miércoles, 19 de abril de 2017

Cristo vive en su Iglesia



Su Idea básica es Jesús.
Quién es Jesús, cuál es su obra, como la realiza.

Y como sus sacerdotes  son su prolongación en la tierra
trata muy especialmente sobre la IDENTIDAD sacerdotal.
Estudiar a Jesús, imitarle siendo Amor para Dios y para las almas.
 ‘Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios e inteligentes, y las has revelado a los más pequeños. Sí, Padre, porque este ha sido tu deseo’
Es otra revelación del Padre y del Hijo, unidos en el Espíritu Santo. Jesús habla solamente de la paternidad de Dios y de su propia filiación; no habla, explícitamente, del Espíritu que es Amor y, por tanto, unión del Padre y del Hijo. Y, sin embargo, lo que dice del Padre y de sí mismo como Hijo viene de la plenitud del Espíritu que está en él, que llena completamente su corazón, penetra su propio yo, inspira y vivifica su acción en toda su profundidad.


SACERDOTES DE CRISTO

ACTITUDES SACERDOTALES CONFORMANTES CON CRISTO: CONFIANZA. UNIÓN CON JE SUS, CON MARÍA, CON EL ESPÍRITU SANTO. AMOR A LAS ALMAS. En una palabra transformación.

Como punto de partida copiare el hermoso resumen sobre las actitudes sacerdotales Cristo-conformantes que el Padre Manuel Rubin de Celis M.Sp.S escribió en octubre de 1994 en el numero 874 de la revista La Cruz. Enseguida iré añadiendo las enseñanzas que sobre este tema he encontrado en las diversas obras de la cruz, especialmente en las escritas por Conchita Armida y el Sr. Martines.

CONFIANZA EN DIOS.
Esperar porque Dios es Dios, porque El me ama y lo puede todo ... y puede hacer de mi algo mucho mejor de lo que soy, mas que pedirme El va a darme, Por tanto, todo lo que amente la CONFIANZA en Dios, es de Dios; lo demás viene del maligno.

Hombres de fe:
Consideremos el sacerdocio a partir de su fuente, no a partir de sus problemáticas. La causa radical de nuestra filiación divina es la Encarnación del Verbo- la divina fecundidad del Padre en María - que nos hermana con Jesús.
De la misma manera nuestro ser sacerdotal se funda en es misma divina Fecundidad concedida al Sacerdote. engendrar a Jesús en si mismo, en la Eucaristía y en las almas.
Vivir para Dios es la clave de nuestra vida sacerdotal. Vivir admirando los misterios que realizo. No permitir que jamas me connaturalice con lo sagrado.
Alimentar nuestra vida con los misterios de Dios, verdades amadas, verdades que salvan, que engendran optimismo.
Que la fe encienda la Esperanza, la virtud de los que sufren: La certeza propia de la virtud sobrenatural de la Esperanza: de que a pesar de los pesares, finalmente iremos al cielo, tal como la que tiene un alma que ya ha recibido la sentencia: "ven bendito de mi Padre".

La instrumentalidad:
Obramos en persona de Cristo, somos prolongación de Jesús, continuadores de su obra salvifica. Quien obra es El, no yo, por eso si me complazco si salio bien, no me desaliento si quede mal. No buscar mi honra y vanagloria, enseñar a las personas a que encuentren a la fuente: Cristo, La Trinidad.

Ser fieles a la oración:
Se nos pide Fidelidad al encuentro amistoso con quien sabemos que nos ama.
Por el testimonio de nuestra cercanía con Dios, haremos mucho bien a nuestros hermanos. Si el amor no crece, se acaba. Busquemos personalmente al Señor que predicamos.

Amor a María y al Espíritu Santo:

Como no acudir a Ella, se Ella es la madre de Jesús y de su Cuerpo Místico.
Como transformarse en Cristo sin acudir a María y un amor muy grande al Espíritu Santo, si ellos son los que forman a Jesús en los corazones. Si el Espíritu Santo forma a Jesús el Hijo de María en los corazones en la medida en que la encuentra Ella.

Crucificción:
El amor lleva a la donación total, la vida de la gracia alcanza su plenitud en la cruz, el sacerdote es el hombre crucificado. Nuestra vida pastora esta llena de cruces: Despojándonos de nosotros mismos vivimos nuestra donación que conduce a la cruz. El sufrimiento aclara la imagen de Jesús que se esta formado en mi, y la verdad de las palabras que pronuncio.

Eucaristía:
El sacerdote es el hombre de la Eucaristía. En ella encuentra su propia identidad., al celebrarla desaparezco yo y Cristo ocupa mi lugar. Nací como sacerdote en la Ultima Cena, y esto especifica mi forma de santificación. "como es ti Misa, es tu día". Según sea mi Eucaristía sera mi vida y quiero que sea cuerpo entregado y sangre derramada que glorifique al Padre con la salvación de mis hermanos.


Evangelio:
El sacerdote es el profeta de Dios que en este tiempo anuncia a su Señor.
El sacerdote es el hombre del Evangelio, predicado y vivido. Escuchado, asimilado, penetrado, anunciado a tiempo y a destiempo.
De penetrar y dejarse penetrar del Verbo de Dios, escuchar su palabra novedosa, meditarla, dejar que se encarne en el y proclamarla.

Cargas ajenas:
Lo propio del Pastor es LA MISERICORDIA. Sentir las miserias ajena como propias. Consolar con el consuelo "que el Consolador" nos regala.
Como Jesús tiene entrañas de compasión y de bondad: cura todo dolor, tiene amor especial por los marginados y los pobres, se compromete con los olvidados y los pecadores porque así lo aprendo de su maestro Jesús.

Servicio:
El sacerdote es un servidor. Es un servidor alegre, no a regañadientes, sirve con toda oportunidad y sin cálculos, Su vida es una autodonación.
Imita al siervo sufriente que para indicarnos como se ama lavo los pies a los discípulos y se clavo en la Cruz para expiar nuestras culpas.El sacerdote no es el centro del universo, sino el servidor de Dios y de los hombres. Todos los días se pone a servir y descubre que en servir encuentra su gozo.

Comunión:
El sacerdote es el hombre de la comunión. Quiere construir la Iglesia, ser artífice de paz, de verdad de amor en medio de los conflictos. No vive al margen ni encima del mundo que quiere unir en Dios, pero los cambios que busca en una sociedad con todos su valores y defectos, pero llamada finalmente a volver a su centro Dios, suponen sufrimientos en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.

Hasta aquí el resumen del Padre Manuel Rubin de Celis M.Sp.S



AMOR DE JESÚS A LOS SACERDOTES.
Jesús sabe amar, en su Corazón Sacratisimo hay para todas las almas un amor tierno, ardiente, delicado, fecundo y sacrificado. Pero ese amor que abraza a todas las almas se hace mas tierno e intimo, mas espléndido para las almas de los sacerdotes, como los rayos del sol que bañan toda la tierra, se hacen mas esplendidos sobre las nieves de las cumbres.

¿Podría hebernos dado mayores gracias de las que nos dio?
!Hacernos glorificadores del Padre, instrumentos del Espíritu Santo, otros "El".; poner en nuestras manos sus mas ricos tesoros: La Eucaristía y las almas.
Nosotros somos la gloria y la vergüenza de Jesús, su alegría mas intensa y su mas cruel dolor, su fuerza y su debilidad, su esperanza y su temor.

La prueba mas divina de que nos amas es que somos cruz intima para tu Corazón, cuando por nuestra ingratitud no queremos ser llama de amor. Nos pusiste !oh Jesús! en tu Corazón divino y allí hemos de estar, ya seamos las llamas ardientes de tu caridad o la cruz interna de tus dolores. !Como debemos agradecerte que nos hayas unido tan estrechamente a Ti, que sea para nosotros tu Corazón divino morada permanente, que en el seamos llama, y aunque seamos cruz.

¿Como nos ha amado Jesus?. Para decirlo seria preciso entender a Belen y a Nazaret, al Tabor y a Getsemani, al Calvario y a la Eucaristia: Nos amo cuando yacíamos en le pecado, nos amo manchados, enemigos, quiza rebeldes, quiza crueles, quiza ingratos y sin duda egoístas y desdeñosos de su amor.
Nos amo cuando yacíamos en la miseria y nos amo para levantarnos hasta El, para unirnos en abrazo estrechisimo con su grandeza, para fundir nuestro corazón en el suyo. Nos amo para revelarnos sus secretos, para participarnos de todo lo suyo, para darnos su Espíritu, para hacernos sus amigos, sus hijos, sus hijas, sus esposas, su madres, para embriagarnos de su amor, para darnos su vida y felicidad.

El amor a mis sacerdotes va mas allá de lo que puede concebir la mente humana, porque es divino. Los amo desde la eternidad, en el seno de mi Padre, con amor entrañable, con delicadeza inconcebible, con toda la potencia de un Dios salvador. 
Son míos por doble donación de mi Padre y del Espíritu Santo, que me ungieron con el Sacerdocio eterno, y todos dependen de Mi y son uno en Mi, su cabeza, su Corazón, su principio de amor y de vida, y Yo debiera ser su vida misma. 

Dios hizo inmensos nuestros corazones en el día de nuestra ordenación para que pudieran caber El y las almas, y lleno esa inmensidad con la luz de su sabiduría, con la dulzura de su amor y con la riqueza de su omnipotencia; la lleno con El mismo, con su propio Corazón que es la porción de nuestra herencia y de nuestro cáliz. Mi Corazón ama tanto a los sacerdotes que, ademas de las prerrogativas únicas que en la tierra gozan, quiero que tengan aun en el cielo un lugar especial, el mismo Mio que como hombre merecí, y con el que mi Padre me premio para siempre.

Ya verán si es mucho lo que les pido a mis sacerdotes en la tierra. Gratitud y amor, Celo ardiente por las almas, olvido propio, lustre y esplendor en mi Iglesia en todos sus actos, esencial limpieza de alma en la Santa Misa, santo respeto a la fecundidad del Padre y en la manera de emplearla, pureza que resplandezca y contagie a las almas, aprecio a su dignidad sacerdotal, un inmenso amor a mi Padre y la unificación con la Trinidad por su perfecta trasformación en Mi.

Al presentar al mundo mi Corazón quejándose de la ingratitud de los hombres en general, era particularmente de las alma consagradas a Mi, de mis sacerdotes, porque desde mi Encarnación los he llevado en sus vocaciones sacerdotales, ahí dentro, muy dentro y he alimentado y comprado esas vocaciones con los dolores íntimos de mi Corazón.

Pero, Jesús quiere que todas las almas participen de su amor sacerdotal, que todos los cristianos llevemos en el corazón una copia del amor de Jesús a las almas. Un amor ávido de glorificar al Padre y de sacrificarse por las almas. Mas a a algunas almas les quiere participar ese amor de manera especialisima: a las almas sacerdotales. Un amor olvidado de si mismo, un amor generoso que debe abarcar a todas las almas: las de pobres y ricos, las de sabios e ignorantes, las escogidas y las comunes, todas: hasta las manchadas, hasta las degradadas, hasta aquellas que parecen pertenecer a satanás y secundar su obra de odio.


UNIDAD.
Los sacerdotes no son muchos, sino un solo sacerdote en Mi y conmigo, formando solo un cuerpo y un alma en la Iglesia amada. Por eso mi Padre los ama tanto, les ha dado tanto, su misma eterna fecundidad; porque en cada sacerdote y en todos juntos me contempla a Mi, el ÚNICO  Sacerdote, su Hijo amadisimo. De aquí les vienen tantas prerrogativas, su misma fuerza, poder y amor en el Espíritu Santo.
 
Yo mismo estoy en su alma, por razón del sacerdocio oficial y místico, pues son miembros míos que forman el cuerpo sacerdotal del cual Yo soy la Cabeza.
El sacerdote debe ser una hostia viviente que me contenga; o mas bien una hostia YO, Transformado en Mi, y todos los sacerdotes del mundo han de formar un solo Jesús; que en realidad de verdad es el Dueño, el Legislador, la Cabeza de este Cuerpo místico, que es la Iglesia, y quien le da vida, y la conserva por el Espíritu Santo para gloria del Padre.

Cierto que soy Dios, pero también soy hombre, y quise cargar las miserias del hombre para expiarlas; quise sentir como el hombre y llorar como el hombre, y estremecerme con las mismas penas y gozos del hombre. Así es que aunque este en el cielo, se agradecer, se sentir y conmoverme; porque la sensibilidad del hombre, afinada y divinizada, la llevo Yo en mi alma, en mi Corazón, en todo mi ser.

Al tomar la naturaleza humana, tome el amor al hombre, por llevar la sangre del hombre, la fraternidad del hombre; y unidas las dos naturalezas, la divina y la humana, divinice -con el contacto del Verbo- al hombre, elevándolo de lo terreno para que aspirara al cielo. Pero entre todos los hombres distinguí a los que debían ser míos, otros Yo, que continuarían la misión que me trajo a la tierra, y que fue llevar a mi Padre lo que de El salio, almas que lo glorificaran eternamente.

Los sacerdotes por su origen divino en el seno del Padre y por su fraternidad conmigo en el seno de María, son mis consentidos en la tierra y aun en el cielo. A ellos busca mi Padre en Mi, y a Mi en ellos; y si ama tanto a la Iglesia, es por su Verbo; y si envió a ella el Espíritu Santo es por su Verbo; y si distingue entre todos los mortales a sus sacerdotes, es por su Verbo; porque no ve en ellos a muchos sacerdotes, sino a un solo Sacerdote, a otro Yo, unificado -con ellos en Mi- en la Trinidad.

Y como Yo, el Verbo no soy solo,sino una sola divinidad con el Padre y con el Espíritu Santo, al transformarse el sacerdote en Mi- en mas o menos grados- conmigo se transforma en la Trinidad, es decir en la Fecundación comunicada del Padre, en los Sentimientos del Hijo y en la Caridad del Espíritu Santo. Al sacerdote entonces, por virtud de su transformación en Mi, lo envolverá, lo penetrara el reflejo de la Trinidad y se endiosara; porque el reflejo de Dios es Dios mismo.

Y aquí hemos llegado al punto final de la transformación en Mi, a lo mas elevado de ella, a la perfecta UNIDAD en la Trinidad. Aquí esta también el secreto de la atracción del sacerdote respecto de las almas, de la fecundidad de su apostolado, de la comunicación de pureza, de unión de luz, de virtudes, lo divino; porque no es el sacerdote el que vivesino Yo en el con todas mis virtudes, carismas y dones, y aun con la comunicación de los esplendores eternos de la Trinidad.

Hasta este punto final de la fusión de las almas sacerdotales con Dios y en Dios, quiero que lleguen mis sacerdotes. Este es el ideal bellisimo de mi Padre al engendrar la Iglesia eternamente, en su entendimiento, con todos los miembros que la formarían  hasta endiosarlos por medio de su transformacción en Mi, Dios hombre. Tan unos conmigo, tan hechos ,Yo en Mi que nos perdamos todos en la Trinidad, volviendo al seno santísimo y divino del Padre, en donde fuimos - ellos y Yo, con la Iglesia - eternamente engendrados.

Y es un hecho que hasta allá puede llegar un sacerdote transformado en Mi, hasta este grado de elevación, hasta fundirse en la Trinidad, pasando por Mi. El sacerdote por sus virtudes, por su fraternidad divina Conmigo, debe transformarse en Mi, imitándome como hombre ( lo que con mi cooperación alcanzara); y entonces no solo alcanzara a convertirse en Mi hombre, sino en Mi, Dios hombre, participando mas que nadie de lo divino que hay en Mi; y por esto, solo por esto, agradar a mi Padre, glorificara a mi Padre, por lo divino que ha recibido de Mi (recibiéndolo Yo antes de mi Padre).

Esa unidad falta; falta ese pensamiento de la unidad en Mi y de todos en la Trinidad. Hay muchos miembros de este Cuerpo místico dislocados, torcidos, desunidos que hay que volver a su centro Yo, trasformados en santos con el Santo de los Santos.

COMO ALCANZARLO.

¿Como podra nuestra inteligencia y nuestro corazón transformarse en Jesús?. Nuestro espíritu se transformara en Jesús cuando piense como Jesus pensaba, cuando vea por sus ojos; nuestro corazón se transformara en Jesus cuando haya en el los mismos sentimientos que en le Corazon de Jesus, cuando nos sean comunes a El y a nosotros los mismos dolores y las mismas alegrías.
Pero el cuerpo, ¿como se podra transformar en Jesus?. LLevando siempre en nostros la mortificacion de Jesus, para que la vida de Jesus se manifieste hasta en nuestros cuerpos mortales. Cuando nuestro cuerpo este clavado en la cruz y hecho pedazos se asemejara al cuerpo sacratisimo del Señor.

En un hermoso pasaje del Evangelio conocido por todos, Jesús nos marca el camino de la perfección que nos esta pidiendo: Mirando con amor al joven rico del evangelio que le había guardado los mandamientos desde su juventud, le dice: Una cosa te falta, anda vende todo cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, después ven y sígueme. Desprendimiento, unión, transformacion. !Venid a Mi!, !Aprended de Mi!. Seguir a Jesús es la esencia de la transformación. No por una simple reproducción exterior de los rasgos de su vida, sino por una intima participación de su Espíritu. Por eso la vida de la Iglesia se inicio cuando vino el Espíritu Santo.
 
Ahora bien, si el Padre comunica a los sacerdotes su Fecundidad para que ejerzan en el mundo la paternidad en las almas, dandoles vida para el cielo, ellos también por la virtud de la Fecundidad divina,deben ser luz, porque han recibido, en el germen divino de la Fecundidad del Padre, su ser de luz, de virginidad, de limpidez, de pureza que los ara verdaderos  padres que tiene que engendra en la Iglesia almas de luz, de claridad, de pureza.
Por eso si los sacerdotes son padres deben se puros. Tienen que reflejar en si mismos la Trinidad fecunda y virgen, sin machar el altar en donde transformados en Mi me ofrecen y se ofrecen a mi Padre amado. 
Y ¿como se borra en mis sacerdotes lo machado?. Se borra con la fecundidad de pureza en Mi hecho hombre, al transformarse en otro Jesus. Esta transfromacion cubre ante mi Padre, y aun borra con la intenisidad de mi virginal pureza, toda macha, toda sombra, y les comunica mi substancia de luz y de pureza, infinitas en Mi. 

Hay que angelizar  el mundo sacerdotal primero , y por las irradiaciones de su pureza, salvar las otras almas.
Cada sacerdote debe ser un faro de luz que señale al cielo, injertado, transformado en el que es la Luz del mundo, disipando toda oscuridad en las mentes y en las almas. Y para cumplir su misión en las almas y en los cuerpos, para usar santisimamente de la fecundidad del Padre, para formarme en los corazones y engendrarme en las almas, tiene que brillar los sacerdotes en esta virtud de la pureza. mas aun, ser pureza en Cristo puro, virginal y santo.

El alma de Jesús, espejo purismo donde se refleja la Trinidad, fue creada por Dios y unida a su cuerpo en el vientre virginal de María. Y desde ese instante Jesús sufre en ella todos nuestros dolores porque nos ama. Y todos los dolores que le ofrecemos, los toma como suyos y así se los ofrece al Padre. A veces también nos comunica los suyos - los dolores internos de su Corazón - Dicen que son terribles.


CON MARIA.
Amar al Espíritu Santo, invocarlo, consagrase a EL, ser dócil a sus inspiraciones, dejarlo poseernos plenamente, pero, siempre por María, que Ella nos limpie, nos purifique, quite todo lo machado, nos prepare para que el Espíritu Santo, grave con su divino fuego uno a uno los rasgos de Jesús en nuestra alma. 

María recibió directamente del Padre, por el Espíritu Santo, esta sublime y santísima Fecundidad, nada menos que dándole a su Verbo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, para hacerlo hombre ne su purismo seno. Por eso María fue tan pura, tan inmaculada, tan limpia de toda sombra de mal.

En Jesús una persona divina asume nuestra humana naturaleza.
Por la unión hipostatica, (en la unidad de su persona, su Yo divino), lo divino diviniza en el Verbo hecho carne lo que hay en El de humano. Por eso Su Madre Santisma es madre de Dios. Ella le da la vida a Jesús como a nosotros nos la dan nuestros padres con la divina Fecundidad recibida de Dios. 

"El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virdtud del Altismo te cubrira con su sombra. Por eso su nombre sera grande, y sera llamado Hijo del Altísimo, Dios le dará el trono de David su padre y reinara en la casa de Jacob eternamente".
De donde a mi que la madre de mi Señor venga a visitarme. ¿De donde Señor?. Don gratuito, regalo divino, pero que exige siempre la humana respuesta. 
 "Yo soy esclava del Señor", que se haga en mi lo que has dicho. Yo soy su servidora. Yo quiero servirle.
Maria en los ojos purisimos de su Jesús ve a su Dios. Es su fiel servidora en todo en lo grande y en lo pequeño.  Pero también se presta para que en su propio ser inmaculado se forme Jesús, viva Jesús, Jesús reproduzca en Ella su vida inefable de amor al Padre
Aun mas, desde en aquella primera mirada purisima entre Jesús y María al encontrarse en Belén, la mirada fecunda y creadora del Padre pasando por los ojos de Jesús retrata en el alma virginal de María, su propia divinidad y grava en Ella, con el fuego del Espíritu Santo, la Imagen perfecta de su Verbo que Ella recibe y guardara como un tesoro durante todos los días de su vida. Y es también nuestra madre, madre porque forma en nosotros a Jesús, nos hace hermanos suyos, nos transforma en su Jesús para que seamos hijos de Dios y herederos del cielo. 

Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios:
El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat, la real Encarnación del Verbo en sus manos.

Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz. Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. 
Amándolo y sirviéndolo, como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, por el ofrecimiento de si mismo hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor.

Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios. Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz. Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. Sin este ofrecimiento, la participación del Sacerdote resulta tan sólo exterior, material y por lo tanto infecunda. El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat 1 , la real Encarnación del Verbo en sus manos. Amándolo, como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, con el ofrecimiento hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor. Si el sacerdote celebrante no está animado por esta fe y por estos sentimientos y propósitos, su Misa es estéril para él; no ha sido más que un protagonista material del más grande Misterio.

Pedir al Espirita Santo fuente de toda pureza que nos la comunique por la Cruz y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre, como termina la bendición propia de las Obras de la Cruz. Hacerlo siempre por medio de Maria nuestro modelo y amparo.


LA VOLUNTAD.
El fundamento de la Unidad es la voluntad. Dios es uno porque la divina voluntad es UNA en cada Persona Divina: Una, eterna, inmutable, amorosa, bienhechora, libre. Nuestra voluntad es su gloria y su tormento. Su gloria cuando por amor honra y glorifica a Dios. Su tormento cuando se levanta contra Dios.
El abandono a su voluntad es nuestra mayor asimilación a a Cristo. Porque su voluntad es nuestra salvación. Supone confianza absoluta, olvido total de si. Amor desinteresado- Entregar nuestra voluntad a la suya, no solo porque confiamos totalmente en Dios, en que El siempre hará lo mejor para nosotros. Sino porque El lo quiere, porque esa es u voluntad. 

Y amar locamente la Cruz de Cristo, porque esa es la Voluntad central de Dios. y desear vivamente participar de ella. Y pedirlo absolutamente, porque si sabemos que esa es la voluntad de Dios . Quedando solo indiferentes en cuanto En la medida y en la forma que El Quiera, cuando El quiera y cuanto El Quiera. "En la medida de la donación de Cristo".

La voluntad suprema de Dios es la Cruz de Cristo. ¿Que no veis que ni todos los sufrimientos humanos juntos pudieran cancelar una deuda divina?. Por ella la divina justicia es satisfecha. Por ella la deuda humana es anulada. Por ella el hombre es redimido y salvado.

Asimilarse a Cristo es tener sus mismos sentimientos. Y el supremo de ellos es glorificar a Dios. Hacer su voluntad aun a costa de su sacrificio. "Padre si es posible, pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Tener una sola voluntad con Dios es simplificarse en su unidad. Como Cristo Jesús que teniendo una voluntad humana la rindió absolutamente a la voluntad divina.  Dar su vida por salvarnos. Sufrió por nosotros y a cuenta de nosotros. 
"En ese acto amoroso de supremo abandono a la voluntad de Mi Padre esta la perfección, la mas alta y acabada santidad".

Y ¿Porque?. Porque lleva a la UNIDAD, a lo mas alto y subido de la unidad, la consumación en Dios de lo mas grande que tiene el hombre, de lo que es suyo, de la voluntad humana unificada con la voluntad divina."Entonces ya no hay dos voluntades, sino una sola voluntad, la de Dios, que ha absorbido -en cierta manera- la voluntad de la criatura.
 
"Por eso en la tierra no pude eximirme ni por un instante de esa divina voluntad. Me sometí feliz, como hombre, a su voluntad amorosisima, aun en las torturas morales y materiales, permitidas sapientisima y amorosimamente por mi amado Padre. Y por eso mi Corazón anhelaba con ansia verme crucificado, porque hasta allá llegaba la voluntad de mi Padre, todo amor al sacrificarme: por ser Dios, para que tuvieran merito y eficacia mis expiaciones; y como hombre, para darme un trono sobre todo trono y hacerme Cabeza de mi Iglesia amada, lo que es también como premio para la humanidad entera".

"Conquiste entonces, con mis mas terrible dolores, las vocaciones de mis sacerdotes, su ayuda, su cooperación, la gracia de su transformación en Mi, hasta llegar al punto sublime de la Unidad. Los hice también cabeza de mi Iglesia, unidos, injertados en la vid que so Yo para que corriera por sus venas mi misma savia, los mismos ideales, la misma voluntad UNA con EL ESPÍRITU SANTO. Quería llegar a realizar algún día mi ideal perfecto que apenas entonces, en la ultima Cena, deje translucir en mi plegaria al Padre: el consumarlos en la Unidad y que es todo el anhelo de mi Corazón".

Jesús tiene dos cuerpos: uno que esta hipotéticamente unido a la Divinidad, que fue inmolado en la Cruz y que subió a los cielos glorioso y triunfante; y el otro, su cuerpo místico que es su Iglesia, unida a El por la gracia y el amor, participe de su vida y continuadora de sus misterios.

Porque ninguno de los misterios de Jesús esta completo aun, sino que todos tiene que irse consumando en el transcurso de los siglos. Cuando Jesús termino su vida mortal completo los misterios de su cuerpo real, pero hasta el fin de los tiempos se completaran los de su cuerpo Místico. En ese día santo y glorioso los misterios de Jesús quedaran consumados y terminara la historia, porque toda la razón de ella es Jesús que la llena con su majestad.

El nace sin cesar en las almas, y vive en ellas su vida silenciosa y celestial de Nazareth, y predica en sus ministros, y realiza prodigios en sus taumaturgos, y en nosotros sufre y agoniza y muere, y en nosotros resucita y sube a los cielos.
Con razón el Apóstol San Pablo, sintiendo la divina realidad de esta unión incomparable, exclamo en un arranque de amor y de dicha: "Ya no vivo, sino que el Cristo vive en Mi".

Si somos Jesús, si nuestra vida es prolongación mística de su vida y de sus misterios,no podemos tener otro origen distinto del suyo. El nació eternamente del seno del Padre, en los esplendores de la santidad; y nació en le tiempo, de la siempre Virgen maría. Nosotros no tenemos mas que un Padre, el de Jesús, que con inmensa caridad nos adopto para que seamos hijos de Dios; y una madre, María, que al concebir en sus entrañas al Hijo de Dios, nos concibió místicamente a todos los hombres en su purismo Corazón.

Y ese amor divino, triunfante e inmortal, fue el que unió a nosotros con Jesús. No estamos unidos a la vid como lo están los insectos que buscan en ella su alimento y descanso, ni como la gota de roció que tiembla en los racimos opulentos; es mas profunda, es mas intima nuestra unión con El, pues vivimos de su vida y circula en nuestras almas la savia que viene de su inmensa plenitud.

Sin perder Jesús su divina trascendencia ni nosotros nuestra exigua personalidad, el amor y la gracia nos unen tan estrechamente con El, que El vive en nosotros y nosotros en El.  Recibimos el Espíritu de adopción. Con la Caridad, imagen del Espíritu Santo nos hace amar a lo divino; pero el verdadero, mas bien el perfecto amor a lo divino, es amar bajo la moción del Espíritu Santo.

Ni al mismo Jesús le satisficieron las comparaciones terrenas para explicarnos el divino misterio de su Unión, por eso levanto los ojos al cielo y busco en el seno del Padre el modelo de la Unión que ha querido realizar en nosotros su Amor. Pide para nosotros nada menos que una unión tan estrecha y tan intima, que se parezca a la unión inefable del Padre y del Hijo en la unidad del Amor Eterno. ¨Padre santo, guarda en tu nombre a aquellos que me diste para que sean una sola cosa con nosotros... Yo en ellos y Tu en Mi para que sean consumados en la unidad¨.


La voluntad del Padre en la experiencia del Sr. Martinez.

"Jesús me ha comunicado una dulce confianza en su amor... y me ha infundido el gozo intimo de hacer su voluntad, sea cual fuere. Me he sentido dispuesto a todo lo que El quiera; mas aun, me he sentido gozoso de que se haga lo que El quiera".
Yen estas tres impresiones descubre el misterio del amor: 1.- La contemplación del Amado -la posecion del Amado; 2.- hacer en todo la voluntad del amado: el deseo de darle gusto en todo aun a costa de sacrificios; 3.- yo confiándole mi ser y mis necesidades y El amado haciendo mi obra, mi voluntad, El quiere también darme gusto en todo lo que esta en armonía con su voluntad.

¨Ya he señalado en estas Confidencias muchos obstáculos, pero hoy he puesto a su vista el principal par mi unión con esos sacerdotes amados !su voluntad! Quiero esa voluntad pura, firme, absoluta, fiel y amante.¨Con esas cualidades, el Espíritu Santo procederá al trabajo dulce y ansiado de la transformación de los sacerdotes en Mi.¨


TRANSFORMACIÓN EN CRISTO:


Eso de la transformación no es una novedad.
Jesús quiere que todas las almas se unan a El y que con El formen todas una sola cosa. No porque trate de unirse hipotéticamente con la humanidad, sino porque mediante la gracia y el amor, quiere Dios realizar en cada uno de nosotros como un trasunto de lo que realizo en Jesucristo.

Quiere que la unidad que existe entre la Divinidad y la humanidad de Jesucristo, sea imitada muy de cerca por esa otra unidad de gracia y de amor por la cual todos nosotros nos incorporamos a El y nos amamos entre si. Este es el gran secreto de la transformación en Mi, amar, ser amor para con Dios y para con las almas.
Y en los designios de Dios, todos tenemos que ser Jesús. Y esto no es una exageración, ni se trata de ninguna novedad. Recordemos lo que dice San Pablo: Hijitos míos a quienes engendro de nuevo hasta que se forme Cristo en vosotros. Luego en ellos se iba a formar Cristo y era lo que el Apóstol pretendía.

Antes de formarlo en ellos, el Apóstol lo había formado en si mismo. Por eso con razón se ha dicho que el cristiano es otro Cristo.:” Cristianus alter christus”. Por otra parte, aunque es indudable que la transformación perfecta es difícil, quiero hacer notar que ya estamos en cierta manera transformados, por el germen de la transformación recibida en el bautismo.

Si con solo lo que recibimos de Adán pretendiéramos transformarnos en Jesús, no solo seria difícil, sino imposible. Pero no, por el Bautismo ya somos Jesús, sin duda en esbozo, pero Jesús; solo falta hacernos perfectamente Jesús. Nuestro Señor no nos pone un lienzo en blanco y nos dice: dibuja aquí a Jesús; sino que da hace ya un retrato de Jesús y nos dice !perfeccionalo!.

Dice Santo Tomas que la Araucaria es el sacramento de la transformación, que su efecto inmediato, en cierta manera único, es convertir el alma en Jesus, así como el alimento se transforma en nuestro ser, cuando comemos ese alimento divino nos transformamos en Jesús; y que si la Eucaristía perdona los pecados veniales, aumenta las virtudes, enciende las almas en el amor, todos esos efectos son secundarios y se derivan de su efecto principal que es la transformación en Cristo. Nuestro Señor a depositado una santa semilla en nuestro corazón, a nosotros nos toca regar la tierra de nuestra alma y cultivar ese germen para que produzca frutos de vida eterna.

"En la comunión sele da a la criatura, mi alma, mi cuerpo, mi Divinidad, y en esa Divinidad indivisible, una con el Padre y el Espíritu Santo, también se recibe a esas Divinas Personas, a la Trinidad en su fecundidad eterna y en la de el Verbo hecho carne". "Cierto que mi carne purisima, mi cuerpo santísimo alimentan el alma que los recibe, que su contacto divino borra todas las venialidades e imperfecciones; pero la divinidad es la que obra en las almas los santos efectos de la gracia en la eucaristía; la fecundidad del Padre es la que opera dándome a Mi y transformando en Mi".

Nada mas fecundo que un alma de sacerdote transformada en Mi, porque ha recibido, al ungirlo el Espíritu Santo, su misma fecunda virtud para que la emplee en las almas; pero ¿de que manera? ! con cuanto tino y caridad debe emplear el sacerdote este don del cielo que el Padre le ha dado para que lo represente en la Iglesia!. Dios quiso hacernos participar de su vida, de su naturaleza, de su propio ser. Ese fue el ideal de mi Padre al darles tan levado origen. Mi Padre solo ama a su Verbo; pero en su Verbo a la Iglesia, a los sacerdotes y a las almas. Y si les ha dado su misma Fecundidad es para que la utilicen solo como una extensión del Verbo; porque solo de esa manera se afoca ahí su amor, en lo que otros tengan de reflejo y de semejanza con el Verbo hacho carne.
Los sacerdotes por su origen divino en el seno del Padre y por su fraternidad conmigo en el seno de María, son mis consentidos en la tierra y aun en el cielo. En Mi el sacerdote único eterno y por excelencia, de donde se derivan todos los sacerdotes, que tienen "por su transformación en Mi" que ser UNOS CONMIGO, en la perfecta unidad de la Trinidad. 

Si quiso mi Padre que viniera Yo al mundo fue para la extensión de su mismo Hijo en las almas, Quiso agregar al Hijo y para gloria de la Trinidad a la humanidad salvada por medio de la semejanza con su Hijo único. Todo sacerdote tiene el sagrado deber de reproducirme en si mismo, por medio de su transformación en Mi, para que mi Padre viéndome a Mi en el, tenga en el sus complacencias; debe copiarme,  imitarme, comprenetarse Conmigo, unificarse en la Trinidad a quien sirve, pero también es deber suyo engendrarme en las almas, hacerme nacer en las almas y crecer en ellas y transformarlas y unificarlas también en Mi.

Si mi meta es ser Jesús, asemejarme a El, entonces todo el horizonte de mi vida se integra. La vida se unifica en torno al fin: La divina tarea es la transformación en Cristo, ser copia vivas de El, su transparencia, poder decir lleno de gozo como San Pablo: Vivo yo, ya no yo, sino es Cristo quien vive en mi. 

Unificar nuestra vida en un solo pensamiento, el de Jesús, simplificar nuestro amor en un solo afecto, el de El, vivir de su vida, llenarnos de su Luz, encendernos en el fuego de su Amor. No tener sino un solo afecto el de Dios, un solo pensamiento el suyo, una sola voluntad la de El. Amarle, con todo le corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Ofrecerle un corazón puro de todo otro afecto, para que El lo llene de su amor . Un corazón vació de toda criatura, sobretodo del amor de si misma, para que lo llene del amor a Dios.

La Caridad es ese amor, un amor novilisimo, divino, una "imagen del Espíritu Santo" que El mismo ha derramado en nuestro corazón y por el cual podemos amar a Dios y unirnos con El. Buscarle con todas nuestras facultades: Nuestra memoria, nuestra imaginación, nuestro entendimiento; nuestros sentimientos nuestros afectos, nuestra Voluntad. Amarle con todos nuestros actos. No querer nuestro gusto, el del mundo y menos el de satanás.


EFECTOS DE LA LA UNIÓN TRANSFORMANTE.  


En la experiencia del Sr. Martinez: Se trata de la unidad mística del amor. "Me descubriste tu secreto": Primero tomas posesión del rinconcito amado (del centro del alma), para eso hay que darte todo el afecto. Pero no te quedas allí nada mas. Te vas extendiendo, invadiendo todo el ser, lo vas transformando en Ti: el corazón, el alma, el carácter, el cuerpo, todo. Poco a poco vas viviendo en mi, llegara el día en que hables por mi boca, y obres por mi acción, y sufras en mis penas, y ames por mi corazón; llegara el día en que seamos una sola cosa.


Es una participación, la mas plena y perfecta posible de la naturaleza y de la vida divinas, en cuanto lo permiten los limites de la criatura, de manera que el alma siente que su unión es definitiva e inamisible. Esencialmente consiste en un conocimiento CUASI EXPERIMENTAL de Dios, y en el Amor que de tal conocimiento nace, preludio de la visión bienaventurada, que produce una UNIÓN con Dios casi constante. Cuando Jesús es su único anhelo, el objeto único de su actividad, su única luz, su único amor. No puede el alma, entonces, dudar de la presencia de las Tres Divinas Personas en ella, y casi no llega a verse privada de su compañía.

Es una visión intelectual y altísima de Dios -fruto del Don de Sabiduría - por el cual el alma gusta y saborea el Amor, la Bondad, la Misericordia de Dios. La seguridad de la posesión de Dios, la continuidad de la presencia divina, la conciencia de que esa posesión es definitiva e inamisible, la comunicación llena de la Vida Divina. 

 Con motivo de un sermón de Canta-misa, vi como (dice el Sr. Mtz.) al sacerdote se le aplica la expreción de San Pablo: "Vivo, iam non ego: vivit vero in me Christus". El vive en nosotros siempre que ejercemos cualquier acto ministerial: el debe vivir en nosotros siempre, hasta en nuestros actos ordinarios. A cada momento debemos vivir sacerdotalmente.

"En esta ultima temporada (14 feb 1937) he tenido, e vivido mas bien, aquellas palabras de San Pablo: "Omnia et in omnibus, Christus: todo y en todo Cristo".
Siento que El es el principio de mi actividad: El obra en mi: El predica, El dirige, El gobierna, El decide todo en mi. !Como me arregla hasta lo mas difícil!.
El quiere ser el único en mis anhelos, en mis propósitos, en mis intenciones. No debo buscar sus intereses. Eso fue lo característico de mi Semana Santa y de mi Pascua: olvidarme de mi y de todo, pensar solamente en El: en sus dolores, en sus alegrías, en sus humillaciones y en sus triunfos, en sus intereses y en su vida. En los demás y en mi mismo quiero verlo a El, amarlo a El. Y aun en cada uno de mis actos, El debe ser todo: amarlo, darlo,promover su gloria, hacer todo - como diría un matemático- en función de El.


PUREZA:
La pureza puede considerase en sus dos formas. La pureza negativa y la pureza positiva.
La pureza negativa es la carencia de faltas, la ausencia de machas. un alma pura es un alma que no esta manchada.
La pureza positiva es UNA PARTCIPACION de Dios, es algo divino que llevamos en el alma. Y eso divino no es otra cosa que la gracia con el cortejo de virtudes y de dones, que purifica el alma de las manchas del pecado y la diviniza.

Notemos muy bien que la pureza positiva hace dos cosas: purifica y diviniza. No solamente quitando las machas del pecado, sino que también y sobretodo diviniza, es decir, hermosea, engrandece y pone algo divino en le alma y en todas las facultades.
El Espíritu Santo trae al alma La divina Fecundidad del Padre que nos hace hijos. Y la Caridad divina - imagen del Amor Increado - que el mismo Espíritu Santo infunde en el alma.

Con la pureza se ve a Dios, se siente a Dios y se comunica a Dios. Y este es el deber del sacerdote, ver a Dios, sentir a Dios, comunicar a Dios, por Mi Jesús. La santísima Virgen María nos envuelve con su pureza y su amor en cada Misa. El Espíritu Santo fuente de toda pureza nos la comunica por la Cruz. 
Se da la pureza en la medida del amor y se enciende el amor con la vida interior, las virtudes y la oración. 
Viene de Dios su principio y no tiene fin. Todo aquel que se enamore de la pureza y que la posea entrar en esos grados fecundos y ascendentes de la transformación en Jesus. Solo en el cielo se comprenderá la pureza, porque solo en el cielo se contemplara sin velos a Dios*.

* !a. Cor 13, 8-12Vemos ahora, confusamente, como por un espejo, entonces - en el cielo - veremos cara a cara.
!a. de Juan 3, 2. Carisimos, ahora somos hijos de Dios, pero no aparece como seremos. Sabemos que cuando aparezca, seremos semejantes a El, porque lo veremos a El tal cual es. 


DOLOR.
"Ahora si he sufrido un poco. Y creo que son penas sacerdotales, pues son las penas de las almas. Con motivo de estas penas, Dios me dio luz para formarme un concepto mas profundo de la felicidad de esta vida y que expreso así: la felicidad de esta vida consiste en sacrificarse por los demás. Claro que esto lo sabia, y aun lo había predicado: pero, cuando Dios enseña, toda doctrina es nueva".
"Noto los distintos conceptos de felicidad que solemos formarnos en la vida y constituyen una gradación. Primero creemos que la felicidad consiste en el uso discreto y ordenado de los bienes que Dios nos da -la dorada medianía - del poeta latino, pero cristianizada".
"Después la felicidad se nos presenta como fundada en el desprendimiento de todo lo creado, que nos da una dichosa libertad y que nos hace fundarnos en el verdadero Bien".
"Mas tarde se comprende que el amor es la felicidad: pero se concibe el amor mas como bien nuestro que como bien del Amado".
"Por fin, se purifica el concepto del amor y se llega a entender que lo mas exquisito de el, en este mundo, es el sacrificio". "Y así, se llega al concepto alto y profundo, de que ser feliz es sacrificarse por amor". (y dira despues: especialmente por los que nos lastiman")

"Pocos días después, algunas personas me cometieron una inpetrinencia... de esa que lastiman. Nuestro Señor me dio luz en la oración para que con singular cariño y con grande empeño me dedicara a pedir por aquellas personas y alcanzarles gracias: pero no simplemente como quien cumple un deber, sino como quien satisface una necesidad del corazón".
Vislumbre algo del Corazón divino de Jesús. El que verdaderamente nos ama y nos ama con amor infinito, en nuestras ingratitudes y miserias "nos mira con ojos de amor y misericordia"; ante nuestra desgracia siente que su amor se exacerba, por decirlo así, se siente movido a colmar de gracias a quienes lo lastiman.
"Ahora perfecciono el ultimo concepto que me había formado de la felicidad sacrificarse amorosamente por los demás, agregando, especialmente por los que nos lastiman". 

¿No es esto que dice el Sr. Martinez amar a lo divino?.
Dios no perdona a medias. "Solamente un corazón infinito, un amor sin medida, puede amarnos a pesar de todo y aun acrecentar su ternura cuando nos hundimos en nuestra miseria. !Que grade que bello, que dulce aparece el Corazón de Jesús cuando lo conocemos así!". "Vivo en la fe de Jesús el Hijo de Dios, me amo y dio la vida por mi". Un Dios amor, encarnado, muerto y resucitado en Cristo Jesús. Y nos participo su ser, su vida, su felicidad.
"¡ Oh admirable comercio! ¡ Dios se hace hombre para hacernos dioses, se hace pobre para hacernos ricos, comparte nuestras penas para darnos su felicidad!. Este comercio admirable constituye el fondo del cristianismo, es la tesis sublime de la Escritura, es el drama divino de la historia, porque es el misterio de Cristo". Y junto con Jesus esta ahí siempre Maria que nunca se separa de Jesus y menos en el sacrificio.



SED DE DIOS.

Jesús esta sediento de nuestra sed de Dios. Así aparece en la samaritana, que en primer lugar era samaritana, y vivía mal, y Jesús le pide de beber para abrir el camino y darle una agua viva que si llenara su sed. Orar es expresar nuestro deseo de Dios, y Dios responde estrechándonos contra su Corazón. 
! El secreto de Juan !, expresado así por el papa Benedicto XVI. Estrecharnos contra su corazón, hundirnos en El, fundirnos en la adorable unidad de Dios, como lo pide la Unificación en la Trinidad.

El conocimiento es el que produce la mayor dilección. Que te conozcan!
Ese es el fin para el que nos buscas como a la samaritana. Esa es la vida eterna: Que te conozcan a Ti Padre y a quien Tu enviaste: Jesucristo. Amarte, amar a Jesús, esa la santidad, la perfección, la suprema aspiración de nuestra vida. 

Vivir las virtudes Teologales:Mirarlo por la fe; apoyarse en El por la esperanza; tenerlo en nuestro corazón por la Caridad. El trato con Dios. Contar con Jesús, saber que nos ayudara siempre, pase lo que pase, hasta el final. Saber que Dios nos ama y gozarlo y tratar de devolver, búsqueda por búsqueda, entrega por entrega, amor por amor. amor por amor.

Si soy tuyo sera para que hagas de mi lo que quieras, para que me utilices, para que me inmoles, para que me ames, para que me abandones, pero también para que cuides lo que es tuyo, lo defiendas, lo hagas llegar a tu fin.
Si eres mio, sera para que te conozca, para que te ame, para que te mire, pero también para que cuide de Ti. !Cuida de mi y de mis cosas y Yo cuidare de ti y de las tuyas!.

Para amarte mas, hacerlo por María, con María en María, que Ella te ame en nosotros, que Ella haga que te amemos con el Espíritu Santo. Renovar constantemente nuestra consagración. Totus tuus, que Juan Pablo II nos ayude, nos comunique algo de su amor a Jesús por María.


GRATITUD ADELANTADA.
Antes de hacer algún bien en la tierra, siempre acostumbraba darle gracias a mi Padre de quien aquel favor y todos los beneficios vienen al mundo. Y Que quise con esto enseñar amis sacerdotes que me representarían en la tierra, que estaban llamados a transformarse en Mi, a ser otros Yo en el trato con las almas, aliviando su penas, curando sus llagas, consolándolas y levantandolas siempre.
Quise enseñarles tres virtudes capitales para poder hacer el bien y glorificar a mi Padre: la fe, la confianza y la gratitud.
Y saben porque Yo adelantaba la gratitud hacia Dios, ¿porque quiero que mis sacerdotes hagan suya esta practica?.  Para expiar la poca gratitud de las almas cuando reciben mis beneficios. !Que pocos se acuerdan de darme las gracias! !Que contados son los que guardan en su alma el recuerdo de mis favores! !que difícil para tantos corazones egoístas guardar gratitud al Dios a quien todo se lo deben!.

Yo nada hice en la tierra que no tuviera extensión universal, un fin santo de caridad en bien de la humanidad entera. Soy el redentor, soy el Reparador, soy la victima santa que voluntariamente se inmola, para cubrir las deficiencias y suplir las faltas de gratitud en la tierra. 
Nosotros por las Virtudes y por los Dones del Espíritu Santo, vamos reproduciendo en nuestra alma los rasgos de la fisonomía de Jesús y poco a poco nos vamos haciendo como El:  Humildes como El, agradecidos como El, como El dulces, como El puros, olvidados de nosotros mismos, abnegados como EL, caritativos, etc.


LA GLORIA DEL PADRE.
Ofrecer a Jesús es nuestra tarea. En al Misa y en las almas.
La Gloria del Padre, el encanto del Padre, la complacencia del Padre y su amor infinito y único ¿Quien lo forma, sino el Verbo, este Verbo ehecho carne en donde se mira, se refleja, se retrata, se reproduce y vive?.
La gloria del Padre es Jesús. Quien ve a Jesús ve al Padre, porque El es "el esplendor de su gloria y la figura de su sustancia". "el espejo sin macha de la majestad de Dios y la imagen de su bondad".
Como Verbo eterno, Jesús es el Hijo, y tiene con el Padre "una sola divinidad, igual gloria y coeterna majestad". , como Verbo Encarnado, es la revelación viviente del Padre, su perfectisima y suprema glorificación.
Engendrado por el Padre y siendo su imagen santa, llevando su divina fisonomía, Jesús aspira al Padre con pasión inmensa y ansia atraerlo todo para llevarlo al Padre.

Por eso el Verbo se hizo carne, con el fin primordial de la extención o prolongación de El mismo en sus sacerdotes, y por medio de sus sacerdotes en las almas.Todo sacerdote tiene el sagrado deber de reproducirme en si mismo, por medio de su transformación en Mi, para que mi Padre viéndome a Mi en el, tenga en el sus complacencias; debe copiarme,  imitarme, compenetrarse Conmigo, unificarse en la Trinidad a quien sirve, pero también es deber suyo engendrarme en las almas, hacerme nacer en las almas y crecer en ellas y transformarlas y unificarlas tanbien en Mi.

El Verbo es como el espejo del Padre en donde se ve El y ve a las almas, En su Verbo contempla a la Iglesia y a sus sacerdotes; todos caben en esa Persona divina. Ahí los busca el Padre, ; ahí , por decirlo así, les da vida y los hace fecundos el Espíritu Santo, ahí debe ser su morada en la tierra y en el cielo.

Porque entrando en el Corazón de Jesús, no solamente entramos e la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, sino también en el seno de la divinidad. En el fondo, en Jesús lo encontramos todo, y lo único que esto significa es que en Jesús mismo debemos llegar hasta las profundidades de su Divinidad, para encontrar ahí el verdadero descanso de nuestras almas, porque nuestra verdadera felicidad y nuestra verdadera vida esta en el Seno de Dios.


EL CONSUELO DE JESÚS.
¿Que es consolar?.
Consolar es dar un bien a cambio del que se ha perdido o se espera todavía.
Hay dos maneras de consolar una a la manera humana, otra a la manera divina. Como humanos, es tan poco lo que podemos dar a cambio de lo que le falta ,o ha perdido.
Dios que lo tiene todo, nos da lo que necesitamos a la manera que podemos recibirlo.
El supremo mal por el que nosotros necesitamos ser consolados es porque no posemos plenamente a Dios. Dios Nos da lo que suspiramos y nos lo da, por su parte, de una manera definitiva y para siempre. 
El Espíritu Santo es nuestro consolador porque, mientras dura nuestro destierro, nos da a Dios de la manera que podemos poseerlo en la tierra nos da como dice San Pablo "lo sustancial de las cosas que esperamos". Y ademas la seguridad de que un día lo poseeremos plenamente en el cielo. Y precisamente para es vino Jesús. Para llevarnos a Dios.

¿Podemos consolar a Jesús?.

Jesús no necesita nada, no solamente posee a Dios, sino que ES Dios.
Pero si Jesús en el cielo lo tiene todo, en la tierra le falta mucho, los deseos de su Corazón no están colmados: Vino a traernos el amor. Quiere que las almas se unan, vivan de su vida, se santifiquen y glorifiquen al Padre. 
No necesita que lo consuelen solo por las ofensas que recibe, sino también por sus deseos no colmados. Pesan sobre El todos los pecados del mundo. Es la Victima de todas las iniquidades de los hombres. Desde el abismo de su dolor implora misericordia para los mismos que lo han ofendido. Tiene tantos deseos no satisfechos. 
Consolar a Jesús es amarlo, consolar a Jesús es amar de una manera eficaz y activa al prójimo; y el tercer consuelo que consiste en participar de lo dolores íntimos de Jesús, supone una Caridad desarrollada, porque los dolores íntimos no seles comunican sino a los amigos íntimos.

¿Como podemos consolarlo?
Desde luego, hay un consuelo,por decirlo así, personal, que debemos ofrecer a nuestro Señor:1.- Nuestra propia santificación. Consolarlo es quitar de nosotros todo, absolutamente todo lo que nos estorba para unirnos íntimamente con El y corresponder así plenamente a su amor. Solamente consuelan los que aman, y los que aman de una manera especial, solo una madre una esposa una hija, solo nuestros íntimos nos pueden consolar. Amarlo, para darle por lo menos nuestro corazón.
Amar es dar, es darnos. El amor es una donación total, completa, irrevocable, eterna. "Que nuestra vida sea una donación y nuestra vida sera amor".
Cuando se ha pronunciado la palabra del amor, nada queda sino seguirla repitiendo siempre. TE AMO. Soy tuyo, te pertenezco, me entrego a Ti, me doy a ti sin reserva. Mi muerte solo añadirían estas dos palabras que la perpetúan y la consuman: PERFECTAMENTE Y PARA SIEMPRE.

La voluntad Reina de nuestras facultades ofrece al Señor el árbol de nuestra vida; las demás facultades van recogiendo los frutos para entregarlos a su reina: Mis pensamientos elevándose hacia Ti, mis afectos serian para Ti, mis palabras alabanza tuya, mi cuerpo tu templo, mi espíritu una misma cosa con tu espíritu, mis obras el fruto de tu amor y los instrumentos de tu gloria. 

Padre mio creo en Ti, Jesús mio confío en Ti, Espíritu Santo amor mio, te amo. Nada soy, nada puedo, pero si te tengo a Ti, si Tu amas en mi, y yo amo contigo. A Dios nuestro Padre, a Jesús, a Ti mismo, a María, a la Iglesia, a los sacerdotes, a todas las almas. Hasta a las mismas criaturas y hasta a mi mismo, amándolas te amo a a Ti.

2.- El segundo modo es ayudarle. El alma que es Jesús HACE LA OBRA DE JESÚS. Y la obra de Jesús es la salvación de las almas. ¿Como no va a ser Hacer la Obra de Jesús compartir lo que El hizo toda su vida: Sufrir por nosotros?. 

El segundo consuelo que espera de nosotros es que de tal manera entremos en sus miras y en sus designios, nos sacrifiquemos por el mismo fin que El se sacrifica, que trabajemos en la misma empresa que El trabaja : La salvacion y la santificación de las almas. Sobretodo las de los sacerdotes.
- Ofrecerse como victima, para darle muchos almas que se unan, vivan de su vida, se santifiquen y glorifiquen al Padre.Que Dios nuestro Padre sea conocido, que sea amado, que se cumpla su Santísima Voluntad.
Es preciso que mis sacerdotes, repito, se den perfecta cuenta de esto y que honren y utilicen la fecundidad purisima del Padre, dándole almas que lo glorifiquen. Y no otra cosa glorifica al Padre que su Hijo en las almasver en ellas a su Jesús; contemplar en ellas el reflejo mas perfecto de su fecundidad, que afoco eternamente en su Verbo al engendrarlo. 

-Pero todavía queda otro matiz del consuelo; porque hay almas en las que ha fracasado y fracasara el amor de Jesús. Así lo vio en Getsemani y esa pena torturo hasta lo mas profundo su alma. Y aun en las almas que se salvan al borrar con su sangre sus pecados, esos pecados han existido, y se han levantado contra la gloria de Dios, han manchado las almas y han sido una ofensa contra el Padre Celestial y han herido su Corazón con innoble ingratitud.
A Jesús le consuela que glorifiquemos al Padre, que le hagamos bien a las almas; pero, sobre todo, que conozcamos, sintamos y participemos de sus íntimos dolores. El quiere que le consolemos de sus penas intimas, de esas penas que le causan los pecados del mundo y especialmente los pecados de los sacerdotes.
Pedirle una astilla de la Cruz Interna de su Corazón, para clavarla en el nuestro. Para compartir lo que no podemos quitarle: La pena de ver a Dios ofendido, los males que se acarrean las almas. 

Ofrecer a Jesús es nuestra tarea. En al Misa y en las almas.
- Ofrecerle a su Divino Hijo en propiciación por nuestros pecados y por todos los pecados del mundo.
- Ofrecernos como victimas especialmente por los sacerdotes.
- Y pedirle una astilla de su Cruz Interna.


EN EL CORAZÓN DE JESÚS.

Nada hay tan intimo a mi Corazón como los sacerdotes.

!Si ellos son como las entrañas de mi alma... , si este Corazón mio les ha dado la vida de la gracia por el Espíritu Santo, la vida divina del Verbo, y la misma fibra de mi Padre amado. 
Esto es mi Corazon para el sacerdote: su pricipio amoroso en es seno del Padre, un mar doloroso en el seno de Maria y su ocaso glorioso en la bienaventuranza eterna.
Ellos mis sacerdotes pasados, presentes y futuros están preconcebidos en la mente del Padre, y acariciados eternamente por el amor sustancial del Espíritu Santo en el Hijo. La Trinidad los envuelve y todo un Dios se recrea en su obra predilecta, en la Iglesia que estos sacerdotes forman. !Oh si meditaran mis sacerdotes lo que deben a las Divinas Personas!. Escogidos entre millones, elegidos eternamente, predilectos entre todos, han sido segregadas sus almas para el Santuario.

El Espíritu Santo que enlaza al Padre y al Hijo en la unión Trinitaria, enlaza también a la Iglesia con sus sacerdotes a la Trinidad Santisma.
Es uno mismo el amor que une al Padre con el Hijo y a los sacerdotes con la Trinidad.

"Como no puedo separarme de la Divinidad, una con el Padre y con el Espíritu Santo, al ver a un sacerdote, veo en el al Padre y al Espíritu Santo; y en el amo a esas Personas Divinas, y en el las contemplo, y, como Hombre, las venero, las glorifico, las amo. Y las amo no con otro amor, porque no tengo otro, sino con el Espíritu Santo mismo, Amor de los amores, sin principio y sin fin".

Ese reflejo del Padre a Mi, de Mi al Padre, en el Espíritu Santo, y de la Trinidad a los sacerdotes, diviniza el amor hacia ellos; porque el Espíritu Santo es amor que enlaza al Padre y al Hijo, ese mismo amor enlaza con la Trinidad, por el mismo divino amor, a la Iglesia con sus sacerdotes. Ella contiene a Jesús, lo refleja, lo da; el Padre la mira con amor; el Espíritu Santo la enlaza con la Trinidad.

No comprenden, no, los sacerdotes, la ternura y la inmensidad de mi amor hacia ellos!... Como el Padre  no ama mas que a su Verbo que lo refleja y que es una cosa con El, por la Divinidad; así Yo amo mas que a nadie a mis sacerdotes que me reflejan a Mi, que me representan y que deben ser otros Yo mismo.

Ellos Son criaturas, si, pero endiosadas, divinizadas por su contacto con la Trinidad, absorbidas en su Unidad. El Espíritu Santo grabo con su fuego la Imagen de Jesús. Los hizo hijos en el Hijo Sumo y eterno Sacerdote y ademas los hizo padres, comunicadoles la divina fecundidad del Padre para todos los demás.

Y en que consiste esta santa fecundidad?.
En formara Jesús en las almas, rasgo por rasgo, en transformarlas en Mi.
!Si pensaran mis sacerdotes en estos arcanos de su misión sublime! ! Si se dieran cuenta y profundizaran la magnitud de su vocación sacerdotal y el amor de la Trinidad que los ama y los deberes sacerdotales que tienen para con las almas!. No tendrían tiempo para dedicarse a otras cosa que no son Dios, sino que todos sus anhelos serian trasformarse y transformar a las almas utilizando la fecundidad del Padre que llevan consigo.

Pero, ¿como podrá dar lo que no tiene?.
Por eso mismo es tan indispensable la transformación de los sacerdotes en Mi, y en cierto modo en la Trinidad, para ser padres, por la fecundidad del Padre; para se otros Yo, en donde mi Padre se contemple y mire complacido y como se unen en su alma estas divinas Personas por el Amor, el Espíritu Santo, fuente de todas las gracias.
En cuantos puntos los sacerdotes debieran parecerseme. En cuantas cosas debieran estudiarme e imitarme. Si debieran ser otros Yo mismo y con eso amplificarían su vida, y harían de la tierra un cielo. Y¿como se simplificaria su vida sacerdotal?: Si son otros Yo con mi mismo amor al Padre y para con las almas.

Oh, si comprendieran la inmensidad, lo infinito de este amor de un Dios-Hombre, infinito porque es divino!... !Si comprendieran que los amo con predilecciones divinas, con el mismo Espíritu Santo... ? Y por que, porque me pagan con desprecios, con indiferencia y frialdad, aun los buenos, porque prefieren la tierra al cielo?...
Cuando veo llegar a mis pies, solo por amor, a un sacerdote, mi Corazón late con mas violencia, y olvido pecados, y traiciones,y soledades, y alejamiento de sus hermanos en el sacerdocio, y me consuela su cariño y me gozo en su compaña.


COMO SE ENTRA EN UN CORAZÓN
¿Como se entra en un corazón?. 
No es la contigüidad material la hace que penetremos en un corazón. 
La Sagrada Escritura nos asegura que los primeros cristianos "tenían un solo corazón y una sola alma". Nosotros mismos decimos con verdad: "pude penetrar en su corazón" cuando conocemos un corazón  y mas cuando lo amamos.

Podemos tener una persona casi sobre nosotros en un camión, y sin embargo nuestras almas no tienen ningún lazo de unión. Cuando amamos a una persona, porque nos conocemos, porque nos comprendemos, porque nos tratamos con intimidad, aquella persona conoce mis sentimientos, me revela a mi sus secretos y yo le revelo los míos, de modo que tenemos un mismo corazón.

No puede acontecerle algo sin que yo sufra o me alegre con el, como en el caso de un hijo ausente podemos estar separados por 10 mil kilómetros, sin embargo nuestras almas están cerca, .
Los senderos para entrar a un corazón son dos: el conocimiento y el amor. Cuando conocemos un Corazón hemos penetrado en el; con mas razón cundo lo amamos. 
Lo que hace que se comuniquen los corazones es la luz y el amor. Por la unidad de nuestros pensamientos y por la unidad del amor nuestros corazones se compenetran y se unen.
Con Dios mismo, ¿como nos comunicamos ahora? y ¿como nos comunicaremos en en el cielo?. Por los mismos caminos: la luz y el amor. Con la luz de la gloria lo veremos como El es, porque Dios es luz  y la luz viéndola es como se posee. Para gozar de El hay que abrir los ojos del alma, pero iluminados con la luz celestial.
No podemos de otro modo penetrar en un corazón o dejar que penetren en el nuestro, sino por el conocimiento y por el amor.
Por consiguiente, entrar en el Corazón de Jesús significa tener de ese Corazón divino un conocimiento profundo y un amor intimo. Llegar a una grande intimidad con El. 

Para que podamos tener el conocimiento y el amor necesarios para entrar en el Corazón de Jesús debe haber entre nosotros cierta base de unidad, algo común: La gracia de Dios que hace posible nuestra comunicación con Jesús, nuestra comunicación con Dios: La participación de la naturaleza divina que es la gracia. Con esa unidad nos podemos entender.

Pero claro esta que para ponernos en contacto intimo con Jesús no bastan las luces de nuestra inteligencia, ni el amor natural de nuestro corazón. Necesitamos una luz superior y un amor Nuevo: Los ojos nuevos son la fe, el corazón nuevo es la caridad. La fe nos descubre la belleza de Dios y enciende en nuestros corazones el amor. 

Entrar en el Corazón de Jesús es iniciar esta comunión de luz y de amor. Vivir en el Corazón de Jesús es continuar en esta dulce intimidad con El. Llegar hasta las profundidades del Corazón de Jesús es ahondar, ahondar mas y mas en los misterios de su amor y de su dolor.

Una simple visita al Santísimo Sacramento, un tiempo de oración, una adoración, dejan indudablemente huellas en nuestra alma, no huellas del recuerdo, sino un germen de actividad, una chispa de fuego, un rayo de luz, algo de perfume divino de Jesús, un germen divino. 

Acaso en la Comunión no recibe el alma, a través del cuerpo, la pureza del Padre, la fecundidad Virginal del Padre para que reproduzca a Jesús y se angeliza.
Acercarnos a Jesús. Hacerlo siempre por medio de Maria. Rogara al Espíritu Santo, fuente de toda pureza, que nos la comunique por la Cruz.
Se puede decir que por la fe y por la caridad es por lo que penetramos en el Corazón divino de Jesús.

FE, ESPERANZA Y CARIDAD:
Pudiéramos decir que por las virtudes Teologales, la fe, la esperanza y la caridad es por lo que penetramos en el Corazón divino de Jesús, porque estas tres virtudes son las únicas que nos ponen en contacto directo con Dios.

La Fe que es el principio de la oración, de la contemplacion y de la vida interior nos introduce en las profundidades del Corazón Santísimo.
Con la Virtud de la Esperanza cada lagrima que cae de nuestros ojos es un nuevo titulo que tenemos para esperar. Cuando la virtud de la Esperanza va creciendo en nuestra alma, nuestra fuerza se va multiplicando, nuestro vigor va aumentando también y nuestra salud espiritual se hace cada vez mejor.
La Caridad nos asimila a Jesús, el mismo nos lo dijo. En esto conocerán que sois mis discípulos: En que os améis los otros como Yo os he amado. 

Las virtudes Teologales, como cosas de Dios, irradiaciones de Dios en su fecundidad para con las almas, participan de la propiedad esencial de la Fecundidad divina: de su virginidad y pureza. La Fe necesaria para salvarse, es pura, es luminosa en su oscuridad y en los misterios que encubre, y es virgen en su esencia, sin alteración ni sombra.
La esperanza es pura; es la mirada suprema del alma a Dios, fecundada por el Espíritu Santo  con su luz que alumbra, eleva y diviniza porque es pura.
La Caridad ¿Que otra cosa es, sino la fecundidad de Dios participada en muchas formas, que se multiplica en la unidad purisima, en esa unidad pureza?.
Oh! gocense en estas verdades luminosas y santas, y renueven su recuerdo mis sacerdotes amados, para que sean Pureza, transformados en Mi, y sumergidos y divinizados en la unidad de la Trinidad.

FE:
La fe nos enseña que Jesús nos ama con un amor infinito como Dios, con un amor inefable como hombre: la fe nos dice que su Corazón es bueno, indulgente, misericordioso, que es un abismo de amor, que es un océano de dolor. FIDELIZ ET VERAX: Es tan Fiel el Verbo. Es tan verdadero su amor. Es tan inextinguible su abrazo.
Cualquiera de etas cosas que la fe nos enseña ¿no son suficientes para alimentar nuestra vida espiritual y hacernos progresar en la perfección?
La Sagrada Escritura repite en mucha ocasiones que el justo vive de la fe. En efecto la vida espiritual, la vida sobrenatural es vida de fe. Y realmente  le fe es el fundamento y la base de toda la vida espiritual. No hay virtud que no tome su sabia de la fe.
La fe como dice San Pablo, nos da la sustancial de todo lo que esperamos en la eternidad. Todo lo que vamos a VER en el cielo, ya lo sabemos nosotros y esta contenido en el Credo. Todo lo que los bienaventurados contemplan en el cielo, lo vemos también en sustancia y por medio de la fe.
Para San Pedro la luz de la fe es una lucecilla que arde en medio de las tinieblas. Se acordaba San Pedro de la voz que había escuchado en el Tabor: "Oímos la voz que venia del cielo, cuando estábamos con El en la montaña santa!. Añade sin embargo: pero tenemos una palabra mas firme - oigamoslo bien - mas firme que la voz escuchada en el Tabor: La palabra de la fe, a la cual es preciso que atendamos como a una luz que brilla en un lugar tenebroso, hasta que apunte el día y el Lucero de la Mañana ilumine nuestros corazones. Ese lucero que es Cristo mismo brillara en el día de la eternidad.

Jesucristo ha dejado en los tesoros de la fe todos sus secretos, todo lo que oyó del Padre allí esta.
La víspera de su pasión, Nuestro Señor dijo a sus Apóstoles: "Ya no os llamare siervos porque el siervo ignora lo que hace su Señor. Yo os he llamado amigos porque todas las cosas que oí del Padre os las he dado a conocer". 

Todavía tiene otra prerrogativa la fe; no solamente es firmisima, como nos enseña el Apóstol San Pedro, no solo abarca todos los secretos de Dios, sino que tiene otra prerrogativa, nunca se apaga si nosotros no la apagamos voluntariamente en nuestro corazón.
La luz de la fe no cambia jamas; siempre brilla, siempre ilumina cualquiera que sea la situación en que nos encontremos. Que estamos en desolación, Ahí esta la luz de la fe, que caemos,- la luz de la fe no se extingue; que subimos, -La llevamos con nosotros. Esa luz no nos abandona ni siquiera el pecado mortal la arranca de nuestro corazón : Solo que voluntariamente la queramos extinguir, se apagara. 
Uno de los principales problemas que hay en la vida espiritual es que hay ciertas ocasiones en que Nuestro Señor se esconde. Casi toda la doctrina de San Juan de la Cruz se puede reducir a esto hay que aprender a vivir una vida de fe oscura. Jesús se oculta a todo menos a la fe. Y por eso es tan importante en la vida espiritual saber vivir de fe.
Tenemos un ejemplo en Santa Teresita del Niño Jesús, que serenidad, que firmeza en medio de sus pruebas y de sus desolaciones. ¿De donde le venia esto?. Le venia de su amor, de su confianza, pero también de su fe, y en sus escritos encontramos los indicios seguros de aquella vida de fe tan intensa que ella sabia vivir.

Pero la fe, como todo lo que se recibe en nuestro espíritu, es como una semilla que es necesario cultivar, desarrollar, para que florezca y produzca frutos. Por consiguiente, uno de los principales trabajos en el orden espiritual es este, hacer que la fe produzca en nosotros sus frutos, con la seguridad de que, haciendo florecer la fe, florecerán en nuestra alma todas las virtudes.

Como se cultiva la fe?.

Desde luego, como toda virtud, la fe crece y se desarrolla ejercitándola. Debemos ejercitarla, tomándola como la luz de todos nuestros actos. Por ejemplo, si vemos a las criaturas a la luz de la fe, descubrimos su vanidad y nos desprendemos de ellas; conociéndonos a nosotros mismos con la misma luz, no nos tomamos en cuenta y llegamos a despreciarnos, poniendo así los cimientos de la verdadera humildad; la fe nos descubre la hermosura de Dios y enciende en nosotros su amor. Y las virtudes vistas por la fe en Jesús, tienen un encanto y un atractivo especial, de manera que nos sentimos movidos a practicarlas con gusto y perfección.   

Cristo habita en nosotros por la fe, pero correlativamente podemos afirmar que nosotros, por la fe, también habitamos en el Corazón de Cristo. 
Y sabemos ¿en que debemos principalmente ejercitar la fe?. En nuestra vida interior, en nuestras relaciones intimas con Dios, en la contemplación, en la oración oficial que tiene que llenar nuestro día, tenemos que vivir de fe. La fe es el principio de la oración, de la contemplación, de la vida interior.
La segunda manera de hacer que la fe se robustezca y crezca en nuestra alma, es cuando hacemos que la fe sea el norte de nuestra vida, nos solamente del entendimiento en donde la fe radica, , en su corazón, en sus acciones exteriores, en sus relaciones con el prójimo, en todo, en las acciones mas altas, en las acciones comunes. Cuando la fe sobrenaturaliza todas nuestras acciones.
Hay todavía otra forma de desarrollar la fe. Hacerla fe viva. La fe unida con la caridad. La fe muerta es la que esta separada de la caridad, como la de los pecadores. La fe viva es la que esta unida a la caridad, la que obra por la caridad, la fe de los santos, la de la que vive el justo.

ESPERANZA: 

La Esperanza no se funda absolutamente para nada en nosotros mismos.

Es una Virtud Teologal. Esperamos a Dios y esperamos en Dios .
El apoyo e nuestra Esperanza es la omnipotencia de Dios y su bondad que puede y quiere ayudarnos. Nos ha dado la promesa de hacerlo y sus promesas no dejaran de cumplirse jamas. "por encima de todo".

Esperar porque Dios es Dios, porque El me ama y lo puede todo ...
Las promesas de Dios son una realidad. El me dará La Unión y el cielo. Y todas la gracias que necesito par alcanzarlo- incluida la perseverancia, el querer y el poder. y si yo le fallo el me buscara hasta encontrarme.

Para poder vivir con toda su integridad la vida espiritual necesitamos vigor, un vigor entusiasta, audaz, que nos haga vencer todas las dificultades. 
La fe  nos da a conocer a Dios, La esperanza nos lo hace poseer anticipadamente, en cuanto nos da la seguridad de poseerlo. 
Sin duda que la Caridad nos une con Dios de manera mas perfecta y nos hace gustar la felicidad de su posecion desde nuestro destierro. Pero la Esperanza también toca a Dios y lo toca como nuestra felicidad, al mismo tiempo como nuestro apoyo y nuestra defensa. 
Que hermosa virtud es la Esperanza. Confiar en El, no en nosotros. Tenemos la seguridad de unirnos a El, apoyados en SU omnipotencia, en SU bondad y en SUS promesas que jamas pueden dejarse de cumplir.


CARIDAD:
Los que se aman en la tierra buscan estar uno con el otro, uno junto al otro.
En la unión del Verbo con el alma: Viven el uno en el otro. El Verbo vive en el alma, el alma vive en el Verbo. "God inside". se diría en ingles. 
Para entrar en el Corazón de Cristo y vivir en el, se necesitan sin duda alguna, la fe y la esperanza; pero sobretodo la caridad. Por consiguiente, todo nuestro empeño debe ser acrecentar en nuestra alma esa virtud divina: amar a Dios mas y mas cada día y amar a nuestro prójimo cada vez con una perfección mayor.

Me amo, y entrego su vida por mi. 
Siendo Dios no quiso guardar su posición, se anonado y se hizo obediente hasta la muerte, por eso Dios le dio un nombre sobre todo nombre para que toda rodilla se doble ante El en el cielo y en la tierra. Por la fuerza de su Resurrección hizo que nosotros pudiéramos participar de su Vida Gloriosa.

Toma como suyos nuestros sufrimientos y así se los ofrece al Padre.
La divina fecundidad del Padre los llena con su gracia para hacerlos gloria de Dios y merito para el alma.
Dios nos ama. tiene una inmensa, exquisita solicitud por nuestro bien, a cada momento nos da lo que necesitamos. 

Para amar a Dios se necesita una sola cosa querer . Lo que pasa es que estamos acostumbrados a querer a medias.
Vivir en el Corazón de Jesús es vivir de amor, es entregarle a Nuestro Señor el corazón entero y después vivir nuestra donación. El día en que nuestros pensamientos , y que nuestras palabras, y que nuestras acciones, y que los latidos de nuestro corazón sean todo amor, entonces se abra realizado nuestro ideal.
"yo también te amo". Cuando a la seguridad de que Dios nos ama y de que no dejara de amarnos a pesar de todo, añadimos también la seguridad de que nosotros lo amamos - claro que lo amamos a lo pobre, a lo miserable, con muchas deficiencias, pero lo amamos al fin- ¿no habremos alcanzado por fin la dichosa altiplanicie de la Paz?.

Cuando El Amor ha echado raíces en nuestro corazón, es algo que nada ni nadie puede arrancar de nosotros, solo nosotros mismos, pero si amamos de veras ¿seremos tan necios que arranquemos de nosotros la caridad de Dios?. Por eso el verdadero, el solido amor esta seguro aun de si mismo.

Pero amar al prójimo sin excepciones, abarcar totalmente al amado, poner allí todo nuestro corazón, como no podremos lograrlo si el amado es Jesús, pero Jesús integro, el Jesús que abarca a todos los hombres. Que somos algo suyo, que en nosotros vive, porque El es la vid y nosotros los sarmientos, y no podemos excluir a nadie, porque no podemos excluir nada en Jesús para que nuestro amor sea total y perfecto. Nuestro amor al prójimo tiene que ser tan ardiente, tan tierno, tan ingenioso, tan sacrificado, que sea un trasunto del amor que Jesús nos tiene.
¿ Como nos ama Jesús?. -Con un amor incomparable y único. - Perdonando todas nuestras faltas. - Haciéndonos el bien.- Con abnegación hasta el sacrificio.- Con una delicadeza incomparable, no nos lastima jamas: su mano es exigente porque nos ama, porque nos purifica, porque no consiente con nuestra maldad; pero al mismo tiempo es delicadisima. !Ni las manos de una madre tienen la suavidad de las manos de Jesús!.


LA CONFIANZA

La confianza es hija de la humildad y del amor. Es como una combinación de las virtudes de la Esperanza y la Caridad.
Por eso la humildad y la confianza se hermana y se complementan la humildad nos pone en nuestro lugar, abajo, nos hace desconfiar de nosotros mismos.

El fariseo decía gracias Señor porque no soy como los demás. El publicano Señor ten misericordia de mi, que soy un pecador, y  este volvió justificado.
La base de nuestra confianza no esta en nosotros sino en Dios. La bondad de Dios que es infinita, su bondad que no tiene limites, su amor que no sufre menoscabo. Que mas da que yo sea quien que fuere, si Dios es siempre el mismo. !Dios nos libre de que su amor, su bondad, su misericordia dependieran de nuestra inconstancia y de nuestra fragilidad!. La razón de su Ser, su Amor, su bondad no esta fuera de El sino en El y solo en El:Su Ser es "a se" dicen los teólogos. 

La confianza nos eleva, nos hace apoyarnos en Dios. !Jesús EN TI confío!. Por consiguiente, que yo sea ingrato, pérfido, criminal, no debe disminuir ni una tilde la confianza que debemos tener en nuestro Señor, por la razón sencillisima de que nuestra confianza no se funda en nosotros sino en El. Cuando somos pobres ante Dios. No tenemos nada. Ni siquiera sentimos que podemos hacer algo después. No nos queda mas que confiar en El.   
Me amo como ama Dios, con un acto de amor eterno, infinito, que no mengua ni por mis culpas y que por el contrario mas se manifiesta cuando perdona y nos devuelve lo que habíamos perdido.
Nunca alguien es mas amado que cuando es perdonado. Pero en caso de sus sacerdotes prófugos con doble sangre: El precio de la vocación sacerdotal que es la cruz interna de Jesús, y después, para recuperar esta gracia el precio vuelve a ser su cruz interna.


NUESTROS SUFRIMIENTOS.

Dios no es insensible al sufrimiento humano, nos da a Jesús para acompañarnos como dice la carta a lo Romanos, a nosotros sus hermanos. Dios no ha venido a explicar el sufrimiento, tampoco a quitarlo, ha venido a darle sentido; ha venido para llenarlo con su presencia en Jesús. El dolor es amor hecho brasa ardiente. Ahora tienen valor todos nuestros sufrimientos unidos a Jesús.
Pero el dolor esta íntimamente ligado con la Esperanza. L a esperanza nos da la fuerza necesaria para soportar el dolor. El dolor aviva la Esperanza.

Nuestros sufrimientos viene de abajo y no de arriba: El dolor nunca viene de Dios, tiene muchas causas, algunas naturales, muchas veces viene del egoísmo, del odio y de la dureza del corazón humano. Todo ser humano sufre, es inherente a la vida, esto no quita que seamos nosotros los que lo elevemos y lo transformemos en un sacrificio como lo hizo Jesús. La existencia del dolor insuperable tiene una ventaja: nos hace descubrir nuestra limitación y pequeñez.


LA PAZ. 
La paz es como el sello de Cristo.  
La sustancia de la felicidad que hemos de gozar en el cielo. Es la única forma de felicidad en la tierra. El mundo no puede darla porque es algo divino. Pero tampoco puede quitárnosla, por que es el sello de Jesús.
¿Es posible conservar siempre la paz en el alma?
¿Hay medios eficaces para llegar a esta meta dichosisima?.

San Francisco de Asís nos la describe así:
Hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor, donde haya injuria perdón. Donde haya duda fe, donde haya desaliento, esperanza. Donde haya sombras, luz.
!Oh divino maestro!. Concédeme que no busque ser consolado, sino consolar, ser comprendido, sino comprender; ser amado sino amar. Porque dando es como recibimos, perdonando es como Tu nos perdonas; y muriendo en Ti es como nacemos a la vida eterna.

Quiero amarte así, totalmente, con una entrega generosa, completa, definitiva. De mi vida y de mi muerte; y si tu lo quieres de la participación de tu cruz interna en favor de mis hermanos.
Una cosa nos falta: despojo de si,humildad y cruz, pureza y cruz, union con Jesus y transformación


EL REINADO UNIVERSAL DEL ESPÍRITU SANTO.


El Reinado del Espíritu Santo es el reinado de la Gracia.
El Espíritu Santo es el dador de toda gracia cuyo origen esta en la divina Fecundidad del Padre.
El Espíritu Santo se infiltra muy quedamente, muy secretamente en las almas, se derrama en ellas y hace en ellas - por la gracia - admirables maravillas con la Fecundidad del Padre.

Tiene su origen en el amor, es el amor mismo, se derrama en el Padre y el Hijo, concurre eternamente a la Santa Fecundidad del Padre. El no se aparta de una alma en gracia, sino que sin descanso se da, y de día y de noche trabaja en ella, y acrecienta los grados de gracia y su transformación en Mi. 

El Espíritu Santo nos lleva a Jesús y Jesús nos lleva al Padre. El Espíritu Santo nos hace clamar Aba, Padre. Nuestro Padre por Jesús y en Jesús. Porque le Encarnación del Verbo ha creado una fraternidad entre el hombre y Dios. 

En las cumbres de la vida espiritual, el Espíritu Santo influye de una manera especialisima en le amor de las almas transformadas y pone en el su sello.

Dice santo Tomas que el Espíritu Santo es el Don de Dios y que un don primeramente de quien lo da, pero después es de quien lo recibe. De tal manera que el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, se hace el Espíritu del alma, cuando ha recibido el Don de Dios. Y por ser el Espíritu Santo el espíritu del alma, este divino Espíritu influye de una manera especial en el amor de aquella alma,de tal suerte que el Espíritu Santo es quien la mueve para amar. 

En el orden de la gracia tiene un campo extensisimo al fecundidad del Padre - en la Iglesia y en las almas - por el Espíritu Santo. El es fuente de toda gracia con la Fecundidad del Padre, que es el autor de todas las gracias.

"Quiero espiritualizar a las almas que viven ahora materializadas. La fe se hunde, solo reina la vida animal, y la generalidad de las almas olvidan su origen y su fin. Mas para espiritualizar el mundo, necesito almas interiores de sacerdotes, poseídas del Divino Espíritu; almas como mi Alma, cuerpos como mi Cuerpo, corazones como mi Corazón, sacerdotes como el sumo y eterno Sacerdote".

No es una novedad o solo un pasatiempo el que Yo haya señalado para estos tiempos el reinado del Espíritu Santo en le mundo. Esta voluntad de la Trinidad, - el pleno reinado del Espíritu Santo - encierra grandes planes, designios e inapreciables bienes para la Iglesia, y para las almas, y una gloria inmensa para la misma Trinidad. Dios es siempre oportuno; y con una mirada amorosa, y con infinita caridad, contempla las épocas y las necesidades de las naciones y de cada alma.

Ha llegado el tiempo de impulsar el reinado del Espíritu Santo y poner una barrera inexpugnable a Satanás, espiritualizando las almas. Mas para esto tengo que valerme de los instrumentos que mas íntimamente me pertenecen - de los sacerdotes -, que son los indicados para la salvación del mundo; pero transformados en Mi por el Espíritu Santo.

Es una necesidad apremiante en grado sumo la que tiene mi Iglesia de sacerdotes santos; y nadie es santo, si no se transforma en Mi por el Espíritu Santo y por María. No hay que buscar otros medios, no hay que subir al Padre por otra escala, si no es por esa transformación.

El Espíritu Santo necesita almas que se le consagren, almas crucificadas, para descender a ellas (Vida 1, 271-273). El hace fecunda la Obra de la Cruz (Vida 6, 230. Es él quien guía e impregna toda la vida de Jesús (Vida 4, 135; 7, 185). 
Se vive de él por medio de María (Vida 9, 332). Ahí se inspira la vida de Conchitaguiada por el Espíritu Santo, para vivir de los amores de Cristo y para contagiar a otras almas sacerdotales.

"Por eso su devoción al Espíritu Santo y a María debe ser su aliento constante.Y su consumada transformación."

El Espíritu Santo es el eterno consumador. Así como allá en el cielo corona la vida de la Trinidad, así en todas las cosas el Espíritu santo es siempre el consumador.

El fue el que en Pentecostés consumo la obra de Jesús. El es el que la consuma también en cada una de las almas.  El Espíritu Santo es la consumación del dolor, de la pureza y del amor. El sera el que venga a consumar, en el ultimo día de los tiempos, toda la vida de la Santa Iglesia.

También en los sacerdotes, El es quien consuma su transformación en Jesús. 
Si Yo soy el Pan de Vida, y ellos, mis sacerdotes, son Yo mismo, ¿no tendrán obligación de renunciarse, de darse en alimento a otras almas?. Y ¿como? Con su ejemplo, con su pureza, con sus virtudes, sus sacrificios, en fin por su transformación en Mi, siempre creciente en grados y en intensidad. 

Que el Espíritu Santo tome plena posesión de nosotros, que nuestras almas se pierdan en el océano de pureza y de Amor que es el Espíritu Santo. Que su divino fuego nos transforme y así transfigurados nos ofrezca a Dios como ofreció a Jesús. 

HOMBRE NUEVO.
La Pascua es un sueño que se ha hecho realidad. El Señor resucito, de verdad resucito. 
 De un modo misterioso y premonitivo muchos pueblos había hecho duelo por un dios muerto, resucitado por sus lagrimas y por sus cantos. 
Solo en la revelación Judia el hombre trata con un Dios personal amante y exigente. Un mundo de horizontes y destinos que desbordan lo temporal y su marco histórico. La gran novedad es la promesa de una solución definitiva que solo puede venir de El, de Cristo muerto y resucitado. Si El hubiera muerto y ya, no habría Iglesia, ni Espíritu Santo derramado en el mundo, ni sacramentos, ni nada.

Dios va anticipando este futuro con muchas pruebas de su amor, de su presencia dentro mismo de historia. Desde el principio de la creación ya Dios estaba pensando en otra nueva creación a partir del hombre plenamente embebido en gloria que es Cristo. El es apenas la primicia de una resurrección que nos espera a todos. El Dios de toda gracia nos llama a su gloria en Cristo Jesús.

Como lo profetiza el capitulo 53 de Isaias sobre el Siervo de Yahve donde se dice: "Por haber dado la vida a favor de los demás vera la luz, se saciara de gozo y justificara a todos". Todos los siglos y todos los pueblos cristianos vivimos de esta alegría, de esta presencia viva de Jesús.

Un hombre totalmente asumido por DIOS, inicia una nueva etapa de la humanidad. Ya no le basta purificar lo viejo, quiere algo nuevo. Una nueva creación, una tierra nueva y sobre todo un hombre nuevo. "He aquí que Yo hago nuevas todas las cosas".


Nosotros difícilmente podríamos entendernos a nosotros mismos sin todo lo que nos aporta nuestra fe cristiana apoyada básicamente en la Resurrección.
Pablo ,embebecido por la luz del Resucitado, que sele atraviesa en el camino de Damasco, ya nunca va a tener tiempo para contarnos algo de Jesús que no sea su muerte y resurrección. Su proceso histórico, sus enseñanzas, todo esto Pablo lo ignora, solo y exclusivamente le interesa el Misterio Pascual, la muerte y la Resurrección de Cristo, unidad indisoluble, como las dos mitades o las dos caras de una mima moneda. !!Resucito de veras mi Amor y mi esperanza!!

Después de un Viernes Santo siempre hay un Domingo de Resurrección.
Nosotros en la Pascua cantamos a la libertad como los Judíos en su fiesta pascual, pero se trata de una liberación mas total, mas completa, mas universal y trascendente. De este triunfo vive la Iglesia. 

Ella es como un enorme corazón que late de amor por Jesús.  En la Resurrección de Jesús, el Padre culmina el don de su amor a los hombres de un modo definitivo.  Es el día máximo del misterio del amor. 

Si porque es todo el Cristo completo el que es transformado. 
Todos sabemos que la Resurrección no ha cambiado el Corazón de Cristo, que sigue siendo el mismo y que nos ama con su alma y con su cuerpo glorificado.
!Si comprendiéramos el alcance del sacrificio de Cristo!.

Analicemos que es una Misa.
En primer lugar hacemos la Hostia, hacemos en cierto modo la victima, realizando por las palabras de la Consagración el milagro de la transustanciación.

El centro de nuestro sacerdocio es la Misa:
y todo lo demás que hacemos no es otra cosa que difundir en los fieles los frutos del sacrificio de Jesús.
No solo en el Calvario y en la Misa. Ofreciéndose y ofreciendo nuestros pobres sufrimientos unidos a los suyos. Sino también escogiendo victimas en donde continuar su sacrificio.

Por nuestras palabras sacerdotales, por las palabras que Jesús dijo en el Cenaculo, hacemos esa conversión admirable de la sustancia del pan en el Cuerpo de Nuestro Señor y de la sustancia del vino en su Sangre preciosa; hacemos la Hostia, hacemos la Victima.

Y luego la ofrecemos al Padre. Tomamos a Jesús, a Jesús victima, a Jesús sacrificado, y se lo ofrecemos al Padre Celestial. 
Después de haber ofrecido al Padre el sacrificio, viene la Comunión, para que aquella Victima que hemos ofrecido al Padre, se la ofrezcamos también a las almas, para que difunda en ellas gracia, pureza y santidad. Para que todos los que participamos de aquel sacrificio, seamos llenados de todas las gracias y bendiciones celestiales.
De manera que este sacrificio que ofrecemos al Padre para que sea glorificado, como consecuencia luego se da a las almas para llenarlas de pureza, de luz, de amor, de gracia y de dones celestiales.
 
Pero no es solamente el sacerdote el que ofrece el sacrificio, sino todos los files, toda la Iglesia, todo le Cuerpo Mistico  de Jesus, ofrecen cada Misa, especialmente los que asisten a ella. Y a la hora de la Misa, el sacerdote y los fieles forman, por decirlo asi, una sola cosa, forman el Cuerpo Místico de Cristo, ofrecen cada Misa, especialmente los que asisten a ella.
Porque verdaderamente cuando Nuestro Señor ofreció su sacrificio en la Cruz, no ofreció únicamente su sacrificio, sino todos nuestros sacrificios y todas nuestras inmolaciones, los sacrificos y las inmolaciones de todos los fieles hasta la consumación de los tiempos.
Y en la Misa que es la prolongación del Sacrificio del Calvario, no solo ofrece su Sacrificio, ofrece nustro sacrificio; alli en aquel caliz, juntamente con la sangre de Jesus, con los Dolores Íntimos dse su Corazon, estan tambien nuestros pobres Dolores, nuestras ocultas e intimas amrguras; todo lo que nosotros ufrimos santamente por Nuestro Señor esta alli formando una misma inmolacion.
Y esto es lo que se expresa en es rito hermosisimo de mesclar unas cuantas gotas de agua en el vino del sacrificio. La sangre nuestra y la Sangre de Jesus estan contenidas en el mimo caliz.
Y dicen los teologos que aquella agua viene a formar parte del vino, en cierto modo podiamos decir que se convierte en vino para después convertise en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Asi el simbolismo es todavia mas perfecto. Tenemos que transformarnos en Jesus para formar con El una sola inmolacion, para unirnos al caliz de Jesus.
Los sacerdotes recogemos los frutos del sacrificio e influimos en su distribucion, los frutos especialesa de la Misa serán para quien nosotros designemos. Los fieles también. 

Acostumbrados a tener una mirada condescendiente y "de condena del mundo" de la que deriva una falsa confianza en si mismos y la falta de comprensión de la propia pobreza ante Dios. Necesitamos ser pobres ante Dios, sentir que dependemos de su Misericordia. Confianza absoluta en la siempre morosa Voluntad del Padre. Gratitud inmensa por habernos  elegido y asemejado a su Hijo.

"Acuérdate cuán vana cosa es gozarse de otra cosa que de servir a Dios, y cuán peligrosa y perniciosa, considerando cuánto daño fue para los ángeles gozarse y complacerse de su hermosura y bienes naturales, pues por eso cayeron feos en los abismos".

Constatando que este tesoro lo llevamos en vasos de barro. Que Somos seres frágiles que caemos, estamos sujetos a la corrupción y a la muerte que nos condicionan, pero a quienes se invita todos los días a comenzar. Nuestra Pascua definitiva no ha llegado todavía, no vivimos en la Luz plena, pero caminamos firmemente hacia ella. Necesitamos ser pobres ante Dios, sentir que dependemos de su Misericordia. El es la paciencia, la bondad, el perdon, la misericordia.El hombre peca todos los días, pero todos los días es redimido. Jesús vino a unir lo humano con lo divino y después de su dolorosa pasión, muerte y resurrección, subió al cielo y esta sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros.   Como en el sueño de Gabriel cuando murió mi papa: Hijito yo siempre quise hacer algo por ti, pero no pude, "ahora es tan Fácil". 

Esta es la verdad central de nuestra existencia. 
Dios nos ama y en Jesús quiso compartir nuestros dolores superándolos divinamente por el prodigio de su gloriosa Resurrección.


Por eso Jesús se entrego en sacrificio expiatorio y propiciatorio en favor de todos los hombres. Glorificando a Dios lo hace propicio para con nosotros, expiando nuestras culpas les alcanza el perdón. Convirtiéndonos nos cambia radicalmente: De enemigos en amigos, de perseguidores en apóstoles, de publicanos en evangelistas, de pecadores impenitentes en dueños de la gloria.   




Si el Hijo no se hubiera encarnado en Maria por ese misterio sublime de la Encarnación del Verbo, por la uniom de fraternidad del Verbo con el hombre producida por la Encarnación del verbo en Maria. Si el divino Verbo nos e hubiera encarnado, no tendría el hombre derecho a la eterna herencia del cielo, la cual vino por la fraternidad conmigo Dios encarnado y por ella también los hombres son hijos del Padre.


Dios ES nuestro Padre y su inmenso amor no pudo permitir que estando Jesús ya glorificado, nuestro cuerpo se destruyera para siempre."Y era imposible para mi Corazón de amor que los cuerpos perecieran y se destruyeran para siempre estando ya mi Cuerpo glorificado". dice Jesús. Y si esto vale para la muerte temporal, con mas fuerza vale para la muerte eterna. 


Y si todo hombre tiene  la  fraternidad del Verbo producida por la Encarnación del verbo en Maria, todo cristiano es otro Cristo. Y que poco lo sabemos. Todos tenemos por el Bautismo algo del sacerdocio de Jesus. Y aunque no sea en la misma forma ni en la misma medida que el sacerdote, tenemos tambien derecho a influir en la distribucion de los frutos del sacrificio. Ofrecemos a Jesus y no ofrecemos a nosotros mismos. Pero hay almas a las cuales ha querido Jesus asociar de manera especial a su sacrificio; quiere que sean hostias, que sean victimas en favor de sus hermanos, que perpetúen en esa forma su Pasion y su Sacrificio y, que por consiguiente participen de su sacerdocio. 
Este amor a las almas se convierte en donación inmolada, en víctima, también a imitación de Jesús y en unión con él:    "Ofrécete como víctima en unión Mía" (Vida 3, 8; CC. 6, 157-158).   "Te he escogido como víctima especial" (Vida 6, 125; CC. 24, 193-196). "En mi unión debes ser víctima, porque éste es el grado más perfecto del amor" (Vida 6, 241-242; CC. 25, 161-161).[1]    [1] Siempre es relación a la victimación de Jesús: "Haz lo que Yo. Yo fui feliz llenando mi papel de Víctima" (Vida 6, 230, 246); "debes vivir de mi vida de Víctima" (Vida 8, 218).



Conclusión:
Jesús es el "si" de Dios a la restauración de la creación entera. 
Esta es su respuesta divina a nuestra indigencia, su reacción ante nuestros pecados: Hacernos un nuevo DON MAYOR, el de su Divino Hijo.  Prometernos que en El recuperaremos cuanto hemos perdido y con creces. Ofrecernos el perdón. Llamarnos a todos a la conversión:  Al pueblo Judío y a todas a las naciones, a la Iglesia y a sus sacerdotes, a los individuos y a los pueblos "El que lo invoque se salvara", y a la creación entera. 

¡Qué poco amado es Dios en la tierra...! Incluso por los sacerdotes y los religiosos... No, Dios no es muy amado...
 "Jesús no es conocido, por eso no es amado..."
¡Oh Padre Santo! Jesús Te amó sacrificándose ansioso de darte gloria, y mi alma necesita, Padre mío, dártela también. ¡Oh María!... Que estas meditaciones de "Cómo es Jesús", escritas al calor de tu Corazón de Madre, sirvan para darlo a conocer en su amor y en su dolor" *. Pero, tu amor eterno, infinito sobrepuja todos los crímenes. Y al final de nuestra vida podremos, decir llenos de gratitud, que somos totalmente de Dios, que todo se los debemos a Dios y que "viviremos cantando las misericordias del Señor".



Que llegue ya para nosotros el momento crucial de la conversión.

Renuncien al mundo y a sus apetitos sensibles. Amen el dolor, y acepten sin restricciones la voluntad del Padre en cualquier inmolación que El les mande. Dejen que Jesús viva en  ustedes, sufra en ustedes, ame en ustedes. Reinara el Espíritu Santo en México. Reinara en sus sacerdotes, reinara en las almas y en los pueblos. "Quiero almas que se dediquen con fervor, con ahincó y sin cansarse a pedir día y noche por los sacerdotes. Su mayor premio seré Yo mismo presente en mis sacerdotes". Amad a vuestros sacerdotes, orad por ellos, haced sacrificios por ellos, ayudadles a alcanzar la gracia sin precio de su transformación.
* (Cómo es Jesús, Retrato de Jesús)






CONVICIONES FUNDAMENTALES
 El misterio de Cristo:      En su ser UNO con el Padre.
En el pleno cumplimiento de la Promesa de Dios en EL: En acercarse Dios a nosotros en El. Nuestra incorporación a Cristo en su Iglesia, que se inicia en los sacramentos, sigue en la transformación y culmina en el cielo.
El Espíritu Santo y Maria, indispensables para la transformación en Cristo, porque el Espíritu Santo es el lazo que une al Padre y al Hijo, y también el lazo de unión entre Cristo y su Iglesia, y con cada uno de sus sacerdote y con cada alma.
Y porque Maria es la medianera universal pues Dios a determinado que todas las gracias nos vengan por su intercesión. Y así donde este Jesús, donde nace Jesús, donde se forma Jesús, será siempre de Maria Virgen y por obra del Espíritu Santo.
sus sacerdotes, los ama tanto, los ha unido de tal manera a su Hijo Sumo y Eterno Sacerdote, les ha encomendado extender su Reino, en la Misa los transforma en Cristo para que por sus palabras se pueda realizar la transubstanciación,  se complace en ellos, porque ve en ellos a su propio Hijo. El fin que Dios pretende al transformarlos aquí en la tierra es sublimarlos en Dios allá en el cielo. Que tengan derecho a participar en un gozo que ningún mortal pudiera alcanzar.  La forma de alcanzar la plena transformación en Mí: Cuando tengan los mismos sentimientos de Jesús mediante el Espíritu Santo y Maria.
     También quienes no han recibido la ordenación sacerdotal pueden ser, por Jesús y con Jesús, sacerdotes  místicos,  sacerdotes y víctimas y altares transformándose en Jesús. El Jesús que ellos inmolan es el Jesús que vive en sus almas. Dándose dan a Jesús; inmolándose inmolan a Jesús; ofreciéndose ofrecen a Jesús, porque están en El, unidos a El por el Amor y por el dolor para que lo ofrezcan e inmolen, por el perdón de los pecados, y ofrecer nuestro cuerpo y nuestra sangre y la de nuestros hijos, en unión con la de Cristo por la redención del mundo.  
     
      



Y sobre la Consagración del mundo al Espíritu Santo.


Cristiano “Otro Cristo”.
Mediante la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierta manera a todo hombre.
El que es Dios en el Seno del Padre desde la eternidad, haciéndose hombre en el seno de la Santísima Virgen unió lo humano con lo divino.
El Cristiano es “Otro Cristo” porque Jesús vino para comunicarnos lo divino incorporándonos a  Él. Transformados en Él ya desde el Bautismo, y Llegando hasta a Consumárnos en Él, en la unidad de la Trinidad.

Jesucristo se une a nuestras almas y nos comunica su vida, y de esta manera va poco a poco reproduciéndose en nosotros hasta transformarnos en El, no por una simple reproducción de los rasgos de su vida, sino por una comunicación íntima de su Espíritu. Para sostenernos en la fe y en la esperanza para la transfiguración de este mundo y el cumplimiento de las promesas de Cristo en el próximo.


Toda la creación visible esta hecha para el hombre, pero nosotros estamos hechos para Cristo, y Cristo para Dios. En Él y por Él tenemos que glorificar a Dios y conseguir nuestra propia felicidad, íntimamente ligada con la gloria divina.


Tu eres el perdón de Dios.
Solo Tu puedes desarmar la Justicia Divina:“Reclamar al cielo con Tu sangre perdón y Misericordia”. Tu eres nuestra justicia, nuestra  reconciliación y nuestra paz.

Señor ¿A quien podemos ACUDIR si Solo Tu tienes  “palabras de vida eterna” ?.

 No es porque Dios tuviera necesidad del hombre que al principio modeló a Adán, sino para tener alguien en quien depositar sus beneficios. Porque no tan sólo antes de Adán, sino incluso antes de la creación, ya el Verbo glorificaba al Padre, permaneciendo en él, y él era glorificado por el Padre.

      Cuando unos hombres están en la luz, no son ellos quienes iluminan a la luz y la hacen brillar, sino que ellos son iluminados por ella y los hace resplandecientes. Lo mismo ocurre con el servicio para con Dios; nuestro servicio no añade nada a Dios, porque Dios no tiene necesidad del servicio de los hombres; pero, a los que le sirven y le siguen, Dios les da la vida, la incorruptibilidad y la gloria eterna... 

      Si Dios pide el servicio de los hombres,
es para poder –porque es misericordioso- conceder sus beneficios a los que perseveran en su servicio. Porque si Dios no tiene necesidad de nada, el hombre sí tiene necesidad de la comunión con Dios. 


La gloria del hombre es perseverar en el servicio de Dios. 
Por eso el Señor decía a sus discípulos: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido» (Jn 15,16). Con ello quería indicar que no eran ellos que le glorificaban al seguirle, sino que, por haber seguido al Hijo de Dios, ellos serían glorificados por él. «Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy, y contemplen mi gloria» (Jn 17,24).
Primero pide por si mismo, pues en cuento hombre El seria glorificado por el Padre como premio a su pasión redentora, luego pide por sus Apóstoles, y después lo extiende "a todos los que han de creer en su nombre" por ministerio de Ellos.


IDENTIDADES.
“Yo, Jesús, vine al mundo  solo para dar gloria a mi Padre, devolviéndole puro lo manchado, lavando con mi sangre los crímenes del hombre y dejándole una doctrina salvadora que lo condujera al cielo”.
Viniste a resolver el problema del hombre que es el pecado y la muerte:  “Con su muerte destruyó el pecado. Con su Resurrección destruyó la muerte”.



Yo soy la transformación.

Ha llegado el tiempo de impulsar el reinado del Espíritu Santo y poner una barrera inexpugnable a Satanás, espiritualizando las almas.Más para esto tengo que valerme de los instrumentos que más íntimamente me pertenecen - de los sacerdotes -, que son los indicados para la salvación del mundo; pero transformados en Mi por el Espíritu Santo.



Es una necesidad apremiante en grado sumo la que tiene mi Iglesia de sacerdotes santos; y nadie es santo, si no se transforma en Mi por el Espíritu Santo y por María. No hay que buscar otros medios, no hay que subir al Padre por otra escala, si no es por esa transformación.



Eso de la transformación no es una novedad.

Jesús quiere que todas las almas se unan a Él y que con Él formen todas una sola cosa.



No porque trate de unirse hipostáticamente con la humanidad, sino porque mediante la gracia y el amor, quiere Dios realizar en cada uno de nosotros como un trasunto de lo que realizó en Jesucristo.



Quiere que la unidad que existe entre la Divinidad y la humanidad de Jesucristo, sea imitada muy de cerca por esa otra unidad de gracia y de amor por la cual todos nosotros nos incorporamos a Él  y nos amamos entre sí.



EL REINADO DEL ESPÍRITU SANTO POR MARÍA Y POR LA CRUZ
 
La Cruz es el camino para  La unión con Cristo.  El abandono a la Voluntad e Padre. La fidelidad a las inspiraciones del Espíritu  Santo. María es el camino para llegar a Jesús.
    La obra de la Encarnación es obra de amor y solo de amor. Por eso el Espíritu Santo la produce. El no produce al Verbo que es Persona Divina, distinta de El, Produce el amor en el Verbo que lo inclina a amar al hombre, a unirse a el, a dar su vida por el y salvarlo, y aun a encarnar, vivir y crecer en su alma, no porque el Verbo pueda crecer, siempre es, sino en gracias, en estrechez, en transformación en el Espíritu Santo, en amor...
    El amor de Dios al hombre, se deriva del que me tiene a Mi; y el amor del hombre a mi Padre debe derivarse del que Yo le tengo a El. Un Dios feliz,  tiende a darse, a comunicar su felicidad, a hacer feliz a todo cuanto toca, y como toca todo, a todo purifica, santifica con su mirada y comunica su propia fecundidad. Se complace, se recrea en las almas transformadas, porque Dios ama a Dios y a todo lo que lo refleja con mayor o menor intensidad.
       
El Padre se complace en el Hijo y en el Espíritu Santo que son con El, un solo pensamiento, una sola voluntad, un solo ser en la unidad de Dios. Por eso el Verbo se hizo carne, trayendo el fin primordial de la extensión de El mismo en sus sacerdotes, y por medio de sus sacerdotes, ser engendrado, alimentado y crecido en las almas.
  ¿Que deben ser los cristianos en la Iglesia sino Cristos incorporados en Mí por la gracia y el dolor?. Y que representa Jesús crucificado, sino sufrimiento, odio de los hombres, y hasta el abandono -aparente- de Dios.
      
“Quiero que seas la Imagen de Jesús crucificado para que la mirada del Padre descanse en ti "- Dijo Jesús a su sierva M. Concepción- “Y si esto deben ser los fieles, ¿que deberán ser los sacerdotes cabezas de los fieles y representantes de Mí en la tierra, otros Yo en los altares y en todos sus actos ministeriales y ordinarios?”.
       
Ya veras si la Iglesia tendrá un sublime y santísimo fin en sus sacerdotes; nada menos que la extensión de un Dios hecho Hombre en ellos, y por ellos, usando la misma fecundación divina en las almas. El fin principal del establecimiento de la Iglesia es esa glorificación del Padre en sus sacerdotes transformados en su Hijo único, formando, con El y en El, aquella unidad que lo entusiasma, diré, y lo enamora.
 Que me amen, que se inmolen en mi unión, que se transformen en Mi tal cual soy: Todo amor, todo dolor. Comenzar con todo ardor, generosidad y perseverancia a hacer lo que Yo hice: Amarlo como Verbo;  servirlo, amarlo, invocarlo y adorarlo como hombre.  Honrar, servir glorificar a mi Padre, rendirle el vasallaje debido. Todo lo refería a El y solo me preocupaba porque las almas lo conocieran y lo glorificaran

    Que hagan habitual el pensamiento de mi Padre, el honor de mi Padre, ofreciéndome y ofreciéndose en mi unión en todo momento y ocasión. Glorificarlo con una intensa Vida Interior. Convertir toda su vida en un acto de amor al Padre. Hacer que las almas lo adoren y hagan de su santa voluntad su ser y su vida.
Una ventana abierta a la luz del Dios vivo, que recibe esta luz y la transmite al mundo. “Portadores del amor y de la comunión de Dios para toda la  humanidad”.





LA MIRADA DE DIOS

El Misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de una eterna e inefable mirada de amor.

El Verbo no mira sino al Padre, ni debe ser mirado sino por El.

El Padre engendra a su Hijo con una mirada única, infinita y eterna, y el Verbo es el reflejo viviente de la eterna mirada del Padre.

Y en el seno de Dios el Padre y el Hijo se miran y brota de ellos el Espíritu Santo como infinito incendio de amor.




LA MIRADA DE JESÚS.

Toda mirada de Jesús es la Eterna Mirada del Verbo que se esconde y se revela al mismo tiempo en  la luz sensible de sus ojos.

Y del mismo modo, toda mirada que toca al Verbo -  mirada de fe, mirada de amor, mirada de contemplación -  es en el fondo la mirada del Padre que se esconde y se revela en las miradas de las almas.



Toda mirada de amor al Padre es del Verbo que lo ama. Toda

mirada de amor al Verbo es del Padre que lo ama en el Espíritu Santo.



Después de la mirada del Padre, ¿Cual hay más digna de fundirse con la de Jesús que la de María?. En ninguna se revela con tan gran perfección la mirada del Padre como en la de María.

Maravilloso trasunto del eterno misterio de la vida de Dios es la mirada de Jesús al fundirse con la mirada de María en la santa unidad Del Amor.



A través de los ojos de Jesús se asoma lo divino que

esconde Jesús, la eterna e invisible mirada de Dios que se transparenta en la visible humanidad de Cristo. A través de los ojos puros, tiernos y dulcísimos de la Virgen María, se revela con gran perfección la mirada del Padre.



Cuando Jesús abrió sus ojos divinos se encontró con los de María, se lleno de complacencia porque descubrió al Padre que lo miraba a través de María su santísima madre.



El misterio de aquellas dos miradas, único por su perfección, se sigue reproduciendo en los siglos en diferentes grados. Jesús quiere mirar a las almas como miró a María y quiere ser mirado por ellas como lo miró María, la llena de gracia, la esposa inseparable del Espíritu Santo.



Y aquella mirada divina del Verbo se asoma a los ojos de Jesús, ya envuelta en la luz inmaterial de su alma,  ya en el esplendor visible de sus ojos dulcísimos,  para que mirándonos El  y mirándole nosotros, nuestros corazones fueran arrebatados al seno de la Trinidad  y participáramos del misterio de la eterna mirada del Amor.

Y el alma que la recibe, debe corresponder a ella reproduciendo la mirada de María, pura tierna, santísima,  llena del Espíritu Santo, trasunto creado pero exacto de la mirada del Padre.  Con el Espíritu Santo viviendo de su vida. Haciendo de Él tu espíritu, tus sentimientos y cuanto eres. Transformándote por medio de su posesión.


SACERDOTES SANTOS


Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mí para que su vida entera sea un acto de amor continuado a mi Padre Celestial, porque esa fue mi vida en la tierra y la que ellos deben continuar.


Transformarse en Jesús es llevar grabada en el alma, con rasgos de luz divina la imagen de Jesús, Sabiduría Increada.
Estar unido a Jesús, identificado con El para poder El fin de la santificación de las almas es la gloria del Padre, la
esencia de esa obra maravillosa es la transformación en Jesús.
Continuar su dulce misión de Salvador, pero más que todo, imitar su vida interior.: Amar, venerar, dar gusto al Padre y tener una sola voluntad con la suya. Aqui esta lo mas alto de la transformación. Un sacerdote necesita ser santo para santificar, estar poseído, compenetrado de mi Santo Espíritu. Y Cual es mi Espíritu sino el Espíritu Santo.


Pidan y ofrezcan todos sus sacrificios y dolores en Mi unión por el esplendor de mi Iglesia, en sus sacerdotes santos. Vendrá una reacción más fecunda en ella, por la transformación de sus sacerdotes en Mi, que abrirá nuevos horizontes de perfección a las almas por el Espíritu Santo.


Mi Padre entonces derramara muy abundantes bendiciones sobre la Iglesia, al contemplarme a Mí en los sacerdotes;  entonces se realizará aquel ideal preconcebido en mi mente divina eternamente, de la extensión del Verbo divino hecho hombre en su Iglesia, para la gloria de la Trinidad. Entonces los sacerdotes unificados en Mi, su Cabeza suprema, formaremos un solo sacerdote y seremos uno en la unidad de la Trinidad.


Mi eterna mirada sobre los sacerdotes, mirada purísima de amor, de elección, los envolvió eternamente y abarcó no sólo a su alma predilecta, sino a miles de almas también, pues que cada sacerdote es cabeza de otras muchas almas.


Yo al mirar eternamente a un sacerdote vi en el un escuadrón
de almas por él engendradas con la fecundación del Padre, por el redimidas en unión de mis méritos, por el formadas santificadas y salvadas, que me darían gloria eternamente.


Esa mirada de la Trinidad, al engendrar en su mente un alma de sacerdote, producida en Mí por el Padre y el Espíritu Santo, ya abarcaba en el tiempo -por el concurso del sacerdote-, un mundo de otras almas que a su tiempo engendraría él espiritualmente en mi Iglesia para darme gloria.
Cada sacerdote, eternamente concebido en el Padre, tiene una especie de eterna generación unida al Verbo. No es cualquier cosa la vida de un sacerdote, tiene un origen espiritual y divino; tiene un germen del cielo, tiene concurso de la Trinidad; tiene algo de infinito procedente del Padre y de su fecundidad que comunica al sacerdote para que le de almas. Por eso es tan sublime tan santa, tan sobrehumana la vocación de un sacerdote y su misión en la tierra.


No hay idea en el mundo material ni en el intelectual de la
grandeza de un sacerdote. Yo fui y soy el Sacerdote eterno, y como Yo vengo del Padre, los sacerdotes -hermanos míos- vienen también de ese Padre amado, y por el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo) son sublimados.


Toda la Trinidad concurre en la formación de un sacerdote, y no hay altura en el cielo y en la tierra, después de la Trinidad y de María, comparable con la del sacerdote.
Ya se verá si tiene por derecho, por consanguinidad -si cabe decirlo- con la Trinidad por sus inmensas prerrogativas, si tiene que ser santo.



4.5    El papel de su Iglesia


Yo soy la Iglesia esposa de Cristo.
Depositaria de los tesoros de su redención, nacida del costado herido de Jesús en la cruz, vivificada y regida por el Espíritu Santo que la conduce hacia el Padre hasta consumarla el último día, en Jesús, en la unidad de la Trinidad.


En un mundo donde el individualismo parece regular las relaciones entre las personas, haciéndolas más frágiles, la fe nos llama a ser Pueblo de Dios, a ser Iglesia, portadores del amor y de la comunión de Dios para toda la humanidad (Cf. Const. Dogm. Gaudium et Spes, 1).



Para amar a las almas es preciso amar a Jesús, para poder decir con San Pablo: Me gastaré y me desgastaré por vuestras almas.  La Iglesia  comprende y ama a las almas apasionadamente, porque ASÍ  ama a Jesús.  Es una expresión de su amor por el Divino Redentor, en el cual, el amor del prójimo se hace amor del Divino Redentor, y el amor al Redentor se hace amor de las almas redimidas.

Un amor que se nutre de la meditación continua, no interrumpida,  de lo que son las almas, no consideradas en sí mismas, sino en lo que son en el pensamiento,  en la obra, en la sangre y la muerte del Divino Redentor.

Pero tiene otro manantial purísimo el amor apostólico: El Corazón de María.  Sin Ella no puede haber apostolado, porque es la medianera de todas las gracias. El rayo de luz que ilumina los espíritus, la palabra que llega hasta lo íntimo de los corazones, el secreto atractivo que arrastra a las almas, todo lo que glorifica a Dios lo toma el  Apóstol de la plenitud de Jesús,  pero tiene que pasar forzosamente por María, como pasan por la atmósfera diáfana la luz, el calor y la vida que vienen del sol.

Este triple amor, o más bien este amor único que tiene tres matices celestiales: Que brota del Divino Corazón de Jesús,   que pasa por el purísimo Corazón de María y que baña a las almas con esplendores de cielo, son las cosas que el Apóstol saca del tesoro de su corazón. Comprende su época y adivina el porvenir. Hoy como entonces, El Señor lo envía a evangelizar a los pobres. Compartir con ellos su pan y su ternura.




Como  lo dice San Juan de la Cruz en su La noche oscura Canción del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!              



Y en los designios de Dios, todos tenemos que ser Jesús. Y esto no es una exageración, ni se trata de ninguna novedad. Recordemos lo que dice San Pablo: Hijitos míos a quienes engendró de nuevo hasta que se forme Cristo en vosotros. Luego en ellos se iba a formar Cristo y era lo que el Apóstol pretendía.
Antes de formarlo en ellos, el Apóstol lo había formado en si mismo. Vivo yo, ya no yo, ¡es Cristo el que vive en mi!. Por eso con razón se ha dicho que el cristiano es otro Cristo.:” Cristianus alter christus”. Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor"-- Benedicto XVI dijo, en la homilía de la celebración, que el significado de esta misteriosa transformación “se nos muestra de forma admirable en la historia personal de san Pablo”. “En la historia de este extraordinario evangelizador, es claro que tal transformación no es el resultado de una larga reflexión interior y menos el resultado de un esfuerzo personal. Es, ante todo, obra de la gracia de Dios que ha actuado conforme a sus inescrutables caminos”

Por otra parte, aunque es indudable que la transformación perfecta es difícil, quiero hacer notar que ya estamos en cierta manera transformados, por el germen de la transformación recibida en el bautismo.


Sobre la fuente Bautismal, se verifica el mismo prodigio que en el Bautismo de Jesús. Ahí estaba Jesús hundiéndose en las aguas, la divina Paloma se cernía sobre Él, y se escuchó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo muy amado en quien me he complacido”.
Sobre toda fuente Bautismal se verifica el mismo prodigio, aun cuando no se vea con nuestros ojos mortales como se vio en el Jordán, pero real y verdaderamente ahí nos unimos a Jesús, somos sarmientos introducidos en la Vida para ser partícipes de su savia y de su vida; ahí el Espíritu Santo desciende sobre nosotros, y ahí el Padre dice: Este es mi hijo, mi hijo muy amado.

Si con solo lo que recibimos de Adán pretendiéramos transformarnos en Jesús, no solo sería difícil, sino imposible. Pero no, por el Bautismo ya somos Jesús, sin duda en esbozo, pero Jesús; solo falta hacernos perfectamente Jesús. Nuestro Señor no nos pone un lienzo en blanco y nos dice: dibuja aquí a Jesús; sino que da hace ya un retrato de Jesús y nos dice
!perfecciónalo!.



LA CONSUMACIÓN EN EL AMOR.
El fuego del Amor que el Espíritu Santo enciende en nosotros.
No se llega a las cimas de la vida cuando se experimenta el regio entusiasmo de la juventud, ni siquiera cuando llegamos al pujante empuje de la edad viril, ascendemos a las cumbres de la vida precisamente cuando nuestro cuerpo próximo a derrumbarse en el sepulcro va a dejar en libertad el alma para iluminarse con los fulgores de la eternidad que avanza.
Se ve entonces con una claridad como nunca se había visto, se quiere con una energía como nunca se había querido, se ama con una ternura con que nunca se habia amado...  Hemos llegado a las cumbres de la vida.


¿ Que descubrimos entonces ?.
Que El amor no muere, que “la única realidad es el amor“ , que fuera de él todo es mentira y vanidad. Todo pasa y todo muere. Asi es la vida, demasiado prosaica en su realidad cotidiana, sin embargo al fin cuando la contemplamos con la luz divina desde las últimas cumbres descubrimos un magnífico panorama.


San Pablo con su palabra concisa y audaz, nos enseña el verdadero, EL ÚNICO valor que tiene nuestra vida. ‘Miqui vivere Cristus est’. Para mi vivir es Cristo. Lo que hace grande, y noble y bella y deseable y fecunda nuestra vida es Cristo. Ni siquiera la sabiduría, ni el heroísmo, ni la gloria es lo que hace noble y grande y bella, sino Cristo. Que tenga algo de Cristo, su luz, su amor, su vida su esperanza...


Dios lo hizo todo por El. Nosotros somos cristales que debemos reflejar Su Imagen, ecos que debemos repetir su voz, brisa que debe esparcir su perfume.   
Vivir es tener a Cristo, , es dar a Cristo, es ser Cristo.
Por eso la verdadera vida es la fusión de dos vidas , la de Cristo y la nuestra. Que esto se realice en un día o en un siglo, poco importa, cuando se haya realizado la vida es preciosa y la muerte una feliz consumación. Por eso San pablo añadió a la frase primera ‘et mori lucrum’. y el morir una ganancia. En estas dos frases se esconden los misterios de la vida y de la muerte.


JESÚS AMOR es la clave de la Historia, el alma de la Iglesia, el centro de atracción de las almas, el descanso de los corazones, unificando todo y haciendo estable lo que pasa, dando vida a lo que muere y volviendo inmortal lo que es efímero. Nada pasa, nada fenece, nada muere, porque todo tiene consistencia y vida e inmortalidad EN EL AMOR.


El tema del amor recorrió en la vida de Jesús todos los acentos divinos. Fue regia desnudez en Belén, inefable silencio en Nazaret, luz de vida y explosión de poder en las riberas del Tiberiades, lágrimas y ternura en Betania, tristeza de muerte en Getsemaní,  dolor inmenso y victorioso en el Calvario. El Amor que todo lo unifica y transfigura es LA CUMBRE DE SU VIDA.
Esa vida que se resume en el amor, se consuma también en el amor. “La noche en que iba a ser entregado... habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo“.
La noche de la traición, la víspera de su muerte, “antes de padecer“ consuma su vida de amor en un supremo, divino, incomparable arranque de amor. LA EUCARISTÍA en que anticipa sacramentalmente su Pasión redentora.


Desde aquella ultima cima de su vida, la mirada profética de Jesús contempla, cielo y tierra, ángeles y hombres  toda la creación, todo el universo consumados en la Unidad del Amor. Y no sE trata solamente de la Consumación de la Eucaristia y de la palabra escrita de Dios, sino de la palabra Viviente y Eterna, de la Consumación del Verbo, en el cual Dios ha recapitulado todas las cosas, del sacrificio que Cristo ofrece voluntariamente para glorificar a su Padre infinitamente.


Para nosotros, esta comunión de vida solo es posible porque Ungidos con El Amor El Espíritu Santo  mediante el Bautismo, y alimentados con el Amor en la Eucaristia, SANTIFICADA NUESTRA VIDA  por todos los sacramentos de su Amor, nos hemos convertido en un solo ser con Cristo.
El principio y el medio y el término terreno de esta comunión es la Eucaristia. El misterio de nuestra Comunión con Cristo. Nosotros debemos recibir en comunión a Cristo, nosotros debemos darnos en comunión a Cristo.


Y todo eso le ve como fruto de su pasión y de sus dolores, como precio de su sangre y de su muerte. Todo lo contempló consumado ya en en la grandiosa síntesis del Amor.
Contempla El Amor Infinito, El Amor Divino, El amor sustancial, infinito semejante a un océano que todo lo inunda, a una inmensidad que todo lo llena, a una luz que todo lo ilumina, a una vida que todo lo vivifica, a una unidad que todo lo une.
Y así como antes de los tiempos solo había Dios...así también después de los tiempos todo quedará a consumado en la Unidad de Dios.  Todo ha salido del Padre que es el principio, por el Verbo por el cual fueron hechas todas las cosas y todo ha de volver al Padre en el Verbo para consumarse en Dios. Por El Amor del Padre y del Hijo que Unifica y que Consuma, por el Espíritu Santo.

El fuego del Amor que el Espíritu Santo enciende en nosotros.
Y ese AMOR que ha de realizar tan grandiosa síntesis, ese Amor avasallador que ha de unificarlo todo en Dios ese amor es el Espíritu Santo.


¡Oh Amor¡,  si acabáramos de comprenderte... ¡ Oh Amor ¡ ¡que eres fortaleza que todo lo vence, suavidad que todo lo cautiva, fuego que todo lo enciende, luz que todo lo ilumina, fragancia que todo lo perfuma y Vida que todo lo consuma y Unifica.

¡Plegue a Dios que a lo menos al hollar las cumbres de la vida, al arrojar la última mirada sobre los años que hemos vivido, al contemplarlos no ya con la luz del mundo que se apaga, sino con la luz radiante que baja de los cielos, podamos decir con verdad TE AMÉ, y esa palabra sea la síntesis, la consumación de nuestra vida.




El reinado del Espíritu Santo y los sacerdotes

-         Necesito sacerdotes santos, enamorados de mi Corazón, que, impulsen el reinado del Espíritu Santo en las almas (CC 37, 18. 18-VI-1912).

-         Vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes (CC 51, l37.11-III-1928).

-          Ha llegado la hora del triunfo del Espíritu Santo en mis sacerdotes. Pero tiene que ir simultáneamente el reinado del Espíritu Santo en el mundo con la transformación de los sacerdotes en Mí. De mis sacerdotes depende muy especialmente el éxito de este reinado del Espíritu Santo en el mundo, porque ellos son el conducto de mi Iglesia para espiritualizar lo materializado, usando de todos los medios santos del Espíritu Santo (CC 51,241.26-III- 1928).

-         No me cansaré de insistir en el reinado pleno, absoluto y sin estorbos del Espíritu Santo en el alma de los sacerdotes... Para que reine el Espíritu Santo, necesito corazones puros (CC 52, 235.29-VIII-1928).

4.      “Un nuevo Pentecostés que establezca el reinado del Espíritu Santo”.

Y como síntesis del pensamiento de Conchita acerca del reinado del Espíritu Santo, podemos citar una frase que en sus intuiciones espirituales será también la culminación de la misión que el Señor ha confiado a las Obras de la Cruz:

          “Tal será la consumación en la tierra de las Obras de la Cruz: ¡un nuevo Pentecostés que establezca sobre la tierra el reinado del Espíritu Santo!” (CC 44,174. 2-1-1924)





SACERDOTES DEL SEñOR  BENDECID AL SEñOR


Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, en el mensaje que escribió como prólogo al libro  ¨A mis sacerdotes¨ en su primer edición dice: Llegó a creer, sin vacilar que “Habéis bendecido a Dios con toda vuestra alma” al descubrir en este opúsculo una prueba patente de la Bondad y Misericordia de Dios que ha si ha querido confortarnos en esta prueba y suplir de manera admirable los medios de santificación de que carecéis en la actualidad.
Estas  confidencias por su contexto general tienen un sentido clarísimo de amor de predilección  para los sacerdotes... amados, elegidos, socios de Jesús en su obra redentora y salvadora.


“El Sacerdote y la Encarnación tienen entre sí mutuas y misteriosas relaciones”.
En el altar, el sacerdote unido al Dios hombre, opera el misterio de la transubstanciación. Entonces el Dios hecho carne, al servirse del sacerdote para la transubstanciación como se sirvió de su propia humanidad para instituir la Eucaristía refleja en el místicamente y en cierto grado el misterio de la Encarnación.
Lo que no debe extrañar, pues en realidad todos los misterios se reflejan en el corazón del sacerdote a la hora de la consagración. El misterio de unidad muy especialmente, porque, al transformarse en Mi en aquella hora solemne del sacrificio, viene a ser uno conmigo, en la unidad de la Trinidad.


También se refleja en el el misterio de la Eucaristía, porque al transformarse en Mi, participa en la unidad de la Eucaristía, cuya sustancia es una, aunque se multipliquen las especies.


Y si todos los cristianos desde el Bautismo son templo del Espíritu Santo, los sacerdotes no sólo son su templo, sino su posesión. Porque el Padre se los dedico eternamente al Espíritu Santo; porque Yo, el Hijo, los conquiste por mis infinitos méritos;  porque el mismo Espíritu Santo cuando obro la Encarnación del Verbo en María virgen se gozó también en divinizar la vocación sacerdotal con el contacto del Verbo y puso en esa vocación una fibra de la fecundación del Padre y un reflejo de su Inmaculada Esposa, imagen de la Iglesia.


Y aquí hemos llegado al punto final de la transformación en Mi, a lo más elevado de ella, a la perfecta unidad en la Trinidad. Aquí está también el secreto de la atracción del sacerdote respeto de las almas, de la fecundidad de su apostolado, de la comunicación de pureza, de unión, de luz, de virtudes, de lo divino; porque no es el sacerdote el que vive, sino Yo en él con todas mis virtudes, carismas y dones, y aun con la comunicación de los esplendores eternos de la Trinidad.


Hasta este punto final de la fusión de las almas sacerdotales con Dios y en Dios, quiero que lleguen mis sacerdotes. Este es el punto final de la más elevada unión y del ideal bellísimo de mi Padre al engendrar la Iglesia eternamente en su entendimiento, con todos, los miembros que la formarían, hasta endiosarlos por medio de su transformación en Mi, Dios hombre. Este fue también el hermoso ideal del Padre al engendrar en María el Verbo, por medio del Espíritu Santo, este fue su fin: no hacer muchos dioses, sino un solo Dios y a todos los sacerdotes en Él, por su unidad perfecta en la Trinidad.


Esa unidad en la Trinidad que he pedido a mi Padre, y que en un arranque de amor infinito hacia el Hijo, hacia Mi, Dios-hombre, me ha concedido: El que sean uno Conmigo y con El, por medio de su transformación en Mi Yo en ellos, el Padre y el Espíritu Santo en Mí, formando todos una sola unidad.
¿Se ve ahora claro porque tiendo en estas Confidencias a esa unidad eterna?, ¿porque quiero a mis sacerdotes unos conmigo y tan hechos Yo en Mi, que nos perdamos todos en la Trinidad, volviendo al seno santísimo y divino del Padre, en donde fuimos - ellos y Yo, con la Iglesia - eternamente engendrados?


¿No es de justicia  que Yo anhele y pida en estos últimos tiempos la reacción por fin  de mis sacerdotes en Mi, por puro amor y con el objeto de devolver al Padre lo del Padre, lo suyo a su Jesús ya no solo, sino a todos los sacerdotes en Él, formando un Salvador único - los sacerdotes en Mi -, con todos los sacerdotes transformados?


“ Y es un hecho que hasta allá puede llegar un sacerdote transformado en Mi, hasta ese grado de elevación, hasta fundirse en la Trinidad, pasando por Mi, Jesucristo, Dios y hombre; porque nadie sube al Padre ni lo conoce, si Yo no se lo doy a conocer ”.


Porque no fueron ellos los que me eligieron, mi amor se
adelantó a su amor,  y aun antes de darles el ser y con él la vocación al sacerdocio para que sirvieran a mi Iglesia, ya mi Padre de toda la eternidad los había engendrado en su mente con singular elección, con mirada eterna de amor de Padre. Desde aquel principio, ya el Padre me miraba a Mi en los sacerdotes ya los sacerdotes en Mi.


Y al sacerdote le pide la inmensa gratitud por el DON recibido.  
Configurarse a Jesús en quien ha sido injertado, y corresponder a ese amor ganando almas para Dios. Ser signo visible, palpable, vivo de Cristo. El gran ideal del sacerdote debe ser Jesús crucificado.





UNIDAD DE LOS SACERDOTES

Y adviértase que un solo sacerdote transformado en Mi detendrá en su carrera  no solo a un demonio, sino al infierno junto. Y es que no sera el sacerdote solo, sino todos los sacerdotes en Mi



Porque aquí se encierra un misterio: Yo no puedo dividirme, y puesto que los sacerdotes en su principio y en su fondo no son sino un solo sacerdote en Mi, por eso un solo sacerdote transformado repreguntaría, ante mi Padre, a todos los sacerdotes en Mi.

De igual manera pasa cuando un sacerdote peca; no todos los sacerdotes pecan en el, personalmente, pero si todos cargan, en cierta manera, la macha y el crimen, para expiarlo.

Y ¿como?. Como se expía todo: Conmigo, por Mi en ellos, como hostia de expiación, de perdón, de redención, de impetración.

Si el amor de Dios ha echado raíces profundas en una persona, esta es capaz de amar incluso a quien no lo merece, así como Dios hace con nosotros. El padre y la madre no quieren a sus hijos sólo cuando se lo merecen: lo aman siempre, aunque es natural que le hacen entender cuando se equivocan.



!Cuántos misterios se encierran en el misterio de la UNIDAD de los sacerdotes entre ellos y ellos en Mi. Lo bueno y lo malo lo cargan ellos en Mi; porque soy Yo en ellos el glorificado y el ofendido; el injuriado como Dios, y el que perdona como Dios; el único Sacerdote que lleva en si mismo a todos los sacerdotes.



Así es que cuando un sacerdote peca, me ofende, no como cosa extraña a Mi, sino como dentro de Mi, Dios hombre, en razón de la transformación en Mí que trae desde la eternidad y desde su ordenación sacerdotal.



Claro esta que las ofensas que se me hacen siempre son dentro de Mi, en cuanto que estoy presente en todas partes;

pero esas ofensas de mis sacerdotes son aparte; porque están injertados en Mi, Sacerdote único; en Mi que formo con ellos ante mi Padre un solo Sacerdote en el que ve a todos los sacerdotes.



Y de este secreto de mi Corazón, que aumenta la gravedad de sus crímenes, de su indiferencia y de su poco amor, no se dan cuenta los sacerdotes; y esta es una de las espinas más dolorosas de mi Corazón. Porque no me ofenden de lejos o aparte, como los demás hombres, en cierto sentido, sino que me ofenden a Mi dentro de Mi, ofenden a Dios dentro de Dios, !y esto es terrible!.



Esta sola consideración debería detenerlos y trocar sus pecados, deslealtades e ingratitudes, en amor, en desagravios, en ternura. Me ofenden a Mi y se ofenden a si mismos en Mi, por la transformación de ellos, sacerdotes, en el eterno Sacerdote, porque somos todos uno, Yo en ellos, en la unidad de la Trinidad.

Que los sacerdotes mediten y difundan estas verdades para que cesen sus ofensas, sus debilidades culpables y sus múltiples ingratitudes.



La llamada procede del Señor,  es el regalo gratuito, irrevocable y de predilección, sin arrepentimiento y que aun cuando nosotros mil veces le hallamos negado, hoy vuelve a llamarnos a su amor como en aquella vez primera en que respondimos entusiasmados


!Como mi Corazón palpita y ansia esta época de transformación en Mi y de triunfo de mi Iglesia!
!Como mis ojos se empañan con lágrimas de emoción, de dicha, de triunfo, de gratitud para con mis amados sacerdotes!.

Fue después de mi madre lo que mas ame en la tierra, a mis Apóstoles;  y en ellos vi ya a todos mis sacerdotes futuros, y en ellos los ame, y en Mi mismo los amo, porque son como parte de mi mismo ser.



¿No saben que mi Padre los ve como a Mi mismo y que los siento Yo como cosa mía; como si fueran conmigo un mismo cuerpo, una misma alma, un solo corazón?.

Si ahondaran mis sacerdotes en este pensamiento que es una feliz realidad, si siquiera se percataran de ella, !ay! jamás me ofenderían, y respetarían su cuerpo y su ser como si fuera el Mio, por esa unión íntima y amorosa con que mi Padre los vínculo, como sacerdotes en el único Sacerdote, en el Sumo y Eterno y Verdadero Sacerdote.



No se dan cuenta muchos de mis sacerdotes que son otros Yo, y por esto no se preocupan de no lastimarme. No piensan que me ofenden y ofenden a mi Padre dentro de Mi, y hacen que Yo en ellos contriste al Espíritu Santo todo amor, que formó y asiste en todas sus palpitaciones a mi Corazón de amor.

Todo esto lo quiero establecer e iluminar, lo quiero traer a la memoria y !ay! reformar trayendo a las almas a la verdad, para bien de mis sacerdotes y de la Iglesia.

Hasta lo más hondo, hasta lo mas intimo, quiero hacer la luz en le corazón de mis sacerdotes, para que reparen, para que espíen lo propio y lo de sus hermanos sacerdotes, para poder acercarme a ellos sin intermediarios, sin nada que estorbe a la perfecta unión de amor y de dolor, de completa y consumada transformación en Mi.



Ya quiero pulir esas almas que me pertenecen; y no por no sufrir Yo, sino por ellos, porque no acumulen, cuando menos, purgatorio; porque las miradas con que mi Padre los mira a ellos en Mi, no encuentren mancha, sino que todos luz, todos limpieza, todos otros Yo, atraigan esas miradas de mi Padre, y Él se complazca contemplándolos”.

“Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mi, para que su vida entera sea un acto de amor continuado, de gratitud continuada a mi Padre Celestial. Que honren al Padre en todos sus actos, que lo glorifiquen con una intensa vida interior y que se esfuercen por hacer que todos lo conozcan, lo amen y sometan su voluntad a la suya, como lo pedimos en el Padre Nuestro al decir: “santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”,  porque esa fue mi vida en la tierra, y la que ellos deben continuar.



Todos sus pensamientos, sus palabras, sus obras, sus anhelos, sus ilusiones, sus trabajos exteriores, su vida interior, etc., debe tener en ellos un solo fin, el de glorificar a mi Padre.Nada deben hacer mis sacerdotes, como Yo en la tierra, sin levantar antes su alma hacia mi amado Padre ofreciéndome y ofreciéndose en cada acción, sobretodo del sagrado ministerio.

Así, Yo en ellos y ellos en Mi, glorificaremos al Padre en una sola alabanza, y con las almas formaremos una sola unidad perfecta en la Iglesia que debe honrar a la Trinidad.


Ya toda la Trinidad se goza viendo presente esta unidad, esa transformación de los sacerdotes en el Sacerdote por excelencia, único digno de ofrecerse al Padre, de glorificar al Padre; pero todos los sacerdotes en Él deben formar ese UNO con El que es el fin del cristianismo, del Evangelio, de la misión divina que me trajo al mundo: unificar todas las cosas en el UNO  en esencia; traer lo divino de las almas a lo divino; volver a Dios lo que es de Dios; todo lo demás es secundario, es medio para llegar a este fin.




SACERDOTES SANTOS


Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mí para que su vida entera sea un acto de amor continuado a mi Padre Celestial, porque esa fue mi vida en la tierra y la que ellos deben continuar.


Transformarse en Jesús es llevar grabada en el alma, con rasgos de luz divina la imagen de Jesús, Sabiduría Increada.
Estar unido a Jesús, identificado con El para poder El fin de la santificación de las almas es la gloria del Padre, la
esencia de esa obra maravillosa es la transformación en Jesús.
Continuar su dulce misión de Salvador, pero más que todo, imitar su vida interior.: Amar, venerar, dar gusto al Padre y tener una sola voluntad con la suya. Aqui esta lo mas alto de la transformación. Un sacerdote necesita ser santo para santificar, estar poseído, compenetrado de mi Santo Espíritu. Y Cual es mi Espíritu sino el Espíritu Santo.


Pidan y ofrezcan todos sus sacrificios y dolores en Mi unión por el esplendor de mi Iglesia, en sus sacerdotes santos. Vendrá una reacción más fecunda en ella, por la transformación de sus sacerdotes en Mi, que abrirá nuevos horizontes de perfección a las almas por el Espíritu Santo.


Mi Padre entonces derramara muy abundantes bendiciones sobre la Iglesia, al contemplarme a Mí en los sacerdotes;  entonces se realizará aquel ideal preconcebido en mi mente divina eternamente, de la extensión del Verbo divino hecho hombre en su Iglesia, para la gloria de la Trinidad. Entonces los sacerdotes unificados en Mi, su Cabeza suprema, formaremos un solo sacerdote y seremos uno en la unidad de la Trinidad.


Mi eterna mirada sobre los sacerdotes, mirada purísima de amor, de elección, los envolvió eternamente y abarcó no sólo
a su alma predilecta, sino a miles de almas también, pues que cada sacerdote es cabeza de otras muchas almas.


Yo al mirar eternamente a un sacerdote vi en el un escuadrón
de almas por él engendradas con la fecundación del Padre, por el redimidas en unión de mis méritos, por el formadas santificadas y salvadas, que me darían gloria eternamente.


Esa mirada de la Trinidad, al engendrar en su mente un alma de sacerdote, producida en Mí por el Padre y el Espíritu Santo, ya abarcaba en el tiempo -por el concurso del sacerdote-, un mundo de otras almas que a su tiempo engendraría él espiritualmente en mi Iglesia para darme gloria.
Cada sacerdote, eternamente concebido en el Padre, tiene una especie de eterna generación unida al Verbo. No es cualquier cosa la vida de un sacerdote, tiene un origen espiritual y divino; tiene un germen del cielo, tiene concurso de la Trinidad; tiene algo de infinito procedente del Padre y de su fecundidad que comunica al sacerdote para que le de almas. Por eso es tan sublime tan santa, tan sobrehumana la vocación de un sacerdote y su misión en la tierra.


No hay idea en el mundo material ni en el intelectual de la
grandeza de un sacerdote. Yo fui y soy el Sacerdote eterno, y como Yo vengo del Padre, los sacerdotes -hermanos míos- vienen también de ese Padre amado, y por el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo) son sublimados.


Toda la Trinidad concurre en la formación de un sacerdote, y no hay altura en el cielo y en la tierra, después de la Trinidad y de María, comparable con la del sacerdote.
Ya se verá si tiene por derecho, por consanguinidad -si cabe decirlo- con la Trinidad por sus inmensas prerrogativas, si tiene que ser santo.




BENEDICTO XVI.
La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo.

“Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, e incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, se convierten todos en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos (los laicos) ofrecen  con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía, uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios” (LG 34).

De manera particular, los padres participan de la misión de santificación “impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos.



YO SOY LA COMUNIÓN

Por la Encarnación El Hijo de Dios es también hombre. María es Madre de Dios y Madre nuestra. Los sacerdotes son padres. La Iglesia es Madre. Y Jesús Nace cada día en la Eucaristía y en las almas.
Si la Iglesia es una comunión íntima con Cristo, que crece a partir del don sacramental de su cuerpo en la Eucaristía,  a través del cual nos convertimos en un solo cuerpo  o comunión con y en él.

La comunión sacramental se debe primero entender teológicamente.
La Fe trinitaria y la fe en la Encarnación deben guiar la idea de la comunión sacramental y sólo después la de que una comunión eclesiológica ".

El Cardenal Ratzinger sostiene que, en contraste con el rechazo de la posibilidad de la comunión entre Dios y el hombre en el Antiguo Testamento y la búsqueda de la mítica supuesta unión entre lo divino y lo humano en la antigua filosofía griega, es algo enteramente diferente lo que nos confronta con el kerigma cristiano:
El objetivo es recuperar y aclarar el núcleo cristológico de la comunión de Ratzinger.  La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación.

La Encarnación: de La Comunión de la divinidad y la humanidad en Cristo.  Una "comunión (κοινωνία) de las dos voluntades."
La voluntad humana de Cristo se hace una con la voluntad divina del Logos. Y esto es lo que El nos da cuando también nosotros hacemos la Voluntad del Padre.
Lo llama, "un común acuerdo a un valor compartido." Comunión en el Cristo encarnado es,  en el fondo, una comunión, de una voluntad humana y la divina voluntad unidos por un un acto libre de amor por algo y alguien más: la voluntad del Padre.
"una comunicación liberadora y reconciliadora que se desarrolla en una comunión entre el Creador y criatura.

"En otras palabras, la comunión de la humanidad y la divinidad en el Cristo encarnado hace posible significado una mayor comunión de salvífico universal y en la que el ser de el hombre y el ser de Dios se pueden unir, criatura y el Creador puede convertirse en uno, en la tierra cuando el hombre renuncia a la tentación de hacer su propia voluntad  y busca en cambio, conjugarse  en la
comunión con algo más elevado y más grande que él,

Que "el cambio fundamental en el hombre que puede solo se consigue  cuando el hombre decide tomar el camino de la imitatio Christi, "Más específicamente, cuando al igual que Cristo se conforma y conjuga su voluntad humana a la de Dios, precisamente esto lo va a  llevar a su plena estatura y transformación.  De hecho, cuando nuestra libertad es una verdadera participación en la libertad propia del Hijo, es decir, cuando se vive como una obediencia filial al Padre. Sólo entonces es encontrado el camino de la verdadera libertad, sólo entonces nuestra auténtica liberación entrará plenamente en su propio camino. En otras palabras, para Ratzinger, es sólo a través de la apropiación personal y a veces dolorosa reconstrucción de "la obediencia del Hijo" que realmente establece una verdadera  comunión entre Dios y nosotros mismos y encontrar así una verdadera comunión con otro.


Por otra parte, cuando "el dolor de este cambio" pasa", aquí es que la comunidad ha nacido, aquí Iglesia llega a ser.
"En este momento, Ratzinger da paso a la sacramental y consecuencias eclesiológicas de la comunión que el Cristo encarnado producen:  La "comunión entre Dios y el hombre" en el Cristo encarnado "abre la posibilidad de una nueva comunión de los hombres con los otros."

Más específicamente, "esta comunión entre Dios y el hombre que se realiza en la persona de Jesús. Cristo "se hace comunicable  a nosotros en nuestra participación en el Misterio Pascual que  se efectúa por la Eucaristía,  una participación que a su vez constituye la Iglesia,  que es nuestra comunión con unos a los otros en Cristo.

El punto cardinal que nos queda es la siguiente: La Iglesia y la vida sacramental crecen desde dentro, desde Cristo, y no viceversa. La Iglesia es la presencia de Cristo es primero palabra es Cristo, y no por sí misma , Ella es saludable en la medida en que se dirige toda su atención hacia Él, porque Cristo es la luz del mundo.

En la Encarnación del Verbo eterno se produce la comunión entre Dios y el ser del hombre, su criatura, que hasta entonces parecía imposible de conciliar con la trascendencia del Dios único.  Sin embargo, en Jesús se presenta el nuevo evento, el único Divino y humano, de entrar Dios  en la comunión con los hombres, en concreto por encarnarse en la naturaleza humana.

Según Ratzinger, esta nueva idea de la comunión como fundado en la Encarnación "No es el producto de una nueva síntesis del pensamiento, sino que es el fruto de una nueva realidad que antes no era”.
El cristianismo propone un gran avance en la forma de un hecho histórico, una persona: Jesucristo.  Él es la encarnación del Dios-hombre, la persona en quien, como dice Ratzinger en el pasaje anterior, la "divinidad  y lo humanos se entremezclan”.
En virtud de La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación. En esta metafísica  de avance, Dios entra en "comunión concreta con los hombres" por primera vez en la historia.  Por lo tanto, el abismo infinito que hasta entonces habían separado desde la eternidad lo divino de lo humano , del tiempo y el universo, no sólo ha sido superada por el acontecimiento de Cristo, El mundo necesita urgentemente aceptar a Cristo para resolver todos sus problemas. en realidad es la personalidad humana única de Cristo que ha unido de una vez éstos polos diametralmente opuestos. En esto radica la novedad sin precedentes de la concepción cristiana de la comunión y por lo tanto, dice Ratzinger, "la esencia del Cristianismo".



1.4   La Palabra de Dios.

La Palabra es Cristo. No es algo pasajero, fugaz, sino algo permanente, siempre actual para nosotros: Es ese Jesús, de ayer de Hoy y de siempre.

YO SOY LA PALABRA ETERNA
El Verbo es la palabra, porque es la voz de Dios, la voz del Padre, creadora y santificadora por el Espíritu Santo, quien la comunicó a los Apóstoles en Pentecostés”.
Palabra que unifica, Palabra única, aunque con derivaciones y ecos íntimos infinitos: Yo soy el Verbo sabiduría, el Verbo luz, el Verbo verdad,  el Verbo vida.

“Yo soy palabra y la palabra se comunica. Soy palabra eterna, Palabra de sabiduría que tiene virtud de penetrar y de obrar en las almas, por lo divino que lleva consigo, porque es la misma divinidad con el Padre y con el Espíritu Santo.
Soy la Palabra eterna, la Palabra fecunda del Padre, su “fiat” sin principio, su eterna voluntad por donde se comunica a la Iglesia y a la almas.
Esta palabra es Dios, es el Verbo por el cual se sube al Padre y sele conoce; porque nadie conoce al Padre, si no es por su Verbo y en su Verbo.

Soy Palabra sapientísima, fecundisima, y toda la sabiduría y la ciencia de la tierra tiene su principio en esta Palabra única en su esencia y fecundidad en la inmutabilidad de sus ser. Y esta Palabra es la que habla sin sonidos; e ilumina porque es luz; y obra porque es eficaz; santifica y penetra porque es divina.
Esta Palabra es penetrante y aguda como espada de dos filos que corta las tentaciones; es sublime por la naturaleza de su principio; es santa porque viene de Dios; y es operativa, porque palpita y reside en el Corazón de Dios.

Por eso no quedará estéril esta Palabra para las almas sacerdotales. Todo lo que procede de Dios no es muerte, sino vida, no es estéril sino fecundo. No es pasible esta Palabra, sino activa en su desarrollo, que despierta corazones, y quebranta rebeldías, y arrolla tentaciones, y vigoriza y fortalece con su energía.

La Palabra del hombre pasa y muere; la Palabra de Dios opera y vive, y vuelve a donde salio llena de triunfos, porque es la Palabra salvadora, Palabra de luz de fuego, Palabra única, en donde se encierran creaciones y cuanto existe y existirá, porque esta Palabra es Dios.

También esa Palabra, que es el Verbo, es amor; y no puede ser otra cosa, ni encerrar otra cosa, ni producir otra cosa, porque su sustancia es el amor.

“Yo el Verbo, aunque soy Palabra, no hablo sino lo que recibo de mi Padre, lo que me dice mi Padre, lo que mi Padre me enseño, lo que aprendí de Él; porque soy su Verbo, su divina Sabiduría; porque aunque Persona distinta, procedo de Él, en cuanto que El es mi Padre y Yo su Hijo.
De suerte que Yo soy  la Palabra divina, pero la Palabra de mi Padre, el conducto por el que mi Padre se comunica al mundo; y también soy la Palabra eterna, sin sonido, sin algo exterior o sensible, que encierra sin embargo todas las armonías, Y CONTIENE TODA LA CIENCIA, TODO SENTIDO DE NATURALEZA Y GRACIA.

Tampoco hay que creer que la Palabra sólo ha de ser hablada.
El Verbo encarnado es el conducto divino y humano de ese Padre amado. Se comunicarme también a las almas sin palabras humanas, con sonidos íntimos, con profundos conocimientos, con luces divinas, con notas suavísimas, con el contacto de lo divino que todo lo dice, que todo lo hace sentir, que todo lo quiere, que todo lo penetra, que todo lo da.

La voz de la Trinidad soy Yo. Enseño lo que mi Padre me
enseñó, comunico lo que de Él recibo; pero esa voz no es sensible, es una inefable fusión de persona a persona, que mas y mas las identifica con la unidad de su ser.

Enseño lo que mi Padre me enseñó. digo lo que El me dice, comunico lo que de El recibo, Y es palabra es amor, su íntimo sonido es amor, y sus efectos, en la Trinidad y en las almas, son de amor.

“Ha llegado el tiempo de hacer brillar la Divinidad de mi Corazón;  de hacer amar mas y mas  al Verbo hecho carne; de elevar a las almas a que vean en Mi, en cualquier paso de mi vida, al Verbo con sus dos naturalezas, la divina y la humana”.



La Palabra de Dios en la vida del sacerdote

Por cuanto se refiere a los sacerdotes, Germen fecundo de la Iglesia que por su ministerio son –como afirma la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis de Juan Pablo II citada en VD 80 – «[ungidos por Dios y enviados] para anunciar a todos el Evangelio del Reino, llamando a cada hombre a la obediencia de la fe y conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nosotros en Cristo». Por esto, el sacerdote «debe ser el primero en cultivar una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios: no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: “la mente de Cristo” (1Co 2,16)». Por esto, concluye VD 80, las palabras, decisiones y actitudes del sacerdote «han de ser cada vez más una transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio; “solamente ‘permaneciendo’ en la Palabra, el sacerdote será perfecto discípulo del Señor; conocerá la verdad y será verdaderamente libre” ». Es necesario por tanto que la Palabra de Dios se encarne en la vida del sacerdote. Solo siendo verdaderamente de Cristo, estando continuamente a su escucha, tratándole con familiaridad especialmente en la Eucaristía, podrá también transmitir Cristo a los demás hombres.





DIOS ES EL PASTOR DE LA HUMANIDAD
Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus

CASTEL GANDOLFO, domingo 22 julio 2012 (ZENIT.org).- Esta mañana, a las 12 horas, Benedicto XVI se asomó al balcón del patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.

¡Queridos hermanos y hermanas!
La Palabra de Dios de este domingo nos vuelve a proponer un tema clave y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos hacia buenos pastos, en el que podemos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos al destino de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Eso es lo que cada padre y cada madre quiere para sus hijos: el bien, la felicidad, la realización. En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada "pastoral". Por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, se dice que "al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tiene pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc. 6, 34). Jesús encarna a Dios Pastor con su forma de predicar y con su obra, cuidando de los enfermos y de los pecadores, de los que están "perdidos" (cf. Lc. 19,10), para traerlos de vuelta a salvo, en la misericordia del Padre.
Entre las "ovejas perdidas" que Jesús ha salvado hay también una mujer llamada María, de la localidad de Magdala, en el lago de Galilea, y por eso llamada Magdalena. Hoy es su memoria litúrgica en el calendario de la Iglesia. Dice el evangelista Lucas que de ella Jesús hizo huir siete demonios (cf. Lc. 8,2), es decir, la rescató de una total esclavitud al mal.

¿En qué consiste esta profunda sanación que Dios obra a
través de Jesús? Se trata de una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona con sí misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el Diablo siempre está tratando de arruinar la obra de Dios, sembrando la división en el corazón humano, entre el cuerpo y el alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, e incluso entre el hombre y la creación. El mal siembra la guerra; Dios crea la paz. De hecho, como dice san Pablo: Cristo «es nuestra paz: el que de dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, a través de su carne" (Ef. 2,14). Para llevar a cabo esta obra de reconciliación radical Jesús, el Buen Pastor, ha debido convertirse en Cordero, "el Cordero de Dios… que quita el pecado del mundo" (Jn. 1,29). Sólo así ha podido llevar a cabo la maravillosa promesa del Salmo: "Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa de Yahvé / un sinfín de días" (22/23, 6).

Queridos amigos, estas palabras nos hacen vibrar el corazón, porque expresan nuestro deseo más profundo, diciendo para lo que hemos sido creados: ¡para la vida, la vida eterna! Son las palabras de aquellos que, como María Magdalena, han experimentado a Dios en sus vidas y conocen su paz. Palabras más que nunca verdaderas en los labios de la Virgen María, que vive ya para siempre en los pastos del Cielo, donde la ha conducido el Cordero Pastor. ¡María, Madre de Cristo, nuestra paz, ruega por nosotros!



BENDITO EL FRUTO SANTO DE TU VIENTRE


María es quien más deseo, quien mas espero, quien mejor recibió la promesa del Padre, de darnos un Salvador.

Cuando recibió a Jesús en su seno, no se quedó en su casa a disfrutar el don de Dios, corrió a la montaña a buscar a su prima Isabel. Y encontró de nuevo a Dios y ahí fue madre por segunda vez. Ahora en el orden de la gracia, porque por medio de Ella, el Espíritu Santo le dio la Vida divina al niño que Isabel llevaba en su vientre.
Isabel llena también del Espíritu Santo se le dice claramente de parte de Dios: De donde  mi que la madre de mi Salvador venga a verme, dichosa Tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que te fueron dichas de parte del Señor. Bendita Tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu Vientre...  y ¿ cual es ese fruto?. Es Jesús, El Salvador y en Él todos los salvados por El.

Por es María Madre.  Madre de Dios y madre nuestra.  Madre de Jesús en Belén, madre de Juan al pie de la Cruz, madre de los primeros Apóstoles y sus sucesores en la naciente Iglesia., madre de los primeros cristianos, y de lo cristianos de hoy,  madre de Dios en Efeso, madre de los pequeñitos y delicados en el Tepeyac, madre de la Iglesia en el Vaticano II, y en Nazaret, en Belén y en el Calvario, madre nuestra y madre universal del género humano redimido por Cristo.





Sr, San Jose

Resumen de las maravillas que Dios hizo en su pueblo. El en persona será quien transmita a Jesús el legado de Israel. Portador oficial de la condición legal del Hijo de David. Instrumento sobrenatural para el cumplimiento de la promesa divina.

Varón Justo, fiel y prudente, dichoso representante del Padre ante su Verbo Hecho Carne, que con el anuncio del ángel entendió que Jesús es el Hijo de Dios.

Testigo, garante y custodio de la virginidad de María. No es el padre biológico de Jesús, del cual sólo Dios es el Padre, y sin embargo, desempeña una plena y completa paternidad. Ser padre es ante todo ser servidor de la vida y del crecimiento.

En este sentido, San José ha demostrado una gran dedicación. Por Cristo, ha sufrido la persecución, el exilio y la pobreza que de ello se deriva. Tuvo que establecerse en un lugar distinto de su aldea.

No se trata de ser un servidor mediocre, sino un siervo "fiel y juicioso". La unión de estos dos adjetivos no es casual: sugiere que tanto la inteligencia sin lealtad como la fidelidad sin sabiduría son cualidades insuficientes. La una sin la otra no permiten asumir plenamente la responsabilidad que Dios nos confía. Su recompensa es estar con Jesús.

Queridos hermanos sacerdotes, debéis vivir en vuestro ministerio cotidiano esta paternidad. En efecto, la Constitución Conciliar Lumen Gentium subraya: los sacerdotes "han de preocuparse de los fieles que engendraron espiritualmente con el bautismo y la doctrina" (n. 28).






Hechos de los Apóstoles 3,1-10. 
 En  una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. 
Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban. 
Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna. 
Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos". 
El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. 
Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina". 
Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. 
Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. 
Toda la gente lo vio camina y alabar a Dios. 
Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido. 


In jenen Tagen gingen Petrus und Johannes um die neunte Stunde zum Gebet in den Tempel hinauf.
Da wurde ein Mann herbeigetragen, der von Geburt an gelähmt war. Man setzte ihn täglich an das Tor des Tempels, das man die Schöne Pforte nennt; dort sollte er bei denen, die in den Tempel gingen, um Almosen betteln.
Als er nun Petrus und Johannes in den Tempel gehen sah, bat er sie um ein Almosen.
Petrus und Johannes blickten ihn an, und Petrus sagte: Sieh uns an!
Da wandte er sich ihnen zu und erwartete, etwas von ihnen zu bekommen.
Petrus aber sagte: Silber und Gold besitze ich nicht. Doch was ich habe, das gebe ich dir: Im Namen Jesu Christi, des Nazoräers, geh umher!
Und er fasste ihn an der rechten Hand und richtete ihn auf. Sogleich kam Kraft in seine Füße und Gelenke;
er sprang auf, konnte stehen und ging umher. Dann ging er mit ihnen in den Tempel, lief und sprang umher und lobte Gott.
Alle Leute sahen ihn umhergehen und Gott loben.
Sie erkannten ihn als den, der gewöhnlich an der Schönen Pforte des Tempels saß und bettelte. Und sie waren voll Verwunderung und Staunen über das, was mit ihm geschehen war.


Pedro y Juan no tienen oro ni plata, tienen a Jesús y le dan lo que tienen.
¿nosotros en nuestras conversaciones, tomamos de la mano, ayudamos a levantarse, damos a Jesús como los primeros discípulos.?.
Ahí estamos que no podemos y no podemos, que somos débiles, pero no buscamos al que si puede !al que las puede!.


Vivid en el Amor
El amor de Jesús es contagioso: San Juan Bautista contagio su amor a los dos
primeros discípulos de Jesús, Andrés y Juan, ellos corrieron a comunicárselo
a sus dos hermanos, Simón y Santiago. Felipe corre a decirle a Natanael que
ha encontrado al Cristo y así hasta que el amor a Jesús llene la tierra para
que muchos glorifiquen a Dios. El que mas lo ama, mas lo comunica: 
Quisiera
que todos se agregaran a imitar a Jesús, a seguir a Jesús; pero hay muchos
que tienen muy fuertes sus defensas, otros que ya están vacunados y a veces
nuestro virus no tiene la suficiente fuerza como para producir un contagio o
una epidemia.
Participes de las promesas. Ciudadanos del cielo. Que “El nombre de Jesús”
sea glorificado en vosotros: Vivid en el Amor; Es en la correspondencia al
amor del Dios creador y Salvador donde se contiene la síntesis más perfecta
del cristianismo: Conocer a Jesús más profundamente, amarlo más
ardientemente y seguirlo más de cerca y mediante él a Dios y a nuestros
hermanos. 

Amados en Cristo.
Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha
bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos, en
Cristo. Por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo,
para ser santos e inmacaludos en su presencia en el amor; eligiendonos de
antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo según
el beneplácito de su voluntad, según el benévolo designio que en él se
propuso de antemano para realizarlo en la plenitud de los tiempos: “Hacer
que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está
en la tierra”.

Vida en el Espíritu.
Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la
carne: fornicación. impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios,
discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias,
embriagueces, orgías y cosas semejantes, como yo os previne, que quienes
hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales
cosas NO HAY LEY. Puesto que los que son de Cristo Jesús, han crucificado la
carne con sus apetencias.


CREO EN EL ESPÍRITU SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDA
Existe un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es lo más grande, del cielo y de la tierra, el Espíritu Santo.
No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. Él es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones; y si hay tibieza, y si hay frío, y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, y hasta a mi Iglesia, es porque no se acude al Espíritu Santo.
Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese Centro del amor que es Dios. Con Él, se tiene cuanto se puede apetecer; y si hay tristeza, es porque no se acude al Divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaquezas, es porque no se acude a la Fortaleza invencible: si hay errores, es porque se desprecia al que es la Luz; si se extingue la fe, es por la falta del Espíritu Santo.
No se le da el culto que se le debiera dar, en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte por lo que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas, es porque no se le da toda la primacía que Yo le di, a ese Santo Espíritu.
Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor, y en muchos corazones aun de los míos, ni siquiera se le recuerda, y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.
Es tiempo ya, de que el Espíritu Santo reine —decía el Señor como conmovido—, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es, y no hay cosa más grande que Él, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia.
Entonces cambiará el mundo, pues todos los males que en él se lamentan hoy, tienen por causa, el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace, está en que se active el culto del Espíritu Santo; en que se le dé su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.
Nadie será pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo, deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.
Él es el alma de esa Iglesia tan amada, cierto; pero no se dan cuenta muchos, de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina, y languideciendo su devoción en los corazones, es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. (C.C. 35, 67-70)
A medida que el Espíritu Santo reine, se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizará a la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. (C.C. 35,72)  
Acción del Espíritu Santo:
Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas partes, la impregna de Sí mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma.
¡Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio, y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mí, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mi Corazón, es por el Espíritu Santo.
Se le considera intangible y lo es, pero no hay sin embargo cosa más cerca y al alcance de la criatura que el Espíritu Santo.
Y los siglos han pasado siendo Él siempre el principio de todas las cosas, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo, ni se le estima, ni se le conoce, ni se agradece su influencia siempre santificadora.
En estos últimos tiempos, ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y aniquilar a Satanás que en esa forma se va introduciendo hasta en la Iglesia.
¿Por qué tantos males sino por la falta del Espíritu Santo, es decir, por tantos pecados que lo alejan?. Extender el reinado del Espíritu Santo es destruir el de Satanás, es acercar las almas a mi Corazón, regenerarlas por la cruz, porque al acercarse el Espíritu Santo a las almas, con su luz les muestra el camino del dolor; con sus encantos las empuja, con su influencia lo suaviza y con su consolación las alegra haciéndoles fácil el camino de las virtudes”.
Que reine ya el Amor, que es el Espíritu Santo. Si mi Corazón es amor, es porque es su nido, porque Él constituye sus latidos.   (C.C.40, 187-192)
El amor, es el único que une, que simplifica, que santifica, que reconcilia, que abraza, que estrecha los  vínculos y los corazones.
Sólo Él, únicamente Él, puede renovar la faz de la tierra, es el que unifica a la Iglesia, [ ] es el que simplifica, porque es la unidad por esencia, y es unidad, porque es amor. (C.C. 49,363)
CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL ESPÍRITU SANTO
¿Quién contra Dios? Las generaciones pasan; las persecuciones se
derrumban, los cismas caen, y sólo mi Iglesia hermosa y pura, santa e inconmovible, llegará al fin tan santa y perfecta e inconmovible como salió de mis manos, apoyada en el amor que no se muda porque es divino, por el ser de unidad que lleva consigo, impregnada de amor, y sólo esparciendo amor.
El Espíritu Santo es el alma, el gran motor divino de la Iglesia; su energía, su corazón, su latido, porque es el Amor.Ha llegado el tiempo de exaltar en el mundo al Espíritu Santo, alma de esa Iglesia tan amada, en donde esa Persona Divina se derrama en todos sus actos con profusión.
Que el mundo se consagre al Espíritu Santo, muy especialmente, comenzando por todos los miembros de la Iglesia.
El amor, la caridad, se ha resfriado en el mundo, siendo esto el origen de todos los males que lamenta. Ese amor divino único se ha inutilizado, se ha neutralizado, se ha falsificado, se le ha suplantado con falsos amores, con mundo y materia que lo ha alejado de los corazones. Y es preciso que vuelva, que triunfe, que cante la victoria de su Dueño, convirtiendo almas, y regenerando corazones, y generaciones.
¿Cuál tiene que ser el principio sólido y verdadero y duradero de esta conmoción universal? ¿Por dónde debe comenzar? Por mis sacerdotes en su transformación en Mí. Yo te aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la Trinidad emprenden este gran impulso santificador y divino, Satanás quedará derrocado y la Iglesia purificada en sus sacerdotes, será un consuelo y un grande obsequio a mi Corazón.Pero ¿quién facilitará esto? Sólo el Espíritu Santo que contrarresta lo material con lo divino; sólo la Persona del Amor comunicará amor, y entonces, todo está salvado.
Que mis sacerdotes todos, se arrojen confiados al Espíritu Santo que está pronto a derramarse en los corazones que más ama y en los que ansía explayar sus carismas, bendiciones y unión con más profusión.  (C.C. 51, 81-85)
Un nuevo Pentecostés:
Algún día, y no lejano, en el centro de mi Iglesia, en San Pedro, se llegará a hacer la Consagración del mundo al Espíritu Santo, y las gracias especiales de este Divino Espíritu, se derramarán en el Papa, feliz que esto haga. Hace mucho tiempo que vengo iniciando este mi deseo, de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un segundo Pentecostés. Entonces, [  ] el mundo se espiritualizará con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañará el Soplo vivificante y puro del Purísimo Espíritu.
Barrerá este Soplo santo todas las impurezas en los corazones, y todos los errores en las inteligencias que
correspondan a su influjo: y la faz del mundo se renovará restaurando todas las cosas en Mí, pero sobre todas esas cosas, a mis sacerdotes que son y serán los primeros en esa restauración universal, en sus corazones, que vendrá; sí, vendrá a glorificar en la unidad de la Iglesia a la Trinidad.
Se rendirán muchas Sectas, ante la unidad divina de mi Iglesia; cesarán muchos cismas; el Concilio futuro tendrá y dará frutos de vida eterna, y la Iglesia única y verdadera cobijará muchas naciones extendiendo sus alas para abarcar a todo el mundo y traerlo a su salvador seno.
No siempre la Iglesia ha de estar postergada; tendrá sí, siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos; pero tendrá treguas también, tendrá honoríficos triunfos, Yo te lo aseguro.
Pero he vinculado estos triunfos en una sola cosa: en la consumación transformativa en la tierra, de sus sacerdotes en Mí.
Con esto, vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes, porque es mi mismo Espíritu, y en todas las naciones, en las almas después, trayendo la paz, por medio de la unidad en el amor, en la Caridad.Pide, porque esto se apresure para mi mayor gloria; esta santificación de mis sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa en sus almas por el amor; ese ser todos de María, y todos para las almas en Mí y de Mí en ellos, en la tierra, para aliviar, consolar, edificar, perdonar y salvar.  (C.C. 51, 136-138)



                   
UN SOLO JESUS  SABIDURÍA ENCARNADA
UN SOLO JESÚS
La clave el centro y el fin de toda la historia humana
INTRODUCCION 
      Muy bien podía titularse “Solo Jesús”, porque El lo es todo, pero se llama  “Un solo Jesús”  porque pretende mostrar a Cristo completo en su Iglesia, en sus sacerdotes, en los fieles.  Mostrar el rostro verdadero de Cristo Jesús crucificado y resucitado, el hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte. Centro de la CREACIÓN  y de LA IGLESIA. Señor de la historia y único redentor del hombre. Jesús crucificado y resucitado, el hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte, Revelación del Dios en quien existimos, nos movemos y somos; Revelación del hombre mismo, su plenitud y su gozo.
    Con la certeza que tenía Pablo en la presencia de Jesús Resucitado, que permite a los seres humanos entrar en una nueva dimensión de confianza, donde  el amor y la misericordia dan fe de la victoria de la Cruz sobre toda debilidad y miseria humana, e invita a un estilo de vida centrado totalmente en Cristo: Confianza en Dios; fraternidad espiritual con Cristo; confianza en la Providencia y en la Misericordia Divinas; amor y perdón aun para los enemigos; negación de si mismo y acogida al prójimo y una vida de justicia y de paz.
LA SABIDURÍA ENCARNADA
 El 25 de marzo fiesta de La Anunciación, tiene dos grandes significados
-    María, elevada a al dignidad altísima de Madre de Dios: Su consentimiento y  participación voluntaria en la obra de la redención.
-    Jesús, Sabiduría Encarnada, se somete a María para ganar para nosotros nuestra sumisión al Padre.
La Sabiduría tiene por objeto lo mas grande, lo mas noble, abarca el cielo y  la tierra.: Tiene por objeto a Jesús síntesis de todas las perfecciones de Dios ...... y de las criaturas. “Jesucristo, Sabiduría Eterna, es todo cuanto puedes y debes desear. Anhela poseerlo. Corre en busca suya. El es, en efecto, la perla incomparable y preciosa por cuya posesión no debes temer perder todos tus bienes”.
Dichosos quienes la escuchan. Mas dichosos quienes la desean y la buscan. Pero, mucho mas dichosos los que andan por sus caminos y saborean en su corazón esa dulzura infinita que constituye el gozo y la felicidad del Padre y la gloria de los Ángeles
Mas dulce que todas las cosa creadas conocer la belleza de la Sabiduría. Alimentarse a los pechos del Padre.
La Vida eterna consiste en conocer al Padre y al Hijo. Conocerte a Ti es justicia perfecta. Acatar tu poder es raíz de la inmortalidad.
¿Quieres alcanzar la vida eterna, ser santo, alcanzar la inmortalidad. Conocer a Jesús, Sabiduría Encarnada es saber lo suficiente. Saberlo todo y no conocerlo a El, es no saber nada.  Con ustedes, dice San Pablo, decidí ignorarlo todo, excepto a Jesucristo y este crucificado. Toso eso que para mi era grande, lo tengo por perdida comparado con el conocimiento de Cristo. 
¿se puede amar lo que no se conoce?. ¿Se puede amar ardientemente lo que se conoce imperfectamente?.¿porque se conoce tan poco a Jesús?: Porque no se le  estudia bien. El deseo de conocerle es amor. El deseo de la divina Sabiduría conduce al Reino.
Si la mediación de Cristo es indispensable para que nosotros podamos llegar a Dios, la mediación de Maria lo es para que nosotros pecadores merezcamos acercarnos a Cristo. Someterse a María es imitar a Jesús que antes de someterse a los podrecimientos de la Cruz, se sometió voluntariamente 33 años a Maria y, en último termino obedecer a Dios que dispuso darnos a su Hijo por medio de María y recibirnos a nosotros por medio de Ella.
JESÚS MEDIADOR 
“Si soy Redentor, soy también por este mismo hecho, el Mediador supremo entre los hombres y la Trinidad, entre la Trinidad y los hombres".
¡Que dicha para los hombres tener un Dios-Hombre, a un Corazón de Hombre-Dios que lleva sus mismas entrañas de amor! ¿Qué haría la humanidad, si el Verbo no hubiera tomado su carne misma?
Solo por esta unión del Verbo con el hombre tiene los hombres derecho al cielo; solo por el Verbo hecho carne tienen valor sobrenatural sus actos; solo por el Verbo hecho carne tiene vida en abundancia, - la mortal y la eterna- vida verdadera, porque Yo soy la Vida.
En Mi esta la vida verdadera. La Luz indeficiente, la Verdad infalible; en Mi esta todo, porque soy el lazo divino que une el cielo con la tierra.
Yo soy el Dios creador, el Dios redentor, el Dios remunerador, la Bondad misma, la Caridad infinita y me gozo como Dios-hombre en amar, no tan solo como Dios, sino también con las fibras del hombre, con el corazón y el amor del hombre.
Yo estoy en Dios y soy Dios, como segunda Persona de la Trinidad; y hombre unido al Verbo con los lazos indisolubles de la unión Hipostática.
Y el Verbo se hizo carne y se ofreció inmaculado al Padre porque quiso su Caridad expiar los pecados de una carne que quería purificar y salvar, para premiar y remunerar al hombre eternamente.
Al tomar Carne el Verbo santifico la carne, enalteció al hombre y le conquisto la resurrección  de su carne. ¿Cómo abandonarla, si El se había revestido de la naturaleza humana? ¿Cómo dejarla perder, si le había servido de envoltura a la naturaleza divina, a la Persona divina, a su alma creada, nítida y pura, santa y sin mancha?
¿Como no remunerar a esa carne que le dio un Corazón, que el Verbo encarnado toma como centro infinito de su ternura, por su unión con lo divino del amor?
¡Ahí en mi Corazón, cupo el amor divino con el amor humano; el amor de un Dios con todo el purísimo amor del hombre!
¿No vislumbran con esto algo de la grandeza, de la munificencia, de los sentimientos amorosos, divinos y humanos, de un Dios-hombre!
¿No contemplan la elevación del hombre, solo debido al contacto del Verbo de Dios con la carne humana? Abajamiento incomparable e incomprensible, a pesar de la pureza del seno inmaculado de Maria donde se realizo?
Esto asombra al mismo cielo; esto arrebata en éxtasis de admiración y de adoración a todas las jerarquías angélicas.Esto asombra al mismo cielo; esto arrebata en un éxtasis de admiración y de adoración a todas las jerarquías angélicas. ¿Qué importa el pecado, en cierto sentido, si tenia un Redentor que lo borra con su propia vida?. Siempre Dios sobrepuja en Caridad; siempre sale adelante cuando se trata de amor siempre gana; y no con armas y proyectiles, sino con amor, con eterno e infinito amor.
GRATITUD A  JESÚS
Yo me hice hombre para pagar a Dios la deuda del hombre, y para hacer feliz al hombre. Y como el camino que escogió mi Padre  para que Yo pagara a Dios la inmensa deuda del hombre y pudiera hacerlo feliz fue la Cruz, Yo amo el dolor redentor y quiero prolongarlo en los míos. Por eso quiero a mis sacerdotes transformados en Mí.
   Cuanto debemos todos los hombres a Jesús, el cielo, el valor de nuestras obras sobrenaturales, las gracias extraordinarias que arrancan las almas al infierno, los meritos de Jesús que se aplican a las almas del purgatorio, y que diré de los suyos, las gracias insignes, su fecundidad espiritual, el valor de sus obras para bien de todos.
Cada sacerdote, eternamente concebido por el Padre, tiene una especie de generación unida al Verbo. No es cualquier cosa la vida de un sacerdote, tiene un origen espiritual y divino. Tiene un germen del cielo. Tiene concurso de la Trinidad. Tiene algo de infinito procedente del Padre y de su fecundidad que comunica al sacerdote para que le de almas. Por eso es tan sublime, tan santa, tan sobrenatural la vocación de un sacerdote y su misión en la tierra.
No hay idea en el mundo material, ni en el intelectual de la grandeza de un sacerdote. Yo fui y Yo soy el Sacerdote eterno, y como Yo vengo del Padre, los sacerdotes –hermanos míos- vienen también de ese Padre amado, y por el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo), son sublimados.
Toda la Trinidad  concurre en la formación de un sacerdote y no hay altura en el cielo y en la tierra, después de la Trinidad y de María, comparable con la de un sacerdote. Ya se vera si tiene por derecho, por consanguinidad –si cabe decirlo- con la Trinidad por sus inmensas prerrogativas, si tiene que ser santo.
PERTENENCIA AL ESPIRITU SANTO
    Elegidos por EL AMOR, concebidos en el seno del Padre de toda la eternidad, comprados por el dolor de Cristo, principalmente el dolor interno de su Corazón Sacratísimo, los sacerdotes son del Espíritu Santo,  le pertenecen por justicia, el Espíritu de Jesús debe ser siempre su propio Espíritu.  
Pero, a pesar de traer el sello del cielo esta en la tierra y como hombre esta sujeto a las miserias del hombre. La vocación divina, sin embargo lo defiende, lo inclina a lo puro y a lo santo, y si llega a descarriarse y a pisotear su vocación es por su culpa, pues que un sacerdote tiene mas medios, mas gracia, doble poder para vencer las tentaciones de los enemigos del alma. Nació para el Santuario y  el santuario tiene poderoso medios para  librarlo.
La Trinidad tiene con las almas de los sacerdotes relaciones intimas y divinas, repito; y si el sacerdote no las ve, no las conoce, no las siente, es porque cierra los ojos y el entendimiento y el corazón para no sentirlas, pero existen muy hondas y muy profundas.   De manera que si es alma interior y de oración, pura y crucificada, sin duda ninguna que las divinas irradiaciones lo bañaran.
Oh!  si mis sacerdotes reflexionaran en la sublimidad de su ser, en la inconcebible predilección de la Trinidad que, como quien dice, aparto y aparta para su Iglesia amada esas almas selectas, escogidas desde la eternidad para su gloria. Engendradas por el Padre y nacidas por el Espíritu Santo en mi propio Corazón, tengo derecho de quererlas santas, de exigirles la perfección altísima que espera de ellos la Trinidad.
Que aprecien cada vez mas el valor inmenso de su vocación y la honra que tiene de pertenecerme de una manera tan intima, para estremecer sus almas de gratitud e impulsarlos vivamente a ser verdaderos sacerdotes santos.  

EL AMOR

    El amor siempre tiene algo de divino, algo de inmenso, para apreciar su verdad y definir sus grados hay que apreciar lo que hay en el de divino.
Que distintos los afectos humanos, pobres y mezquinos que nunca logran la perfecta unidad, de esos afectos divinizados que son reflejos y prolongación del Amor Único.
Esta es la verdadera unidad de las almas y por consiguiente el perfecto amor. Dos almas que se aman ¿podrán tener mayor unión que la que tienen los bienaventurados en el cielo y las almas santas en la tierra que han simplificado sus pensamientos  y sus afectos en un punto único: el pensamiento y el amor simplísimo de Dios. 
Esta es la verdadera unidad de las almas y por consiguiente el verdadero amor.  Así se ama  en el cielo, la patria del amor. Así se puede amar en la tierra por las almas sumergidas en la luz y el amor de Dios.
La base de estos santos afectos es la fe, y la fe es siempre oscura. A las almas que se aman y se encuentran en DIOS, les falta esa comunicación sensible tan buscada por nuestra miseria, pero en medio de las sombras de la fe, se hallan, se comunican, se unen en Dios. El verdadero y el único amor es el divino; los otros, si son verdaderos, son irradiaciones, reflejos del amor divino en el mundo de las almas.
El amor debe ser eterno por su naturaleza: Amar es reconcentrar todo el ser y toda la vida en una sola donación, que tiene algo de inmensa.
El amor debe ser total, se debe amar con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.
Debe ser único: no se puede amar a Dios y al dinero dijo Jesús, no se puede amar sino una sola cosa, no puede hacerse sino una sola vez. ¿No será este el supremo encanto del amor?.  La donación del amor se hace una sola vez, pero dura para siempre. Debe ser algo definitivo, irrevocable.
Así se ama Dios a si mismo en el misterio de su vida. Así nos ama a cada uno de nosotros en el misterio de su misericordia.
¿Me atreveré a decir que me ama como a su único?. Como sui no tuviera otra cosa a quien amar?. Así debe ser aun que yo no entienda como, pero así es el amor:  Dios me ama con su  ser infinito y con su vida eterna, ni puede amarme de otra manera, porque es simplificación y es el amor.
Dios ama sin duda a todas las criaturas, pero a cada una de ellas la ama, como si no tuviese otra cosa que amar, sobretodo a las almas, porque el  amor que les tiene es de esposo, y este es único. ¡Misterios del Amor!.
Y su amor es eterno: Eternamente me ha amado. Eternamente me amará.
Yo quiero también amarlo así. Quiero concentrar mis ser y mi vida, todo mi ser y toda mi vida en El, que es mi Único, y hacerle la única y eterna donación de mi amor.
Mi mirada tiene algo de infinito porque su objeto es el ser. Mi corazón tiene algo de infinito porque su objeto es el bien. Por la donación de mi amor, pliego las miradas de mi inteligencia, que pueden extenderse a todo, y los afectos de mi corazón que pueden amarlo todo, para concentrar mis miradas en una sola para Él, y simplificar mis afectos en uno solo: su amor.
TRANSFORMACIÓN
Sacerdote significa que ofrece y que se ofrece. De ahí la necesidad de mortificación, de sacrificios voluntarios o recibidos con amor. Un sacerdote transformado, o en vías de transformación, abre cataratas de gracias para las almas, y es el a quien Jesús a entregado muchas almas para su salvación, por tanto, muy culpable será si no quita los obstáculos que impiden su transformación.
Siendo la primera tarea de los sacerdotes transformarse en Cristo, la devoción que mas perfectamente nos una, nos consagre y nos transforme en Jesús, será la que lo ayude mejor a conseguir su fin temporal y eterno, y siendo Maria,  la mas semejante, la mas transformada, la que mas puede transformarnos, la que mejor puede servirnos de modelo, se concluye que de todas las devociones, la que mas consagra y asemeja un alma sacerdotal a Nuestro Señor, es también un autentico amor a su Santísima Madre. A María, que lleva con seguridad a Jesús, pues no podemos decir María,  sin que Ella a su vez diga Dios. Que mejor forma para transformarse que María, que abrirse a la presencia salvifica de María.
 Y mientras mas un alma se consagra a María, más lo será a Jesús. Debe extenderse en el mundo el conocimiento y el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Será resultado del conocimiento y el Reinado de la Santísima Virgen María. Ella lo dió a luz la primera vez y lo hará resplandecer en la segunda. Ella comunica a los sacerdotes lo que Ella es. Transforma en Jesús, transformando en Ella.
SACRIFICIO
El principal sacrificio es la caridad misericordiosa. Todo sufrimiento que se une a los míos alcanza gracias para otros. 
    Mt. 20 18-19.
Ahora subimos a Jerusalén donde el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes, ellos lo condenaran a muerte y lo entregaran a los paganos para que sea maltratado, azotado, crucificado, pero al tercer día resucitará.
Jn. Sermón de la Cena.
Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en El. Si Dios ha sido glorificado en El, Dios mismo lo glorificara en si mismo, y pronto lo glorificara.
Jesús quiso necesitar de mis sacrificios. Hacer siempre la voluntad de Dios y no mis gustos tiene valor salvifico.
El que no hace sacrificios voluntarios no tiene fuerza para hacer los necesarios. Tomar diariamente y cada minuto la cruz de hacer la voluntad de Dios. Y esto por lo general no lo aceptamos si no es por amor a Jesús.
El quiere que hagamos sacrificios. Quiere que ganemos gracias irresistibles para que otros puedan amarlo y seguirlo. Por eso en el unimos nuestros sacrificios cotidianos al sacrificio de Cristo en cada Misa.
Reza para decir si a Dios, no para que Dios haga tus caprichos. Ayuna para decirle no a tu egoísmo, a tu comodidad, a lo fácil, al placer como meta en tu vida. Da limosna como emergencia, mientras no vivamos en la justicia.
El Samaritano no falto a la cita decisiva.  Encontró a Dios en una curva del camino.
Todo el que ama ah nacido de Dios y conoce a Dios.
La praxis concreta de la caridad es la única que nos asegura la plena comprensión de su palabra:  Ve y haz tú lo mismo.
Saberse amado por el Amor, solo puede tener una consecuencia inmediata, la hospitalidad del corazón, hija de la pobreza del alma, la generosidad, el olvido de si mismo. Gratitud traducida en amor practico.
“Veo a Dios en cada ser humano. Cuando lavo las heridas de los leprosos, siento que estoy curando al mismo Señor”. Decía Teresa de Calcuta.
El amor no abandona nunca. Haz de empezar por mirar a los ojos, con una mirada limpia y acogedora que llegue al fondo del corazón. Ver dentro de cada hermano el rostro de Cristo. Considerarlo como un compañero en el camino hacia el Padre.
Jesús nos invita a corresponder con un amor sin medida - como el que tú recibes -  en tus hermanos.
Y cuando sentimos algo contra alguien, corresponder con un amor sin medida a este hermano de Cristo. Lo quiero porque te quiero, mi Jesús. Dame muchas ocasiones de lavar sus pies con atenciones y servicios. (P. Garza).
OTRO JESUS
    Tiene que parecerse a Mi, más aun, ser Yo mismo, con mis tendencias, mis ideales de Cruz,  de dolor de sangre.  Pero también como Yo, vivir en el gozo del Padre en medio de los desamparos y las desolaciones mandadas por Dios y  las tempestades,  traiciones e ingratitudes de parte de los hombres.
    Para mi todo esto seria imposible si no estuvieras Tú.  La sangre que derramaste en el Calvario, la Sangre de tu Corazón, y una vez purificado, el Espíritu Santo.
   Desde que el Verbo se hizo hombre, esta presente en todos los hombres la hermandad de Jesús que ha tomado su propia carne. Pero en los sacerdotes infinitamente más por el reflejo del Hijo de Dios en ellos, que forma con ellos un solo Sumo y Eterno Sacerdote, el Hijo de Dios hecho Hombre, verdadero Dios y verdadero hombre que haciéndolos parte suya les da posesión de su divinidad.  Nunca esta solo el sacerdote, sino que la Trinidad misma lo acompaña a todas partes de una  manera especial (esta en el), lo protege a todas horas y lo ama siempre.  Si fuéramos capaces de comprenderlo, Dios nos ama - entendámoslo bien - a pesar de todo: miseria, deficiencias, ingratitudes, pecados.
  
  Y para alcanzarlo: Primero creer que Dios nos ama mucho, mucho, que nos la ha amado siempre y que se ha manifestado de mil maneras.
Ofrecerlo crucificado al Padre, a favor sobre todo de los sacerdotes. Amor ardiente . Tener una sola voluntad con la de mi Padre por una entrega total y absoluta a todas sus disposiciones.
   
Un  acto de amor da más gloria a Dios que todas las obras exteriores. De ahí puede deducirse que se da más gloria a Dios y se reporta mas provecho a la Iglesia llevando un alma a la sima de la santidad que convirtiendo muchos pecadores. Hay mas alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por 99 justos que no necesitan convertirse, pero, una lama santa da mas gloria a Dios que 99 pecadores que simplemente se convierten.
Que nos baste el ejemplo de María. La santidad y preservación de María a alegrado al cielo mas que la conversión de todos los pecadores. Te elegí porque te amo y no puedes darme otra cosa mayor que tu amor y el de las lamas que he puesto en tus manos.
Y todo esto tiene que ver tanto con Jesús. Por pura, por bella, por amorosa que sea la Virgen María, no la amaríamos tanto como la amamos, no ejercería tal atractivo si no fuera la Madre, la depositaria, la distribuidora de Jesús.
  
PERTENENCIA JESUS
    Ego elegi vos, et posui ut eatis, et fructuma aefratis, et fructm vester maneat. Yo os elegí, y os mande para que vayáis, y deis fruto, y vuestro fruto perrmanesca.
    Al sacerdote se aplica la expresión de San Pablo: “Vivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en mi”. El vive en nosotros siempre que ejercemos cualquier acto ministerial. El debe vivir en nosotros siempre, hasta en nuestros actos ordinarios. A cada momento debemos vivir sacerdotalmente.
    Y si ser sacerdote es ofrecer y ofrecerse, vivir sacerdotalmente es ofrecer a Jesús siempre, y ofrecerse junto con El. No solo ofreciendo nuestros sufrimientos “que ofrecidos junto con los de Jesús, alcanzan siempre gracias para otros”. Sino la vida entera, toda.
    La felicidad en esta vida consiste en sacrificarse por los demás, pero que trabajo nos cuesta llegar a descubrirlo. Primero creemos que la felicidad consiste en el uso discreto y ordenado de los bienes que Dios nos da. Después la felicidad se nos presenta como fundada en el desprendimiento de todo lo creado, que nos da un dichosa libertad, que nos hace fundarnos en el verdadero bien.  Mas tarde se comprende que el amor es la felicidad, pero se concibe el amor mas bien como bien nuestro que como bien del amado. Por fin, se purifica el concepto de amor y se llega a entender que lo mas exquisito de el, en este mundo, es el sacrificio. “Ser feliz es sacrificarse por amor”.
    Pero falta aun un paso mas, y Nuestro Señor se lo hizo conocer al Sr. Martínez valiéndose de unas personas que le ofendieron y Jesús le pidió que con singular cariño y con gran empeño, se dedicara a pedir por aquellas personas y a arrancarles gracias, no simplemente como quien cumple un deber, sino como quien satisface una necesidad del corazón. “Vislumbre entonces algo del Corazón Divino de Jesús. Así ha de sentir El, que su amor se exacerba, por decirlo así, con las ingratitudes y se siente movido a colmar de gracias a quienes lo lastiman”.
    ¿ No es este un amor divino?. ¿No se agiganta como el de una madre cuando ve al hijo ingrato en peligro y siente la imperiosa necesidad de salvarlo?. 
    Vi también otra cosa. El último concepto que me había formado de la felicidad  era este: Sacrificarme amorosamente por los demás. Ahora perfecciono este concepto agregando: “especialmente por los que nos lastiman”. ¿No es este un amor heroico?
    Este amor a Jesús del Sr. Martines, nos deja entrever su propio corazón.
    Fui creado para Jesús,  fui creado para amarlo, eternamente le he pertenecido y espero de su Misericordia pertenecerle siempre. Como el perfume pertenece a la flor, como la espuma al agua, como las estrellas al firmamento, así le pertenezco a Jesús.
    Mi pertenencia es total, todo lo que hay en mi es suyo, mi corazón, mi ser, mi vida, mi eternidad… Los pensamientos de mi espíritu, los latidos de mi corazón, los instantes de mi vida son suyos, suyos de todo derecho, plenamente suyos. Nada de lo mió puede sustraerse a su soberanía sin injusticia, sin ingratitud, sin ofensa al amor.
    Ser totalmente suyo, ser por El poseído plenamente es mi perfección y mi felicidad. Para realizar esta obra dulcísima es necesario que Jesús me arrebate el corazón. No es el amor obra del razonamiento, sino misterio de poderosa atracción, el corazón no se rinde por el número y la fuerza de las razones, sino por la vista radiosa e irresistible del amado. 
    Toda mi vida espiritual debe tender a ser totalmente de Jesús. Jesús debe ser el soberano de mi corazón, que su amor victorioso lo llene, lo penetre, lo absorba sin dejar intacta una fibra. El debe ser el soberano de mi actividad y de mi vida.
    ¡Oh Jesús!, revélate a mi alma, manifiéstame tu rostro y suene tu voz a mis oídos. Cuantos velos te cubren a mis ojos: El Conopeo, el Sagrario, el Copón, las especies  Eucarísticas. A través de todos esos velos vislumbro su humanidad sacratísima llena de encanto, de majestad, de belleza, de armonía. Y siento que esa mirada es apenas el joyel precioso que encierra el inenarrable tesoro, la Divinidad que la penetra y la llena con su plenitud divina.
    Y este divino tesoro nadie nos lo da como la humanidad de Jesús. Nos lo da con maravillosa abundancia, porque en El “habita la plenitud de la Divinidad”. Nos la da adaptada de manera inefable a nuestra pequeñez, para que pueda bañar nuestra alma sin deslumbrarla, sin oprimirla con el peso de la majestad. Nos da el tesoro divino como algo nuestro, con un tinte inexplicable de intimidadHermano nuestro según la carne, nos hace Jesús hermanos en lo divino y nos introduce en el seno de Dios, con los derechos del Verbo, participándonos la intimidad del Hijo amadísimo en el que el Padre tiene sus complacencias.  
  ¿Qué has hecho conmigo, oh Jesús, que me siento enamorado de Ti, con el corazón dilatado en plena luz y como si todos los obstáculos hubieran desaparecido?. Con razón me dijo que no me fijara en los obstáculos, si han desaparecido. Con razón me inspiro a que lo comprometiera a cumplir El mis propósitos si El se encarga de ellos.
    Cuando Dios ilumina lo que ya sabemos y nos es familiar, le comunica una novedad inefable. Varias veces que he hablado en publico, me han descubierto el amor que le tengo a Jesús. Me ha dado Dios en estos días como el sentido profundo de la fe, obra del Don de Entendimiento, sin duda. Con gusto especial he predicado las virtudes Teologales.
    Hace tiempo, cundo voy a predicar, escribir o tratar algún negocio, me dirijo al Espíritu Santo entregándome a su amor y a su acción. Pido al Verbo que se una a mí y hable por mi boca. Acudo al Padre acreciéndole a Jesús por las almas a quienes me dirijo.
    Ahora, pido un ósculo de luz, de pureza y de amor para las almas. El Amor va dominando en mi vida. Digo al Señor que no quiero otra cosa que amarle y deseo que el amor tome en mi tres formas, conforme a su beneplácito: Que me una a El, que me utilice para bien de las almas y que me inmole según su Voluntad.
    Yo necesitaba un Jesús, solo El me ha podido amar y soportar, para mis miserias necesitaba su misericordia, Su belleza, su bondad y su amor para las aspiraciones de mi corazón
  
MISERIA.
    Cuando siento toda mi miseria, entonces soy poderoso. No puedo nada por mi mismo, luego todo lo puedo en Dios, esta es la conclusión lógica divina. El Amor Misericordioso PUEDE Y QUIERE HACER UN SANTO  de un alma que nos sirve para nada y precisamente porque esa alma no sirve para nada, la ama especialmente Jesús y tiene sobre ella especiales designios.
Jesús la ama mucho y quiere hacer sobre ella prodigios de misericordia. Le ha de parecer ridículo,  temerario, ilusorio pensar y sentir que Jesús le ama, dijo el Sr. Martínez a su dirigida Ma. De la Concepción Cabrera de Armida, pero abrácese de lo ridículo, de lo temerario, de lo ilusorio. ¿Sabe porque?
Para abrazarse de la verdad. No le parece una ingratitud haber pasado tantos años in comprender a Jesús, desconociendo sus íntimos afectos, sin darse cuenta de la predilección que le ha tenido y sin agradecérselo. Cuanto ha tenido que hacer,  pero como resalta así su amor y su predilección.Para convertir la desilusión de si, no hay mejor remedio que creer en el amor de Jesús penetrándose cada instante de su amor.
La clave de mi vida y mi destino tiene una profunda relación con el singular amor de predilección de mi Madre María y con el enlace de mi vida con las obras de la Cruz que Jesús a puesto en mi camino para volverme a sus brazos.
Fui creado para Jesús, por una predilección eterna le pertenezco, no solo en mi carácter de sacerdote, sino por su amor de especial predilección con que me ha llamado a ser Victima con El a favor de mis hermanos sacerdotes caídos.
Mi pertenencia a Jesús tiene una raíz profunda, el arcano de la predestinación y  el abismo de la divinidad.
Para ser Jesús y manifestar las maravillas de su amor, es preciso que Jesús me arrebate el corazón. Amarlo con ese matiz maternal que no me atrevo a decir. Una adhesión viva a su divina voluntad para lo que quiera mandarme.
Tratarlo con toda intimidad y unirme a El con una confianza grande en que el me llevara hasta la consumada transformación que tanto me ha pedido. Que El lo arreglara todo. Y que hará de mi un apóstol de su Amor.  
MI DESTINO
    Teniendo en cuenta nuestra flaqueza y fragilidad, nuestra herencia original, nuestros pecados actuales, nuestra vanidad y apego a nuestra propia voluntad, la astucia de los demonios, el ambiente corrompido que arrastra todo, es muy difícil conservar nuestro tesoro.
    Pero sobretodo por falta de humildad. Nos sentimos capaces de guardar nuestro tesoro, nos creemos dignos de acercarnos a Dios sin necesidad de intercesores. Con razón Dios ha tenido que humillar nuestra soberbia, aun cunado su amor nos haya levantado otra vez.
    Por algo nos a concedido Dios mediadores para con su Divina Majestad. Sabe lo indignos que somos, lo impotentes que somos y por eso puso a nuestra disposición poderosos intercesores ante El.
    Si en lugar de confiarnos en nosotros mismos, le hubiéramos confiado a Maria, no solo de palabra, sino con verdad y con la fidelidad de nuestros hechos el tesoro de las gracias que Dios derramo abundantemente en nuestras vidas, nunca le hubiéramos traicionado.
    Ante la abrumadora grandeza de las confidencias de la Cruz, era urgente para mi regresarme a las bases de la humildad: El conocimiento propio y de los demás, la Majestad de Dios, la necesidad de depender de María.
    “Reflejar en si mismos la encarnación mística del Verbo en el alma de María”. Llevar en si el germen comunicado del cielo para reproducirme a Mi en las almas. “Llevar en si un reflejo de la fecundidad del Padre”.
    Sustituirme con Ella, ser suyos, ser su Hijo. “A las almas sacerdotales son a las que mas amo en la tierra por el reflejo que en si llevan de la fecundidad del Padre”.
    “En el las amo y por El las salvo”. Ellas llevan en si el germen comunicado del cielo para reproducirme a Mi en las almas y por Mi las virtudes que deben santificarlos y salvarlos de mil peligros que Yo se”.
     
AMOR DE PATERNIDAD
    “Voy a hablar ahora de ese amor divino de paternidad que me enajena”. Que hace la eterna felicidad del Verbo, ¡El Amor de mi Padre!. Esa fibra de ese Amor, ese reflejo del Amor del Padre al Verbo, que he puesto en el alma de las encarnaciones místicas, del amor que se deriva de ellas, que mis Obispos y Sacerdotes deben tener en más o menos grados.
    En razón del sacerdocio conferido y afirmado por el Espíritu Santo, reciben el poder como de concebir, en cierto sentido, al Verbo hecho carne, en la Misa, en donde se renueva Mi Encarnación, mi pasión y mi muerte.  Por eso mismo, por la gracia insigne que reciben (en este mismo misterio del altar) de la fecundación del Padre, tienen – en cierto sentido – el derecho como de maternidad con Jesús, porque lo hacen presente en el altar.
    Cada Obispo y cada sacerdote participa, en cierto grado y sentido, de la maternidad de María, de la paternidad del Padre, del asombroso prodigio obrado por el amor, solo por el amor, del Espíritu Santo, concurso indispensable para este fin.
    Toda nuestra perfección esta en identificarnos, unirnos y consagrarnos a Jesucristo, y por tanto la devoción mas perfecta a su Santísima Madre será la que mas nos identifique, una y consagre a Jesucristo Nuestro Señor.
    Siendo María la criatura d la tierra mas transformada en Mi, todo sacerdote que reproduce a Cristo, lleva el reflejo de Maria mas marcado que nadie y por tanto debe ser como un trasunto de María.
 POR MARÍA
    Siendo María la criatura mas perfectamente identificada con Jesucristo. Transformada en Cristo que vive en Ella  y le comunica todas sus virtudes, sus carismas, todos sus dones y el esplendor mismo de su divinidad para que Ella lo posea, lo distribuya, lo haga llegar a todos sus hijos.
    Dios, dice San Bernardo, al vernos indignos de recibir directamente de sus manos las gracias, se las da a María para que tengamos mediante su mediación cuanto quiere transferirnos, por otra parte, se complace en recibir por manos de María el homenaje de agradecimiento, respeto y amor que le debemos por ser El quien es y por los beneficios que de El recibimos.
    Cuando un alma se ensalza rebaja a Dios, y un alma que se humilla glorifica a Dios. Ir siempre a Dios por medio de la Santísima Virgen María para comparecer en su presencia, para hablarle, para acercarnos a El, ofrecerle cualquier cosa, unirnos a El y consagrarnos a su servicio, es obrar con humildad y por tanto la consagración mas perfecta a Cristo Nuestro Señor, no es otra que la consagración perfecta y completa a su Santísima Madre. Tuyo soy madre querida para ser por tu mediación totalmente suyo. Para glorificar a Dios por las maravillas que ha hecho en Ti y para imitar a tu divino Hijo en sumisión completa que quiso tener de Ti, primero haciéndose niño en tu seno purísimo, dependiendo de tus cuidados y tus caricias, dejándose llevar de tu mano cuando fue joven y voluntariamente toda su vida, dando así mas gloria a Dios que la que pudiera haberle procurado ocupando sus 33 años en cualquiera otra cosa, pues si así fuera eso hubiera hecho.
    Al consagrarnos a la Santísima Virgen. Le damos a Ella todo el valor satisfactorio, impetratorio y meritorio de todas nuestras obras para que nos las guarde, aumente, embellezca y disponga de ellas totalmente como cosa suya y las aplique a quien mejor le parezca para la mayor gloria de Dios.
    Hay pues que entregarle nuestro cuerpo con todos sus sentidos, nuestra alma con todas sus potencias, nuestros bienes externos presentes y futuros, nuestros bienes interiores y espirituales, es decir, nuestras buenas obras presentes, pasadas y futuras, todo cuento somos y tenemos en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria y todo ello sin reserva alguna, todo, sin excluir siquiera la menor acción, y eso por toda la eternidad y sin buscar ni esperar otra cosa que la dicha de pertenecer a Nuestro Seño Jesucristo por su medio.
    Con esta devoción,  la persona se consagra al mismo tiempo a la Santísima Virgen y a Jesucristo. Le entregamos a María de la forma mas perfecta cuanto le podemos entregar, todo cuento sufre, piensa, hace de bueno pertenece a María que es quien puede disponer lo que le plazca con todo lo nuestro conforme al querer de su divino Hijo para gloria del Padre. A la santísima Virgen como el medio perfecto escogido por el mismo Jesucristo para unirse a nosotros y para unirnos a El. A Nuestro Señor como fin ultimo a quien debemos todo cuanto tenemos por ser nuestro Creador y nuestro Redentor.
    Esta es la voluntad de Dios, que quiso que todo lo tuviéramos por María. Toda esperanza de salvación, a su mismo Hijo Jesús y todos los Dones del Espíritu  Santo. 
    Practicas Interiores de la Verdadera Devoción a María.
-   Venerarla como digna Madre de Dios  -   Meditar sobre sus virtudes, privilegios y acciones.
-   Contemplar sus grandezas. -   Dirigirle palabras de amor y de agradecimiento.
-   Invocarla de corazón. -   Ofrecérsele y mirar a Ella en espíritu. -   Ejecutar las propias acciones pensando en agradarle.
-   Empezar y continuar y terminar todo cuanto hagamos por Ella, en Ella, con Ella y para Ella, a fin de hacerlo también por 
    Jesucristo, con Jesucristo y para Jesucristo nuestro fin último. 
-   La perfecta y total consagración de si mismo a Jesucristo por medio de Maria.
    ¿Quién llegara a este ultimo grado y permanecerá habitualmente en el?. Solo quien tenga la dicha de que el Espíritu de Jesucristo le revele su secreto, el alma enteramente fiel a quien lleve de la mano el Señor, le entregué totalmente su voluntad para que el Espíritu Santo realice en ella su obra, para que avance de virtud en virtud, vaya de gracia en gracia, reciba una luz tras otra y llegue a la transformación de si mismo en Jesús y alcance su mayor edad en la tierra y la plenitud de su gloria en el cielo?.
    Realizar todos los actos por medio de María, con María y para María, a fin de llevarlos a cabo con perfección por medio de Jesús, con Jesús y para Jesús, con Jesús y para Jesús.
    Obedecer en todo a Nuestra Señora y tener en lo que hagamos el espíritu de María, que es el Espíritu Santo, que es un espíritu suave y fuerte, celoso y prudente, humilde y animoso, puro y fecundo.
    Para que el alma se guiara por el Espíritu de María, es necesario renunciar primero al espíritu propio y a los deseos y a los pensamientos propios              . Luego abandonarse a Ella, como una piedra que se arroja en el mar. Esto se consigue con una mirada del espíritu, con un solo movimiento de la voluntad o bien verbalmente, diciendo por ejemplo: Me renuncio a mí y me consagro a Ti, Madre querida.
    Debemos fijarnos en Ella como el modelo perfecto de toda virtud formado por el Espíritu santo, procurando imitar dicho modelo según nuestras posibilidades. Su fe viva, su profunda humildad, su pureza divina. Y no desear ni pedir otra cosa en recompensa,  que pertenecerle para pertenecer a Nuestro Señor Jesucristo por su medio.
    Durante las acciones y después de ellas conviene que renovemos nuestro ofrecimiento inicial, porque cuanto mas lo renovemos mas nos santificaremos y llegaremos a la unión con María y con su Espíritu que el mismo Espíritu de Jesús.
TODO TUYO
    Como la gracia perfecciona a la naturaleza, la gloria perfecciona a la gracia, por eso Jesús  sigue siendo en el cielo el Hijo amado de María y creo que en ello encuentra su mayor dicha, como la encuentra en se el Hijo amado del Padre.
    Al estar Ella toda transformada en Dios por la gracia y por la gloria que transforma las almas en El, la mejor de las madres sigue siendo en el cielo la madre que le dio el ser y  Jesús sigue siendo en el cielo el mas perfecto de todos los hijos, el mas amante, obediente y sumiso a su     Santísima Madre, sin que nosotros lo podamos comprender, sino quizás vislumbrar a la luz de su obediencia al Padre en Ella. Ella representa al Padre ante su Hijo, pero no quiere, no pide, no hace ni ordena sino lo que es conforme a la eterna e inmutable voluntad de Dios.
    Tanta es la voluntad del Altísimo de exaltar a esta singular Señora, que el cielo, la tierra y los abismos doblan su cerviz, por las buenas o por las malas ante las órdenes de la humilde María constituida soberana del cielo y de la tierra.
    Dios le otorgo el encargo de llenar de santos los tronos que quedaron vacíos por la soberbia prevaricación de los Ángeles apostatas.
    Junto con su Hijo Jesús, el Padre la hizo corredentora, y por eso mismo medianera universal de la gracia, reparadora del genero humano, madre del siglo futuro. Administradora de sus gracias, exterminadora de los enemigos de Dios y compañera de sus grandezas y triunfos.
    El Espíritu Santo se recreo tanto viéndola practicar en la tierra sus sublimes virtudes, que desea verla reproducida en sus elegidos viendo en ellos las raíces de su invencible fe, de su profunda humildad, de su total mortificación, de su encantadora oración, de su ardiente caridad, de su firmísima esperanza y en fin de todas sus excelsas virtudes.
    Dios Hijo quiso formarse, y por decirlo así, encarnar de nuevo todos los días en sus miembros gracias a su Amada Madre. Ella los engendra como miembros del Cuerpo Místico cuya cabeza es Jesucristo. Los nutre como verdadera madre, los guía, protege y gobierna como a verdaderos hijos y si alguien tiene a Jesús formado en su corazón, sin Ella y el Espíritu Santo no lo tendría.
Siendo Jesús el fruto bendito de su vientre, Ella es la criatura mas transformada y unida a Jesús, por eso Ella es la que mas puede ayudarnos a transformarnos en Jesús.
Maria es la dispensadora de las gracias, acudan a Ella con amor, humildad y constancia y alcanzaran llegar que pide mi Padre a sus sacerdotes, su transformación en Mi.
      Quiero y anhelo y ansió y pido en estas confidencias sacerdotes perfectos, transformados en Mi, para gloria de la Trinidad, para brillo de mi Iglesia y para salvación del mundo. María unida a Mi pide lo mismo a mis sacerdotes y se ofrece a ayudarles en su transformación en Mi.
              Este es el camino mas corto, ¡María!  para alcanzar el amor, humildad y constancia que pide mi Padre para su transformación en Mí. Este es el medio más dulce, tierno, delicado y puro, ¡María! Para ir al Espíritu Santo, para alcanzar el Amor, que es el que transforma, asimila, une y santifica.
              Ella es el ejemplo vivo que el sacerdote debe imitar para acelerar su parecido conmigo, para tomar la fisonomía más perfecta y los rasgos más característicos de su parecido y transformación en Mi.
              Cuando el Espíritu Santo encuentra a María en un alma, la llena en proporción al sitio  que el alma le ha reservado a su fecunda y fidelísima esposa. Ella produjo lo mas grande que hay en la tierra, Jesús, el Verbo Encarnado, Ella producirá en todos los tiempos los miembros vivos de Jesús que continuaran su obra.
              Gracias mil veces María, lo que poseo es fruto y efecto tuyo, llévalo a su plenitud en mi. Tuyo soy Madre Amada y todo lo mió es tuyo.
SACERDOCIO MISTICO
Todo cristiano que esta en gracia, esta unido a Dios y puede completar en su cuerpo lo que le falta a la pasión de Cristo, como dice San Pablo, pero el Sacerdocio Místico lleva consigo algo mas, no basta llevar en el alma la unión con Dios que se nos dio en el Bautismo, ni ofrecer en alguna forma somera e intermitente algún sufrimiento
     No basta cualquier unión. Para que el cristiano pueda ofrecer el sacrificio de Jesús, es necesario que se una a El hasta transformarse en El. Es necesario que Jesús sufra en nosotros, se necesita la transformación en Jesús. Se requiere la Unión Transformante. Es necesario que se transforme en El, para que El de valor fecundo a nuestros propios sufrimientos. Significa además una consagración, una dedicación constante a ese ministerio.
    Si los sacerdotes podemos ofrecer el Sacrificio Eucarístico es porque en el momento de la consagración somos El. Los sacerdotes estamos unidos a Jesús, queramos o no queramos. Por medio del sacramento del orden se realiza la unión de una manera eficacísima. Llevamos aquí dentro el carácter sacerdotal, que es algo físico, algo que el Señor imprime en nosotros y esa unión da eficacia a nuestros actos y a nuestro apostolado. La Misa, el acto mas solemne de la tierra lo celebra siempre Jesús, por eso se dice que el sacerdote se transforma en Jesé en esos solemnes momentos.
    En el Sacerdocio místico el alma sacerdotal que se ofrece a si misma, ella es la victima, pero para que sea victima aceptable es necesario que sea Jesús, porque no otra victima, solo Jesús es la que el Padre acepta.
  En el Sacrificio Eucarístico, siempre es Jesús el que se inmola, pero en el sacrificio místico, el alma sacerdotal es la victima, pero para que la victima sea agradable es necesario que sea Jesús. Es el Jesús que vive místicamente en nosotros el que se sacrifica en nuestros sufrimientos y si no somos Jesús no hay victima.
    Para que se realice el sacrificio Eucarístico se necesitan dos transformaciones, primero que el sacerdote se transforme en Jesús y luego que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesús.
    Para que haya sacrificio místico se necesita que el sacerdote y la victima estén transformados en Jesús.
    Otra condición para que nuestro dolor sea sacerdotal es que sea a favor de los otros. El sacerdote no lo es para si mismo, sino para los demás. De forma semejante en el sacerdocio místico, se necesita además de la unión, la  transformación en Jesús y que la victima sea ofrecida en honor de Dios y salvación de las almas.   
    Jesús no esta pidiendo a todos sus sacerdotes que amenos el dolor, que vivamos crucificados al mundo y sus concupiscencias. Que siendo sacerdotes en el orden ministerial, seamos victimas para que seamos también sacerdotes en el orden místico.
    Somos los continuadores de la vida interior de Jesús, para eso nos formo, para que reproduzcamos el interior de su Corazón. Quiere que continuemos en nosotros la vida que El llevo en lo intimo de su alma. Si no lo hacemos, Nuestro Señor no estará satisfecho, no le daremos el consuelo que El nos pide.
    Durante 33 años llevo en su Corazón la inmolación amorosa de que hemos hablado. Esta inmolación de tal manera satisfacía sus anhelos, complacía al Padre y salvaba a las almas, que nunca quiso que terminara y busco almas que lo continuaran y los primeros fueron sus sacerdotes.
    Ansia glorificar a Dios y salvar a las almas y durante los 33 años de su vida lo logro sometiéndose a la Voluntad de Dios, adorándola, reconociendo que es mas sabia, prudente, mejor. Nos compro con el oro del amor, el incienso de la adoración y la mirra de sus dolores, principalmente los del corazón.
    Lo que Jesús quiere reproducir en nosotros es la inmolación que llevo en su Corazón los 33 años de su vida mortal. El perfume que Jesús quiere encontrar en lo íntimo de nuestro corazón es amor y dolor, incienso y mirra. Continuar la cadena de oro que forjo en los 33 años de su vida y continuarla, reproducirla en otros corazones.    
       Lo propio del sacerdote es ofrecer sacrificios. El acto sacerdotal por excelencia es ofrecer el sacrificio. Y el fin propio de la victima es ser inmolada.
¿Cómo y cuando se hace esta inmolación e las almas que se han ofrecido como victimas a Dios Nuestro Señor?. Más que sufrir constantemente, la victima debe estar constantemente dispuesta para ser inmolada como y cuando le plazca a Dios. La disposición habitual generosísima y amorosísima de ser sacrificada como cuando y donde Dios lo quiera es lo que constituye el estado de victima.
Si nosotros le ofreciéramos a Nuestro Señor sufrir tal o cual cosa, nuestra oblación valdría tanto como la cosa ofrecida, pero cuando le digo: me ofrezco para lo que Tu quieras, se pone enteramente a la disposición de Dios para que El haga lo que El quiera.
Dios lo toma realmente en cuenta y Jesús suele tomar muy en serio este ofrecimiento que le hacemos. Dios es muy dueño de hacer lo que le plazca y en efecto lo hace, El es el Señor, pero hay ciertas cosas que El no hace si nosotros no le prestamos nuestro consentimiento. Es una delicadeza de su amor, ero es una regla sin excepción. Casi no hace Jesús ninguna grande gracia, ni manda una gran prueba sin que en alguna forma nos pida nuestro consentimiento.
De maneara que ese ofrecimiento es algo que da resultados prácticos, porque le da a Nuestro Señor como la libertad para que haga en aquella alma lo que El quiere.
He aquí la manera general de inmolarse de una victima: La disposición, la actitud generosa de abarcar todo lo que Nuestro Señor le envíe, seguida de la practica constante de mortificaciones pequeñas, o mas bien, el secreto de elevar a la categoría de dolor sacerdotal todas las penas pequeñas o grandes que hay en nuestra vida.
Si Nuestro Señor acepta el ofrecimiento que un alma le hace al ofrecerse como victima, es natural que El en su misericordia y en su amor le envié algunas cruces especiales, alguna pena fuera de las ordinarias y comunes de la vida.
El alma victima debe recibir entonces estas cruces no solo con resignación, sino con amor y gratitud y con entusiasmo. Si es un premio y una recompensa que el Señor hace a nuestros deseos.
El Señor ha oído nuestras plegarias, porque el ofrecimiento como victima, ¿no es una plegaria muda pero elocuentísima pidiendo la cruz y pidiendo el dolor?.
Su oblación ha sido aceptada, lo que Dios manifiesta mandándole una cruz. Por desgracia, ordinariamente ponemos algún obstáculo para aceptar la cruz que Dios nos envía.
De todas las cruces, la más delicada, la más fina, la más celestial es la cruz interna del Corazón de Jesús. Pues bien, si supiéramos lo que es la participación de la Cruz Interna. Es lo mas terrible y doloroso que puede sufrir un ser humano.
El alma victima no tiene que andar escogiendo cruces, ni poniendo objeciones, tiene que recibir la que Dios le mande. Hay que recibir las cruces mirándolas con los ojos de la fe. Solo Dios es muy ingenioso para hacernos cruces a nuestra medida, porque solo El conoce nuestras fuerzas y nuestras necesidades. Ya El se encargara de encontrarme la que necesite.
Así como las gracias, en los designios de Dios las cruces están enlazadas. Si recibimos una cruz y la aprovechamos Dios la ira cambiando por otra mayor hasta que llegue a la cruz interna que es la suprema de todas. Para prepararnos a esta, hay que aprovechar todas las que Nuestro Señor nos envié.
El apóstol Pablo y sin duda Nuestro Señor nos pide que seamos hostias vivientes. Que ofrezcamos nuestros cuerpos vivos, compuestos de alma y cuerpo como hostias santas y agradables a su Majestad Divina.
La vida cristiana tiene que ser un ofrecimiento, una oblación, una consagración, una entrega que hace el alma de todo su ser a Nuestro Señor. Esta consagración es ya una forma de santidad. Es santo todo cuanto esta dedicado a Nuestro Señor, un templo, un cáliz, pero sobretodo nuestras almas, nosotros en cuanto estamos consagrados a Dios.
En al vida de la Iglesia hay almas consagradas a la caridad en todas sus formas. Al trabajo, a las misiones, a la contemplación, al sacrificio. En un alma victima este es el matiz principal de su consagración a Dios. El celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas mediante el sacrificio.
"Padre Celestial, por las manos de María Inmaculada te ofrecemos como victima a tu Verbo hecho carne, en quien tienes todas tus complacencias para alcanzar el perdón de nuestros pecados, la santificación de los sacerdotes y de todas las almas. Acéptanos como victimas en unión de tu Hijo Jesús, para que  con la intercesión de Maria y el auxilio del Espíritu Santo nos santifiquemos haciendo la Voluntad de Dios en cada una de nuestras acciones".
Si fuéramos Ángeles no necesitaríamos formulas para hacer nuestro ofrecimiento, pero como somos hombres, necesitamos formular nuestros pensamientos y nuestros  afectos.
La oblación de Jesús al Padre Celestial constituye la substancia de nuestra vida espiritual, el ejercicio del sacerdocio místico, como el fondo de la cadena de amor sacerdotal que debe ser toda nuestra vida. Este ofrecimiento entraña nuestro propio ofrecimiento porque no se trata de ofrecer a Jesús y quedarnos tranquilos, sino de inmolarnos con El porque hemos llegado a formar con El una sola cosa unidos estrechísimamente a Jesús y  participando íntimamente de su amor sacerdotal.
Así como  en el sacrificio Eucarístico, primero se ofrece el pan y el vino que luego se transforma en el cuerpo y la sangre de Jesús por las palabras de la consagración y después se ofrece a Jesús como victima inmolada para gloria de Dios y bien de las almas, el ejercicio del sacerdocio místico tiene también tres momentos. Primero el ofrecimiento del alma par que Dios la inmole como El quiera. Para que haya una victima. Luego la transformación de esa victima en Jesús en virtud de las palabras soberanas que Jesús habla en lo intimo de nuestro Corazón. Finalmente el ofrecimiento del Jesús que vive en nosotros y a nosotros en El.
La cadena de amor sacerdotal son todos los instantes de nuestra vida. Cada acto de la cadena tiene que ser un acto de amor sacerdotal, debemos llenarlos de amor ofreciendo al Verbo y ofreciéndonos con El  cumpliendo cada momento su voluntad.
Formulado o no formulado, ofrecido explicita o implícitamente cada instante de nuestra vida debe tener carácter sacerdotal. Tiene que ser el ofrecimiento amoroso al Padre Celestial de su Jesús y con El de nosotros. Cada instante de nuestra vida será una inmolación sacerdotal. Un acto de amor que lleva al sacrificio para gloria de Dios y por el bien de las almas.
Este ofrecimiento único de Jesús y de nosotros constituye el ejercicio del sacerdocio místico. El Jesús que vive en nosotros se inmola. Cada vez que ofrecemos al Verbo nos ofrecemos junto con El porque ahora estamos en El, somos con El una sola cosa.
Primero tenemos que transformarnos en Jesús y así ofrecernos al Padre.  Llenar todos los instantes de nuestra vida del oro purísimo del amor sacerdotal, estar muy unido con El, tener unos mismos sentimientos y sobretodo su actitud sacerdotal dispuesta a todas las inmolaciones. Cada uno de nuestros actos, cada uno de nuestros instantes, cada una de nuestras penas deben tener carácter sacerdotal, ser un ofrecimiento al Padre.
El sacerdote ministerial por ser sacerdote debe ser también victima, pero en la realidad puede  no serlo. El sacerdote místico por ser victima lo es siempre. Transformado en Cristo victima ofrece sus propios sufrimientos que sonde Cristo.
   El fondo de las Obras de la Cruz es el sacerdocio místico.  El fin de estas obras es estudiar, amar, venerar, participar de ese interior del Sagrado Corazón de Jesús, de la Cruz Interna del Corazón de Cristo.
El origen de esta cruz es el amor sacerdotal. Si el Corazón de Jesús sufre es porque ama con un amor sacerdotal al Padre y a las almas. De estos dolores los más terribles son producidos por los pecados de las almas consagradas y sacerdotales.
Todos sus dolores los ofreció Jesús por la gloria de Dios y por las almas,  pero los dolores más acerbos de su Corazón los destino a las almas más amadas y necesitadas de sus gracias que son sus sacerdotes.
La Cruz Interior es por consiguiente sacerdotal por su principio, por su esencia, por su fin. Nuestro Señor quiso que en las Obras de la Cruz se participara de su sacerdocio en el pleno conocimiento de lo que esto entraña. Por eso decía que el fin de las obras es estudiar, venerar, amar y participar de la Cruz Interna del Corazón de Jesús.
Dos maneras hay de participar de su Cruz Interna, una estudiándola, amándola con nuestras fuerzas humanas ayudadas por la gracia, otra por la contemplación propiamente dicha: conociéndola, amándola  y  sufriéndola con la luz del Espíritu Santo, a la manera de Jesús, por una participación que El hace directamente al alma de su propia Luz y de la propia amargura de su Corazón al ver a Dios ofendido y a las almas en peligro. .
Para glorificar como Jesús al Padre hay que Amar y cumplir su voluntad hasta el sacrificio, hasta la cruz. Para salvar a las almas hay que hacer exactamente lo mismo. Jesús te amo Padre Santo por todos nosotros. Nuestro pobre amor viene del suyo.
     Para realizar su voluntad: Consumar en la unidad a todas las almas transformándolas en Jesús, el Padre escogió para Jesús la Cruz como medio para realizar su voluntad. Y claro los primeros que se habían de consumar en la unidad transformándose en Jesús tenían que ser los sacerdotes para que ellos con sus ejemplos arrastraran a las almas a Dios.
     La ilusión del Padre, la ardiente plegaria de Jesús inspirada por el Espíritu Santo: Que sean uno como Tu y Yo Padre somos uno. Que sean consumados en la Unidad.
     La cruz de Cristo es la suprema realización de la voluntad del Padre y por tanto el supremo martirio y el gozo supremo. Y por ella toda inmolación, todo sacrificio, toda cruz es el cumplimiento perfecto de la voluntad del Padre. 
 Dichosa el alma cuyo ofrecimiento del Verbo y de si misma no cesa nunca: El sacrificio de Cristo ofrecido místicamente todos los instantes y el sacrificio de si mismo ofrecido sin cesar en unión con el de Jesús.
 Debe ofrecer a Jesús que vive en su alma, a si misma y a todos sus seres queridos. Debe sufrir siempre porque debe amar siempre. Debe sufrir por todos porque debe amar por todos. Amarlo por los que no lo aman. Amar y cumplir su voluntad hasta el sacrificio hasta la cruz. Amar con un amor sacerdotal que glorifique, que se inmole que redima y que salve.
Sin Ti, mi Jesús, sin Ti mi destino final ya estaría firmado y apenas puedo imaginar lo que seria el infierno eterno de un sacerdote, pero Tu fuiste el que lo cambio radicalmente. Tus dolores, sobretodo los dolores de tu Corazón me alcanzaron el perdón, la gracia del arrepentimiento, de volver a Ti y hasta de santificarme y salvarme.
Eso mismo quiero y pido y estoy dispuesto a dar mi vida por ello para todos mis hermanos caídos, disipados y mundanos. Eres Tu, Jesús mío quien sufrió por ellos, quien va a salvarlos, pero quieres darme una participación y no me niego. Lo quiero como Tu lo quieras, a costa de lo que TU QUIERAS.
Dios ha querido poner en el mundo las Obras de la Cruz para que sean reproductoras y difusoras de aquella lección muda, viviente, elocuentísima, eficacísima que Jesús dio al mundo hace 20 siglos sobre la cátedra sublime de la Cruz.
De sus llagas abiertas, de su pecho desgarrado, del inmenso dolor de su alma, de la santa eficacia de su sangre derramada broto la vida, la verdadera, la eterna. Y fueron sus penas las que alcanzaron para mi el arrepentimiento y la conversión y por tanto las que me libraron del infierno y me abrieron el cielo.
Esta lección no se reproduce, ni se comenta, ni se difunde sino como Jesús la dio, esto es, con el cuerpo ensangrentado, con el alma hundida en un abismo de amargura, con el corazón ardiendo de amor y punzado por las espinas y abierto por la lanza y coronado por la cruz misteriosa.
La lección de la Cruz solamente es luminosa, interesante y eficaz cuando es viviente, lo mismo para darla que para comentarla y difundirla es necesario ser en verdad Jesús crucificado. Si esta contenta es porque esta cumpliendo la voluntad del Padre. Esta alegría de cumplir la voluntad del Padre es la santa, la divina, inefable alegría de la Cruz.
Todos los actos de Jesús tienen un carácter sacerdotal, pero el acto esencial de su sacerdocio es su sacrificio. El quiso perpetuarlo de dos maneras: Por la inmolación mística del cuerpo real de Jesús en las Misas y la inmolación real del Cuerpo Místico en las almas. A estos dos sacrificios corresponden dos sacerdocios ambos participación del sacerdocio de Jesús.
  Todo sacrificio sacerdotal requiere un sacerdote, una víctima y un altar, y Jesús fue las tres cosas en el sacrificio de la Cruz, así como en el sacrificio místico de la Misa y en el sacrificio intimo de las almas.
En el sacerdocio propiamente dicho, los sacerdotes recibimos por la ordenación esa unión fundamental con Jesús, esa transformación en El. El Espíritu santo nos hace sacerdotes imprimiendo en nuestras almas el carácter sacerdotal que es una participación del sacerdocio de Jesús.
 Al darse a si mismas dan a Jesús. Transformados en Jesús con Jesús se inmolan. Dándose dan a Jesús, inmolándose inmolan a Jesús ofreciéndose ofrecen a Jesús porque están en El, unidos a El por el Amor y por el dolor para que lo ofrezcan e inmolen.
Por Jesús y con Jesús podemos también nosotros ser víctimas y participar así de su sacerdocio y convertirnos en altares donde El se inmole. Sacerdote, víctima y altar son pues diversas participaciones de Jesús que deben estar intimaste unidas.      


Hechos de los Apóstoles 4,1-12.

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, 
irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. 
Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde. 
Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil. 
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, 
con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. 
Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?". 
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, 
ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. 
El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. 
Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos". 
Iglesia de Cristo. "En el tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de
los pecados según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros". 
Por eso también yo, al tener noticia de vuestra fe en Jesús, y de vuestra caridad
para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros para que el
Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda conocer
cual es la esperanza a la que habéis sido llamados por él, cual es la
riqueza de la gloria otorgada por él a los santos, y cual la soberana
grandeza de su poder para con nosotros, que desplegó en Cristo resucitándole
de entre los muertos y sentándolo a su diestra en el cielo por encima de
todo lo que tiene nombre. Bajo sus pies sometió todas las cosas y lo
constituyo cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del
que lo llena todo en todo.



 Ciudadanos del cielo.
Estabais a la sazón lejos de Cristo, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos,
habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Pues por él,
unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.
Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los
santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y
profetas, siendo la Piedra Angular Cristo mismo, en quien todas edificación
bien trabada se eleva hasta formar un Templo Santo, en que tambien vosotros
estáis siendo juntamente edificados hasta ser morada de Dios en el Espíritu.

 
 Participes de las promesas.
A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: La de
anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo. ¡Que los gentiles
sois coherederos, miembros del mismo cuerpo, y participes de la misma
promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio!.
Por eso doblo mis rodillas ante el Padre de quien toma nombre toda familia
en el cielo y en la tierra, para que seáis fortalecidos en la acción del
Espíritu, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que,
arraigados y cimentados en el amor, podáis conocer con todos los santos cual
es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo,
que excede todo conocimiento, para que os VAYÁIS LLENANDO hasta la total
plenitud del mismo Dios.

Hechos de los Apóstoles 2,42-47.  Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.  Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.  Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común:  vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.  Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón;  ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. 
Die Gläubigen hielten an der Lehre der Apostel fest und an der Gemeinschaft, am Brechen des Brotes und an den Gebeten.
Alle wurden von Furcht ergriffen; denn durch die Apostel geschahen viele Wunder und Zeichen.
Und alle, die gläubig geworden waren, bildeten eine Gemeinschaft und hatten alles gemeinsam.
Sie verkauften Hab und Gut und gaben davon allen, jedem so viel, wie er nötig hatte.
Tag für Tag verharrten sie einmütig im Tempel, brachen in ihren Häusern das Brot und hielten miteinander Mahl in Freude und Einfalt des Herzens.
Sie lobten Gott und waren beim ganzen Volk beliebt. Und der Herr fügte täglich ihrer Gemeinschaft die hinzu, die gerettet werden sollten.

 Imagen de Dios invisible.
El que es imagen del Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque
en él fueron creadas, todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las
visibles y las invisibles.. Todo fue creado por él y para él. El existe con
anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.
El es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: El es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que sea él, el primero en todo. Pues
Dios tuvo a bien residir en él toda la plenitud, y reconciliar por él y para
él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de la cruz, lo que hay en
la tierra y en los cielos.

 Reconciliados por su muerte.
Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis extraños y enemigos, por vuestros
pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte
de su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles
delante de él; con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe,
firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha
sido proclamado a toda criatura bajo el cielo y del que yo Pablo, he llegado
a ser ministro.
Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo
en mi carne lo que le falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su
cuerpo que es la Iglesia.

 Paciencia en el sufrimiento. 
Por eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por vosotros desde el día que lo
oímos, y de pedir que lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad, con
toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que viváis de una manera
digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y
creciendo en el conocimiento de Dios, confortados por el poder de su gloria,
para toda constancia en el sufrimiento y paciencia; dando con alegría
gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los
santos en la luz. El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al
Reino del Hijo de su Amor, en quien tenemos la Redención: el perdón de los
pecados.

Ministro de Cristo.
De la cual he llegado A SER MINISTRO conforme a la misión que Dios me
encomendó en orden a vosotros, para dar cumplimiento a la palabra de Dios:
“Al misterio escondido” desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a
sus santos a quienes Dios quiso dar a conocer cual es la riqueza de la
gloria de este misterio que es Cristo entre vosotros, la esperanza de la
gloria a la que tambien vosotros los gentiles habéis sido llamados por la fe
en Cristo, al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a todos
los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en
Cristo. 
Quiero que sepáis qué dura lucha estoy sosteniendo por vosotros..., para que
sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en
toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del misterio
de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la
ciencia. 


Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. 
Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. 
Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. 
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. 
Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. 
Se apareció a Pedro y después a los Doce. 
Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. 
Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. 
Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. 

Ich erinnere euch, Brüder, an das Evangelium, das ich euch verkündet habe. 
Ihr habt es angenommen; es ist der Grund, auf dem ihr steht.
Durch dieses Evangelium werdet ihr gerettet, wenn ihr an dem Wortlaut festhaltet, den ich euch verkündet habe. Oder habt ihr den Glauben vielleicht unüberlegt angenommen?
Denn vor allem habe ich euch überliefert, was auch ich empfangen habe: Christus ist für unsere Sünden gestorben, gemäß der Schrift,
und ist begraben worden. Er ist am dritten Tag auferweckt worden, gemäß der Schrift,
und erschien dem Kephas, dann den Zwölf.
Danach erschien er mehr als fünfhundert Brüdern zugleich; die meisten von ihnen sind noch am Leben, einige sind entschlafen.
Danach erschien er dem Jakobus, dann allen Aposteln.
Als letztem von allen erschien er auch mir, dem Unerwarteten, der "Missgeburt".
Edificados en él. Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido; enraizados y edificados el él; apoyados en la fe, tal como se os enseño, rebosando en acción de gracias. Porque en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y vosotros alcanzáis la plenitud en él que es la cabeza. Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos... os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos. CANCELO LA NOTA DE CARGO que había contra nosotros, y la suprimió CLAVÁNDOLA EN LA CRUZ. Por tanto, que nadie os inquiete por cuestiones de comida o bebida o a propósito de fiestas o sábados. Todo esto es sombra de lo venidero, pero la realidad es el cuerpo de Cristo.


UNIDAD. Son las ultimas manifestaciones intimas de Jesús a su discípulos antes de su partida: Que sean UNO como Tu y Yo somos uno. Tu en Mi y Yo en ellos. Luego, Su mirada se extiende a todos los que han de creer a través de los siglos: Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos
 sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 
 Para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos.
 Esta es el verdadero testimonio que nos manifiesta la verdad de su Salvación.


San Juan 17,20-26. 
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: 
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. 
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. 
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. 
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos"
In jener Zeit erhob Jesus seine Augen zum Himmel und betete: Heiliger Vater, ich bitte nicht nur für diese hier, sondern auch für alle, die durch ihr Wort an mich glauben. Alle sollen eins sein: Wie du, Vater, in mir bist und ich in dir bin, sollen auch sie in uns sein, damit die Welt glaubt, dass du mich gesandt hast. Und ich habe ihnen die Herrlichkeit gegeben, die du mir gegeben hast; denn sie sollen eins sein, wie wir eins sind, ich in ihnen und du in mir. So sollen sie vollendet sein in der Einheit, damit die Welt erkennt, dass du mich gesandt hast und die Meinen ebenso geliebt hast wie mich. Vater, ich will, dass alle, die du mir gegeben hast, dort bei mir sind, wo ich bin. Sie sollen meine Herrlichkeit sehen, die du mir gegeben hast, weil du mich schon geliebt hast vor der Erschaffung der Welt. Gerechter Vater, die Welt hat dich nicht erkannt, ich aber habe dich erkannt, und sie haben erkannt, dass du mich gesandt hast. Ich habe ihnen deinen Namen bekannt gemacht und werde ihn bekannt machen, damit die Liebe, mit der du mich geliebt hast, in ihnen ist und damit ich in ihnen bin.
Pentecostés
Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11. 
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. 
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. 
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. 
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. 
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? 
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? 
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, 
en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, 
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".  

Carta I de San Pablo a los Corintios 12,3b-7.12-13. 
Hermanos: 
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. 
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. 
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. 
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. 
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. 
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 

Evangelio según San Juan 20,19-23. 
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".  Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".  Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.  Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 
Als der Pfingsttag gekommen war, befanden sich alle am gleichen Ort. Da kam plötzlich vom Himmel her ein Brausen, wie wenn ein heftiger Sturm daherfährt, und erfüllte das ganze Haus, in dem sie waren. Und es erschienen ihnen Zungen wie von Feuer, die sich verteilten; auf jeden von ihnen ließ sich eine nieder. Alle wurden mit dem Heiligen Geist erfüllt und begannen, in fremden Sprachen zu reden, wie es der Geist ihnen eingab. In Jerusalem aber wohnten Juden, fromme Männer aus allen Völkern unter dem Himmel. Als sich das Getöse erhob, strömte die Menge zusammen und war ganz bestürzt; denn jeder hörte sie in seiner Sprache reden. Sie gerieten außer sich vor Staunen und sagten: Sind das nicht alles Galiläer, die hier reden? Wieso kann sie jeder von uns in seiner Muttersprache hören: Parther, Meder und Elamiter, Bewohner von Mesopotamien, Judäa und Kappadozien, von Pontus und der Provinz Asien, von Phrygien und Pamphylien, von Ägypten und dem Gebiet Libyens nach Zyrene hin, auch die Römer, die sich hier aufhalten, Juden und Proselyten, Kreter und Araber, wir hören sie in unseren Sprachen Gottes große Taten verkünden.



Brüder! Keiner kann sagen: Jesus ist der Herr!, wenn er nicht aus dem Heiligen Geist redet.
Es gibt verschiedene Gnadengaben, aber nur den einen Geist.
Es gibt verschiedene Dienste, aber nur den einen Herrn.
Es gibt verschiedene Kräfte, die wirken, aber nur den einen Gott: Er bewirkt alles in allen.
Jedem aber wird die Offenbarung des Geistes geschenkt, damit sie anderen nützt.
Denn wie der Leib eine Einheit ist, doch viele Glieder hat, alle Glieder des Leibes aber, obgleich es viele sind, einen einzigen Leib bilden: so ist es auch mit Christus.
Durch den einen Geist wurden wir in der Taufe alle in einen einzigen Leib aufgenommen, Juden und Griechen, Sklaven und Freie; und alle wurden wir mit dem einen Geist getränkt.


Am Abend des ersten Tages der Woche, als die Jünger aus Furcht vor den Juden die Türen verschlossen hatten, kam Jesus, trat in ihre Mitte und sagte zu ihnen: Friede sei mit euch!
Nach diesen Worten zeigte er ihnen seine Hände und seine Seite. Da freuten sich die Jünger, dass sie den Herrn sahen.
Jesus sagte noch einmal zu ihnen: Friede sei mit euch! Wie mich der Vater gesandt hat, so sende ich euch.
Nachdem er das gesagt hatte, hauchte er sie an und sprach zu ihnen: Empfangt den Heiligen Geist!
Wem ihr die Sünden vergebt, dem sind sie vergeben; wem ihr die Vergebung verweigert, dem ist sie verweigert.

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