGLESIA.
El Concilio Vaticano II, siguiendo la tradición, ha dado nueva luz sobre el papel de la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. " La Bienaventurada Virgen,  por el don... de la maternidad divina, con la que esta unida al Hijo redentor,  y  por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, a saber : en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo ".
María creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor.  Como esclava del Señor, permaneció perfectamente fiel a la persona y a la misión de este Hijo. Como madre. " creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer varón, cubierta por obra del Espíritu Santo ".
La Iglesia " se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad ". Al mismo tiempo a ejemplo de María, la Iglesia es la virgen fiel al propio esposo, posee también el valor tipo de la total donación a Dios en el celibato por el reino de los cielos fuente de una especial fecundidad espiritual: es fuente de la maternidad en el Espíritu Santo. La Iglesia custodia también la fe recibida por Cristo, a ejemplo de María, que guardaba y meditaba en su corazón todo lo relacionado con su Hijo divino, está dedicada a custodiar la palabra de Dios, a indagar sus riquezas con discernimiento y prudencia, con el fin de dar en cada época un testimonio fiel a todos los hombres. 

Juan Pablo II  Enc. Redempotor hominis  18 - 3




SAN JOSE EN LA VIDA DE CRISTO Y DE LA IGLESIA.
Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege a su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo.
" José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados ".
En estas palabras se halla el núcleo central de la verdad bíblica sobre san José, el momento de su existencia al que se refieren particularmente los Padres de la Iglesia. El mensajero se dirige a José como al " esposo de María ", aquel que, a su debido tiempo, tendrá que imponer ese nombre al Hijo que nacerá de la Virgen de Nazaret, desposada con el. El mensajero se dirige, por tanto, a José confiándole la tarea de un padre terreno respecto al Hijo de María.
" Despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomo consigo a su mujer ".  Se puede decir que lo que hizo José lo unió en modo particularísimo a la fe de María. Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación. Se puede decir también que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios, (como verdadero esposo, vive en comunión con Ella, no solo en lo material, sino también en los bienes Espirituales) y que haciéndolo así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación.           

Juan Pablo II.  Redemptoris Custos  2 - 4 .




EL ESPÍRITU SANTO Y LAS BIENAVENTURANZAS.
Confer : El Espíritu Santo y las Bienaventuranzas. Luis M. Martínez Arzobispo primado de México

I.-  BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.
Aunque son ocho los bienaventuranzas, realizan una sola perfección y brindan una sola felicidad. Cada una de ellas expresa la perfección, pero con su propio matiz, y forman todas ellas la maravillosa escala por donde el alma sube a Dios.
En la base de esta escala está el desprendimiento total de las cosas terrenas que tiene como principio el temor de Dios y como premio el reino de los cielos, esto es, la posesión de los bienes celestiales. La pobreza de espíritu según Santo Tomas de Aquino, es el desprendimiento total y voluntario de los bienes exteriores, honores y riquezas.
Nuestro Jesucristo enseño muchas veces la necesidad de este desprendimiento para alcanzar la perfección : " Si quieres ser perfecto, dijo a un joven, anda vende lo que tienes y dalo a los pobres ; y ven sígueme ". La mayor parte de los hombres, como el joven del Evangelio, vuelven tristemente las espaldas al escuchar esta enseñanza de Jesús.
Para ser felices necesitamos ser libres y el santo desprendimiento es el primer grito de libertad de las almas. Debemos pasar por las criaturas y con la dirección y la guía de la divina voluntad, sin detenernos en ellas, porque si ponemos en ellas el corazón  nos quitan la libertad de hijos de Dios. Las virtudes nos enseñan a hacer buen uso de las criaturas, los Dones  nos arrancan del corazón las riquezas y los honores de manera tan perfecta y definitiva como si estuviéramos muertos. ! Como sentirán los bienes terrenos los que traspasaron las fronteras de la muerte !.



II.- BIENAVENTURADOS LOS MANSOS, PORQUE POSEERÁN LA TIERRA.
Cuando un leño se arroja la fuego se destruye o mas bien se transforma. Esta transformación comienza por la corteza, después el fuego va penetrando por todas las capaz del leño hasta que llega a la médula y convierte al leño en fuego espléndido.
La primera etapa de esta transformación íntima es la perfecta mansedumbre. Sosegada el ansia de poseer, el alma está dispuesta para la tranquilidad de la mansedumbre
La mansedumbre tiene dos aspectos : nos perfecciona a nosotros mismos y ordena en la paz nuestras relaciones con el prójimo. No se trata simplemente de la dulzura que proviene de la virtud que se acomoda a la razón. Bajo el influjo del don de Piedad el alma es dulce,  porque Dios lo es ; porque Jesús apareció en la tierra lleno de mansedumbre, derramando sobre todos la suavidad misma de Dios, ungido con la mansedumbre de una víctima que no se quejo al ser inmolada y que rogó por sus verdugos en el ara del sacrificio.
Los hombres luchan y se entregan a los excesos de la ira para asegurar la posesión de los bienes terrenos. El maestro nos enseña que por la fuerza de la dulzura alcanzarán las almas la posesión de los bienes eternos. La plenitud de esa posesión es el cielo ; pero desde la tierra se inicia la recompensa de la mansedumbre ; posee sin perderlo nunca, al Dios que ama el silencio y el sosiego.



III.- BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE SERÁN CONSOLADOS.
Sobre la altiplanicie del desprendimiento y pacificada por la unción de la dulzura, el alma ve las cosas con una nueva luz. Con la luz de Dios el alma penetra hasta las profundidades de las cosas y descubre sus secretos. Por eso la tercera bienaventuranza se caracteriza por la luminosa explosión del don de ciencia. Bajo el influjo de este Don, el alma logra una nueva visión de la vida.  El alma conoce a las criaturas como son : efímeras, vacías, incapaces de saciar sus anhelos, y desengañada se desprende de ellas. Pero la luz de Dios aumenta, el espectáculo de las cosas creadas se torna desolador, repugnante, intolerable ; se descubren ahora abismos de miserias en todo su horror bajo la potente iluminación de la luz divina. Tan claramente mira su propia miseria y al vanidad de todo lo creado, tan vivamente comprende lo que fue cuando vivía en el pecado y lo que es a pesar de los dones de Dios.
Esta santa decepción embarga el alma de insondable tristeza y le arranca lágrimas que vierte el alma sobre su propia tumba,  porque en verdad a muerto para la tierra  para resucitar después a una vida nueva y transfigurada. Cuando nuestro mal es la completa desilusión de la vida, no mira en la tierra un punto sólido para apoyarse. El único consolador y el único consuelo es Dios. Dios comenzara a ser todo en todas las cosas. ! Madre del amor, del temor y de la santa esperanza llévanos a tu divino Hijo Jesús !.


IV.- BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENE HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE SERÁN SACIADOS.
El alma que encontró el verdadero consuelo sobre la cumbre de la tercera bienaventuranza ve por todas partes a Dios. Entonces comienza para el alma la época del trabajo infatigable, con prodigiosa exuberancia brotan del alma las obras santas, el cúmulo de rudos trabajos que el alma jubilosa y magnánima emprende como refrigerio de su jubiloso deseo. Bajo el influjo de los dones el alma tiene como propia la fuerza divina, por eso dilata los horizontes y se lanza a la acción con indecible osadía. Para apoyarnos en Dios con esa confianza audaz que el don de fortaleza produce en las almas es preciso tener dos conocimientos profundos: el de nosotros y el de Dios. La ciencia nos reveló nuestra propia nada de manera tan honda que no lo olvidaremos jamás y aquella misma luz nos hizo ver a Dios en el fondo de nosotros mismos.
A la confianza en el divino poder que produce en nosotros el don de fortaleza se añade la suave unción del de piedad que nos hace mirar a Dios como Padre y al prójimo como nuestro hermano, y el fuego de la caridad enciende nuestros deseos y acrecienta nuestra audacia. La hora de la contemplación se acerca : la ha preparado la acción.



V.- BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE CONSEGUIRÁN MISERICORDIA.
Abrazar con ternura a las almas que yacen en el repugnante estercolero de todas las abyecciones humanas, cosa es que no cabe en el egoísta corazón del hombre, sino que es propio del corazón de Dios. Solamente el que es rico sin límites puede dar sin pedir ; solamente el que es infinitamente dichoso puede encontrar su gozo en hacer dichosos a los miserables ; solamente El de cuyo corazón se desborda el Océano de todas las perfecciones, puede descender al abismo de todas las miserias para colmarlas con la opulencia de su plenitud.
La misericordia es un sello divino, es una imitación de Dios. Por eso nos dijo Cristo : " Sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre celestial ".
Otra vez el campo de las miserias humanas se dilata ante el alma ; pero el alma no siente ya la honda decepción que sufrió en la montaña de las lágrimas ; ahora mira las miserias como las mira Dios, para comprenderlas, para sentirlas, para aliviarlas. Y una compasión inmensa tortura su alma como torturó el corazón de Cristo porque siente las miserias de todos los que sufren y derrama el llanto de todos los que lloran.
Para aliviar las miserias extrañas el alma se olvida de si misma, pero hay unos ojos que la miran : los de Dios ; hay un corazón que tiene misericordia de ella, como ella tiene misericordia de sus hermanos : el corazón de aquel que dijo : lo que hiciste a los pequeños que en mi creen a Mi me lo hiciste.



VI.- BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN....
Ser puro es carecer de tierra y tierra es todo lo que no es Dios. Por eso Dios es la pureza infinita, sustancial e infinitamente alejada de todo lo terreno. Su pensamiento es tan simple y tan puro como su ser. Tan por encima de todo lo credo está Dios, que dándose sin medida queda infinitamente superior a las criaturas, aunque maravillosamente unido a ellas. Y porque es pureza es luz. Así dice la Escritura que  " Dios es luz ",  y la Iglesia canta para ensalzar al Verbo, " Luz de luz " , y llama al Espíritu Santo " Luz felicísima ".
Para que las almas se bañen en luz, para que sean luz necesitan purificarse, despojarse de todo lo humano . Esta purificación fue iniciada en las etapas superiores,  pero el día de la contemplación comienza en la sexta bienaventuranza y ella responde la intensa y perfecta purificación del espíritu.
En al audacia de su amor, en la confianza de su ternura se había olvidado de que su amado es la Majestad infinita ; y he aquí que ahora lo siente grande, inmenso incomprensible, tan grande que ella se siente anonadada, como una mancha oscurísima ante aquella santidad. No esa grandeza no la puede amar ; esa majestad no puede unirse con su miseria ; lo único que puede hacer con ella aquel Dios santo y terrible que sele acerca, es castigarla, rechazarla. Terrible purificación en la que Dios mismo parece arrancar del alma cuanto le queda de terreno. Aquella pobre alma no siente nada tratándose de Dios. Debe creer sin pretender recibir un solo rayo de luz, debe esperar sin apoyarse en absolutamente nada terreno y debe amar sin experimentar el menor sentimiento.




... PORQUE VERÁN A DIOS.
Poco a poco siente el alma que en medio de la niebla sagrada se acerca Dios ; en sus dulces sueños la había visto encantador y dulcísimo pero a la manera humana, Cuanto más se han limpiado los ojos del alma, más copiosamente se va llenando de luz celestial. Dios no es nada de lo que existe fuera de EL. Su grandeza se agiganta, su majestad se despliega por decirlo así, como se desplegaría en el principio de los tiempos el firmamento enorme . Pero la grandeza va apareciendo como bondad, y la majestad como hermosura, y el infinito como amor.
¿ Quien podrá explicar lo que experimenta el alma en el fondo de sus entrañas  cuando mira resurgir al Amado en medio de las sombras que se tornan en luz, al Amado, pero tan grande tan bello, tan encantador, tan divino que le parece mirarlo por primera vez ?  ! Es el mismo a quien ella entregó el corazón, pero no le había conocido,  ni siquiera sospechaba la hermosura de su rostro,  el sol de su mirada, el cielo de su sonrisa,  el océano de su bondad y el abismo de su amor !. Amor tan grande como el que produce la divina visión no cabe en vaso frágil del corazón humano. Estas manifestaciones son rápidas y fugaces, porque la flaqueza natural del alma no podría resistir de otra manera, Jesús presenta una forma,  un aspecto,  un encanto de El,  velando los demás;  pues si quitara todos los velos, el alma moriría... el Amado se aleja dejando en el alma el incendio de la caridad y el ardor del deseo ; y se aproxima después llenado el alma de tan celestes delicias, que ella da por bien empleados sus afanes y sacrificios.



VII.- BIENAVENTURADOS LOS PACÍFICOS PORQUE SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS.
La séptima bienaventuranza es la cumbre del amor. Comienza para el alma una vida nueva, la vida del amor, el reinado dulcísimo y silencioso de la caridad. No hay pasión de amor que puede compararse con la que enciende las entrañas del alma que ha vislumbrado a Dios en medio de las tinieblas tenebrosas, porque esta alma afortunada no ha encontrado un amor, sino al Amor. El don de Inteligencia acrecentó sin medida la caridad y del incendio del amor surge una luz nueva, la más espléndida que brilla en la tierra, la del don de Sabiduría.
Hay dos maneras de conocer las cosas : una por explicaciones y teorías, y otra por una experiencia íntima. Se nos puede decir doctamente lo que es el amor,  pero las mejores teorías no igualarán jamas a la íntima enseñanza que nos da el amor mismo cuando lo sentimos en el alma. Pues bien : el conocimiento de las cosas divinas comunicado por el don de Sabiduría es la experiencia íntima de las cosas sentidas, gustadas, vividas.
Para conocer así, es preciso llevar a Dios en el alma, estar íntimamente unido a El. La vieja fisonomía del alma desapreció por la magia del amor. La luz del Verbo la penetra , la abrillanta, la transforma en El. La Iglesia es un Tabor donde constantemente se realiza el misterio de la transfiguración de las almas. Jesús reaparece en sus santos, blanquisimo y brillante ; la nube luminosa del Paráclito los envuelve y la voz del Padre repite la frase divina :  " Este es mi hijo muy amado, en quien me he complacido ".



VIII.- BIENAVENTURADOS LOS QUE SUFREN PERSECUCIÓN POR LA JUSTICIA, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.
Nada hay más grande en el universo que Jesucristo, y nada hay más grande en Cristo que su sacrificio, escribió profundamente Bossuet. Durante su vida mortal, Jesús que vino a enseñarnos a ser santos dejó escapar de lo íntimo de su Ser el perfume de sus virtudes, traslucir la irradiación de su santidad y de la felicidad que gozaba su alma. Más al llegar a la cumbre de su vida, que fue la consumación de su sacrificio, rompió el ánfora que contenía el perfume, sobre la cruz apareció en su suprema Epifanía la gracia de Dios.  Jesucristo crucificado es la santidad humana en su cumbre, porque es la santidad divina en el abismo de su anonadamiento. ! Inmolarse por el Padre ! Ofrecerle un homenaje infinito ; devolverle un amor tan grande como el que recibía.
El misterio de la Cruz es compendio de las bienaventuranzas, porque ahí se encuentra fundidas en la unidad del dolor. Por eso la octava bienaventuranza que es la de la persecución,  del dolor, del martirio y,  en una palabra, de la Cruz, es la consumación y la manifestación de todas las demás.  
Ser santo es ser Jesús. Ser santo es ser Jesús crucificado, es ofrecerse como sacrificio de adoración , como holocausto de amor al Padre Celestial,  y este sacrificio,  unido con el de Jesús,  debe tener como fruto la efusión del Espíritu Santo en las almas. Así gano Jesús el Espíritu Santo para nosotros, inmolándose en la Cruz. Así se convirtió María en madre nuestra, inmolando su corazón de madre junto con el de su propio Hijo al pie de la Cruz. Así ganamos nosotros al Espíritu Santo para las almas: Padeciendo todo  " con paciencia y alegría, pensando en las penas de Cristo Bendito, las cuales tuvo que pasar por nuestro amor ". Como dice San Francisco de Asís.



LA INMOLACION.
En el primer instante de su vida, Jesús, al entrar en el mundo, se ofreció para el sufrimiento, para la inmolación, para la Cruz. " He aquí que vengo Padre para hacer tu voluntad ".
Figurémonos aquellos corderos que se ofrecían en la antigua alianza, imaginémoslos tendidos sobre el ara, silenciosos,  tranquilos, esperando el momento en que el sacerdote los inmole. No señalaban ellos la fecha, el lugar, ni la forma de la inmolación, sino que sencillamente esperaban a que los inmolaran.
Así fue la inmolación de Jesús. El Evangelio nos dice que fue al sacrificio como un cordero sin pronunciar una queja. Y allí esperó que lo sacrificara la injusticia de los hombres y que lo inmolara la justicia de Dios. De manera que el estado de víctima significa una disposición plena,  libre,  amorosa,  de aceptar todas las inmolaciones que Dios nos envíe. Y al ofrecernos juntamente con Jesús como víctimas repetir como un eco las palabras que Jesús dijo al entrar a este mundo :  " He aquí Señor, que yo estoy dispuesto para hacer tu voluntad ",  pero tu voluntad que inmola,  tu voluntad que crucifica,  tu voluntad que une mi cuerpo con el Cuerpo de Jesús y mi sangre con su sangre divina, para ser ofrecidos en la misma oblación. ! Que agradable al divino Padre debe ser una oblación así !. Ofrecerle a Jesús,  pero no a Jesús solo,  sino a nosotros con El y a El en nosotros, ofrecer en el mismo Cáliz el vino que es Jesús y el agua que somos nosotros.

Luis M. Martínez. Ser Jesús  III




LA VERDADERA DEVOCION AL ESPIRITU SANTO.

Hemos visto la acción del Espíritu Santo en nuestras almas : réstanos admirar como correspondemos a su influjo admirable, porque esta cooperación libre amorosa, es la verdadera devoción al Espíritu Santo.

El verdadero director de las almas, el Maestro íntimo, el alma de la vida espiritual es el Espíritu Santo. Sin el, ya lo hemos dicho, no hay santidad. Establecida su morada, el divino artífice comienza su obra de amor y de santificación en nuestras almas. Su ideal es reproducir en nosotros a Jesús, y por El y con El introducirnos en el seno de la Trinidad y glorificar al Padre con la suprema glorificación de Jesús. ¿ Que otra cosa deberá ser nuestra devoción al Espíritu Santo, sino la amorosa y constante cooperación a su influjo divino, a su obra santificadora ?.

Ser devoto del Espíritu Santo es abrir el alma para que la habite, dilatar nuestro corazón para que lo unja con la caridad divina, darle nuestra vida para que la transforme en divina, entregarle nuestro ser para que lo posea con sus dones,  poseerlo y dejarse amar, dejarse mover según su amoroso beneplácito, dejar que el artista divino destruya en nosotros todo lo que se oponga a sus santos designios :  todo lo malo, lo terreno, todo lo humano ; poner en sus manos el bloque informe de nuestra miseria para que forme en él la divina imagen de Jesús, dejar que infunda en nosotros una vida nueva, la vida verdadera, la maravillosa participación de la vida de Dios.







LA CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO.

Desde luego, nuestra devoción al Espíritu Santo debe ser una consagración, porque consagración significa entrega total, definitiva y perpetua de una cosa para que esté exclusivamente destinada al uso o servicio que se le ha señalado. Cuando se le consagra a Dios un templo se separa aquel lugar de todos los demás para que sea de Dios, se le purifica con esmero, se le edifica con solides y si es posible se le adorna y embellece, se le ofrece luego a Dios  y se le entrega para que sea suyo para siempre.

Todo cristiano es un templo del Espíritu Santo, fuimos consagrados templos del Espíritu Santo el día de nuestro bautismo. Todo cristiano está consagrado a El y en ese templo en que Dios habita no puede hacerse otra cosa sino lo que se hace en un Templo : glorificar a Dios. La consagración al Espíritu Santo es la ratificación de la entrega del Bautismo, la aceptación libre y amorosa  de la vida que Dios infundió en nuestra alma al recibirnos la Iglesia en su seno maternal. Pero como todas las consagraciones,  la consagración al Espíritu Santo debe ser total ; nada debe sustraerse a su amorosa posesión. Por su naturaleza, la consagración debe ser definitiva,  y así debemos consagrarnos al Espíritu Santo para siempre. La verdadera devoción al Espíritu Santo no es algo distinto de la vida cristiana, es esa misma vida comprendida a fondo, tomada a lo serio, practicada con sinceridad e íntimamente gustada


Luis M. Martínez. Arz. Primado de México.   La Verdadera Devoción al Espíritu Santo  VII  





TIERRA  NUEVA Y  CIELO NUEVO.  Gaudim et Spes.  38 y  39.
Cristo, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, obra ya en los corazones de los hombres por la virtud de su Espíritu, no solo incitando en ellos la sed de la vida futura, sino animando, purificando y robusteciendo con eso mismo los generosos deseos con que la familia humana se esfuerza para humanizar su propia vida y someter toda la tierra a este fin. Pero son diversos los dones de Espíritu : mientras a unos los llama para que den abierto testimonio con su deseo de la patria celeste y lo conserven vivo en la familia humana, a otros los llama para que se entreguen con un servicio terreno a los hombres, preparando así con este ministerio la posesión del reino celeste.
No conocemos ni el tiempo ni el modo de la nueva tierra y de la nueva humanidad, ni el modo en que el universo se transformará. Pasa ciertamente la figura de este mundo deformado por el pecado, pero sabemos que Dios prepara una nueva habitación y una nueva tierra, en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y sobrepasará todos los deseo de paz que ascienden en el corazón del hombre. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que se había sembrado débil y corruptible se vestirá de incorrupción y permaneciendo la caridad y sus frutos,  toda la creación,  que Dios hizo por el hombre, se verá libre de la esclavitud de la vanidad.





EL AMOR NO ES AMADO

Sacerdotes del Señor sed padres, glorificad al Padre, enamorada a las almas del Amor.



Si el sacerdote tiene tan alto origen - nada menos que el seno amoroso de la Trinidad - tiene el deber ineludible de asemejarse a la Trinidad.


    El Espíritu Santo debe de ser el centro de todos los corazones de los míos, de mis sacerdotes muy principalmente; y en ese centro divino de caridad se incendiaren en el amor que todo lo unifica.

   Al Padre debe el sacerdote imitarlo siendo padre, en su purisima  fecundidad y caridad con las almas, con todas las cualidades de un padre, y del Padre que esta en los cielos, en cuyo entendimiento fue engendrado.

Debe imitar al Hijo que soy Yo, el Verbo hecho hombre y transformarse en Mi, que es mas que imitarme: siendo otro Yo en la tierra, solo para Glorificar al Padre en cada acto de su vida y darle almas para el cielo.

   Y debe imitar al Espíritu Santo siendo amor , difundiendo amor, enamorando a las almas del Amor; fundido en la caridad, endiosado en el amor, debe dar testimonio del Verbo por el amor y unificar a todas las almas en la Trinidad, que es amor en todos sus aspectos, en todas las infinitas consecuencias.



CONSAGRACIÓN DE MÉXICO AL ESPÍRITU SANTO


ANTECEDENTES
Hace ya muchos años, en uno de los actos del Congreso Eucarístico Nacional de 1924, que presidio el Sr. Luis María Martines los Obispos de México consagraron nuestra patria al Espíritu Santo.


20 DE ABRIL DE 2008
Renovación de la Consagración de nuestra nación al Espíritu de Santo.
Comunicado CEM:
Por eso convocamos a la Iglesia católica de México, desde las 15:00 hrs. del día 20 de abril de 2008,  para que estén presentes, en espíritu y de corazón, en la Insigne Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, donde renovaremos la Consagración de nuestra nación al Espíritu de Santo.





RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO EN CADA DIÓCESIS DE MÉXICO
«Ahora nos disponemos a renovar dicha consagración en cada una de las Arquidiócesis y Diócesis, el domingo de Pentecostés, 31 de mayo de 2009.



Espíritu Santo, fuente vida y santidad.
Hoy, los Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Fieles Laicos,
te renovamos la consagración de nuestra patria.


En este delicado momento de nuestra historia, recurrimos a Ti, Espíritu del Padre y del Hijo, para que reavives nuestra fe y nuestra esperanza, y nos impulses a construir una nación más justa, fraterna y solidaria.


Llena de tus Dones y Carismas a quienes hemos recibido el Bautismo, para que, como discípulos, escuchemos y vivamos el Evangelio y, como misioneros, anunciemos a Jesucristo hasta los últimos rincones de nuestro país, y más allá de sus fronteras.


Derrama Tu Fuerza y Tu Luz sobre los Laicos, para que con su testimonio de vida y acción apostólica transformen desde dentro las realidades temporales y hagan que nuestros pueblos tengan vida en abundancia.


Espíritu Santificador, !Ven sobre las personas consagradas! para que, siguiendo radicalmente a Jesucristo, y colaborando, desde su carisma, en la misión eclesial, impulsen el establecimiento del Reinado de Dios en nuestra patria.


Y a los Obispos, juntamente con los Presbíteros transformarlos en Jesucristo, Buen pastor, e impulsarlos a entregar la vida sirviendo al Pueblo de Dios.


Espíritu Creador, al igual que en la mañana de Pentecostés, estamos hoy reunidos en oración, con María, nuestra Madre;que Ella sea la estrella de la Nueva Evangelización, que quienes creemos en Cristo debemos realizar en estos tiempos difíciles.


Fuego Divino, !Ven a nosotros, urgenos, consagramos!, y realiza en nuestra patria las maravillas que realizaste al comienzo de la Iglesia, para que esta consagración de inicio a un Nuevo Pentecostés, y lleguemos a ser el país de la esperanza, del amor, de la alegría y de la paz. Amen.



   VEN, ESPÍRITU SANTO.
Secuencia de Pentecostés. 

Ven Espíritu Santo 
envía des de el cielo un rayo de tu luz
Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea inocente.

Ven, Padre de los pobres, Lava lo que está manchado,
ven dador de las gracias, riega lo que es árido
ven lumbre de los corazones. cura lo que está enfermo.

Consolador óptimo Doblega lo que está rígido
dulce huésped del alma, calienta lo que está frío 
dulce refrigerio. Dirige lo que está extraviado.

Descanso en el trabajo, Concede a tus fieles
que en Ti confían, tranquilidad en el ardor,
consuelo en el llanto. Tus siete sagrados dones.

Oh luz santísima Dales el mérito de la virtud, 
llena lo más intimo dales el puerto de la salvación,
de los corazones de tus fieles. Dales el eterno gozo.

Amen, Aleluya.















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